Amadori escribió también letras de canciones y por supuesto principalmente de tangos.  Entre muchos intérpretes el mítico Carlos Gardel grabó cinco de sus obras

DIOS SE LO PAGUE LUIS CESAR AMADORI

Por Juan del Barrio

Después del golpe de estado contra Juan Perón, junto a otros artistas, Luis Cesar Amadori, esposo de Zully Moreno fue cuestionado y permaneció preso. Una de las actrices de predilección de Amadori era su esposa, Zully Moreno (Buenos Aires 1920-1999), y quizás el film de mejor éxito fue en aquella época «Dios se lo pague» (1948) con Zully Moreno ya mencionada y también Arturo de Córdoba en el reparto.

LUIS CÉSAR AMADORI

 

Luis César Amadori nació el 28 de mayo de 1902 (o 1903 según las fuentes) en Pescara (Abruzo – Italia) y falleció en Buenos Aires, a su regreso del exilio el 5 de Julio de 1977.

 Pero emigró con sus padres a la Argentina cuando tenía sólo 5 años.

 En la década del veinte abandonó sus estudios universitarios para ser  periodista con reportajes sobre el teatro sus artistas.

 Fue también libretista de comedías cantadas antes de ser director y luego propietario del Teatro Maipo especialista de «revista porteña», un género musical con connotaciones costumbristas y picarescas que hacía además muchas veces referencias a la actualidad política, un poco como «le café concert» en Francia.

 Amadori escribió también letras de canciones y por supuesto principalmente de tangos.

 Entre muchos intérpretes el mítico Carlos Gardel grabó cinco de sus obras («Cobardía», «Confesión», «Fondín de Pedro Mendoza», «Madreselva» y «Rencor»).

 Pero casi se olvidó la primera parte de su vida profesional con la fama que consiguió durante su carrera  de cineasta empezada en 1936 cuando co-dirigió con Mario Sóficci su primera película. 

Los principales protagonistas eran Sofía Bozán y Charlo cantante-músico, en una película romántica y algo dramática por el contexto social presentado con, desde luego, tangos.

 Y hasta la mitad de los años cincuenta Luis César Amadori fue uno de los directores más prolíficos y más taquilleros de los estudios porteños.

 Escribía a veces los diálogos y los guiones y hasta la letra de las canciones de sus películas, y de vez en cuando usaba los seudónimos de Gabriel Peña o Luis Martín de San Vicente.

 Su filmografía muy variada presentaba el drama, la comedia, el film musical,  histórico o religioso. 

Así podemos mencionar entre muchos: Madreselva (1938) y Caminito de gloria (1939) ambas películas con Libertad Lamarque;  «Madame Sans Gêne» (1945) adaptada de la famosa obra teatral francesa con Niní Marshall en el papel-título y Eduardo Cuitiño en Napoleón; «Albéniz» con Pedro López Lagar interpretando al músico español Isaac Albéniz, obra premiada por un Condor de Plata, como mejor película en 1947; «La pasión desnuda» (1953) con María Félix y Carlos Thompson.

 Una de las actrices de predilección de Amadori era su esposa, Zully Moreno (Buenos Aires 1920-1999), y quizás el film de mejor éxito fue en aquella época «Dios se lo pague» (1948) con Zully Moreno ya mencionada y también Arturo de Córdoba en el reparto.

 El film hizo parte de la selección al Oscar por la Mejor Película Extranjera. 

 En 1955 el cineasta dirigió otra vez a su esposa en: «Amor prohibido» con Jorge Mistral, «El amor nunca muere» con Mirtha Legrand y «El barro humano» con Carlos López Moctezuma.

 Fueron sus tres últimas películas argentinas.

 En efecto, después del golpe de estado contra Juan Perón, junto a otros artistas, Amadori fue cuestionado y permaneció preso.

 Una de las zonceras no escritas en el manual de Arturo Jaureteche es la que dice que -el cine del período peronista es un cine vacío, inocente y pasatista.

 Sin embargo, el cine del período de los dos primeros gobiernos peronistas dista mucho de cumplir tales características.

 Se produjeron más de 400 films con resultados y calidades diversas, entre cuyos rasgos característicos se puede reconocer el relato social (tanto urbano como campestre) y la influencia del neorrealismo italiano en algunos directores, en especial en la producción de films policiales o melodramas, ya que la cámara pudo salir del set de los estudios de filmación para poder filmar libremente en escenarios naturales y sin luces artificiales.

 Así como en los ‘90 nacía en las universidades y escuelas de cine argentinas un nuevo modo de filmar, una nueva mirada que intentaba romper con el anquilosado cine de los ‘80, en los años ‘60 se generaba una reacción similar por parte de los jóvenes provenientes de los cine clubs y de las agencias de publicidad en contra del cine de los ‘50.

 La producción de ambos quiebres fue bautizada por la prensa especializada como Nuevo Cine Argentino. 

