CÁMPORA AL GOBIERNO

Gustavo Olmedo

Ni el delegado uruguayo ni el norteamericano se animaron a asistir a la ceremonia; lo hicieron aclamados, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticos.

CÁMPORA ALGOBIERNO

 

Por GustavoOlmedo

 

Introducción

 

El 17 de noviembre de 1972Perón llegó a la Argentina;su domicilio en la calle Gaspar Campos, en Vicente López, atrajo multitudes.

 

Antes de regresar a Madrid,anunció la fórmula que el FREJULI llevaría a los comicios del 11 de marzo:Cámpora-Solano Lima.

 

La campaña electoral se hizocon el lema "Cámpora al gobierno, Perón al poder".

 

Las urnas dieron ampliamayoría al FREJULI, cuya heterogénea composición provocó la lucha entre el alaizquierda y el ala derecha del peronismo.

 

Perón regresó al paísdefinitivamente el 20 de junio, pero los choques entre los que fueron arecibirlo terminaron en una matanza.

 

Cámpora renunció el 13 dejulio y, después de un breve interregno de Raúl Lastiri, la fórmula Perón-Perónse impuso abrumadoramente el 23 de septiembre.

 

Cámporaal gobierno…

 

Hay imágenes que quedanfijadas en la memoria colectiva como referencias inamovibles de ciertos hechoshistóricos.

 

La fotografía de José Rucciamparando con un paraguas a Perón al pie de la escalerilla del Giuseppe Verdique lo traía desde Roma, es una de ellas.

 

Ese 17 de noviembre de 1972se concretaba lo que desde 1955 había sido un sueño para millones deargentinos.

 

Y con el retomo de Peróncomenzaba la última etapa de la Revolución Argentina, el movimiento que en el año1966 no se había prometido plazos sino más bien objetivos, y que ahora, despuésde remover tres presidentes, debía apurar los plazos para transferir el podersin haber cumplido ninguno de sus objetivos.

 

Hacialas elecciones

 

Un formidable dispositivo deseguridad impidió que muchos miles de partidarios de Perón se acercaran aEzeiza, pero en los días que siguieron el desfile popular frente a laresidencia de la calle Gaspar Campos fue incesante.

 

De día y de noche erapermanente allí la presencia juvenil, cuyas consignas y cánticos al principiodivirtieron pero luego fatigaron a su principal ocupante, instalado allí juntocon -Isabelita» y López Rega.

 

Durante el mes escaso queduró la permanencia de Perón en laArgentina la residencia de Vicente López fue la verdaderacasa de gobierno.

 

Allí se entrevistó el líderjusticialista con los principales jefes opositores, entre ellos Balbín; allíimpartió sus directivas para llegar a diversos acuerdos internos y externos.

 

El 21 de noviembre seconcretó el más importante en el restaurante Nino.

 

Prácticamente todos lospartidos estuvieron presentes en la reunión, presidida por Perón.

 

Aunque el acuerdo en el quetodos coincidieron era vago y casi puramente retórico, la capacidad deconvocatoria del Jefe justicialista quedaba demostrada acabadamente, comoasimismo quedaba demostrado el aislamiento que cercaba a Lanusse: en ciertomodo, el Gran Acuerdo Nacional lo había logrado Perón y no el presidente…

 

Además, se ratificaba lavocación electoral del país entero.

 

Aunque Lanusse habíaprometido entregar el poder el 25 de mayo de 1973, las elecciones aparecíanahora como una exigencia de las fuerzas cívicas y no como una concesión delpoder.

 

«Las elecciones sonimprescindibles, porque sin ellas no hay ninguna solución estable y porque laexigencia de un gobierno fuerte como el que el país necesita sólo surge delvigor incontenible de la democracia que sólo genera el sufragio», decía La Nación del 23 de noviembrey agregaba que el gobierno «se vio obligado a seguir la dinámica del procesoque él mismo había desencadenado".

 

En efecto, los partidos sepreparaban para la contienda electoral. En noviembre la UCR había consagrado lafórmula Ricardo Balbín-Eduardo Gamond, después de una lucha interna donde laprecandidatura de Raúl Alfonsín demostró una inesperada importancia.

 

La Alianza Popular Revolucionaria proclamó a Oscar Alende y HoracioSueldo, vinculando así al Partido Intransigente con una fracción de lademocracia cristiana.

 

La Alianza Popular Federalista proclamó candidatos a Francisco Manriquey Rafael Martínez Raymonda, en una conjunción de fuerzas independientes ypartidos locales con el Partido Demócrata Progresista.

 

Dos fracciones del antiguosocialismo levantaron los nombres antagónicos de Américo Ghioidi y Juan CarlosCoral.

 

A la vez, un grupo departidos provinciales concretó la candidatura del brigadier Ezequiel Martínez,con Leopoldo Bravo en segundo término.

 

La corriente liberal queacompañaba a Alvaro Alsogaray, llamada entonces Partido Cívico Independiente,designó candidato a Julio Chamizo, y el Frente de la Izquierda Popular,hizo lo propio con Jorge Abelardo Ramos.

 

En cuanto al peronismo, elMID (Movimiento de Integración y Desarrollo, orientado por A. Frondizi y R.Frigerio), el Partido Conservador Popular y otras fuerzas menores combinadas enel Frente Cívico de Liberación Nacional (FRE-CILINA), antes de partir deregreso a Madrid Perón dejó dos indicaciones.

