UGARTE, EL PROFETA OLVIDADO DE LA UNIDAD LATINOAMERICANA

La Opinión Popular

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Asumirá la defensa del peronismo, de la industria nacional y de la clase obrera en un país gorila, agropecuario, librecambista y antiobrero.

 

UGARTE, EL PROFETA OLVIDADO DE LA UNIDAD LATINOAMERICANA

 

Manuel Ugarte, en su época influyó en dirigentes de todo el continente, pero continúa siendo un gran desconocido en su patria.

 

Pensador profundo, escritor y ensayista, Ugarte es un socialista reformista a quien le preocupó el problema imperialista y la cuestión nacional. En su obra "La Patria Grande" desarrolla con extraordinaria lucidez la necesidad de la Integración Latinoamericana.

 

Es, aún hoy, el gran olvidado del pensamiento político argentino. En cambio, sus ideas impulsaron la acción de hombres como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre o el nicaragüense Augusto César Sandino. Su nombre es citado con frecuencia en otros países de América latina; pocas veces en la Argentina.

 

Autor de treinta libros, la mayoría publicados fuera del país, Ugarte es un socialista criollo que impulsa la unidad latinoamericana. Denuncia al imperialismo yanqui desde 1901 -por sus intervenciones en América Central y el Caribe- hasta el año 1951 de su muerte, por la guerra de Corea.

 

Asumirá la defensa del peronismo, de la industria nacional y de la clase obrera en un país gorila, agropecuario, librecambista y antiobrero.

 

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Manuel Baldomero Ugarte nació en el barrio porteño de Flores, en Buenos Aires, el 27 de febrero de 1875, aunque algunos consignan el año 1878. Ugarte pertenece a una familia tradicional. Estudia en el Colegio Nacional de Buenos Aires, asiste al Jockey Club, practica esgrima, lee y escribe poesía.

 

En últimos años del siglo XIX Manuel vive en París, "como correspondía a un rico, joven y culto caballero argentino, aficionado a las mujeres, al teatro y la poesía galante". Es un bon viveur y nada hacía sospechar a los parientes y amigos el giro que tomaría su vida apenas se iniciara en la política.

 

Autor de treinta libros, la mayoría publicados fuera del país, Manuel Ugarte es un socialista criollo de la generación del 900 que impulsa la unidad hispanoamericana. Los textos sociopolíticos abarcan El Porvenir de América Española (1910), La Patria Grande (1922), El destino de un continente (1923) y La Reconstrucción de Hispanoamérica (1951)

 

Sostiene Roberto Bardini que Ugarte es uno de los grandes personajes de Argentina y de Iberoamérica en la primera mitad del siglo XX. En su época influyó en dirigentes de todo el continente, pero continúa siendo un gran desconocido en su patria.

 

Militancia política antiimperialista

 

Después de la intervención norteamericana en Cuba en 1898, Ugarte decidió viajar a los Estados Unidos del "Big Stick". Allí percibió con total claridad el impulso expansionista que predominaba en la clase política norteamericana y que tenía a América Latina como principal objetivo de conquista.

 

Paradójicamente es en los EE.UU. donde Manuel Ugarte consolidó las dos columnas de su ideología: por un lado un fuerte antiimperialismo y por el otro, la necesidad de construir la Unidad Latinoamericana.

 

Este viaje constituye un punto de inflexión en su vida. A partir de ese momento se dedicó a atacar la política imperialista de ese país. Esta causa se convirtió en objetivo totalizador de su existencia y lo concretó recorriendo América Latina, denunciando al invasor yanqui y apoyando a los gobiernos que encararon una política independiente, de corte nacional y popular.

 

En 1904, Ugarte asiste como delegado al Congreso de la Internacional Socialista (IS) en Amsterdam. Tres años después, participa en Stuttgart de otro Congreso de la IS, en el que participan Lenín, Rosa Luxembugo, Jean Jaurés, Karl Kautsky y Gueorgui Plejánov.

 

Luego del Congreso de Stuttgart, Ugarte profundizará el tema de la cuestión nacional y ampliará sus diferencias con la conducción del partido Socialista de la Argentina.

 

Ugarte diferencia claramente el patriotismo de un país imperialista o colonialista y el patriotismo de los países oprimidos por el imperialismo, como ocurría con los países latinoamericanos. Para Ugarte el socialismo en Latinoamérica debía tener un carácter nacional que opusiera resistencia al imperialismo anglosajón.

