Dorrego fue un apóstol y no de los que se alzan en medio de la prosperidad y de las garantías, sino apóstol de las tremendas crisis

MANUEL DORREGO: FUE APÓSTOL, VIVIÓ COMO HÉROE Y MURIÓ COMO MÁRTIR.

Por Roberto Bardini

Fue un apóstol y no de los que se alzan en medio de la prosperidad y de las garantías, sino apóstol de las tremendas crisis. Pisó la verde campiña convertida en cadalso, enseñando a sus conciudadanos la clemencia y la fraternidad, y dejando a sus sacrificadores el perdón, en un día de verano ardiente como su alma, y sobre el cual la noche comenzaba a echar su velo de tinieblas, como iba a arrojar sobre él la muerte su velo de misterio. Se dejó matar con la dulzura de un niño, él que había tenido dentro del pecho todos los volcanes de la pasión. Supo vivir como los héroes y morir como los mártires.

MANUEL DORREGO: FUE APÓSTOL, VIVIÓ COMO HÉROE Y MURIÓ COMO MÁRTIR

 

Por Roberto Bardini

BAMBÚ PRESS

 10/12/2009

Faltan 11 días para Navidad.

A la orden de ¡fuego!, un pelotón de fusilamiento unitario acribilla de ocho tiros en el pecho al coronel federal Manuel Dorrego, ex gobernador de Buenos Aires.

Había sido estudiante de leyes, militar indisciplinado en los cuarteles pero valiente en el campo de batalla, apasionado político y patriota hasta los huesos.

Fue una víctima más del crónico desencuentro entre argentinos.

 Dorrego nace el 11 de junio de 1787 en Buenos Aires.

Es el menor de cinco hermanos, hijos del rico comerciante portugués José Antonio de Dorrego y la argentina María de la Ascensión Salas.

En 1803, a los 15 años, ingresa en el Real Colegio de San Carlos y a inicios de 1810 comienza a estudiar Derecho en la Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile.

Pronto abandona las aulas y se une al movimiento independentista chileno.

Exaltado, cambia el traje civil y los libros por el uniforme y las armas.

En la milicia del país andino gana las tres estrellas de capitán al sofocar un movimiento contrarrevolucionario.

Tiene 23 años.

Antes de concluir 1810, Dorrego regresa a Buenos Aires y con el grado de mayor se une a las fuerzas armadas encabezadas por Cornelio Saavedra rumbo al norte.

En el combate de Cochabamba sufre dos heridas y gana el ascenso a teniente coronel.

Más tarde, bajo las órdenes de Manuel Belgrano, lucha en Tucumán (24 de septiembre de 1812) y Salta (20 de febrero de 1813).

El ejército de Belgrano marcha hacia Potosí sin Dorrego: se queda en la retaguardia, arrestado por indisciplina.

Eso le evita las derrotas de Vilcapugio (1º de octubre de 1813) y Ayohuma (14 de noviembre de 1813), y quizá la muerte en servicio. 

El payador uruguayo José Curbelo lo recuerda así: 

Argentino, Americano

En la idea y en los hechos

Impulsivo y corajudo

En los embates guerreros

Recibió sendas heridas

En Sansana y Nazareno

Y le pidió a sus soldados

Para seguir combatiendo

Lo alzaran sobre el caballo

Así fue Manuel Dorrego

 A pesar de todo, ese mismo agitado año, Dorrego asciende a coronel y encabeza la creación de milicias gauchas.

Apenas ha cumplido 26 años.

Los momentos de inacción, sin embargo, lo descontrolan.

El inflexible general José de San Martín ordena su confinamiento por nuevas actitudes de indisciplina y en mayo de 1814 es trasladado a Buenos Aires.

Allí se pone a las órdenes del general Carlos María de Alvear.

Temperamental en todo

Bromista en los campamentos

Pudo hasta indisciplinarse

Pero puesto en el gobierno

Supo muy bien dónde iba

En defensa de su pueblo

Ni emperador del Brasil

Ni centralismo porteño

Entreveraron las huellas

Que marcó Manuel Dorrego

 Alvear le propone al caudillo oriental, José Gervasio Artigas (1764-1850) la independencia de la Banda Oriental a cambio de que retire su influencia de las provincias del litoral.

Artigas ha dirigido la insurrección de los orientales contra las autoridades españolas en el llamado Grito de Asencio y fue proclamado por sus compatriotas como Primer Jefe de los Orientales.

El 20 de enero de 1814, abandonó el sitio de Montevideo -cuyo mando comenzó a monopolizar José Rondeau- y apoyó los pronunciamientos de los paisanos de Entre Ríos y Corrientes.

El líder rioplatense rechaza el ofrecimiento de Alvear.