 

En primer lugar, se cambiaríael nombre de la alianza, que ahora pasaba a llamarse Frente Justicialista deLiberación (FREJULI).

 

Además, quedaba designada lafórmula que sostendría en los comicios:

 

HéctorJ. Cámpora y Vicente Solano Lima.

 

El candidato presidencial, deopaca actuación durante las presidencias de Perón, había sido su delegadopersonal en los últimos años y era respaldado por la juventud peronista; encuanto a Lima, su candidatura vicepresidencial era la culminación de su antiguaposición de entendimiento con el peronismo.

 

La multiplicidad de fórmulasno podía ocultar, por otra parte, que la polarización se daría entre la UCR y el FREJULI.

 

En este juego, el gobierno deLanusse quedaba totalmente descolocado: la única alternativa política quecontaba con su simpatía, la del brigadier Martínez, no tenía la menorposibilidad en las urnas.

 

Eltriunfo del FREJULI

 

Entre rumores de que nohabría elecciones y enérgicos desmentidos del gobierno ratificando su voluntadde entregar el poder al ganador; entre actos de violencia que el ERP y losMontoneros seguían produciendo, y discursos de los candidatos fre-julistascaracterizados por reiteradas consagraciones a Perón, se deslizaban las semanasprevias a los comicios.

 

El 30 de enero Mor Roiganunció que la Juntade Comandantes había establecido cinco puntos para el futuro.

 

Se exigía a los triunfadoresque acataran laConstitución, que aseguraran la independencia del PoderJudicial, que descartaran amnistías indiscriminadas y que compartieran con lasFuerzas Armadas las responsabilidades sobre seguridad interna y externa.

 

Los cinco puntos expresabanlos temores de las cúpulas militares de que los sectores más extremos delperonismo se apoderaran del poder real, como parecía predecirlo el tono de lacampaña.

 

Montoneros copaba los actosperonistas y en todos lados reiteraban su sombría jactancia: "Duro, duro,duro, / éstos son los montoneros que mataron a Aramburu"; coreaban queCámpora iría al gobierno pero que Perón ejercería el poder; prometían vengar a -losmártires de Trelew".

 

Los hechos iban a demostrarque "los cinco puntos" evitarían los sucesos posteriores a latransferencia del poder.

 

Por fin, el 11 de marzo de1973 se efectuaron los comicios.

 

En las últimas semanas lasensación de triunfo del FREJULI se había acentuado y la única incógnita era silograse en la primera vuelta el 50% de los sufragios.

 

Cámpora-Lima obtuvieron el49,6 por ciento de los votos, prácticamente la mitad del electorado; Balbín fueapoyado por el 21,3 por ciento; Manrique hizo una gran elección, al reunir casiel quince, mientras que Alende obtuvo el 7 por ciento.

 

 "Reconozco en usted al hombre que haelegido la democracia argentina-, se apresuró a decir Balbín a su adversario.«Trabajaremos juntos por la reconstrucción nacional», le respondió Cámpora. La UCR decidió no presentarse auna segunda vuelta en el orden nacional, por considerarlo innecesario; encambio, se celebrarían comicios en la Capital Federal ytrece provincias para decidir situaciones sobre las que no había recaído hastael momento un pronunciamiento electoral tan neto.

 

El 3 de abril se reiteraronlos triunfos del FREJULI, menos en la Capital Federal,donde Femando de la Rúa,radical, ganó la senaduría al ultra nacionalista del FREJULI, Marcelo SánchezSerondo.

 

Entre el 25 de marzo y el 1de abril Cámpora se trasladó a Italia para entrevistarse con Perón.

 

Entre tanto, ese mes seintensificó la ofensiva guerrillera: secuestro del almirante Francisco Alemán yasesinato del almirante Hermes Quijada en represalia por la matanza de Trelew.

 

Para tornar más inquietanteel panorama, el 22 de abril Rodolfo Galimberti, secretario general de la Juventud Peronista,anunció la formación de "milicias populares», lo que fue desmentido pocotiempo después.

 

Tres días más tarde, Juan M.Abal Medina y Galimberti viajaban repentinamente a Madrid, y el segundo deellos era relevado de su cargo por decisión de Perón.

 

A principios de mayo sereunieron las dos cámaras del Congreso en sesión preparatoria: la vicepresidenciaprovisional del Senado correspondió a Alejandro Díaz Bialet y la presidencia deDiputados a Raúl Lastiri, yerno de López Rega.

 

El25 de mayo

 

Lo que debió ser una jornadade júbilo se transformó para muchos en motivo de preocupación, pues por primeravez en la historia la conducción peronista perdía el control de lo que siemprehabía sido su fuerte: la movilización popular."

 

El editorial de Criterioexpresaba con exactitud lo que aconteció ese día.

 

Dentro de un clima de Júbiloy euforia, una enorme multitud que se aprestaba a asistir al retorno de lanormalidad constitucional se vio sorprendida por desmanes y agresiones depequeños grupos organizados.

 

Se quemaron variosautomóviles, muchos militares que concurrían a la Casa de Gobierno fueron hostilizadosde hecho.

 

Se hicieron «pintadas» en la Casa Rosada signándolacomo «Casa Montonera». Ni el delegado uruguayo ni el norteamericano se animarona asistir a la ceremonia; lo hicieron, y fueron aclamados, el presidente deChile, Salvador Allende, y el de Cuba, Osvaldo Dorticós.

