En 1952 integró nuevamente la fórmula encabezada por Perón, ante el histórico renunciamiento de Evita, triunfando en los comicios sobre la fórmula radical Balbín-Frondizi.

HORTENSIO QUIJANO EL VICE RADICAL DE PERÓN PARTÍA HACIA EL COMANDO CELESTIAL LUEGO DE SER LEAL AL PUEBLO, A LA PATRIA Y A PERÓN.

Por Daniel Chiarenza

El radicalismo nació con una honestidad y unos principios defensores de la libertades públicas que resultan admirables para el paisano, el hombre de pueblo de la época. Hortensio Quijano fué un ejemplo de esto y un fiel vicepresidente de Perón por dos veces.

3 DE ABRIL DE 1952 FALLECE EL VICEPRESIDENTE DE PERÓN JUAN HORTENSIO QUIJANO.

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Por Daniel Chairenza

 NAC&POP

03/04/2010

Hay analogías en la Historia que nos aparecen como inadvertidas.

 Pero esas analogías cuando dan paso a lo paradójico nos parecen increíbles de absorber desde nuestra condición de hombres de bien, que entienden que las cosas conllevan un compromiso y un sentido y eso es lo que nos va interrelacionando para convivir en una Polis que sea cada vez más comunitaria y más solidaria.

 Pero parece que aquello tan kantiano -que suerte que empiece con K- que llamamos valores pueden ser trastocados, no en una visión maniquea de la realidad, sino en una visión en que nos marca intereses, individualismos y egoísmos que a lo largo del tiempo en lugar de haberse superado parecen haberse profundizado, contaminado y hasta visto como algo normal hasta la exasperación y la desesperacion de los homes boeni, que les parece inconcebible ver tales felonías.

 Lo cierto es que el radicalismo nace con una honestidad y unos principios defensores de la libertades públicas que realmente resultan admirables para el paisano, para el hombre de pueblo de la época. 

Luego ya vendría la primera traición -la primera apostasía- la del aristocrático alvearismo que hasta participó del contubernio contra Yrigoyen y de la década Infame.

 Pero un grupo de paisanos, a los cuales ya podemos llamar compañeros que conformaron FORJA y rescataron los prístinos valores de los comienzos y que terminarían fundiéndose con el más amplio movimiento de masas que dio la Historia de América Latina: el peronismo.

 Mientras se cernía una nueva traición -la segunda apostasía- que traicionaba el Programa de Avellaneda y se unía con la Unión Democrática, por lo tanto con los designios del embajador norteamericano Spruille Braden.

 Peru hubo un grupo de «hombres buenos» del radicalismo yrigoyenista que no pudo tolerar aquel extraño maridaje y formaron la Unión Cívica Radical, Junta Renovadora, que le aportaron -junto al Laborismo- al sentimiento peronista la estructura partidaria que necesitaba y entonces se les agradeció el gesto y la inteligencia de haber comprendido, ahora, por dónde pasaba el movimiento nacional y popular ofreciéndole la candidatura a vicepresidente al radical de la junta renovadora Juan Hortensio Quijano.

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Éste sería la espada legislativa que el movimiento revolucionario necesitaba en el Congreso.

 ¿A quién se le hubiese ocurrido, con esa ingenuidad que suelen tener como valor los hombres buenos del pueblo, que Quijano en caso de haber un empate en el Poder Legislativo iba a votar en contra del gobierno?

 Lo que está ocurriendo con el perverso, apóstata, traidor, miserable de Cobos es demasiado fuerte y difícil de comprender para una mente sana.

Porque además se hizo jefe de la oposición.

 ¿Uds. se imaginan al leal -ojo que la lealtad para los homes boni es un valor que está en uno de los puntos más altos de las escala valorativa kantiana, o la escala K– de Quijano haciendo política antiperonista dentro de la estructura gubernamental del propio peronismo?

 Esa es la paradoja, y la analogía es que ambos tuvieron como proveniencia el tronco radical.

