LAS LÁGRIMAS DEL COMPAÑERO MARIO MANRIQUE

Claudio Diaz

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Diaz:-Fué un encuentro altamente en el que se honró a los trabajadores y delegados gremiales de La Matanza que hicieron de la lucha por la Justicia  Social su razón de vida.

Como dijo el inolvidable Saúl: “llorar es un sentimiento…”

LAS LÁGRIMAS DEL COMPAÑERO MARIO MANRIQUE

 

Por Claudio Diaz

 

Sucedió el jueves 25, al atardecer.

 

En el centro cultural Valentín Barrios, en el centro de San Justo, la Regional La Matanza de la CGT que conduce el histórico dirigente metalúrgico Carlos Gdansky organizó la llamada Jornada de Reflexión y Memoria.

 

Se trató de un encuentro altamente emotivo en el que se rindió homenaje a militantes y mártires del movimiento obrero y del peronismo perseguidos desde 1955 y, en varios casos, desaparecidos para siempre.

 

Así, se honró el compromiso y el coraje de aquellos trabajadores y delegados gremiales de La Matanza que hicieron de la lucha por la Justicia Social su razón de vida: Rómulo Cayuqueo, Jorge Luis Congetti, Alejandro García, Alfredo Loverzo, Jerónimo Maneyro, Jorge Marelli y Emilio Tomasín. También se homenajeó a legendarios dirigentes como Felipe Vallese, el primer obrero secuestrado en la historia argentina, el 23 de agosto de 1962  y Oscar Smith, de quien nunca más se supo algo a partir de su captura en Sarandí el 11 de febrero de 1977.

 

Se hizo muy difícil no conmoverse ante el relato de familiares y amigos que además de recordar cómo eran estos compañeros y qué sueños tenían, narraron los tremendos episodios de sus secuestros, cuando irrumpían en las casas los grupos paramilitares. Hasta la joven  locutora del acto interrumpió por unos segundos su alocución, embargada por la emoción.      

 

El testimonio de las hijas y de la esposa de Jorge Congetti, delegado municipal de La Matanza al que se llevaron el 20 de noviembre de 1976, como asimismo las palabras de una de las cuatro hermanas de Emilio Tomasín, dirigente de la fábrica metalúrgica Martín y Amato (hoy Prestolite) secuestrado el 26 de abril de 1976 (una escuela-fábrica impulsada por la UOM La Matanza lleva en la actualidad su nombre), cubrieron el auditorio de emoción e impotencia.

 

En ese contexto, el joven Secretario General de SMATA y miembro del consejo directivo de la CGT, Mario Manrique, tuvo que dirigir unas palabras al entregarle una plaqueta a Jorge Marelli, delegado mecánico que estuvo preso entre 1976 y 1982.

 

Acompañado de sus dos hijos, uno de ellos leyó una carta que Jorge había escrito a su mujer durante el cautiverio.

 

En cambio, Manrique apenas pudo hablar.

 

Estaba totalmente superado por los testimonios que venía escuchando.

 

Empezaba a decir algo y no podía continuar. Se le quebraba la voz. Y a pesar de que se notaba que hacía un gran esfuerzo por contenerlas, las lágrimas le iban bajando despacio y sin pausa.

 

Pidió disculpas por el momento que estaba pasando, aunque tuvo la fuerza suficiente para decirles a las familias que la lucha de sus esposos, padres, hijos, hermanos será reivindicada y continuada por las generaciones presentes y futuras.   

 

Al ver a Mario este testigo vivió, seguramente como el resto, un momento de turbación.

 

Sintió que sus ojos también se ponían vidriosos; fingió tocarse la nariz para evitar que se le escapara una gota de sal.

 

Pero casi al mismo tiempo percibió una íntima satisfacción y un motivo de orgullo al ver que un tipo como él, que tiene la hermosa tarea de luchar por la dignidad de los trabajadores, en definitiva un compañero, demostraba su sentimiento de hombre y militante.

 

¿Alguien de ustedes ha visto llorar a un dirigente en circunstancias como las que contamos?

 

A este testigo, que tiene unos años más que Manrique, nunca le había pasado.

 

Y entonces pensó que si alguien como él, de 40 años, hoy está donde está, es porque el sentimiento más puro que puede tener un militante sindical o político (el luchar por sus compañeros), es posible por lo que dieron e inculcaron los mayores, los grandes que hoy conducen nuestra más querida organización nacional, la CGT, que pusieron el alma y el corazón (y otras cosas) cuando era muy de noche; que mantuvieron las brasas encendidas ante la frialdad y el cálculo oportunista de los traidores que se dedicaron a satisfacer su apetito individualista; que no trabucaron sus convicciones.

 

Hablamos de los Moyano, los Piumato, los Schmid, los Palacios, los Viviani, los Plaini, los Ghilini, los Moreyra, los Cantariño y tantos, tantísimos más dirigentes que fueron al frente cuando muy pocos lo hacían.

 

Porque en definitiva, ¿Qué si no amor por sus hermanos trabajadores, por los compañeros, por la causa de los explotados y humillados, fue lo que demostraron Congetti, Tomasín, Marelli, Maneyro y tantos miles de dirigentes y delegados sindicales que se llevaron?

 

Al conmovernos con lo que pasó a Manrique y al observar a los miles de jóvenes de la Corriente Sindical Peronista que a pesar del luto que significa la fecha del 24 de marzo fueron cantando con alegría (como quería Jauretche) a Plaza de Mayo, no podemos menos que repudiar la actitud de cierta dirigencia gremial que olvida a los que dieron la vida por el proyecto nacional pero asiste puntualmente a los encuentros del enemigo oligarca, como ocurriera en la reciente Expoagro del Grupo Clarín que reunió como todos los años a los explotadores de los trabajadores.   

 

La emoción de Mario, lejos de una actitud de flaqueza, fue todo un mensaje de fuerza. Sobre todo para esa gran cantidad de jóvenes trabajadores y delegados de La Matanza presentes en el acto, que se conmovieron tanto como el Secretario General de SMATA.   

 

Está muy bien, y nos hace bien, llorar a nuestros mártires.

 

Porque en cada lágrima derramada los estamos trayendo a nuestro lado para que nos ayuden a iluminar el camino de la lucha.

 

 

CD/

 

N&P: El Correo-e del autor es Claudio Diaz diazdeoctubre@yahoo.com.ar