 

Cámpora leyó un extensomensaje en el Congreso, con profusión de alusiones laudatorias de Perón; perooptó por eludir a la multitud y trasladarse a la Casa de Gobierno enhelicóptero.

 

Por primera vez en lahistoria del país, un presidente llegaba por vía aérea a su sede natural paraasumir la Presidencia.

 

En su interior, el ambienteera tenso; Lanusse, con sonrisa resignada, estaba marcado por centenares demanos crispadas en el signo de la Vde la victoria, soportando expresiones irreproducibles que provenían de lajuventud peronista.

 

Después de departir unosinstantes, se efectuó el acto de entrega de las insignias del poder.

 

El almirante Coda y elbrigadier Rey aceptaron retirarse de la Casa Rosada en helicóptero, pero, con un gesto decoraje muy propio de él, el presidente saliente se retiró por la entrada de lacalle Rivadavia afrontando las iras de la multitud, aunque no se produjeronincidentes graves.

 

—Yo sé que ustedes querrían ver en estelugar y con estos atributos presidenciales al general Perón -dijo Cámpora desde el balcón minutos después. Puesyo les aseguro que en este momento es Perón quien ha asumido el poder».

 

Terminó su breve alocucióncon una exhortación que sonó familiar a los oídos de la multitud: "De casaal trabajo y del trabajo a casa…»

 

Pero la juventud peronista nopensaba irse a casa esa noche.

 

Terminado el acto oficial, sedirigió en masa hacia la cárcel de Villa Devoto para forzar la liberación delos militantes que allí se encontraban detenidos y que en ese momento habíanvirtualmente ocupado el penal.

 

Así, uno de los cinco puntoselaborados por los comandantes en jefe en enero quedaba borrado por la dinámicade los hechos.

 

A las 9 de la noche AbalMedina anunció que todos serían puestos en libertad, y una hora y media despuésel presidente firmaba un indulto masivo, que el Congreso confirmó al díasiguiente con una ley de amnistía apresuradamente votada para cubrir lairregularidad del procedimiento.

 

La liberación de los presospolíticos fue una verdadera estampida en la que se colaron muchos delincuentescomunes, y produjo incidentes que dejaron el saldo de dos muertos y variosheridos. Así terminaba la primera jornada de gobierno.

 

Losdías de Cámpora

 

Minutos antes de la asunciónde Cámpora se había conocido su gabinete, que reflejaba las tensiones internasdel peronismo.

 

Dos integrantes (EstebanRighi, en Interior, y Juan C. Puig, en Relaciones Exteriores) se identificabancon las tendencias izquierdistas de la juventud que rodeaba al nuevopresidente; José López Rega, en Bienestar Social, era la presencia del grupoíntimo de Perón; tres peronistas históricos (José B. Gelbard, en Economía,Jorge A. Taiana, en Educación, y Antonio Benítez, en Justicia) significaban lacontinuidad del movimiento.

 

Pero si el gabineterepresentaba más o menos equilibradamente las corrientes internas delperonismo, la lucha por la conquista del poder no fue tan pacífica en los díassiguientes.

 

En el clima festivo que sevivía, una ola de ocupaciones se generalizó en reparticiones públicas, empresasdel Estado, medios de difusión, hospitales, etc., dando una sensación de caos yevidenciando la falta de control real por parte del flamante presidente.

 

Guido Di Tella en su libroPerón-Perón (Buenos Aires, Sudamericana, 1983) dice que «era obra de grupos quehabían llegado a constituirse en factores autónomos en el escenario políticoargentino-, aunque "no eran muchos los que advertían la profundapenetración ni la importancia alcanzada por las organizaciones subversivas».

 

Escenario principal de esasocupaciones fue laUniversidad de Buenos Aires, que por disposición de Perón fueentregada a Rodolfo Puiggrós, intelectual marxista expulsado del PartidoComunista en 1948 por su posición de colaboración con el entonces presidente dela Nación.

 

Frente a este avance de laizquierda peronista, los sectores de derecha y muchos dirigentes sindicales seapresuraron también a copar organismos públicos y medios de difusión.

 

Así, la división latente delperonismo se manifestaba conflictivamente en el aparato del Estado, y lasresonancias de este enfrenta-miento afectaban al país entero.

 

El país antiperonista o noperonista miraba con tolerancia estos desórdenes atribuyéndolos a una naturalreacción después de siete años de dictadura -aunque Lanusse había respetadocomo pocos gobiernos la libertad de expresión.

 

En realidad, lo que se Jugabaera fundamental, y tras esas aparentes desprolijidades se trataba, ni más nimenos, de definir lo que debía ser el peronismo.

 

La interna que nunca habíavivido el justicialismo, envarado en su cómodo verticalismo, ahora tenía quedirimirse en términos dramáticos.

 

La juventud, infiltrada porlos Montoneros y las organizaciones de izquierda, pretendía hacer del peronismouna fuerza revolucionaria, instrumento de una experiencia como la de Chile oCuba.

 

El sindicalismo y lossectores políticos del peronismo querían algo parecido a los años felices de1946 y siguientes: ¿la "patria peronista» o la -patria socialista»?

 

En medio del choque, Peróncon sus altos años, tratando de arbitrar, otorgando algo a cada una de las alaspero viendo con preocupación que detrás de la figura leal e ingenua de Cámporala izquierda tomaba posiciones difícilmente expugnables.

