NO HAY NADA MAS NACIONAL QUE LA DEPENDENCIA, SEGUN FEINMANN.

Jose Pablo Feinmann

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La Junta de Mayo nunca fue popular. Moreno tenía a unos tenderos, que deseaban importar mercancías del exterior y unos terratenientes que deseaban vender trigo y vacas.

NO HAY NADA MAS NACIONAL QUE LA DEPENDENCIA, SEGUN FEINMANN.

Cómo se conquistó el pacto neocolonial*

 

Por José Pablo Feinmann

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Alguien tan inteligente como el marxista peruano José Carlos Mariátegui –un marxista como no hemos tenido ni uno aquí salvo Milcíades Peña, pero mucho después –  jamás consideró que humillaba a su patria (Perú) ni a la entera América latina por considerar que: –Enfocada sobre el plano de la historia mundial, la independencia sudamericana se presenta decidida por las necesidades del desarrollo de la civilización occidental o, mejor dicho, capitalista (José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Ediciones El Andariego, Buenos Aires, 2005, p. 16).

 

Y añade: –Mr. Canning, traductor y ejecutor fiel del interés de Inglaterra, consagraba (…) el derecho de estos pueblos a separarse de España y, anexamente, a organizarse republicana y democráticamente. A Mr. Canning, de otro lado, se habían adelantado prácticamente los banqueros de Londres que, con sus préstamos – no por usurarios menos oportunos y eficaces –, habían financiado la fundación de las nuevas repúblicas (Ibid., p. 17).

 

Pero hay quienes afirman que la Revolución de Mayo (a diferencia de las otras de América) tomó el espíritu de las Juntas populares españoles que luchaban contra la España absolutista, hasta 1810.

 

Luego los ejércitos de Bonaparte las borraron del mapa.

 

Pero la Junta de Buenos Aires sería hija de ese espíritu que encarnaron las Juntas Populares.

 

Incluso se llega a afirmar que Cornelio Saavedra (que es el villano de nuestra revolución) no se proponía, como Moreno y sus compañeros: que eran básicamente dos, Castelli y Belgrano, cambiar el orden social establecido, sino cambiar simplemente de virrey.

 

Corrijamos esto: no se puede comparar a las Juntas Populares de la España rebelde, popular y antibonapartista con la mera, individual, Junta de Mayo, que proponía un Ejecutivo mínimo y quedó descalabrada no bien ese Ejecutivo se amplió.

 

Por otra parte, la Junta de Mayo nunca fue popular ni tenía cómo serlo. Moreno, que deseaba ser Robespierre, carecía de una burguesía revolucionaria.

 

Tenía a unos tenderos, a unos mercaderes del puerto que deseaban importar mercancías del exterior e introducirlas en el país.

 

Y a unos terratenientes que buscaban mercados externos donde vender su trigo y sus vacas.

 

De aquí que estuvieran en contra de España.

 

Sólo porque no querían esclavizarse a un mercado único, sino vender a otros.

 

Sobre todo al resto de Europa, que era, para ellos, la verdadera Europa.

 

San Martín llega al país en una nave que lleva por nombre George Canning.

 

Los brillantes intelectuales de la generación del ’37 proponen cambiar el español por el francés.

 

Sarmiento en Recuerdos de provincia, escribe que 500 años de dominio terrífico de la Inquisición se teme que hayan achicado el cerebro español.

 

En sus Viajes: –He estado en Europa y España.

 

Todo está claro: las revoluciones de América del Sur tuvieron como objeto salir del dominio español (algo que lograron con batallas tan heroicas como las de Maipú y Ayacucho) y tener la libertad de formar parte del desarrollo del occidente capitalista.

 

Cito (para que no se enojen sólo conmigo los que imaginan a un Moreno y a un Castelli prefigurando a un Ernesto Guevara) a Milcíades Peña: –La llamada ‘revolución’ tuvo un carácter esencialmente político. Lo que Mariátegui observó en Perú vale para toda América latina: La revolución no representó el advenimiento de una nueva clase dirigente, no correspondió a una transformación de la estructura económica y social (Milcíades Peña, Antes de Mayo, Ediciones Fichas, 1970, p. 76). Alberdi, José Luis Busaniche, el entrañable y riguroso Salvador Ferla, el biógrafo de Moreno Boleslao Lewin y muchos otros.