 Pero Quijano no traicionó ni los prístinos principios radicales, ni traicionó al gobierno del cual formó parte, por eso lo eligieron dos veces como vicepresidente.

 Ahora hablemos de este hombre de bien, coherente con su ideología y dejemos atras por un rato al traidor caradura, me salgo de la vaina por decirlo: Hijo de mil putas…

 Juan Hortensio Quijano había nacido en la Estancia La Ley, a veinte kilómetros de Curuzú Cuatía, provincia de Corrientes, un 1º de junio de 1884, y murió en Buenos Aires un 3 de abril de 1952.

 Su padre llevaba por nombre Crescencio y su madre doña Teresa Balaguer.

 Tuvo antepasados que participaron de la Guerra de la Triple Infamia. 

No era de los argentinos que descendían de los barcos.

 El segundo nombre de nuestro protagonista histórico, actualmente para la estadística que podríamos hacer en los registros civiles, da la sensación de una antigualla sin remedio; esto fue objeto de una «cargada» reprochable al gorila de don Norteamérico Ghioldi que le puso como segundo nombre Jazmín y le quedó nomás.

 Casi todos los pseudo historiadores -sin investigar- le llaman Hortensio Jazmín Quijano y después haciéndose los cancheros dicen –¡Oh! ¡Qué casualidad, qué florido nombre!. Que va a ser [como diría Gatica]… pelotudos hubo siempre…

 Realizó sus estudios primarios en Goya, los secundarios en el Colegio La Fraternidad de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, y los universitarios en la Universidad de Buenos Aires, graduándose de abogado en 1908 y en 1909 de doctor en jurisprudencia con una tesis sobre la Reivindicación.

 Regresó a su provincia y se instaló en Goya, donde ejerció su profesión, siendo abogado del Banco Nación.

 Se dedicó a los negocios agropecuarios, convirtiéndose en un importante hacendado, siendo uno de los fundadores de la Sociedad Rural de Corrientes, y del Banco Popular de Goya, cuyo Directorio integró.

 En el ámbito de la política ingresó a la Unión Cívica Radical, y en 1919 integró la fórmula de ese partido a la gobernación de Corrientes que encabezaba el doctor Miguel Sussini.

 La provincia había sido intervenida -como casi todas- por Yrigoyen en 1917, pero ante el llamado a elecciones, la alianza entre liberales y autonomistas cuya fórmula estaba integrada por Adolfo Conte y Edmundo Resoagli -contando con una importante ayuda del mitrista diario La Nación de Buenos Aires-, impidió el triunfo del radicalismo.

 Hipólito Yrigoyen intervino todas las provincias, menos Santa Fe.

 Ante este fracaso y por motivos personales -tal vez su repentina viudez- se alejó de la actividad política militante y se dedicó a la actividad privada. 

En la selva chaqueña emprendió la construcción de una vía férrea de trocha angosta, que atravesaba sus campos.

 Tarea que le llevó más de diez años, en una ardua lucha contra los obstáculos de la naturaleza y los intereses de la empresa inglesa La Forestal.

 Sólo por este hecho merecería la admiración y reconocimiento de sus compatriotas.

 La vía bordeaba el río Bermejo, uniendo la localidad de Lapachito con la de Colonia Zapallar y la realizó entre los años 1923 y 1935. 

Este ramal pasó más tarde a manos del Estado, como Ferrocarril Central-Norte.

 Gracias a toda su labor, mediante combinaciones en el transporte se vinculaba con Resistencia, Presidencia Roque Sáenz Peña, Buenos Aires y Salta, Barranqueras, Metán, lo que actualmente es imposible.

 El objetivo era la derivación de la producción agrícola y forestal, algodón y rollizos de quebracho hacia la fábrica de taninos de La Verde.

 También cumplió a partir de 1934 con el servicio de correspondencia y poco después con el de transporte de pasajeros.

 También en el Chaco presidió la Sociedad Rural de Resistencia.

 Quijano compitió con La Forestal que contaba con ferrocarril propio.