 

Los jóvenes peronistas veíanen él a un Mao o un Fidel; pero el líder justicialista quería que las cosasanduvieran -en su medida y armoniosamente". Se sentía comprometido con elradicalismo y no quería asustar a las Fuerzas Armadas.

 

Y, sobre todo, no creía enrevoluciones como las que predicaban sus jóvenes seguidores.

 

Por eso lo sobresaltaronalgunas actitudes de Cámpora, como la del 13 de junio, cuando recibió adirigentes de FAP, FAR y Montoneros; en cambio, «el General- suscribía unapolítica como la del «pacto social», firmada entre la CGT y la CGE, que era una reedición desu comunidad organizada» de los años cincuenta.

 

 Por su parte, el ERP seguía ejerciendo laviolencia: el 6 de junio, después de una conferencia de prensa de RobertoSantucho en la que anunció que la lucha continuaba, secuestró a un empresarioinglés por el que se pidieron dos millones de dólares de rescate, que iba aembolsarse la organización.

 

Elretorno

 

Pero en la apoteosisperonista falta un hecho: el regreso de Perón en toda su gloria, un regresodistinto del de noviembre de 1972, impedido de manifestarse en su repercusiónpopular por las medidas de seguridad adoptadas por Lanusse.

 

Con la intención de acompañara Perón en su retorno definitivo a la Argentina, el presidente Cámpora viajó a Madridacompañado por la mayor parte del gobierno.

 

La crónica chica de ese viajees tragicómica.

 

El viejo líder infligió a sufiel Cámpora toda clase de desaires, le reprochó haberse dejado manejar porelementos de izquierda extraños al peronismo y se negó a asistir a la comida degala que le ofrecía Franco en el Palacio de la Moncloa.

 

Un Cámpora abrumado,desconcertado y deprimido fue el que acompañó a Perón a subir al avión quedespegó de Barajas al amanecer del 20 de junio.

 

En Buenos Aires se aguardabasu arribo con enorme expectativa.

 

Se había constituido unacomisión especial integrada por José Rucci, Lorenzo Miguel, Juan M. AbalMedina, Norma Kennedy y el teniente coronel Jorge Manuel Osinde. A su llegada,Perón, Isabelita», Cámpora y López Rega serían trasladados en helicóptero alpalco de honor instalado en el puente que cruza la Autopista Ricchieriy la ruta 205, al lado del barrio Esteban Echeverría. Único discurso: el dePerón.

 

Este plan se frustró desde elprincipio.

 

El aparato de seguridadarmado por Osinde, por una parte, y los militantes de Montoneros y de otrosgrupos de izquierda, por otra, pugnaron, desde la tarde del día anterior, porocupar posiciones estratégicas que les permitieran copar el acto.

 

Por lo menos un millón depersonas, llegadas de todos los puntos del país, fueron los involuntariosasistentes a la batalla campal que se desató hacia el mediodía.

 

Fue una matanza cuyo luctuososaldo tal vez no se conozca nunca con exactitud.

 

El periodista HoracioVerbitsky habla módicamente de sólo trece muertos y 365 heridos, pero es muyprobable que los muertos hayan alcanzado el centenar.

 

Los peores momentos se sitúanentre las 14.30 y las 16.30.

 

Fueron inútiles los llamadosformulados por el cineasta Leonardo Favio: había una decisión irrevocable porambas partes de no dejar el acto en manos de los otros…

 

Entre tanto, elvicepresidente Lima se comunicaba con el avión que traía a Perón y le pedía queaterrizase en Morón, pues todas las medidas de seguridad habían sido desbordadas.

 

Así fue como, poco antes delanochecer, el líder Justicia-lista pisó el suelo argentino ante un desoladogrupo de funcionarios en el aeropuerto militar de Morón.

 

En noviembre, su apoteosishabía sido frustrada por el dispositivo montado por Lanusse; en junio, por suspropios partidarios.

 

Al día siguiente Perón sedirigió al pueblo sin aludir a los hechos de Ezeiza.

 

Pidió comprensión ante lamarcha de las cosas, repitió que venía «desencarnado» y advirtió a quienespretendían infiltrarse en el peronismo, o coparlo, que él no lo permitiría.

 

Dos días después mantenía unacordial entrevista con Balbín en el Congreso, para retribuir -se dijo- lavisita que el jefe radical le había hecho en noviembre.

 

De allí en adelante los díasde Cámpora se hicieron cortos.

 

La casa de la calle GasparCampos era más importante, como en noviembre, que la Casa Rosada. El 10 dejulio se celebró allí una entrevista de Perón con el comandante en jefe delEjército, general Jorge Carcagno; al día siguiente Cámpora restituyó a Perón sugrado de teniente general, anulando la sentencia del «tribunal de honor» de1955.

 

Ese mismo día el almiranteÁlvarez y el brigadier Pautarlo, comandantes de las otras dos Fuerzas Armadas,visitaban a Perón en su casa simbolizando su reencuentro con las institucionesmilitares.

 

Y después, el 13 de julio, elpaís se conmovió con la noticia de la renuncia de Cámpora.

 

Aunque se habían detectadoalgunos indicios en los días previos, pocos creyeron que la sustituciónpresidencial se realizara con tanta celeridad.

 

Con su vocecilla chirriante,López Rega, en reunión de gabinete, había hecho diversos cargos a Cámpora yplanteado la necesidad de su renuncia.