En los ‘60, el nuevo paradigma se instala en la industria por varios motivos,| uno de los cuales es el decreto dictado por la Revolución Fusiladora que eliminaba todo rastro de peronismo, influyendo en los jóvenes de clase media que buscaban trabajo dentro de la industria.

 Otro de los motivos es la aparición de nuevas estéticas desde el exterior: el Cine Moderno, con la Nouvelle Vague a la cabeza, la noción de autor, el uso de actores no profesionales (recurso ya utilizado por el neorrealismo italiano) y la ruptura del relato clásico.

 Si bien Mario Sofficci inaugura la línea del realismo antes del ascenso del peronismo, con películas como Prisioneros de la Tierra o Kilómetro 111, la denuncia social se hace más presente en películas que pasan a formar parte del canon cinematográfico argentino, como por ejemplo Las aguas bajan turbias, Dios se lo pague, Mercado de Abasto y Los isleros, entre otras. Justicia social, distribución de la riqueza, y derechos para los obreros son conceptos que se plasman fuertemente en estas obras que retratan el antes y después de la Nueva Argentina.

De la época surgieron directores que dejaron una obra artística muy importante, marcando una impronta, un sello autoral y un estilo diferente en cada película, mas allá de adherir o no al peronismo.

 Entre ellos, los más renombrados son Hugo del Carril (Historia del 900, Surcos de sangre, Las aguas bajan turbias), Mario Sofficci (Barrio Gris, La cabalgata del circo, donde actúa Eva Perón), Luis César Amadori (Dios se lo pague, Nacha Regules, La pasión desnuda), Carlos Christensen (El ángel desnudo, Los pulpos, Armiño negro), Luis Klimovsky (La parda Flora, Suburbio, El túnel) Manuel Romero (Adiós Pampa mía, Navidad de los pobres, El Hincha) y Lucas Demare (Pampa bárbara, Los isleros, Mercado de abasto).

 Lejos de hacer películas propagandistas, la mayoría de estos directores lograron retratar en algunos de sus films algo mucho más importante que la adoración de figuras del poder político: como subraya Clara Krieger en su libro Cine y Peronismo, permitieron -la entrada del Estado en escena.

 Para derribar ciertos mitos instalados, las productoras cinematográficas junto a los directores no estaban interesados en filmar y elogiar obsecuentemente la vida de Evita o de Perón ni tampoco fueron obligados por parte del gobierno a realizar esa clase de películas.

 Lo que sí hicieron fue plasmar, a través de la ficción, cómo y de qué manera hay un antes y después para la sociedad, para sus ciudadanos, gracias a la intervención del Estado y su extensiva mano otorgadora de derechos a los trabajadores y a los sectores populares, afirmando los principios de justicia social, soberanía política e independencia económica, claves para la construcción de la Nueva Argentina.

 Finalmente cuando salió de la cárcel durante la revolución “fusiladota” Luis Cesar Amadori emigró a España. Allí empezó a trabajar de nuevo como director a partir de 1958.

 Y triunfó con una producción de tema histórico romántico muy español «¿Dónde vas, Alfonso XII? » con en el papel del Rey Vicente Parra y el de su esposa, Paquita Rico.

 Y durante una década siguieron casi 20 títulos más, generalmente interpretados por actrices y actores también cantantes.

 Quizás podemos decir que el período español de Luis César Amadori fue bastante «comercial». 

Verdad es que las películas del director italo-argentino encontraron siempre un público fiel y numeroso sin embargo el cineasta  hizo siempre obras demostrando su maestría y su gusto refinado.

 Podemos así mencionar: «Una muchacha de Valladolid» (1958) con Alberto Closas en el papel de un embajador español en un país de la Hispanidad, recién casado con Analía Gadé, con también Alfredo Mayo como ministro y José Luis López Vázquez como secretario de embajada.

 «La violetera» (1958) con Sara Montiel, Raf Vallone, Ana Mariscal y Tomás Blanco;  «Mi último tango» (1960). 

«Pecado de amor» ambas películas otra vez con Sara Montiel. 

La coproducción hispano-alemana «Un trono para Christy/Ein Thron für Christine» (1960) con Christine Kaufmann (una de las futuras esposas de Tony Curtis).

 Un film más de encargo a partir de una verdadera  historia: «Alerta en el cielo» (1961) con Pablito Calvo.

 «La casta suzana» (1963) con Majurita Diaz;  «El Señor de La Salle» (1964) con Mel Ferrer; «Como dos gotas de agua» con las jóvenes gemelas Pili y Mili ; y con  Rocío Dúrcal, «Buenos días, condesita» (1967) o «Cristina Gúzman» (1968) que terminó la filmografía de unas 60 películas de Luis César Amadori.

 En los años 70, el cineasta y su esposa regresaron a Buenos Aires donde Luis César Amadori, símbolo de la edad de oro del cine argentino, periodista, escritor de tangos, director de teatro, guionista, cineasta y productor, murió el 5 de Julio de 1977.

 JB/

Fuente:Ateneo Arturo Jauretche – Revista Apuntes.