 En el célebre y ya clásico libro El 45, Félix Luna realiza una pintoresca semblanza de Quijano en aquellos años.

 Diciendo que: –Quijano era el típico rubichá [jefe de la tribu en guaraní] correntino, el patrón a la antigua, despótico y paternal, arbitrario e imprevisto.

 Un siglo atrás hubiera podido ser un caudillo jordanista, violento, ecuestre, chinetero. 

Sus bigotazos y su desprolija melena le daban un aspecto anacrónico, acentuado por el cuello Palomita que solía usar por entonces.

 

-Vestía siempre de negro: sus amigos aseguraban que cargaba luto permanente por su primera mujer, una de las más bellas niñas de la ciudad de Goya.

 

En Corrientes no había nunca conseguido ascendiente político: fue candidato a gobernador en una disidencia antipersonalista, en la década del ´20.

 

Después sus comprovincianos lo hicieron delegado invariable al Comité Nacional y allí intimó con Alvear, que apreciaba sus originalidades.

 

Una de las tantas niñas de Goya. Linda la correntinita ¿No?.

 

-La oposición intentó ridiculizar a Quijano y aun subsiste de su persona una imagen excéntrica.

 

En realidad era una figura muy interesante: había construido un pequeño ferrocarril para su Estancia en el Chaco, luchando a brazo partido con los poderosos intereses de La Forestal, y el mantenimiento de esa aventura empresaria lo tuvo año tras año al borde de la quiebra.

 

Todo el litoral sabía que para ser protegido de Quijano bastaba caer a su Estancia y pedir trabajo alegando deber varias muertes.

 

El mismo Quijano solía contar que una vez llegó un correntino de aspecto insignificante; él le preguntó si había cometido algún delito.

 

-Delitos no, che patrón –contestó el hombre-. Maté un gringo en Alvear y un brasilero en Curuzú, pero respeto a mi semejante y no soy robador…

 

-Y Quijano estallaba en grandes risas que descomponían su rostro de cacique toba y terminaba atorándose de tos y escupiendo un semejante gargajo sobre la más próxima alfombra…

 Este retrato excéntrico de Quijano nos muestra a un hombre de la nación en armas, un criollo de pura cepa.

 Era radical yrigoyenista -como no podía ser de otra manera-, por lo tanto no fue antipersonalista, por más trato que hubiera tenido con el galerita Alvear. 

De esta semblanza quedan pendientes hechos también muy significativos de su participación política, por los que merece un lugar destacado en nuestra historia, y por los que paradójicamente -lo que resaltábamos en el comienzo de la nota- ha sido completamente borrado de la memoria de los argentinos.

 Presidentes de la Década Infame.

 Como consecuencia de la revolución del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al presidente legítimo Yrigoyen, retornó a la actividad partidaria en momentos en que el Comité Nacional del radicalismo lo presidía Marcelo Torcuato de Alvear. 

Para comprender la actuación de Quijano debemos explicar cuál fue la situación de la U.C.R. en este oscuro período para la vida institucional, llamado por José Luis Torres, la década infame, debido a los sonados casos de corrupción y peculado, descarado fraude electoral, y sometimiento a intereses extranjeros.

 Esta revolución del 6 de septiembre de 1930, encabezada por el fascista general José Félix Uriburu (Von Pepe), depuso a Hipólito Yrigoyen.

De un nacionalismo antiliberal y conservador, impuso la ley marcial y el estado de sitio.

 Encarceló a los dirigentes radicales confinándolos en Ushuaia, y a Hipólito Yrigoyen en la isla Martín García. 

El único que se animó a defender al Peludo fue un senador radical, el doctor Armando G. Antille.

 La política represiva contra las organizaciones obreras muestra su inclemencia con el fusilamiento de dos obreros anarquistas (Di Giovanni y Scarfó).

 Se inauguró la utilización de la tortura, con la picana eléctrica (con el jefe de policia; hijo del poeta Leopoldo Lugones).

