LOS DOS BICENTENARIOS EL PASADO EN EL COLON Y EL FUTURO EN LAS CALLES

Marcelo Padilla

Binner, Cobos, Macri y Rodriguez Larrtea en la reinauguracion del Teatro Colón con gente «de largo» y otras Caras y Gente. El pasado en el Colón.

 

 

Gentileza de Raúl Jorge Tabanera Alcantud tabanerarjt@yahoo.com.ar

LOS DOS BICENTENARIOS EL PASADO EN EL COLON Y EL FUTURO EN LAS CALLES

 

Por Marcelo Padilla

MDZ

26/05/2010

No me afecta que digan que miro la realidad en blanco y negro.

Hace rato que me lo dicen muchos foristas, y, la verdad, no me importa.

La demagogia indicaría que desde esta columna, este escriba, le diera la razón a cada uno de los que critican los contenidos de la misma.

Yo digo: -Es imposible quedar bien con todos, ser amigo de todos, congeniar con todos.

La vida y el pensamiento son diversos y creo en ello.

Sin embargo acepto las críticas y me como las puteadas hace bocha de tiempo.

¿Estamos no?

Pero lo que se vio estos días en las calles del país (especialmente en la Avenida 9 de Julio en Capital Federal) no deja casi dudas sobre las dos argentinas que se pregonan y se construyen.

Son postales de la vida en fiesta que solo un necio olvidadizo osaría licuar en análisis simplones y ramplones.

El pasado y el futuro en un buen álbum de fotos para interpretar.

¿Quién puede negar que, en la gala de inauguración del Teatro Colón, se reunieron los pos argentinos?

Valeria Mazza and Gravier, Ricardo Fort, ¡De la Rúa!, De Narváez, Susy, Mirtha, Gerardo Morales, Cobos, Macri.

¡Cuántos más de ellos!

Son la reencarnación.

Representan un modelo de festejo del Bicentenario que nada tuvo de popular, aunque sí de mediático, y, conceptualmente masivo (apelo a la noción de masividad sin sujeto que brindan y permiten las industrias de la comunicación que imponen una programación en base al rating por la salvación comercial, casi como iglesias electrónicas).

En fin, masivo es el que puede interpelar a una audiencia para medir.

Nunca popular.

Porque la adjetivación implica protagonismo en la relación, que siempre será recíproca para que el que se incluya en ella, recupere sus derechos y los exija y ejerza Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes.

La historia repasada en estos días parece confirmarlo que fue así nomás.

Pero volvamos al Colón.

¿Quién puede afirmar que allí fueron los 2700 invitados que representan al pueblo?

Hasta los artistas eran de elite, de disciplinas de elite.

Se inauguró el Teatro más importante de América Latina. (-La yegua no vino decían en confianza.)

Lo inauguró la misma aristocracia decadente, reencarnada en esta burguesía de pacotilla, prebendaría y especuladora, que festejó el Centenario en 1910.

Aquella época de vacas gordas donde los ricos se vestían y educaban en Europa es, con sus matices lógicos de contextualización histórica, la que estuvo en el Colón el lunes «in the night».

Y algunos pobres intrusos que merodeaban cual servidumbre política, ofreciendo su alma para entrar en la ciudadela de la prosperidad.

Los serviles fueron prestos a servir.

Desfilaron por la entrada alfombrada para el poder que los monitoreaba.

El 2011 los encontrará unidos y sirviendo.

Y dirán -“pa lo que guste mandar patroncito”.

Pero en las calles, casi 6 millones de almas (tal vez eran todos montoneros y pagados) pasaron desde el 22 al 25 de mayo hasta tarde en la noche, a tributar amor por la patria.

Creo que el pueblo se demostró a sí mismo que quiere ser argentino, que anhela una patria libre y soberana, nacional y popular.

Fue una gran autoconvocatoria, millonaria en fervor.

Diversa y federal, estremecedora.

Volcánica.

Tocó lo más íntimo de cada uno y se unió sin banderías políticas.

No hubo conflictos y policías correteando gente, mucho menos que eso.

Hubo arte, cultura e inquietud por lo nuestro resignificado por cada provincia, comunidad cultural y delegación latinoamericana.

Fuimos argentinos con ganas.

Se vio la necesidad imperiosa de ser argentinos, de tener identidad y escucharnos.

Pero no desde un nacionalismo rancio empaquetado en botas de potro.

Al contrario, nacionalidad viva en construcción permanente, desde la mayor conexión con la integración latinoamericana.

Celebramos también ser latinoamericanos.


A cuidarnos entonces, y a no retroceder jamás en lo conquistado.

Las fiestas a veces sirven para eso, para mimarnos un poco, para reflejarnos y echarnos un vistazo; y al fin reconocernos.

Que no decaiga…