 

De 1910 a 1913, Ugarte recorre toda la América hispana, da conferencias y es aclamado en 20 capitales. Ya no predica el internacionalismo proletario sino la construcción de la Patria Grande, la gran nación latinoamericana.

 

Es un socialista que rechaza trasplantar experiencias europeas: "El socialismo debe ser nacional", dice en 1911. Al año siguiente escribe: "Bajo ningún pretexto podemos aceptar la hipótesis de quedar en nuestros propios lares en calidad de raza sometida. ¡Somos indios, somos españoles, somos latinos, somos negros, pero somos lo que somos y no queremos ser otra cosa!".

 

Agentes secretos de las distintas embajadas de Estados Unidos le siguen los pasos en Cuba, Santo Domingo, México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Funcionarios diplomáticos norteamericanos le piden a las autoridades locales que impidan su participación en actos públicos. A pesar de todo, llena teatros y plazas, participa en manifestaciones callejeras, es orador de barricada y reúne a multitudes.

 

Ugarte continúa su gira y llega a Bolivia. Pronuncia un discurso en La Paz, interrumpido por las ovaciones de un público entusiasta. El embajador estadounidense lo critica duramente y el escritor lo desafía a batirse a duelo. Debe intervenir el representante diplomático para evitar el enfrentamiento.

 

Los ferrocarriles ingleses

 

En noviembre de 1915, con su propio dinero, Manuel Ugarte funda en Buenos Aires el diario La Patria. Comienza una cruzada que hasta entonces nadie se había atrevido a encarar en Argentina: la denuncia del imperialismo inglés. El país es una semicolonia británica, pero nadie parece percibirlo. A principios de 1916, el escritor analiza tempranamente uno de los factores que permitían la penetración económica de Gran Bretaña: los ferrocarriles.

 

Escribe Ugarte: "Las empresas ferroviarias son todas extranjeras: capital inglés, sindicatos ingleses, empleados ingleses […]. Lleva la empresa noventa y ocho probabilidades de obtener pingües ganancias contra dos de obtenerlas… regulares; de perder, ninguna. […] Y este dato merece ser tenido en cuenta al ocuparse de los ferrocarriles como origen de nuestra atrofia industrial".

 

La Reforma Universitaria

 

En 1918 fue el año de la Reforma Universitaria, movimiento estudiantil que cambió el carácter oligárquico de la educación argentina, planteando la democratización de la enseñanza a la vez que levantaba banderas latinoamericanas y antiimperialistas. Muchos de los líderes de este movimiento simpatizaban con Manuel Ugarte y él mismo intervino llevando su apoyo activo a los estudiantes.

 

En abril de 1918, cuando se funda en Córdoba la Federación Universitaria Argentina (FUA), Ugarte es el principal orador del encuentro. Ese año se autoexilia en España y luego pasa a Francia. Retorna 17 años más tarde.

 

En la década del 20, los principales líderes de la Revolución Mexicana le escriben a Ugarte y le agradecen su apoyo. Augusto César Sandino, el "general de hombres libres", también le envía una carta desde Nicaragua, reconoce su respaldo a la lucha contra los marines yanquis y dice que lo ve como una de las figuras más importantes del patriotismo latinoamericano.

 

Dos grandes dirigentes peruanos lo alaban: Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), lo considera el precursor de esta organización; José Carlos Mariátegui afirma que el escritor argentino es uno de los más prestigiosos personajes de América hispana.

 

Ugarte y el peronismo

 

En mayo de 1935, en plena Década Infame, Ugarte regresa a Argentina. El semanario Señales, del grupo FORJA, es el único periódico que informa sobre su llegada; la gran prensa lo ignora. En 1937, el escritor se va nuevamente del país.

 

El patriota iberoamericano regresa a Buenos Aires en marzo de 1946, después del triunfo electoral del entonces coronel Juan Domingo Perón. "Más democracia que la que ha traído Perón, nunca la vimos en nuestra tierra. Con él estamos los demócratas que no tenemos tendencia a preservar a los grandes capitalistas y a los restos de la oligarquía", declara.

 

Y luego escribe: "Todos los presentimientos y las esperanzas dispersas de nuestra juventud, volcada un instante en el socialismo, han sido concretadas definitivamente en la carne viva del peronismo, que ha dado fuerza al argentinismo todavía inexpresado de la Nación. Ahora sabemos lo que somos y a dónde vamos. Tenemos nacionalidad, programa, derrotero".