Dorrego parte a enfrentarse con el rebelde, con quien -paradójicamente- tiene ideas bastante cercanas.

El militar derrota al artiguista Fernando Otorgués en las cercanías del arroyo Marmarajá (6 de octubre de 1814), pero es vencido por Fructuoso Rivera en Guayabos (10 de enero de 1815). 

Cada vez que algún retazo

Perteneciente a este suelo

De las Provincias Unidas

Anduvo corriendo un riesgo

Se alzó con su voz valiente

Reclamando ese derecho

Y por la soberanía

Él supo jugarse entero

Así cruzó por la vida

Luchando Manuel Dorrego

 Joseph Conrad, autor de novelas marineras, escribe en el cuento La Laguna (1898): –Un hombre no debe hablar sino del amor o la guerra. Tú sabes qué es la guerra y en la hora del peligro me has visto lanzarme en busca de la muerte como tantos otros en busca de la vida.

Amor y guerra, muerte y vida: estas palabras pueden aplicarse a la trayectoria de Dorrego, quien a su regreso a Buenos Aires, en 1815, se casa con Angela Baudrix.

De la unión nacen dos hijas: Isabel en 1816 y Angelita en 1821.

 El impetuoso Dorrego se lanza a la lucha política.

Se declara partidario de un gobierno federativo y fomenta la autonomía de Buenos Aires.

Con Manuel Moreno y otros patriotas se opone a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Finalmente, para no participar en el enfrentamiento civil, solicita que su regimiento se una al ejército que San Martín prepara en Mendoza para la Campaña de los Andes.

No alcanza a partir: el 15 de noviembre de 1816, Pueyrredón ordena su destierro.

Lo embarcan y recién al tercer día de viaje se entera que su destino es el puerto de Baltimore, en Estados Unidos.

El 9 de julio de 1819, Pueyrredón renuncia y es reemplazado por el general José Rondeau. Dorrego regresa a Buenos Aires al año siguiente.

Recupera su grado de coronel, obtiene el mando militar de Buenos Aires y es designado temporalmente gobernador interino. 

Presenta su candidatura a gobernador en la provincia pero es derrotado por Martín Rodríguez. Con caballerosidad, hace reconocer por sus tropas el triunfo de su adversario.

Pero el hecho de estar en la oposición hace que el gobierno lo destierre en Mendoza.

Una mejor idea hubiera sido darle el mando de un regimiento y ordenarle combatir.

La inactividad o el ostracismo no son buenos para Dorrego: huye a Montevideo.

 [Nota al margen: además de los problemas políticos internos de las Provincias Unidas, desde septiembre de 1816 existe la amenaza militar externa de los portugueses en la Banda Oriental.

Las autoridades nacionales no procedían con la energía necesaria para expulsarlos. Artigas, el principal perjudicado, culpaba con razón a las autoridades de Buenos Aires por la falta de respaldo.

Algunos historiadores sostienen que se debería reconocer que el caudillo oriental procedió como un auténtico patriota argentino hasta su derrota en 1820.] 

Por una América Unida

Compartía el alto sueño

Que tuvo Simón Bolívar

Desencontrado en el tiempo

Por intereses extraños

Ajenos al sentimiento

De los hombres que lucharon

Y que hasta su sangre dieron

A veces incomprendidos

Como fue Manuel Dorrego

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 Dorrego regresa a Buenos Aires -junto con exiliados como Carlos María de Alvear, Manuel de Sarratea y Miguel Estanislao Soler- gracias a la Ley del Olvido (noviembre de 1821).

En 1823, es electo representante ante la Junta de Gobierno y desde su periódico El Argentino respalda las ideas federalistas, en oposición al gobierno de Bernardino Rivadavia, lo cual le hace ganar prestigio en las provincias.

En 1825, se entrevista con Simón Bolívar, a quien considera el único capaz de contener los planes expansionistas del Imperio de Brasil.

 El militar convertido en político resulta elegido representante por Santiago del Estero en el Congreso Nacional.

Cuando se discute la Constitución de 1826 se destaca en los debates sobre la forma de gobierno y el derecho al sufragio.

Desde el periódico El Tribuno continúa atacando la posición centralista de Rivadavia, lo que aumenta su popularidad en las provincias.

 Al referirse a la constitución rivadaviana de ese año, Dorrego afirma: –Forja una aristocracia, la más terrible porque es la aristocracia del dinero.

Échese la vista sobre nuestro país pobre, véase qué proporción hay entre domésticos asalariados y jornaleros y las demás clases del Estado (…).

Entonces sí que sería fácil influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas; y en ese caso, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro con el Banco, y entonces sería el Banco el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación en todas las provincias. 