 

Pero deseo agregar un par de elementos fundamentales.

 

Dejo de lado los pasajes del Plan de Operaciones en que Moreno sugiere entregar la isla de Martín García a Inglaterra para que nos proteja o sus exultaciones sanguinarias (típicamente jacobinas) o sus elogios a la delación.

 

Vamos a otra cosa. Moreno no tenía lo que tuvo Robespierre: una burguesía revolucionaria.

 

Por consiguiente, todas sus brillantes ideas revolucionarias (la expropiación de las grandes fortunas, por citar una) giraban en el vacío.

 

Tampoco era heredero de las Juntas españolas porque su Junta era una y no tenía arraigo popular.

 

Esta figura que dibuja Moreno (la del ideólogo revolucionario sin clase social que en que apoyarse) será también la de Lenin: el revolucionario socialista sin proletariado urbano.

 

Lenin tenía un problema muy simple: si quería hacer la revolución siguiendo las indicaciones de El Capital tenía que esperar 50 años.

 

Que la burguesía se desarrollara y diera origen al proletariado revolucionario. Jamás.

 

Ideó la teoría de la vanguardia.

 

Una élite de intelectuales (que conocían las leyes del desarrollo histórico) formarían un partido de vanguardia y entregarían al proletariado la ideología revolucionaria evitando así el pasaje por la etapa capitalista.

 

Esa sería la dictadura del proletariado, pero dirigida por una vanguardia que ejercería una tutela ideológica sobre ese proletariado modelando su conciencia revolucionaria y ahorrándole el pasaje por el infierno de la etapa capitalista.

 

Todo esto tenía que terminar mal. El Partido de Vanguardia se convierte en Partido de la Burocracia.

 

La teoría revolucionaria en dogma.

 

El Partido elige a un líder.

 

El líder se transforma en dictador y da inicio a la etapa del culto a la personalidad.

 

Lenin no vio esto porque se había muerto, pero el diagrama le pertenece.

 

Moreno razonaba de un modo similar.

 

No tenemos una clase social que nos apoye.

 

No importa: la vanguardia hará la revolución.

 

Escribe en el Plan de Operaciones: –Los pueblos nunca saben, ni ven, sino lo que se les enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice (La cita está en Filosofía y Nación, difícil de conseguir en estos momentos pero en breve saldrá una edición nueva).

 

Esta frase la ha dicho el numen, la deidad inaugural del periodismo argentino.

 

Hoy, más que nunca, nuestro periodismo cree en ella y trata de ejercerla.

 

(Cada vez, creo, con menos eficacia: las reiteraciones terminan por volverse cruelmente en contra de los reiteradores ante el aburrimiento de los que las reciben pasivamente hasta que advierten que si mil repeticiones hacen una verdad, como decía Goebbels, dos mil despiertan la sospecha del engaño.)

 

Pero la ausencia de masas en su proyecto, la ausencia de una clase social poderosa que lo apoye determina su derrota.

 

Cuando escribí el capítulo sobre La Razón Iluminista y la Revolución de Mayo en Filosofía y Nación corría el año 1975.

 

Día a día, en medio de un reflujo de masas más que evidente, la Orga de los Montoneros se había trenzado en una lucha a muerte con las bandas de la Triple A.

 

Fue escrito contra la práctica vanguardista y fierrera de los montos.

 

Ese fue el disparador.

 

Me apoyé centralmente en Ferla, pero esperaba – si en algún momento retornaba la posibilidad de discutir estos temas – exhibirle al vanguardismo montonero sus similitudes con la soberbia morenista.

 

Me dediqué entonces a garabatear algunas consignas morenistas inspiradas en las de la Orga de Firmenich y los suyos.