 

El 31 de mayo de 1946, el historiador Ernesto Palacio lo acompaña a la Casa Rosada y le presenta al presidente Perón, quien le ofrece el puesto de embajador en México. A los 71 años, es la primera y única vez que Ugarte recibe un reconocimiento oficial en su país.

 

Pero los diplomáticos "de carrera" lo boicotean. Desinteligencias con el personal de la propia embajada lo obligan a regresar a Argentina en junio de 1948. Lo envían a Nicaragua, donde no se encuentra muy a gusto. A principios de 1949 lo trasladan a la representación en Cuba, donde persisten las intrigas de algunos funcionarios, y en enero de 1950 presenta su renuncia. Por problemas de salud, regresa a su casa alquilada en Niza.

 

En noviembre de 1951, Ugarte vuelve a Buenos Aires. Él mismo explica la razón del viaje: "No he pertenecido nunca al bando de los adulones y si hago ahora esta afirmación, si he vuelto especialmente de Europa a votar por Perón, es porque tengo la certidumbre absoluta de que alrededor de él debemos agruparnos, en momentos difíciles que atraviesa el mundo, todos los buenos argentinos".

 

Asistió a la crisis de la Europa de post-guerra, al crecimiento del poder estadounidense; al esplendor y ocaso del nazismo y del fascismo, a la concreción de la primera revolución bolchevique. Demasiadas conmociones para cualquiera y, especialmente importantes, para un pensador como Ugarte.


El 2 de diciembre de 1951 lo encuentran muerto en su casa.

 

Conspiración del silencio

 

¿Cuál fue el trato que recibió Ugarte en Argentina? A este auténtico escritor -autor de novelas, cuentos, poesías y ensayos- las autoridades universitarias le niegan una cátedra de Literatura.

 

Los representantes de la cultura oficial rechazan la propuesta de Gabriela Mistral -quien lo denomina "el maestro de América Latina"- para considerarlo candidato al Premio Nacional de Literatura.

 

El Partido Socialista, de orientación liberal conservadora, lo expulsa dos veces, a causa de sus "desviaciones nacionalistas".

 

El diario La Nación comienza a rechazarle artículos. Sus libros El Porvenir de América Española, La Patria Grande, El destino de un continente y La Reconstrucción de Hispanoamérica, se editan en el país recién dos años después de su muerte, por iniciativa de Jorge Abelardo Ramos en la pequeña editorial Coyoacán.

 

¿A qué se debe esta conspiración del silencio?

 

En el prólogo a La nación latinoamericana, editado en Venezuela, Norberto Galasso señala que Ugarte "ha corrido un destino diverso: un silencio total ha rodeado su vida y su obra durante décadas convirtiéndolo en un verdadero «maldito», en alguien absolutamente desconocido para el argentino medianamente culto que ambula por los pasillos de las Facultades. No es casualidad, por supuesto. La causa reside en que, de aquel brillante núcleo intelectual, sólo Ugarte consiguió dar respuesta al enigma con que los desafiaba la historia y fue luego leal a esa verdad hasta su muerte.

 

Sólo él recogió la influencia nacional-latinoamericanista que venía del pasado inmediato y la ensambló con las nuevas ideas socialistas que llegaban de Europa, articulando los dos problemas políticos centrales de la semicolonia Argentina y de toda la América Latina: cuestión social y cuestión nacional. […] De ahí la singular actualidad del pensamiento de Ugarte y por ende su condena por parte de los grandes poderes defensores del viejo orden".

 

Redescubrimiento de Ugarte

 

En "Redescubrimiento de Ugarte", publicado en febrero de 1985, Jorge Abelardo Ramos escribe: "[…] en la irresistible Argentina del Centenario, orgullosa y rica, el emporio triguero del mundo, no había lugar para él. No solamente porque, como decía Miguel Cané, escribir una página desinteresada en Buenos Aires equivalía a recitar un soneto de Petrarca en la Bolsa de Comercio, sino a causa de que Ugarte iría a desenvolver su vida contra la lógica de la factoría euro-porteña: era socialista, aunque criollo y católico; argentino, pero hispanoamericanista. Si bien es cierto que lucharía por la neutralidad en las dos guerras inter-colonialistas del siglo, debería hacerlo contra la opinión dominante del rupturismo demo-izquierdista favorable a las potencias democráticas; más tarde, asumiría la defensa de la industria nacional y de la clase obrera en un país agropecuario, librecambista y antiobrero".

 

De la redacción de La Opinión Popular

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