 

La voz del secretario privadode Perón era la de Perón mismo, y Cámpora no dejaría de ser nunca leal a sulíder.

 

De inmediato hizo pública sudimisión; Lima hizo lo propio.

 

Al vicepresidente provisionaldel Senado se lo envió a Europa en una misión nunca aclarada y Raúl Lastiri-tercero en la línea de sucesión constitucional como presidente de la Cámara de Diputados- pudoasí hacerse cargo del gobierno como presidente provisional, hasta que serealizaran las elecciones presidenciales.

 

Sólo dos cambios introdujo enel gabinete: Righi fue sustituido en Interior por Benito Llambí, y Puigreemplazado en Relaciones Exteriores por Alberto Vignes.

 

Por irregular que fuera lamaniobra, era un intento de colocar las cosas en función de realidad política.

 

Viviendo Perón en la Argentina,inevitablemente sería el verdadero presidente. Entonces, ¿por qué noinstitucionalizar la situación?

 

Como dice Di Tella: «Laexperiencia de Cámpora estaba condenada desde el principio mismo, puesto quesólo representaba las opiniones e intereses de una porción minoritaria delmovimiento […] La fricción natural entre un líder personalista como Perón yun presidente peronista fue intensificada por la nueva orientación políticaadoptada por Cámpora».

 

Interregnoy elecciones

 

En general, tanto la opiniónpública como la clase política vieron en el desplazamiento de Cámpora unaoperación conveniente.

 

Sólo se pronunciaron encontra algunas escasas voces, como la de Alfonsín: "es una suerte de golpede derecha para afirmar el continuismo […] un otorgamiento a las FuerzasArmadas de la posibilidad de asumir un rol decisorio en el acontecer nacional-,declaración que provocó la airada reacción de Rucci.

 

Durante el interregno deLastiri los Montoneros y las tendencias izquierdistas del peronismo no dejaronde movilizarse para mantener su presencia.

 

El 21 de julio se congregaronunos 80 000, casi todos jóvenes, frente a la residencia de Perón, que seentrevistó con algunos de sus dirigentes en presencia de Lastiri y López Rega,a quien confirmó en su confianza.

 

Cuatro días después, nuevaconvocatoria en el parque Saavedra con similar concurrencia, en conmemoraciónde Eva Perón, convertida en una especie de símbolo de la juventud peronista entácito rechazo a -Isabelita».

 

Y el 22 'de agosto,recordando la -masacre de Trelew», la juventud organiza un acto en Atlanta,cuya parte oratoria cierra Mario Firmenich.

 

Sus dirigentes no lo sabían,pero eran las últimas apariciones públicas de la tendencia izquierdista delperonismo.

 

En contraposición a estasdemostraciones, el 31 de agosto laCGT realizó un gran desfile frente a su sede en apoyo de lafórmula Juan Perón-María Estela Martínez de Perón, es decir, Perón-Perón. La«Tendencia- (izquierda peronista) rivalizó con los cegetistas en ese acto.

 

No eran los únicos enmoverse.

 

El ERP intentó el 6 deseptiembre la operación militar más ambiciosa emprendida hasta entonces por unaorganización guerrillera.

 

Copó el Comando de Sanidad,cuyo acceso le fue franqueado por el soldado dragoneante Hernán Invernizzi, ydespués de matar al segundo jefe del Regimiento de Patricios, Tte. Cnel. RaúlDuarte Ardoy, se apoderó de numeroso material bélico.

 

Pero debieron rendirse al sercercados por efectivos policiales y del Ejército. Perón condenó el episodio: -No tiene connotaciones ideológicas. Es un delito común. El bandido, decualquier ideología que sea, es un bandido.

 

Tres días después el ERPobligó al diario Clarín a publicar tres solicitadas a toda página paradenunciar las próximas elecciones como una farsa, profetizando que se acercabael momento de que el pueblo adquiriera una conciencia socialista yridiculizando a «Isabelita», López Rega y Lastiri.

 

El grupo había secuestrado alapoderado de Clarín, amenazando con matarlo si no se publicaban sus avisos. Elmismo día en que aparecieron las solicitadas del ERP, un grupo de sindicalistasatacó a Clarín con explosivos y armas cortas, en castigo por su blandura…

 

A pesar de todos estoshechos, seguía desarrollándose una curiosa campaña electoral. Porque todossabían que Perón triunfaría abrumadoramente, y la mayoría de los posiblescandidatos se había apartado: de algún modo, todos hicieron suyas lasdeclaraciones de Alende en el sentido de que -el pueblo quiere que Perón seapresidente, y nosotros no lo entorpeceremos…" Pero también porque lafórmula ganadora la integraba un matrimonio… Y un matrimonio que no realizóningún esfuerzo proselitista.

 

Sólo Balbín, acompañado estavez por De la Rúa,y Manrique, a la expectativa de recoger el electorado no comprometido,ensayaron un contrapunto a Perón-Perón.

 

La fórmula peronista obtuvoel 23 de septiembre el 62 por ciento de los sufragios, porcentaje nunca vistoen los anales electorales; Balbín mantuvo su 25 por ciento y Manrique bajó aldoce.

 

Finalmente, Perón volvería aser presidente. Si bien se examina, era la última derrota de la Revolución Argentina…

 

Faltaban pocos días para queasumiera Perón.

