HORACIO GIBERTI, MAESTRO NACIONAL Y POPULAR DEL CAMPO.

Raúl Dellatorre - Enrique Martinez

gibertihoracio-2-1.jpg
Giberti fue secretario de Agricultura y Ganadería en los años 1973/74 con el equipo de economía de Gelbard, cuando asumió como presidente Cámpora. 

  Brillante académico, sus trabajos describieron como los de ningún otro la realidad del agro argentino y sus conflictos. 

SE FUE HORACIO GIBERTI, MAESTRO NACIONAL Y POPULAR DEL CAMPO.

Activo y polémico hasta el final, se fue en el 2009 a los 91 años

  Por Raúl Dellatorre

Página/12

26 de Julio de 2009

Con 91 años y una lucidez envidiable, desplegó durante su último año buena parte de su capacidad y conocimientos a través de decenas de entrevistas, en las que trazó como nadie el trasfondo del conflicto agrario, sus razones y sus falacias.

Los dos temas que marcaron su vida profesional y política, seguramente: lo agrario y el conflicto.

Profesor honorario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, especialista en política agropecuaria, fue presidente del INTA en el período 1958/61 y secretario de Agricultura y Ganadería en los años 1973/74.

Llegó al cargo con el equipo de José Ber Gelbard (ministro de Economía), cuando asumió como presidente Héctor J. Cámpora.

Se fue del cargo después de la muerte de Juan Domingo Perón, cuya corta y última presidencia acompañó.

Escribió el libro seguramente más leído y consultado en la materia por estudiantes, profesionales y por quienes pretenden un acercamiento al tema con argumentos incontrastables: Historia económica de la ganadería argentina.

Durante sus prolíficos últimos años fundó y dirigió el Grupo de Estudios Agrarios (GREA) y presidió el Comité Editorial de la revista Realidad Económica, del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE). Con claridad, humor, ironía y mucha sabiduría hizo brillar como pocos cada entrevista a la que era convocado.

En una no muy lejana que concedió al suplemento Cash, de Página/12, describió en pocas líneas las claves del conflicto agrario argentino:

– En mi época de secretario de Agricultura yo no negociaba. Un gobierno totalitario tiene que buscar concertación con los sectores más poderosos porque no tiene legitimidad popular, pero un gobierno democrático no pide permiso para gobernar. Su obligación es aplicar el programa que propuso en la campaña y no empezar a negociarlo. Lo que se puede negociar es la forma de instrumentar ese programa, pero jamás el programa en sí.

– Las entidades agropecuarias dicen que se tienen que sentar a negociar las políticas y no es así. La política agropecuaria es demasiado seria como para que la resuelvan solamente los integrantes del sector.

– En la revista Anales de la Sociedad Rural Argentina salió un editorial donde me llamaban el abogado ausente, porque ellos interpretaban que el secretario de Agricultura representa ante el gobierno los intereses de los productores agropecuarios, lo cual es un disparate. Los representantes de los productores ante el gobierno son las entidades. Si ellos dicen que debe ser el secretario de Agricultura, es una autocastración.

– Creo que es muy acertado que haya un Ministerio de Economía dentro del cual haya distintas secretarías, porque de ese modo se hace una política económica mucho más homogénea. Lo que ellos (las entidades) quieren es un ministro de Agricultura para hacer una política agropecuaria contraria a los intereses nacionales.

– Martínez de Hoz modificó la Ley de Arrendamientos y aparcerías rurales cuando estuvo al frente del Ministerio de Economía (1976/80). Permitió el surgimiento de formas de explotación especulativa, fondos de siembra que hoy se dedican a cultivar maíz, soja y mañana a cualquier otra actividad.

– El sector agropecuario emplea muy poca gente. En Argentina, en los últimos 50 años, se duplicó la producción agropecuaria y la cantidad de personas ocupadas en el sector disminuyó. Las divisas que genera el sector agropecuario se tienen que utilizar para un plan de desarrollo que contemple un desarrollo industrial fuerte.

-Hacen gran alharaca con el peso que tiene la agroindustria en la economía nacional, pero eso está demostrando justamente la inmadurez de la estructura económica argentina. La falta de desarrollo de la industria pesada le da un papel preponderante a la agroindustria, una actividad que no exige gran inversión ni gran conocimiento técnico. No digo que haya que tener menos agroindustria, pero hay que tener mucho más de los otros sectores industriales.

Sus escritos, sus trabajos, su pensamiento, sus reflexiones son las las fuentes donde buscar respuestas a una realidad compleja.

 

Y encontrarlas.

 

RD/

 

HORACIO GIBERTI UN HOMBRE COHERENTE

 

 

 Por Enrique Martínez *

 

El breve gobierno de Héctor Cámpora quedó devorado por el vértigo de la Argentina de ese momento.

 

Entre las cosas que debieran recordarse de él está el notable conjunto de pensadores progresistas de primera línea que llevó al gobierno.

 

Nombrando sólo los que pude conocer, tengo ahora presentes a Horacio Giberti, Alberto Davie, Rafael Kohanoff y Héctor Camberos en el equipo económico de José Gelbard o el gran Arturo Jauretche, Rodolfo Puiggrós y Rogelio García Lupo en la Universidad de Buenos Aires.

 

 En varias otras áreas lo mismo.

 

Personas sin militancia partidaria, pero con identidad y halo propio en materia intelectual, capaces de unir la teoría, la imaginación y la acción concreta, para buscar la justicia social.

 

Este fue un hecho relevante y no destacado de ese gobierno, tal vez porque ningún otro gobierno desde la recuperada democracia de 1983 lo imitó. Horacio Giberti, como secretario de Agricultura y Ganadería, fue coherente.

 

Simplemente, buscó llevar a la práctica lo que había escrito antes de asumir y luego siguió toda su vida sosteniendo.

 

Su Historia Económica de la Ganadería Argentina nos hizo ver en una película clara el escenario en que nació y se consolidó el poder conservador del país.

 

Sus propuestas, en consecuencia, fueron casi de sentido común, para contrarrestar esa dominación.

 

El fortalecimiento de la Junta de Granos y la Junta de Carnes; la participación activa del Estado en el comercio exterior de productos primarios; culminando con el proyecto de Ley de Impuesto a la Renta Normal Potencial de la Tierra.

 

Este último documento tenía una base de justicia directa: buscaba gravar el potencial productivo de un bien escaso por definición, obligando así a los terratenientes, de cualquier dimensión, a producir con eficiencia o a vender la tierra a quien la quisiera trabajar.

 

El intento no pudo ser.

 

Por supuesto, la oligarquía lo ubicó entre sus enemigos.

 

Y los progresistas, como en tantos otros casos, poco hicieron por contenerlo o por utilizar su saber para hacer.

 

Hoy honramos su actitud, su pensamiento y su legado intelectual.

 

La Democracia, sin embargo, tiene una enorme deuda con personas como Horacio Giberti.

 

Porque además de todo eso, deberíamos estar honrando las obras que se hicieran con su participación, para mejorar la calidad de vida de los compatriotas.

 

No pudo ser. No se quiso.

 

Deberá ser, si es que hemos de construir el país con que Horacio Giberti soñaba, al igual que tantos y tantos de nosotros.

 

EM/

 

 

* Presidente del INTI.