LA REIVINDICACIÓN DE LA POLÍTICA

Jorge Coscia

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Coscia:-El desafío del período desde 1810 hasta la Declaración de la Independencia consistía en definir el heredero legítimo del poder vacante.

Gentileza de Pat H.A. desdemilibertad01@yahoo.com.ar

 


LA REIVINDICACIÓN DE LA POLÍTICA

 

Por Jorge Coscia

Para LA NACION

23 de mayo de 2010

 

Doscientos años separan el Mayo que festejamos de éste.

 

Muchísima agua ha corrido bajo el puente.

 

Me gustaría aquí hacer un ejercicio de reflexión y contrapunto entre aquella situación y la nuestra, y proponer un balance.

 

El desafío urgente del período que va de 1810 hasta la Declaración de la Independencia consistía en definir quién era el heredero legítimo del poder vacante.

 

Si declarar la independencia; si mantener cierta autonomía esperando que los acontecimientos en España se desenvolvieran, finalmente, en forma favorable al Rey; si aceptar la sumisión a la Metrópoli y terminar de una vez por todas con estos experimentos republicanos.

 

El dilema de la política de ese momento giraba en torno a cómo gobernar el gobierno revolucionario, con esas tres salidas posibles.

 

Hoy no se trata, por supuesto, de gobernar la revolución, sino de gobernar en democracia.

 

Esto es: consolidar la autoridad pública democrática votada por las mayorías, por sobre los intereses de los poderosos del mercado.

 

Ampliar los límites de la soberanía nacional frente a las potencias del mundo, en coordinación con nuestros países hermanos.

 

Expandiendo los derechos de los más desfavorecidos, multiplicando sus recursos para la organización y el sostenimiento de sus conquistas, reafirmando el piso de lo ya avanzado.

 

1810 y 2010 son, en este sentido, dos momentos que encuentran a los argentinos y las argentinas en la reivindicación de la política como instancia transformadora de lo social.

 

La política, la bendita política, es la actividad que permite a las sociedades construir su propio destino, imponer sus espacios de autonomía, reinventando constantemente los márgenes de acción que transformen a este gran país en uno cada día más justo, más libre, más soberano.

 

Un segundo punto.

 

La revolución se construyó contra el pasado colonial.

 

Si todo estaba por hacerse, nada de lo que atrás se dejaba podía ser insumo para lo que pretendía construirse.

 

La tradición y la herencia fueron para los revolucionarios pesadas mochilas de las que había que desprenderse entonces lo más rápido posible.

 

El lenguaje político que reabrimos del año 2003 a la fecha, por el contrario, tiene en el pasado no tan lejano un punto de ineludible referencia.

 

Pues ha sido de tal magnitud la destrucción del tejido social por las políticas neoliberales que se inauguraron en el país con la última dictadura militar; ha sido tal el ensañamiento con el que se ha desmontado el aparato productivo; se fue tan en contra de lo que representaba lo estatal y la autoridad pública que nuestro proyecto es, como no podía ser de otro modo, el de un gobierno reparador.

 

Este proceso restaura gobernabilidad, recompone derechos, devuelve estatalidad.

 

Se realiza contra la inmediatez de los noventa y la debacle de 2001, pero con el horizonte de recuperar los niveles de movilidad social ascendente e integración que esta Argentina supo tener hacia mediados de los setenta.

 

Sabemos, claro, que el tiempo no puede volver atrás.

 

Sabemos que el mundo, como este país, no es el mismo que aquel.

 

Por eso, hoy innovamos recomponiendo.

 

El planeta nos enfrenta hoy a un dilema, no sólo argentino, sino también universal: ¿será el mercado quien defina el destino de la humanidad o será la humanidad a través de la política la que controle y limite al capitalismo para el beneficio común?

 

En los últimos años la Argentina ha tomado el rumbo correcto.

 

Los resultados están a la vista.

 

Sabemos también, como tercer aspecto, que esa recomposición transformadora que hemos encarado no se alcanza sin disensos ni conflictos.

 

Como país, hemos logrado canalizar todas las divergencias de intereses y de visiones del mundo -que, a no dudarlo, son modelos de país en disputa-, a través de las instituciones democráticas y de la plena vigencia del Estado de Derecho.

 

La madurez de las instituciones, pese a lo que a veces suele escucharse, es sorprendente si se la compara con nuestro pasado reciente, incluso diría, muy reciente.

 

Ese es el modo de procesar los conflictos en la sociedad democrática, y no la apelación retórica a consensos vacíos y supuestas "políticas de Estado" que no trascienden los acuerdos generalísimos o las buenas intenciones.

 

Revalorizando la política como actividad reparadora. Organizando el disenso a través de las instituciones de la República.

 

Para poder decir con orgullo al mundo, a doscientos años del inicio del experimento republicano, que el tiempo no ha pasado en vano.

 

JC/

 

*Jorge Coscia es cineasta dirigió Mirta de Liniers a Estambul, Cipayos, El General y la Fiebre. Actualmente se desempeña como Secretario de Cultura de la Nación.