Allá por el veintiséis

Diputado en el Congreso

Defendía el derecho cívico

De los empleados a sueldo

Excluidos de votar

Con el absurdo pretexto

Que el depender de un patrón

Ataría su pensamiento

En defensa del humilde

Se alzó el verbo de Dorrego

 Acosado, Rivadavia renuncia a la presidencia.

Vicente López es designado mandatario provisional.

En agosto de 1827, Dorrego es electo gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Pero ante el tratado de paz firmado con Brasil, los unitarios ven la posibilidad de recuperar el poder aprovechando el descontento de los jefes militares de regreso.

Ex compañeros de exilio, como Soler y Alvear, junto con los generales Martín Rodríguez, Juan Lavalle y José María Paz comienzan a conspirar para derrocar al gobierno federal.

 El 1° de diciembre de 1828, Lavalle ocupa Buenos Aires con sus tropas. Dorrego se dirige al sur de la provincia y le pide apoyo a Juan Manuel de Rosas, entonces comandante de campaña.

Rosas le aconseja que vaya a Santa Fe y le solicite respaldo a Estanislao López, pero Dorrego decide enfrentar a Lavalle.

Las fuerzas de uno y otro se chocan en Navarro.

El gobernador cae prisionero y el vencedor ordena, sin ninguna grandeza, que muera fusilado el 13 de diciembre.

La decisión estremece a la capital y las provincias.

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Del veintisiete al veintiocho

En su gestión de gobierno

Propulsó el federalismo

Que siempre fuera su credo

Y cayó buscando luz

Entre las sombras envuelto

No pudo montar de vuelta

Como lo hizo en Nazareno

Y en un trece de diciembre

Se apagó Manuel Dorrego

El valiente general unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid, un tucumano que peleó la guerra de independencia y en las luchas que siguieron en Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe, permanece junto a su ex camarada Dorrego hasta el abrazo final.

A él le entrega el condenado cartas para su mujer y las dos hijas.

A la esposa le escribe: –Mi querida Angelita: En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir.

Ignoro por qué; mas la Providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido.

Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.

Mi vida: educa a esas amables criaturas.

Sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado Manuel Dorrego.

 Tiene 41 años. Aráoz de Lamadrid es un oficial curtido que ha combatido en Tucumán, Córdoba, San Juan y Mendoza.

También conoció el exilio en Bolivia y Chile.

Dorrego le pide al compadre su chaqueta para morir y le solicita que le entregue a su esposa Ángela la que él lleva puesta.

El duro Aráoz se quiebra ante la entereza de su amigo-adversario y llora frente a la tropa como un adolescente. 

Allí en la Estancia de Almeida

Se ordenó el fusilamiento

Con un pañuelo amarillo

Sus ojos enceguecieron

Cuando el padre Juan José

Lo acompañaba en silencio

Sonaron ocho disparos

Y quedó escrito en un pliego

Besos para esposa e hija

Que Dios proteja mi suelo

Ahorren sangre de venganza

Firmao’ Manuel Dorrego

 Ángela Baudrix, la viuda, queda en la miseria.

Sus hijas tienen seis y doce años de edad.

Tiempo después se ven obligadas a trabajar de costureras en el taller de Simón Pereyra, un proveedor de uniformes para el ejército y especulador en la compra-venta de tierras. [Nota al margen: en una de sus extensas propiedades, ubicada en El Palomar, en 1925 se inició la construcción del Colegio Militar de la Nación, del que egresarían varios discípulos de Lavalle.

Un general Aramburu, por ejemplo, fusilador de un general Valle.]

Juan Lavalle nació en Buenos Aires el 17 de octubre de 1797.

Desde los 14 años hasta su muerte, a los 44, su vida estuvo consagrada a las armas.

Al mando de Dorrego, luchó contra Artigas y combatió en la batalla de Guayabos.

El escritor Esteban Echeverría (1805-1851), autor de El Matadero y La Cautiva, que también era unitario, lo describe como una espada sin cabeza.

En cambio, el periodista e historiador José Manuel de Estrada (1842-1894), considerado uno de los más lúcidos intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX, escribió un homenaje a Manuel Dorrego que puede considerarse un conmovedor epitafio:

 -Fue un apóstol y no de los que se alzan en medio de la prosperidad y de las garantías, sino apóstol de las tremendas crisis.

Pisó la verde campiña convertida en cadalso, enseñando a sus conciudadanos la clemencia y la fraternidad, y dejando a sus sacrificadores el perdón, en un día de verano ardiente como su alma, y sobre el cual la noche comenzaba a echar su velo de tinieblas, como iba a arrojar sobre él la muerte su velo de misterio.

Se dejó matar con la dulzura de un niño, él que había tenido dentro del pecho todos los volcanes de la pasión.

Supo vivir como los héroes y morir como los mártires.

 RB/

 

N&P: El correo-e del autor es Roberto Bardini boletinbambu@yahoo.com