 Imagen de la tortura y el picaneo.

 Ante la postura claudicante del radicalismo en manos de Alvear, concurrencista y cómplice de todos los crímenes de la década infame, la mayoría de los radicales en serio abandonaban el partido o lo refundaban combativamente en FORJA con Jauretche a la cabeza.

 En el caso de Hortensio Quijano, vemos que como delegado por Corrientes ante el Comité Nacional de la UCR -pues había elegido dar la lucha desde adentro, tuvo decidida participación en el mantenimiento de una postura intransigente, cuando ya habían claudicado la mayoría de las otras provincias.

 Así en los comicios de marzo de 1938 para elegir diputados en trece provincias, Corrientes fue la única, ante lo inevitable del fraude, en negarse a concurrir a las elecciones, la única en continuar con la abstención electoral.

 

La abstención electoral.

 Hubo sin embargo muchos radicales que formaron grupos opositores a la conducción alvearista, pero -como se dijo- el que más se destacó fue el de Forja, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, que se constituyó en junio de 1935, bajo la dirección del doctor Luis Dellepiane, y que integraron entre otros Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Atilio García Mellid, Oscar Cuzzani, Conrado Míguez, René Orsi, etc.

 Su primer manifiesto del 2 de septiembre de 1935 denunciaba que se había impuesto en la República –una tiranía económica en beneficio de capitalistas extranjeros, a quienes se les había acordado derechos y bienes de la nación Argentina, y acusó a las autoridades del radicalismo por mantener en silencio estos graves problemas, por el abandono de la intransigencia histórica con que sostuvo la soberanía popular contra la dominación de las compañías explotadoras extranjeras y contra la dominación política de las oligarquías internas que sirven a aquellas organizaciones.

 -Hoy el radicalismo está sumido en la arrebatiña en que algunos de sus representantes subalternizan sus esfuerzos, a la vez que procuran corromper a la juventud radical, sustituyendo en su mente todo ideal de redención nacional por la esperanza de enriquecimiento personal a cualquier precio.

 Para pertenecer a Forja había que ser afiliado radical.

 En 1940 se derogó esta condición, y la entidad entró en crisis.

 Algunos radicales como Dellepiane aun confiaban en que se podía cambiar el partido luchando desde adentro. 

Sin embargo su influjo en la formación de una conciencia nacional antiimperialista fue enorme.

 Con la llegada del peronismo se disolvió, y la mayoría de sus miembros apoyaron este movimiento.

 En las elecciones de 1938 triunfó la fórmula de la Concordancia, Roberto M. Ortiz-Ramón Castillo, el primero, radical antipersonalista, abogado de las empresas ferroviarias británicas; el segundo, conservador, en comicios fraudulentos, como los ocurridos en las elecciones a diputados en las provincias, donde participaron los radicales, avalando el fraude. 

La única provincia que se mantuvo en la abstención electoral fue Corrientes.

 Su delegado ante la Convención radical era Hortensio Quijano.

 Pero no sólo cometieron fraude los conservadores, la corrupción había llegado también al seno de la UCR, produciéndose el fraude en las elecciones internas del partido radical de la capital federal.

 Era la trenza radical que se beneficiaba con la obtención de canonjías y puestos públicos en la Municipalidad.

 Ricardo Alfonsín y Fernández denuncian fraude en la última interna radical. 

Producida la revolución del 4 de junio de 1943 y en su segundo turno, cuando encontramos al general Farrell como presidente y con la preponderancia de la figura del Coronel Perón com secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación; éste encontró dentro del radicalismo yrigoyenista adeptos y habiles políticos capaces de integrar el elenco gubernamental.

 De esta manera fueron desplazados los nacionalistas más recalcitrantes.

 Entonces formó un gabinete con hombres de esa corriente: Armando G. Antille, ministro de Hacienda, Juan I. Cooke, de Relaciones Exteriores y Hortensio Quijano del Interior, quien reemplazó al general Perlinger, opositor de Perón. 