 

Algunas –además de divertidas– son seriamente conceptuales: Que se sepa/ Que se sepa/ Castelli se curó/ pa’ decirle a los gorilas/ la puta que los parió.

 

O también: ¡Guillotina! ¡Guillotina!/ Para los hijos de puta/ que vendieron la Argentina.

 

O si no: Con Moreno en el alma/ Castelli en el corazón/ Haremos de l’Argentina/ La gran patria jacobina.

 

O por qué no: Si Moreno viviera/ Sería conducción/ Sería lucha armada/ Para la liberación.

 

Aunque: ¿le cedería Firmenich la conducción a Moreno?

 

Una más: Mayo argentino/ Mayo morenero/ Mayo argentino/ Mayo montonero.

 

Otra: Liniers, Liniers / Gallego y franchute/ Te quisiste rebelar/ Moreno y Castelli/ Te hicieron recagar.

 

Y la última: Si Evita viviera/ sería morenera.

 

En suma, las revoluciones de América latina lo fueron – por completo – respecto de España.

 

Había que expulsar a los godos de un continente que deseaba entrar en la modernidad capitalista.

 

Desde esta perspectiva, la lucha fue a muerte y fue triunfal: el poder español se retiró.

 

Fue derrotado –por el glorioso general Sucre en 1824 en la batalla de Ayacucho– el poder colonial al que estábamos sometidos.

 

Se inicia, a partir de ahí, el pacto neocolonial.

 

América latina se transforma en un continente de monocultivo para cubrir a bajos precios las necesidades de las industrias británicas.

 

Inglaterra, taller del mundo, nos dará todas las mercancías que necesitemos.

 

Pero esa es otra historia.

 

Y no disminuye la grandeza de San Martín, que acaso vino al Plata en la corbeta George Canning para llevar a cabo esa y sólo esa tarea: echar a los godos, derrotar el atraso, abrir las puertas de la modernidad occidental.

 

 Acaso en Guayaquil –si Bolívar le confío sus sueños sobre la gran nación bolivariana– le dijo no, lo que yo vine a hacer a este continente ya está hecho.

 

Y se fue.

 

El resto es otra historia.

 

La de la Revolución de Mayo es la que acabamos de narrar.


JPF/

 

NOTA DE LA NAC&POP: Una nota sin desperdicio, de José Pablo Feinmann. Para él, la revolución de Mayo fue producto de la sagacidad y la pecunia inglesa. Se apoya en Mariátegui para semejante aseveración, que ni el mitromarxismo más descontrolado ha sostenido, a éste nivel. Nuestra Junta de Mayo no era popular, porque no representaba al pueblo (Federico Ibarguren dixit), ni a la burguesía, a diferencia de las Juntas de España (¿España tenía en esa época burguesía…?). Por puesto, además de que para Feinmann, la revolución fue antiespañola, a secas, defendiendo la postura de Mitre y criticando la interpretación de la Izquierda Nacional. Es la visión trágica de la historia nacional de Milcíades Peña, al que llama ¡el marxista más

inteligente de la Argentina! De la nota, podemos colegir, que comparte con Peña su pesimismo, su mirada de que en la Argentina, en estos doscientos años, no ha pasado nada…; además del ramplón economicismo del discípulo de Nahuel Moreno, para interpretar la historia. La frutilla del postre, al final, es la sugerencia de que San Martín, probablemente, haya sido agente inglés… GUSTAVO BATTISTONI / R-P / NAC&POP  gustavo.battistoni@gmail.com

 

NOTA DOS: Yo ví la versión televisiva en el Canal Encuentro. ¡¡De terror!! "HUGO SANTOS"/ R-P / NAC&POP  hasantos@uolsinectis.com.ar

 

