MATAN AL CHACHO PEÑALOZA

Gonzalo García - la Voz de la Jotapé -

Marcos Paz, confesaba: -Mejor que entenderse con el animal de Peñaloza, es voltearlo. Aprovechemos la oportunidad // para ayudarlos a bien morir.

El 12 de noviembre de 1863

 MUERE ASESINADO EL CHACHO PEÑALOZA

Por Dr. Gonzalo García

La Opinión Popular.

 12/11/2009

Al concepto genocida de eliminar de las tierras argentinas al Gaucho se lo recordará Sarmiento a Mitre en una de sus cartas más tristemente famosas, fechada tres días después de Pavón:

No trate de economizar sangre de gauchos.

Este es un abono que es preciso hacer útil al país.

La sangre es lo único que tienen de seres humanos.

 Esta fue, sin dudas, la filosofía criminal con la que se movieron impunemente durante más de diez años los herederos de Rivadavia, la elite oligárquica porteña vencedora de Caseros y Pavón.

 La impopularidad de los gobiernos impuestos por los ejércitos de la oligarquía porteña lleva ineludiblemente a la resistencia de los caudillos montoneros que defendían el federalismo y las políticas nacionales y anti imperialistas.

 Para imponer su hegemonía a sangre y fuego, el ejército mitrista estaba en operaciones en casi todo el territorio nacional y en especial en el Noroeste donde había resuelto resistir un gran caudillo federal: Don Ángel Vicente Peñaloza, El Chacho.

 Por su lucha sin cuartel, por su defensa del federalismo y su vil asesinato, El Chacho será convertido en una figura emblemática de la cultura histórica nacional.

  -Nunca fue la República teatro de una matanza tan formidable, no hay provincia que no cuente con una hecatombe, no hay pueblo que no lamente un crimen.

Son víctimas de éste gobierno, todos los argentinos fusilados y lanceados en las provincias del interior desde que subió Mitre a la Presidencia hasta hoy. Rivas, Arredondo, Sandes y todos los jefes que han formado parte de las expediciones al interior, para someter a los pueblos al despotismo militar de Mitre, pueden dar fe de sus carnicerías.

 Expresiones de Laurindo Lapuente, un testigo de la época, citado por Juan  José Hernández Arregui en Nacionalismo y Liberación.

 El estado mitrista

 Desde 1860 hasta 1880 se sucedieron en nuestro país tres presidencias formalmente constitucionales.

 Son, por llamarlas de alguna manera, las presidencias fundadoras de un sistema político que se consolidará con Roca y la generación del 80.

 Me refiero a las de Bartolomé Mitre (1862-1868, aunque desde 1860, después de Pavón, la ejerció de hecho); Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880).

 Dentro de esta continuidad institucional, es esencialmente el mandato de Mitre el que deja las bases para la construcción de la República oligárquica liberal. 

El Estado liberal y mercantil de Mitre se distinguió por esta política económica: establecer facilidades para las inversiones de capital extranjero sacrificando el progreso de la industria nacional cuyo fomento consideraba superfluo.

 El comercio importador, los exportadores, y los poderosos intereses imperialistas impedían cualquier protección de la industria naciente.

 No vaya a cumplirse la advertencia lanzada por Lord Chattam a fines del siglo XVIII: –Cuando América fabrique un solo clavo morirá Inglaterra.

 El de Mitre, no era un Estado representativo según el carácter de representatividad que le asignaba la Constitución de 1853.

Pero si tenía la representatividad genuina de los círculos oligárquicos que dominaban la República en nombre de una indeterminada y fantasmal soberanía popular.

El Presidente se elegía en las estrechas cumbres palaciegas con el visto bueno de los –representantes extranjeros.

Los comicios homologaban esta elección previa a través de una verdadera farsa en la que se exhibían todas las variantes de corruptelas, fraudes y violencias.

Tampoco era un Estado que respetara los derechos del hombre enunciados en la Carta Magna del 53.

Si bien no clausuraba diarios, ni prohibía conferencias, ni declaraba ilegales los partidos políticos al por mayor; la inmensa mayoría de los argentinos no accedía a los diarios, no había conferencistas ni partidos políticos.

 No era un Estado Federal, por el contrario, el estado mitrista que se conforma en 1862 impuso una política centralista y unitaria. 