Fue por el brevísimo tiempo de tres meses, de agosto a octubre de 1945.

 Esto les valió ser expulsados del partido radical, que ya sólo era eso un partidito y nunca más llegaría aser la UCR.

 En ese año los ministros que contaban con la bendición de Perón mencionados, fundaron la Unión Cívica Radical Junta Renovadora para apoyar la candidatura de Perón a la presidencia de la Nación en 1946. 

Consideraban que la política de Perón seguía la línea de Yrigoyen, línea que había sido abandonada por las autoridades del partido radical.

 Es que Perón había advertido que para que su proyecto político revolucionario fuera abarcativo faltaba integrar aunque más no fuera a una parte de la Unión Cívica Radical, puesto que era la expresión de un sector importante de la clase trabajadora y de la clase media -sobre todo- de la sociedad argentina.

 Quijano se propuso buscar adeptos radicales hacia el gobierno de facto, pero sin mucho éxito, pues era un poco un salto al vacío, y conllevaba el ser considerado traidor por sus correligionarios.

 El citado Félix Luna transcribe un discurso de Perón, ya presidente electo, en mayo de 1946, donde nos relata como inició los contactos con Quijano: –Hace un año y ocho meses se trataba de dar orientación política a la revolución.

 Buscamos darle la orientación del viejo Partido Radical que se había mantenido puro en los últimos quince años.

 Así procuramos formar una fuerza en ese sentido dentro del gabinete, pero debíamos librar una verdadera batalla dentro del mismo e hicimos luego un acercamiento con hombres del radicalismo.

 Comencé a hablar con políticos de nuestro país y, después de eso, tras muchas conversaciones con los más capacitados, me tocó elegir al que debía ocupar el ministerio del Interior. 

Fue el doctor Quijano, con quien conversé por tercera vez en el despacho del ministerio de Guerra.

 Confieso que no había encontrado político más identificado con el pensamiento revolucionario.

 Juan Hortensio Quijano.

 El entonces Coronel Perón eligió a este radical disidente de la anquilosada estructura partidaria para que lo acompañara en la fórmula presidencial.

 Desde allí la nomenclatura diferenciadora va a estar en que la dirigida por Quijano se denominará Unión Cívica Radical, Junta Renovadora. 

Es decir nuevamente -pero no por última vez- el tradicional partido se volvía a fraccionar.

 Habría que hacer un estudio algún día ¿no?

 ¿Será por fragilidad ideológica?

 Perón intentó también atraer a uno de los más relevantes radicales del momento, el dirigente cordobés y gobernador de esa provincia Amadeo Sabattini, pero sin éxito. 

Perón, en una entrevista en el despacho del administrador de Ferrocarriles del Estado, mayor Juan Cuaranta, le ofrece que el radicalismo ocupe todos los cuerpos electivos del próximo gobierno, de vicepresidente para abajo, con la condición que el candidato a presidente fuera propuesto por el ejército.

 Sabattini quedó en contestar, cosa que no hizo.

 Su postura era que el candidato a presidente tenía que salir del radicalismo.

  El comentario de Perón ante sus colaboradores, según nos cuenta Félix Luna, fue: –¡Este Sabattini no entiende nada y su cerebro cabe en una caja de fósforos!

 Y en un relato de la entrevista sostiene: –…no me pude entender con él: era totalmente impermeable.

Era un hombre frío que no tenía ninguna posibilidad de entrar en una cosa como la nuestra…

 Él estaba en los viejos cánones… era un hombre que estaba con las fórmulas viejas; y en primer lugar él estaba… ¡con Sabattini!».

 Sin embargo es interesante conocer cuáles fueron los argumentos de aquellos que sí se acercaron a Perón, al que consideraban un continuador de Yrigoyen, ante la claudicación del partido, que los consideró colaboracionistas y los expulsó.