 

Al día siguiente del comicioasumió la jefatura de laPolicía Federal el general retirado Miguel Ángel Íñiguez y elPoder Ejecutivo declaró la ilegalidad del ERP.

 

Ambas medidas presagiaban unendurecimiento de la lucha antisubversiva, pues Íñiguez era un militar «duro»que había encabezado en tiempos de Frondizi una abortada intentona peronista.

 

Se avecinaba una luchaencarnizada, y las 62 Organizaciones, vanguardia sindical del peronismo,declararon que «a pesar de su disfraz de mascaritas, iremos a buscarlos uno auno, porque los conocemos: han rebasado la copa y ahora tendrán que atenerse alas consecuencias.»

 

Sin embargo, el país confiabaen que, una vez asumida la presidencia de la Nación, la figura de Perón habría de operar conun sentido de pacificación: era difícil incurrir en la ira del "Viejo-, ynadie quería exponerse a ser excomulgado por el líder.

 

Pero el 25 de septiembreocurrió un hecho demostrativo de la audacia de las organizaciones subversivas.

 

Mientras Rucci salía de unacasa de la calle Avellaneda, en la Capital Federal, una ráfaga lo alcanzó sin que sunumerosísima custodia armada pudiera repeler la agresión.

 

Veintitrés impactos de balarecibió el secretario general de laCGT, que murió en el acto.

 

Nadie reclamó el asesinato deRucci.

 

Los rumores lo atribuyeron alERP y a la CIA,pero varios años más tarde conjeturo que habría sido Montoneros autor de esa acción, aparentemente planeada por el poeta y militante Francisco Paco Urondo (Aunque esto nunca pudo comprobarse y otros sectores se lo adjudicaron a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias de origen marxista, aunque puede verse la mano de la CIA fuera quien fuera el ejecutor 1).

 

¿El motivo?"Apretar" a Perón mostrándole que sus bases eran vulnerables y que laúnica alternativa que le quedaba era apoyarse en la juventud…

 

Al día siguiente cuatromujeres asesinaron al jefe del Departamento de Investigaciones

 

Aplicadas de la Universidad de BuenosAires, Enrique Grinberg.

 

El cese de actividadesdecretado por laUniversidad de Buenos Aires en homenaje a Grinberg sesuperpuso con el que había ordenado laCGT para honrar a Rucci.

 

Y llegó el 12 de octubre de1973.

 

 Perón juró ante la Asamblea Legislativaen presencia de todos los ex presidentes civiles (Frondizi, Guido, Illia yCámpora) y después lo hizo la vicepresidenta.

 

El presidente no leyó mensajealguno ante el cuerpo legislativo; habló al pueblo desde la Casa de Gobierno, amparadopor una caja de vidrio blindado.

 

Pidió la colaboración detodos los sectores y reclamó paz y tranquilidad para concretar las tareas queel país necesitaba.

 

Si la «tendencia revolucionaria"esperaba un discurso en la sintonía que deseaba, se desencantó.

 

Pero, de todos modos, ¡Perónera al fin presidente!

 

Se concretaba aquello de «quélindo que va a ser / Perón en el poder», con una autoridad política como nadiela había tenido en la historia del país.

 

A pesar de sus 78 años,conservaba la gallardía de sus viejos tiempos; seguía siendo un hombreocurrente y lleno de ideas, aunque algunos visitantes notaban que su lucidezsolía declinar por la tarde.

 

Culminaba ese día una de lasaventuras políticas más extraordinarias de los tiempos contemporáneos: elretorno al poder de un político echado dieciocho años atrás por sus propioserrores.

 

Un retorno enmarcado por elapoyo de las multitudes y las esperanzas de quienes no eran peronistas peroveían en el viejo líder la única garantía de una Argentina razonablementeordenada.


Lanoche del 25 de mayo de 1973

 

Graves incidentes en VillaDevoto: 2 muertos.

 

·       Graves incidentesse sucedieron en el frente y en las inmediaciones del Instituto de Detención enVilla Devoto, luego de que los presos políticos abandonaron el penal.

·        

·       Tras una acciónconfusa en la que participó un grupo de manifestantes, hubo disparos deametralladora y de otras armas largas, y gases lacrimógenos contra más de 5 000personas.

·        

·       Como resultado delos incidentes murieron dos jóvenes y otros nueve resultaron con heridas degravedad, mientras otros muchos fueron lesionados. Fueron detenidas 145personas.

 

.EnVilla Devoto

 

 

    * Unos 45 minutos después de salir losúltimos presos políticos del Instituto de Detención de la Capital Federal,Unidad 2, y cuando en el frente de la puerta principal del penal, y en susinmediaciones, se hallaban aún más de 5 000 manifestantes, se sucedieron losincidentes más graves de la jornada, que dejaron dos muertos y nueve personasheridas de consideración.

 

  * El origen de los disturbios y de lostiroteos es confuso, pero, según las declaraciones recogidas en el lugar, laacción que desencadenó los hechos comenzó a las 0.45, cuando un grupoconsiderable de manifestantes cargó contra la puerta principal de la cárcel, enla calle Bermúdez, cerca de Melincué. Al parecer se intentó abrir o hacer cederla puerta de hierro. Entonces se oyeron los primeros disparos y luego eltableteo de ametralladoras. Una de las versiones afirmaba que los primerostiros fueron hechos por los manifestantes, mientras que otras informacionesseñalaban que se habían efectuado desde las casillas de vigilancia ubicadas enlos muros que rodean al Instituto.