Civilizó el interior del país a sangre y fuego ahogando violentamente todas las sublevaciones que se le opusieron y los caudillos federales que no fueron asesinados fueron civilizados por medio de prebendas burocráticas o negociados.

 «Haremos la unidad a palos»

 Los proyectos y las ideas del mitrismo carecían de originalidad histórica, la mayoría de ellas se encuentran en las concepciones políticas que venían de los tiempos del unitario Rivadavia.

Las medidas a favor del capital internacional, el endeudamiento externo o el intento fallido de federalización del territorio de la Provincia de Buenos Aires en beneficio del Puerto de Buenos Aires son ejemplo de ello.

 La feroz represión del interior federal también encuentra sus antecedentes más directos en los tiempos rivadavianos cuando uno de los ministros, Julián Segundo de Agüero, se atrevió sin eufemismos a expresar –haremos la unidad a palos.

 Hay en estas políticas una continuidad, una línea histórica (liberal-unitaria-portuaria) que tiene sus orígenes en Rivadavia y encuentra su máxima expresión con Mitre y Sarmiento.

 Al concepto genocida de eliminar de las tierras argentinas al gaucho se lo recordará Sarmiento a Mitre en una de sus cartas más tristemente famosas, fechada tres días después de Pavón:

No trate de economizar sangre de gauchos.

Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos.

 Esta fue, sin dudas, la filosofía criminal con la que se movieron impunemente durante más de diez años los herederos de Rivadavia, la elite oligárquica porteña vencedora en Caseros y Pavón.

 Una política sistemática del régimen

 Para confirmar que lo dicho iba en serio, no se ahorró sangre de gaucho, y la primera muestra de la naturaleza criminal de esta campaña se iba a producir pocos días después de Pavón cuando el uruguayo Venancio Flores, jefe de la vanguardia del ejercito de Mitre en Santa Fe, encontró a unos 300 hombres del ejército federal de la Confederación, acampados cerca del paraje conocido con el nombre de Cañada de Gómez.

 Se sobornó la guardia y sorprendiendo a la tropa dormida fue pasada por las armas, degollada a cuchillo, una verdadera carnicería, una masacre injustificable que Sarmiento ensalzó:

Los gauchos son bípedos implumes de tan infame condición que no sé que se gana con tratarlos mejor.

 Paradojas del destino argentino…

 Entre los pocos hombres que pudieron sobrevivir a la matanza de Cañada de Gómez, huyendo entre los pajonales al amanecer, se encontraba José Hernández, soldado de la Confederación que luego cantaría en nuestro máximo poema nacional la saga del Martín Fierro, tragedia en la que se denuncia el implacable extermino del gauchaje que cometían los gobiernos porteños.

 «Dragonadas del liberalismo»

 Nuestro querido maestro y comprovinciano, Fermín Chávez, calificó a éstas campañas genocidas con el nombre de «Dragonadas».

 El historiador rescató este concepto en su obra Historia del país de los argentinos titulando al capítulo XXIX  Dragonadas del liberalismo.

 Considero que la exhumación de este sustantivo por parte del maestro ha sido acertada. 

La Dragonada (del francés Dragonnade y Dragoon, cuerpo militar) fue el nombre con el que se conoció a la política de represión y abusos aplicada por las tropas del Rey contra la población de religión protestante durante el siglo XVII en Francia, como fue la famosa noche de San Bartolomé en que fueron asesinados miles de hugonotes.

 La práctica fue retomada tiempo después con la misión de convertir a las comunidades protestantes por la fuerza.

(-Haremos la unidad a palos).

 Las campañas se caracterizaban por su violencia refinada en las torturas y la impiedad de sus ejecutores.

 Reivindico el concepto de Fermín Chávez para designar también como  dragonadas del liberalismo a las perpetradas en Argentina en pleno Siglo XX como sistema de exterminio contra el pueblo peronista en los años 1955, 1956,… y 1976.

 

Los coroneles de Mitre

 En cuanto a los ejecutores de estas dragonadas, los autores materiales de las mismas eran todos -o en su gran mayoría- militares uruguayos veteranos de las guerras civiles en el Río de la Plata, coroneles y oficiales del ejército porteño que operaban bajo el pomposo nombre de «procónsules».

