Los rostros de todos los que habitaban esta gran ciudad destilaban luz, mucha luz...

UN 11 DE MARZO PERO DE HACE Y TANTOS AÑOS

Por Pedro de Arrabal

La gente estaba con la esperanza hecha mirada; hasta el punto de transformarse en cinceles que esculpían corazones radiantes que estallaban en el aire; ¡de pura felicidad nomas!

 UN 11 DE MARZO PERO DE HACE Y TANTOS AÑOS

Por Pedro del Arrabal

EL EMILIO

11 Mar 2010

 La mañana podía ser oscura, o gris, o del color que la naturaleza había elegido a su antojo para regalarnos ese día que a mi, en aquella oportunidad, poco me importaba ya que yo había decidido que ese día iba a ser radiante, brillante, hermoso.

 Y no me equivoque.

 Los rostros de todos los que habitaban esta gran ciudad (Buenos Aires y Gran Buenos Aires como se le decía entonces) destilaban luz, mucha luz, una luz con nuevo color, con color sueños, color de sueños con tinte esperanza.

 Y no era para menos.

 Se trataba de 18 años de postergación.

 Por eso la gente estaba con la esperanza hecha mirada; hasta el punto de transformarse en cinceles que esculpían corazones radiantes que estallaban en el aire; ¡de pura felicidad nomas!

 Se recuperaba la democracia y yo iba a debutar como votante.

 Se volvía a vivir en democracia, con el Gral Perón proscripto pero con un peronismo recuperando su protagonismo de la mano del fervor popular y del Tio Cámpora.

 CAMPORA AL GOBIERNO, PERÓN AL PODER era la consigna que recitábamos como letanía todos y cada uno de los que habíamos luchado (tenía 22 años).

 ¡Que imberbe soberbio calificar mi militancia de apenas 4 años de lucha para el regreso del Viejo.

 El viejo estaba el Puerta de Hierro -España- pero su espíritu estaba en la calle, en el aire, en la alegría de la gente. 

Mi radiante mañana me invito a salir a la calle, a iluminarme con sonrisas ajenas, a respirar la esperanza que destilaban los corazones cincelados, y a cumplir con mi deber democrático que tanto esfuerzo y vidas de compañeros había costado.

 Y vote con alegría, como seguramente querían que lo hiciera todos aquellos que dejaron jirones de vida y hasta su propia vida para que así lo hiciera.

 Y no los iba defraudar (pero a mi estilo, no al estilo menemista)

 Y se ganó con el 49% de los votos y contra toda la campaña montada por el Lanussimo y la derecha para impedir aquel triunfo. 

Y el Chino Balbín renunció al ballotage; y no lo hubo.

 Y a las 6 de la tarde las calles comenzaron a poblarse tímidamente de alegría, y a las 9 de la noche las avenidas de Buenos Aires se transformaron en ríos humanos de alegría con seres que deambulaban por la ciudad desparramando alegría, mientras otros nos dirijiamos a Oro y Santa Fé donde estaba el comando electoral del FREJULI.

 Queríamos escucharlo al Tío y poco importaron las escaramuzas represivas que la Federal intento en Juan B Justo y Charcas, ahí a la vueltita del lugar del festejo.

 Y la represión de la cana quedó en la nada.

 Y quedó en la nada porque muchos canas terminaron festejando junto a nosotros diciendo –yo también soy peronista (nunca supe si me lo dijeron en joda o en serio).

 Y el Tío cumplió.

 Cumplió con su palabra, cumplió con su lealtad hacia el General, cumplió con el Pueblo peronista.

 Porque el tío fue PERONISTA, muy a pesar de lo que muchos dijeron.

 La consigna era clara y el Tío cumplió.

 Compañero Hector J. Campora, Gracias por la alegría que me regaló aquel día. 

Querido compañero y Tío Cámpora, ¡hasta la victoria siempre!

 Y ¡Viva Perón Carajo!

 PdeA/

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