 

    * Junto a la puerta de la calle Bermúdez sevio caer a varias personas mientras otras, con heridas, corrían a refugiarse encasas vecinas. Los manifestantes se alejaron en distintas direcciones hacia laavenida Francisco Beiró y hacia Nogoyá, al mismo tiempo que llegabanpatrulleros del IV Cuerpo de Vigilancia y efectivos del Cuerpo de Guardia deInfantería, que efectuaron recorridas y dispararon granadas de gaseslacrimógenos, y, al parecer, también disparos con armas largas.

 

    * En el lugar se afirmó que algunos de losmanifestantes, antes de los incidentes, tenían sus rostros semicubiertos conpañuelos, con el evidente propósito de no ser reconocidos. Éstos -se dijo-serían extremistas buscados por las fuerzas de seguridad, y luego, alproducirse los incidentes habrían también usado armas de fuego.

 

Unaamenaza

 

          o En una gacetilla incluyóse uncomunicado suscripto por el denominado Ejército Revolucionario del Pueblo, quesostiene que el "25 de mayo 276 presos políticos fueron arrancados de lascárceles por la movilización popular".

 

o Acúsase a la policía y alos militares contrarrevolucionarios de descargar "sus armas sobre loscompañeros, asesinando a dos e hiriendo a siete". "El ERP -agrégase-ha manifestado su posición de no combatir a la policía mientras ésta no ataqueal pueblo y sus vanguardias armadas; pero frente a los hechos de Devotoseñalamos que la alevosa agresión policial no quedará impune. Los compañerosasesinados serán vengados".

 

(Crónica del diario La Nación citada en EugenioMéndez. Confesiones de un montonero. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1985.)

 

Larenuncia de Cámpora

 

En las elecciones de 1973resulté electo senador por Córdoba; el 1 de mayo fui designado vicepresidenteprimero de la mesa directiva del Senado. 


La presidencia de la Cámara alta correspondía alvicepresidente de la Nación,Vicente Solano Lima, y era presidente provisional Alejandro Díaz Bialet.

 

El 13 de julio, pocos díasdespués de la accidentada llegada de Perón al país, renunció Cámpora ycoincidente-mente renunciaron Solano Lima y Díaz Bialet, quien ese mismo díaviajó a España. 


Me tocó entonces ocupar la presidencia del cuerpo, citar a la Asamblea Legislativapara tratar las renuncias y tomar juramento a Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados, aquien correspondía la presidencia provisional de la Nación.

 

Yo estaba en mi despacho el12 de julio cuando me anunciaron que Cámpora me llamaba por teléfono. Atendí lacomunicación y reconocí su voz. Me dijo: «Le hablo para pedirle que mañana alas ocho me vea en la CasaRosada; voy a entregarle mi renuncia como presidente». 


Bajérápidamente al despacho de Lima -yo estaba en el segundo piso, Lima en elprimero-, le conté lo que había pasado y le pregunté: «¿Por qué no se laentrega a usted?» «Porque yo también renuncio-me contestó- lo mismo que DíazBialet.»

 

Al día siguiente llegué aCasa de Gobierno a la hora convenida, justo en el momento en que lo hacíaCámpora. 


Fui testigo entonces del último saludo que le tributó el personalmilitar que cumplía funciones en las dependencias del Poder Ejecutivo. 


Entramosa una pequeña oficina y las renuncias me fueron entregadas. 


Leí en voz alta lade Cámpora, en la que explicaba que su actitud obedecía a la necesidad deposibilitar la presidencia de Perón, voluntad irrebatible de todo el puebloargentino. Mientras lo hacía noté que se le llenaban los ojos de lágrimas. 


Medijo: «Esta renuncia es un gesto espontáneo y voluntario mío. Para quedarme en la Presidencia tendríaque enfrentarme cor el general Perón, cosa que nunca haría, o, por el contrarioobrar contra mi decoro.»

 

La Asamblea del 13 de julio fue tremenda. Por los pasilloscirculaban los miembros de la Juventud Peronista. 


Se anotaron 36 oradores; elduelo verbal y el griterío resultaron muy violentos. 


Se suponía que la sesiónsería prolongada, y la fui llevando con serias dificultades; debí amenazaralgunas veces con desalojar la galería, porque había diputados sumamenteagresivos que incitaban al público, algunos en contra de la renuncia deCámpora, otros a favor. 


LaAsamblea duró tres horas y media; comenzó a las 16.45 yterminó a las 20.23. Apliqué estrictamente el reglamento, cada orador podíahablar no más de diez minutos. 


De los treinta y seis anotados, treinta hicieronuso de la palabra. Lastiri juró con inusitada rapidez y luego se retiró deinmediato.

 José Antonio Allende

(Entrevista de Hyspamérica.)


 José Antonio Allende

Abogado. Constituyente porCórdoba en 1957. Senador nacional por Córdoba, 1973-1976. Presidente delSenado, 1973-1975, presidente de laComisión de Educación, y vicepresidente de la Comisión de Economía.Redactor de la ley universitaria de 1974, aprobada por unanimidad.

 

Díasde esperanzas

 

El corto período de gobiernodel doctor Héctor Cámpora marcó, para quienes fuimos testigos y partícipes,algunos hechos que dejaron huellas indelebles.