 En las crónicas de la represión se repiten los mismos nombres: Venancio Flores, Wenceslao Paunero, Pablo Irrazábal, Ignacio Rivas, José Miguel Arredondo, Ricardo Vera y el más feroz de todos, casi una leyenda por su frialdad ante la muerte: Ambrosio Sandes (1).

Pero detrás de estos profesionales de la muerte, verdaderos sicarios contratados por el poder oligárquico porteño, hay responsabilidades políticas claras:

Sarmiento, designado Director de Guerra, que para garantizar se concrete el exterminio, instruía a los militares uruguayos desde su gobernación en San Juan; y Mitre, Presidente de la República que en carta confidencial a su vicepresidente, Marcos Paz, le confesaba:

Mejor que entenderse con el animal de Peñalosa, es voltearlo.

Aprovechemos la oportunidad que los caudillos que quieren suicidarse para ayudarlos a bien morir.

 

 La furia unitaria tras Peñaloza

 Las operaciones contra El Chacho comienzan en 1862.

 En casi todas las provincias los coroneles uruguayos de Mitre derrocan a los gobiernos provinciales respaldados por la mayoría y los remplaza con pequeños grupos de poder pertenecientes a las pequeñas oligarquías locales que gobiernan con el respaldo de las armas porteñas.

 Sólo mantiene un acuerdo explícito de no agresión con el urquicismo, que dominaba las provincias mesopotámicas del este.

 La impopularidad de los gobiernos impuestos por los ejércitos de la oligarquía porteña lleva ineludiblemente a la resistencia de los caudillos montoneros defensores del federalismo.

 El ejército mitrista estaba en operaciones en casi todo el territorio nacional y en especial en el Noroeste donde había resuelto resistir un gran caudillo federal: Don Ángel Vicente Peñaloza, El Chacho.

 Por su lucha sin cuartel y su vil asesinato, El Chacho será convertido en una figura emblemática de la cultura histórica nacional.

 Una guerra civil encubierta

 A pesar de que El Chacho era Comandante en Jefe del Ejército en el Noroeste designado por la desaparecida Confederación Argentina, el mitrismo le llama al enfrentamiento con las tropas del caudillo riojano guerra de policía, intentando con este concepto neutralizar el verdadero carácter de guerra civil que tenía el conflicto.

 En una carta más que esclarecedora, Mitre le indica a Sarmiento: –Digo a Vd. en esas instrucciones que procure no comprometer al Gobierno Nacional…no quiero dar a ninguna operación sobre La Rioja el carácter de una guerra civil. Mi idea se resume en dos palabras: quiero hacer en La Rioja una guerra de policía.

La Rioja es una cueva de ladrones que amenaza a todos los vecinos y donde no hay gobierno que haga la policía.

Declarando ladrones a los montoneros sin hacerles el honor de considerarlos partidarios políticos ni elevar sus depredaciones al rango de reacciones, lo que hay que hacer es muy sencillo. (Presidente Mitre, carta a Sarmiento 30/3/1863, designado Director de la Guerra).

 La resistencia montonera

 Se realiza una primera invasión a La Rioja, conducida militarmente por Sandes.

 En los combates de La Aguadita de los Valdeses y Salinas de Morenos, librados en el mismo día, el Coronel Sandes produce una matanza de prisioneros según instrucciones enviadas por Sarmiento. 

Los pueblos riojanos de Mazán y Aimogasta son incendiados por las tropas mitristas y ejecutan un verdadero exterminio de criollos en Los Araditos, San Isidro, El Gigante y Las Salinas.

 Esta primera campaña finaliza en mayo de 1862, cuando la Comisión Pacificadora del Oeste se reúne con Peñaloza en La Banderita y acuerdan con el caudillo federal el cese de hostilidades.

 Peñaloza necesita tiempo…

 ¿Qué esperaba?

 Que Urquiza, considerado todavía jefe político del Partido Federal se pronuncie y se ponga al frente de una reacción argentina y federal. 

Pero la espera fue vana, Urquiza permanecerá quieto y mudo, recluido en su Palacio de San José.

 En abril de 1863, Peñaloza se ve obligado a salir de campaña ante las atrocidades cometidas por las fuerzas ocupantes en otras provincias del noroeste.

