Mientras el mito subyace en lo sagrado, la leyenda manifiesta en lo profano.

GARDEL, SIGNO DE FUEGO

Por Bosquin Ortega

Carlitos. Nuestro sincretismo religioso, señalaba Ertivio Acosta, otorgó a la tragedia aérea de Carlos Gardel un sentido legendario. Nuestro sincretismo religioso, señalaba Ertivio Acosta, otorgó a la tragedia aérea de Carlos Gardel un sentido legendario.

 GARDEL, SIGNO DE FUEGO

Por Bosquin Ortega

  NAC&POP

23/06/2010

Ofrezco testimonio de una charla con Ertivio Acosta, amigo y ejemplo de conocimiento investigativa en mitología afroguaranítica en el país y el mundo, reconocido por el propio Felix Coluccio.

Ertivio nos relató a de Jesús Díaz, Pocholo, coleccionista, y a mí, que la presencia de Carlos Gardel en la memoria popular se vincula con la leyenda, más que con el mito, de acuerdo a su parecer.

 Aclaraba que la categoría de mito contiene a una manifestación sobrenatural que para tornarse evidente para la inteligencia asume una condición de persona o circunstancia concreta y visible. 

En tanto, la leyenda circunscribe la parábola de una perfección espiritual en una persona ofrecida en trance de entrega, heroísmo o sacrificio finales.

 Tal esfuerzo de perfección recibe la gratitud de una devoción o exaltación, de carácter ascensional, que lo convierten en una epifanía sugerente.

 Mientras el mito subyace en lo sagrado, la leyenda manifiesta en lo profano.

 Nuestro sincretismo religioso, señalaba Ertivio Acosta, otorgó a la tragedia aérea de Carlos Gardel un sentido legendario. 

Alegaba que en la misma fecha en que se produjo el accidente en el aeropuerto de Medellín, se celebra la Festividad de San Juan o El Tatá Yejashá (paso sobre las brasas), cuyo epicentro es el fuego, elemento arquetípico en los rituales de culturas primigenias, en este caso la Guaraní.

 En dicha ceremonia el hombre cruza con sus pies descalzos sobre una estela de carbones encendidos confiado a la protección del Santo y en alabanza de sacrificio a Tupá o Ñamandú, Dios creador y redentor.

 Su impulso de fe que no duda significa para el creyente la acción del fuego que limpia su cuerpo y templa su espíritu -como el oro en el crisol- para la travesía de la existencia. 

Ertivio aseguraba que los hombres de nuestro pueblo convirtieron el siniestro colombiano en un acto de purificación que transformó a Carlos Gardel en leyenda de religiosidad popular.   

 BO/

 

N&P: El Correo-e del autor es Bosquín Ortega bosquinortega@live.com.ar