 

Más allá de la aptitud delgobierno, constituíamos una generación que por entonces andaba entre los 20 ylos 30 años, y los acontecimientos provocaban un cotidiano acercamiento a lapolítica.

 

Las que llevaron a Cámpora algobierno eran, de hecho, las primeras elecciones en más de ocho años.

 

Y el suyo, el primer gobiernoperonista desde 1955.

 

Vivíamos -una gran mayoríaparticipaba de ese clima- en una verdadera nube de fantasías e ilusiones.

 

Era lógico: luego del golpemilitar contra Frondizi, luego del absurdo derrocamiento de Illia, luego de lode los azules y colorados, muchos estábamos convencidos de que los militaresnunca más se iban a internar en aventuras antidemocráticas.

 

Que jamás iban a volver apisotear laConstitución.

 

¡Qué ilusos! ¡Qué simplistas!¡Qué faltos de memoria!

 

Pocos -o casi nadie-advertían el peligroso sendero que empezaban a transitar las juventudes por unlado y, por otro.

 

Entrábamos, sencillamente, enel tiempo de la violencia irracional (planificada por el enemigo para debilitar el poder nacional y popular del gobierno peronista.2).

 

La opción de liberación odependencia esbozada con un grado de infantilismo e inmediatismo que hoy, a ladistancia, sólo se justifica dentro de nuestra generación, por la inmadurezpolítica provocada por tantos años de golpes y proscripciones.

 

Sin embargo, la época deCámpora marcó también cierta calma, cierta tranquilidad, cierto oxígeno que-sin tomar demasiada conciencia de ello- nos permitió mirar hacia adelante,imaginándonos un país futuro. Había esperanzas.

 

Había participación. Habíaganas.

 

Después vino su renuncia.

 

Una actitud que obligó asincerarse a todo el mundo, a quitarse la careta.

 

La Argentina llegó otra vez a las elecciones.

 

Esta vez sin proscripciones.Entonces cada uno podía decir lo que quisiera. Y cada uno cumplió su papel enla historia.

 

No hubo más títeres.

 

Y así, sin advertirlo demasiado,los argentinos nos fuimos acercando al tiempo del horror y de la muerte.

 

Otelo Borroni y RobertoVacca

Periodistas. Directores deHistorias de laArgentina Secreta.


Discursode Perón del 21 de junio de 1973

 

-Llego casidesencarnado. Nada puede perturbar mi espíritu porque retorno sin rencores nipasiones, como no sea la que animó toda mi vida: servir lealmente a la patria,y sólo pido a los argentinos que tengan fe en el gobierno justicialista porqueése ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos. Tal vezla iniciación de nuestra acción pueda parecer indecisa o imprecisa. Pero hayque tener en cuenta las circunstancias en las que la iniciamos. La situacióndel país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en laque no deba participar y colaborar. Este problema, como ya lo he dicho muchasveces, o lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Poreso deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para quecomencemos a ponemos de acuerdo […]

 

-Tenemos unarevolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser unareconstrucción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. Noestamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado deasechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que fue en su hora el apotegma denuestra creación: de casa al trabajo y del trabajo a casa, porque sólo eltrabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados. Ordenemos primero nuestrascabezas y nuestros espíritus […]

 

•Necesitamos lapaz constructiva, sin la cual podemos sucumbir como Nación. Que cada argentinosepa defender esa paz salvadora por todos los medios, y si alguno pretendieraalterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y sealcen millones de brazos para sustentarlas por los medios que sean precisos.Sólo así podremos cumplir nuestro destino […]

 

•Conozcoperfectamente lo que está ocurriendo en el país. Los que creen lo contrario seequivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una posguerra civil que,aunque desarrollada embozadamente, no por eso ha dejado de existir, a lo que sesuman las perversas intenciones de los factores ocultos que desde las sombrastrabajan sin cesar tras designios no por inconfesables menos reales. Nadiepuede pretender que esto cese de la noche a la mañana. Pero todos tenemos eldeber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos si no queremosperecer en el infortunio de nuestra desaprensión e incapacidad culposa […]

 

-Los peronistastenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento, ponernos en marchay neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo y desde arriba.Nosotros somos justicialistas, levantamos una bandera tan distante de uno comode otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que nosepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestradoctrina y a nuestra ideología.

 

-Los quepretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritosengañosos o se empeñen en peleas descabelladas, no pueden engañar a nadie. Losque no comparten nuestras premisas, si se subordinan al veredicto de las urnas,tienen un camino honesto que seguir en la lucha, que ha de ser para el bien yla grandeza de la patria y no para su desgracia. Los que ingenuamente piensanque pueden copar nuestro Movimiento o tomar el poder que el pueblo hareconquistado se equivocan. Ninguna simulación o encubrimiento, por ingeniososque sean, podrán engañar a un pueblo que ha sufrido lo que el nuestro y queestá animado por una firme voluntad de vencer.

 

-Por eso deseoadvertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares oestatales que por ese camino van mal. Así, aconsejo a todos ellos tomar elúnico camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sindobleces ni designios inconfesables. Nadie puede ya escapar a la tremendaexperiencia que los años, el dolor y el sacrificio han grabado a fuego ennuestras almas y para siempre […]»

 

Bibliografía

Historia de la Argentina (1966-1976)Crónica

  

N&P: El Correo-e del autor es Gustavo Olmedo gustavoolmedo@hotmail.com