 El Chacho inicia una guerra de guerrillas con sus montoneras, en este tipo de lucha es prácticamente invencible.

 Pero cuando decide dar batalla en campo abierto a las tropas mitristas, es vencido en Lomas Blancas.

 Nada pueden hacer las lanzas federales contra la infantería porteña armada con fusiles Enfield y contra los tiradores italianos y suizos contratados como mercenarios en Europa. 

Pero las guerras del Chacho continúan. 

En junio de 1863 hay un contragolpe federal en Córdoba lo que le permite entrar en la ciudad pacíficamente.

 Permanece en la ciudad que comienza a ser rodeada por las fuerzas de Paunero con un poderoso ejército.

 El Chacho, por consideración a la población inocente de la ciudad, no resiste en su interior y sale a campo abierto siendo derrotado en la batalla de Las Playas donde murieron más de 300 llaneros.

 Un criminal asesinato

 Después de esta derrota se retira El Chacho a su tierra riojana, donde intenta negociar la paz ante Rivas y Paunero. 

 La intransigencia de los mitristas es total: le exigen que se entregue a discreción y que su gente se aleje de La Rioja.

 No podía esperar cuartel y decide resistir con la poca gente que le queda.

 En Caucete vuelve a ser derrotado con su puñado de leales por al mayor Irrazábal que lo persigue incansable con orden de eliminarlo.

 Encuentra refugio cerca de Olta, donde es capturado por una partida mitrista.

Peñaloza se rindió al comandante Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba.

 Pero el chileno Irrazábal, segundo de Sandes, llegó una hora más tarde y lo asesinó con su lanza e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. 

Era el 12 de noviembre de 1863. Don Ángel Vicente Peñaloza tenía 67 años…

 Su cabeza fue seccionada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta.

 Una de sus orejas presidió por mucho tiempo las reuniones de la clase civilizada de San Juan.

 Su esposa fue obligada a barrer la Plaza Mayor de la ciudad San Juan, atada con cadenas.

 El inefable Padre del Aula, Sarmiento inmortal le escribía a Mitre: –…he aplaudido la medida por su forma.

Sin cortarle la cabeza a aquel invertebrado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.

Así funcionaban entonces las instituciones en la Republica posible como la llamaba resignadamente Alberdi.

El terror y el verdadero exterminio cometido contra los pueblos del interior federal fue la arma utilizada sistemática e impasiblemente por el poder oligárquico dominante.

 Homenaje de José Hernández

 Desde Paraná, por entonces tierra de Urquiza, aquel soldado que años antes había escapado milagrosamente de la matanza de Cañada De Gómez, José Hernández, publicaba una de sus mejores piezas periodísticas denunciando desde el periódico «El Argentino» que:

Los salvajes unitarios están de fiesta.

Celebran la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos, y valientes que ha tenido la República.

El partido federal tiene un nuevo mártir.

El general Peñaloza ha sido degollado.

El hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo, el Viriato (2) argentino ante cuyo prestigio se estrellaban las huestes conquistadoras, acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento.

 Escribe: Dr. Gonzalo García.

 

NOTAS.

 1.      Ambrosio Sandes. Fue un militar uruguayo que peleó bajo las órdenes de Fructuoso Rivera en la llamada Guerra Grande.
Estuvo en innumerables batallas y su cuerpo estaba todo cubierto de cicatrices de guerra. Estuvo en Caseros con Urquiza, en Cepeda y en Pavón.
Era conocido como el «terror y azote de la montonera».
De una crueldad inaudita cultivaba su imagen terrible haciendo gala de un silencio que inspiraba terror, porque lo interrumpía casi exclusivamente en explosiones de violencia.
Sus soldados le temían porque era muy desalmado con los enemigos y también con sus subordinados.

 En 1863 un gaucho matrero le dio muerte en la salida de una pulpería.

 Por mucho tiempo, la sola mención de su nombre causaba terror y odio en el paisanaje de los llanos de la Rioja.

 Junto a los mencionados, hay otros nombres que compusieron el elenco del terror del mitrismo.

 

2. Viriato. (180 A.C. a 139 A.C). Caudillo nacional portugués que lideró la resistencia de las tribus lusitanas cuando la expansión del Imperio Romano. Se lo considera el primer héroe del Portugal. 

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