 Un miembro de la convención nacional de la Unión Cívica Radical, el doctor Antonio Lilué, presentó al comité central del partido un proyecto de declaración el 3 de agosto de 1945, por el cual sostenía que el partido radical, –demócrata de masas, nacionalista y argentinista, reafirma los postulados de justicia social, recuperación económica y soberanía nacional, ante el peligro inminente que representa la conjunción de las fuerzas reaccionarias, nacionales e imperialistas… apoya a la candidatura del coronel Juan D. Perón, en tanto no se desvíe de esos propósitos…

 -No apoyar la obra de gobierno, por la cual hemos estado luchando durante tantos años, porque no haya sido efectuada por un gobierno surgido del seno de nuestro partido, significará haber realizado la mayor traición al pueblo y al partido. 

El proyecto no fue considerado y el autor fue expulsado del partido.

 Lo mismo le ocurrió a Quijano, Antille y demás participantes radicales del gobierno revolucionario.

 Los sucesos de octubre de 1945, que marcaron el comienzo de una nueva época en la historia argentina, no son tema de este artículo.

 Sólo haremos referencia a la actuación que le cupo a Quijano como ministro del Interior en esas cruciales circunstancias, en las que permaneció en su cargo, mientras otros renunciaban, y defendió a Perón todo lo que pudo. 

En la reunión en Campo de Mayo que tuvo el general Farrell con el jefe del regimiento el general Avalos, y demás oficiales, donde se le exigió el alejamiento de Perón de todos sus cargos, estaba presente también el ministro Quijano.

 Este fue el encargado de comunicar a la prensa lo sucedido, pero presentó los hechos de tal modo, que la defenestración de Perón quedaba como un espontáneo renunciamiento con el objeto de facilitar el próximo llamado a elecciones para el 7 de abril de 1946, con el que se había comprometido el gobierno.

 La cuestión fue que Sabattini y los que integraron la Unión Democrática no imaginaron ni comprendieron la significación del 17 de Octubre, y el protagonismo que tuvo un elemento con que los radicales creían contar, y que a los conservadores no les interesaba contar: el pueblo.

 Ese pueblo que cambió la historia ese 17 de octubre de 1945 aclamaba a Perón en la Plaza de Mayo con cánticos fervorosos, y entre ellos uno también dedicado a nuestro protagonista: –¡Perón encontró un hermano, en Hortensio Quijano!.

 El Coronel Perón el 17 de Octubre de 1945.

 En octubre de 1945, radicales yrigoyenistas constituyeron la Junta Reorganizadora de la UCR, con dos delegados por distrito y presidida por Quijano, que luego pasó a denominarse Junta Renovadora.

 Hubo una reñida puja entre Antille y Quijano por la postulación a la vicepresidencia de la que salió triunfante Quijano por aclamación.

 Algún historiador de alcurnia mitrista se atreve a emitir un juicio no sólo peyorativo sino también erróneo sobre Hortensio Quiijano.

 El juicio erróneo, que lleva implícito un tiro por elevación a Perón, es el de considerarlo como un alvearista.

 Perón sólo podía tener afinidad con los radicales de tradición yrigoyenista, como lo fue en realidad Quijano.

 Su militancia en el radicalismo de Corrientes fue durante la primera presidencia de Yrigoyen, donde integró la fórmula radical para gobernador de la provincia que fue vencida. 

El mismo historiador sostiene erróneamente que era una disidencia antipersonalista, cuando ésta surgió después, durante la presidencia de Alvear.

 En ese tiempo Quijano se dedicó a la actividad privada.

 Participó nuevamente de la política partidaria, luego de la caída de Yrigoyen, durante la jefatura de Alvear, pero eso no significa que fuera antipersonalista o alvearista. 

Vimos como Corrientes se mantuvo en la abstención electoral, ya abandonada por el partido, cuando Quijano era delegado de dicha provincia ante el Comité Nacional.

 Perón y Quijano.

 Por eso se puede considerar una interpretación falsa o mal intencionada cuando el investigador frondizista dice: –…los radicales de la Junta Renovadora… sólo podían aportar la exaltación de la tradición yrigoyenista, lo que en muchos casos resultaba insincero como ocurría con Quijano, que siempre fue alvearista.