NOTA TRES: No veo en la nota de Feinmann la intención de decir que –la revolución de Mayo fue producto de la sagacidad y la pecunia inglesa, sino que fue una exitosa justa revolución contra la dependencia de España en donde el actor inglés operó en su interés, lo cual no es equiparable. Y respecto de que el sujeto social de la Revolución de Mayo no tenía las  características de clase que podrían tener los sectores más radicalizados de otras latitudes, me parece que tiene razón. América latina y Argentina aquí adentro, no tiene la misma historia que otros países que tienen la propia, que en algunos casos es muy diferente y con mucha heterogeneidad si miramos el mundo con cierta amplitud. No es anti patriótico observar que los revolucionarios de mayo no eran un sujeto colectivo nacional-liberal-burgués. Porque es verdad que no lo eran. Me parece que en este planteo de Feinmann, hay algo interesante. Porque ayuda asumir que el carácter dependiente de la Argentina es estructural. Hace añares, algunos sectores de la izquierda, debatían si Argentina era un país capitalista dependiente o un país dependiente con cierto grado de desarrollo capitalista. Y esa discusión sigue siendo interesante. Porque parecería que la dependencia es un razgo distintivo que se no resuelve con la simple idea de progreso. Ya que el progreso, en nuestro marco, en general progresa hacia la  profundización de esa dependencia. Y los que llegamos a la conclusión de que es más dependiente que  capitalista, nos hicimos peronistas. Y trabajamos en la construcción de ese  frente nacional y popular, lleno de riquezas que complejizan la  contradicción entre una burguesía y un proletariado que en la Argentina no  se pueden contemplar como las fuerzas contendientes en la disputa entre el  desarrollo de los medios de producción y las relaciones sociales. Y nos hicimos latinoamericanistas. Y trabajamos con la intención de  encontrar los intereses comunes entre los países del sur. Limando las enormes asperezas naturales que determinan los intereses localistas. En ese marco, lo de Feinmann puede hasta ser útil. Porque aunque que la tarea de realizar la revolución Nacional, Popular, Burguesa, Liberal (en su acepción de izquierda igualitarista), democrática es la tarea actual.  Y que esta depende no de una aristocracia del pensamiento sino del encuentro  colectivo de diferentes clases y sectores que podríamos denominar, zanjadas sus apetencias hegemónicas sectoriales… como Nacionales. No nos enojemos con él. Y si implemente su mirada (o tal vez esta expresión parcial) es acotada, profundicémosla. La semana de Mayo no terminó… eso es cierto… Y en esa idea, todo lo que sume, suma… "INTI ALPERT"/ R-P / NAC&POP  intialpert@yahoo.com.ar

NOTA CUATRO: Entre corchetes, mis observaciones a los comentarios de Inti Alpert. Dice INTI:-No veo en la nota de Feinmann la intención de decir que -la revolución de Mayo fue producto de la sagacidad y la pecunia inglesa, sino que fue una exitosa justa revolución contra la dependencia de España en donde el actor inglés operó en su interés, lo cual no es equiparable. Yo leo (GB):- A Mr. Canning, de otro lado, se habían adelantado prácticamente los banqueros de Londres que con sus prestamos, habían financiado la fundación de las nuevas repúblicas (Mariátegui) Citado, y elogiado por Jose Pablo Feinmann… ¿Leímos la misma nota, Inti? GUSTAVO BATTISTONI / R-P / NAC&POP


NOTA CINCO: Totalmente de acuerdo…Alvin Gouldner, habla de supuestos básicos subyacentes, en nuestra comprensión del mundo. Todos, de alguna manera, somos eclécticos en nuestros análisis. El tema, ya que hablamos de la actualidad del marxismo, es que algunos quieren tirar al chico con el agua sucia.. En su excelente biografía del Pepe Rosa, Enrique Manson, rescata una crítica del notable historiador a América Latina, un país, de Jorge Abelardo Ramos, donde el Pepe, reivindicaba la potencialidad del marxismo, como método de investigación de la historia. Y esto lo dice el autor de Interpretación religiosa de la historia, que poco o nada tenía que ver con el marxismo, como orientación política global. El tema a discutir, es si el análisis marxista del capitalismo, ha sido superado. Samir Amin, en un reportaje enviado a la lista hoy por el señor Gorojovsky, afirma que no. Modestamente, pienso lo mismo. GUSTAVO BATTISTONI / R-P / NAC&POP  gustavo.battistoni@gmail.com

NOTA SEIS: Yo creo que es una cuestión de léxicos. No de fondo. Marx intentó dar categorías científicas a los sucesos y protagonistas de la historia. Tarea titánica si la hay, en general exitosa , pero que se puede desmadrar como toda aplicación de las ciencias exactas a sucesos tan complejos como los culturales, sociales y económicos, en especial cuando esos hechos se alejan ya de la realidad histórica que a Marx le tocó analizar. Ayuda en general y a veces embarra. De todos modos no quiere decir que no se puede interpretar la historia sin estas categorías e incluso llegar a las mismas conclusiones. El marxismo es una herramienta de análisis que no debe descartarse, pero sería más preciso y más fiel a Marx pensar que no debe renunciarse no al análisis marxista sino al análisis científico de los sucesos, que es lo que Marx como científico pretendía. Hay que desactivarle su lado sacralista impuesto por la izquierda boba que quiso hacer de los textos de Marx una textualidad sagrada. Puede convivir con otras lecturas y  herramientas y a veces echar luz en donde otras lecturas se embarran. Siempre es bueno aplicar más de un método para interpretar y no menos de un método.. MARÍA SOLA / R-P / NAC&POP <mariadelsola@gmail.com>

 

NOTA SIETE: Vale decir que para Tristán, es casi lo mismo la posición de Moreno, con El Plan de Operaciones, de jacobinismo (o revolución pasiva), cuya aplicación práctica la hizo San Martín, en Mendoza (acá con el apoyo del pueblo), que la política oligárquica de Rivadavia, de enfeudamiento al imperialismo, vía empréstito Baring, enfiteusis, negocios mineros, etc. Además y para no ahondar por ahora, quiero recordar que la constitución rivadaviana negaba el derecho de voto de los jornaleros…(¿Esto no es clasismo…?).  No había conflictos de clase, sólo diferencia entre vecinos…Es la misma posición que la de Federico Ibarguren, en Mayo en Ascuas.¿QUIÉN HABLÓ DE PROLETARIADO EN LA REVOLUCIÓN DE MAYO? Sólo expongo que había dos proyectos, el burgués industrial de Moreno (que fracasó), vía centralización de recursos por parte del Estado, y el de la burguesía comercial, que con Rivadavia tuvo su momento de gloria… DOS PROYECTOS BURGUESES INCIPIENTES, UNO INDEPENDIENTISTA; OTRO REACCIONARIO, LIGADO AL CAPITAL COMERCIAL INGLÉS. Falta mucho para que el proletariado se constituya como clase. Y más, para que tenga una acción política independiente… GUSTAVO BATTISTONI / R-P / NAC&POP gustavo.battistoni@gmail.com

 

NOTA: No aclaren tanto muchachos que oscurece…… creo que G. B. no se puede desprender del análisis clasista que aprendió y menos cuando otro (JPF)hace análisis también desde el marxismo. Creo que nos debemos en este bicentenario exponer los hechos como fueron y rescatar a los nacionales y populares que los hubo con más o menos impacto y consecuencias. A mí me parece bien la interpretación de Inti Alpert……no hubo otra cosa que los protagonistas y si eran o no burgueses es una discusión sólo apta para marxistas. En esos tiempos sólo contaban los vecinos o gente decente, y el proletariado o era esclavo o marginal y estaba fuera del asunto salvo para poner el cuero como soldados. Creo que tanto Moreno (el gran Jacobino) como Saavedra (conservador y popular), los antipatria (Alvear, Rivadavia, etc.) y los nacionales populares (Artigas, Güemes, Dorrego), la clase comerciante y contrabandista, la logia Lautaro……todos en fin eran de la clase  decente de vecinos…..y no me cierra el análisis desde el clasismo. TRISTÁN ALFONSO SOLA / R-P / NAC&POP tristansola@yahoo.com.ar

 

* Titulo de la nota de Feinmann en Página 12.