Para completar la desvalorización de esos radicales que se jugaron por Perón, en un momento nada fácil, sostiene el frondizista Félix Luna: –Los nacionalistas podían aportar a su campaña el ingrediente intelectual que no podían darle los caudillejos radicales de Quijano ni los dirigentes sindicales. (Hay una cuota de discriminación ¿verdad?)

 En febrero de 1946 se realizaron las elecciones y triunfó la fórmula peronista.

 Otra visión de Quijano daban los primeros peronistas de entonces.

 El periódico Oratoria, una voz llana y lisa del pueblo que no se vende, vocero del Centro de Oradores Juan D.Perón, dirigido por Atilio Pingitore, en su N°1 del 4 de junio de 1946, retrata al vicepresidente de la Nación de la siguiente manera: -Identificado con la Revolución desde el primer momento,… puso no sólo su energía extraordinaria al servicio de la

Causa, sino también su lucidez, serenidad, su inteligencia y hasta vertió en ella toda la magnanimidad de su corazón gaucho y patriota.

 -Verdadero piloto de tormenta, como se le dio en llamar, el doctor Quijano ha sido una revelación para el país… Confiémos en él, augurémosle en la nueva etapa de la Revolución, que el acierto lo premie y lo distinga ante Dios y la Patria.

 El presidente Perón entre Cámpora (presidente de la Cámara de Diputados) y Quijano (vicepresidente y presidente del Senado)

 En el ejercicio de la vicepresidencia presidió la misión especial argentina a la transmisión del mando presidencial en Chile, donde fue distinguido con la Gran Cruz de la orden del Mérito de ese país.

 De acuerdo con la política de Perón de integración hispanoamericana, se destacó en la profundización de las relaciones con Brasil para crear el ABC.

 Como presidente del senado, en 1947, participó en el juicio político a los jueces de la Corte Suprema de Justicia y en la destitución de los jueces Antonio Sagarna, Benito Nazar Anchorena y Francisco Ramos Mejía, jueces de la oligarquía (Igualito al forro que tenemos ahora como vicepresidente, que judicializa la política y se pone del lado de los jueces corruptos en contra del gobierno al cual pertenece, puesto que fue en una misma boleta con la Señora Presidenta).

 La defensa del juez Sagarna estuvo a cargo de Alfredo Palacios.

 En un entredicho con Quijano, éste niega al diputado socialista ingresar al recinto y lo obliga a presenciar la sesión desde el palco.

 (El gorila cara de salame que tenemos ahora le abre la puerta a la oposición y se la cierra a los oficialistas).

 En 1947 le fue encomendada la presidencia de la campaña contra el agio, la especulación y los precios abusivos. (Cobos, hace todo lo posible por desarticular la economía, aunque sea con declaraciones falsas, en una clara actitud destituyente).

 Cobos, siempre en actitud destituyente.

 En 1952 integró nuevamente la fórmula encabezada por Perón, ante el histórico renunciamiento de Evita, triunfando en los comicios sobre la fórmula radical Balbín-Frondizi.

Pero su salud estaba peor que la de Eva.

 Murió poco tiempo antes que ella, a los 68 años, el 3 de abril de 1952.

Ocurriendo la paradoja, que le tocara a Evita ocupar su lugar en las ceremonias de asunción del mando. 

En las honras fúnebres, el ministro del Interior Angel Borlenghi expresó: –Con el doctor Quijano parten casi setenta años de argentina vivencia, de gaucho sentir. De cepa criolla… fiel a su destino de criollo, de hombre íntimamente ligado por su urdimbre temperamental a las cosas de esta tierra, que el quería entrañablemente.

 El presidente del Senado, contraalmirante Tessaire ¡UY, éste sí que era cobista] coincidía al decir: –expresión noble y auténtica de las más puras esencias de nuestra tierra.

 DCH/

 

N&P: El Correo-e del autor es Daniel Chiarenza danich45@gmail.com