ALFONSÍN FUE EL PADRE DE LA DEMOCRACIA SUMISA

Walter Moore

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Aparte del Juicio a la Junta Militar, no podemos encontrar en todo el gobierno de Alfonsín un solo acto en defensa de la soberanía nacional

ALFONSÍN FUE EL PADRE DE LA DEMOCRACIA SUMISA

 

Por Walter A. Moore

 

Alfonsín es un presidente argentino que merece pasar a la historia por haber podido juzgar a los responsables de la siniestra dictadura del Proceso Militar, un hecho sin precedentes y que merece el respeto de la Humanidad.

 

Ahora bien, ¿cómo se inserta este hecho, que muestra un extraordinario coraje cívico, dentro de todo el gobierno alfonsinista?

 

¿Cuál fue la motivación de este político débil y pésimo estadista, para un acto de tal grandeza, si consideramos la trayectoria histórica de su partido en la política argentina?

 

¿Cómo este acto de coraje se compara con la cobardía de entregar al único Ministro de Economía patriota que tuvo el radicalismo, el señor Bernardo Grispun, ante la más leve presión del Imperio?

 

¿Por qué la presión imperial no se hizo sentir ante tamaño hecho histórico, que finalmente desnudaría el siniestro Plan Cóndor urdido por Henry Kissinger y su mafia?

 

¿Qué apoyo tenía Alfonsín para abandonar toda una tradición de su partido, acostumbrado a golpear la puerta de los cuarteles, apoyando cuanto golpe militar se hubiera realizado contra los gobiernos populares, y que dotara al Proceso Militar de casi todos los intendentes en las grandes provincias argentinas?

 

Este acto extraordinario, ¿fue a favor o en contra de la Nación que debía honrar y defender desde su más alto sitial?

 

Si observamos toda la trayectoria del gobierno alfonsinista, de prístina honestidad si lo comparamos con la fiesta de la corrupción menemista, no vemos que la heroicidad de este hecho fuera coherente con todo lo que hizo posteriormente.

 

El juicio a los responsables del genocidio patrocinado por el tándem Kissinger-Rockefeller, tuvo también una consecuencia nefasta para la Argentina: Legitimó la destrucción de nuestra capacidad defensiva, tarea que fuera terminada por el perduelio Carlos Menem.

 

Destruir nuestra capacidad defensiva no es precisamente un acto de un gran estadista, ni de uno mediano, ni siquiera de uno malo, es un acto de traición a la Patria.

 

En realidad, cuando observamos el gobierno del Proceso, el de Alfonsín y el de Menem, vemos una política continua de destrucción de nuestro poder económico, de la calidad de vida de nuestro pueblo y de nuestra soberanía política.

 

Si bien el Proceso militar comenzó la tarea ideológica de desmantelamiento del Estado (recordemos su slogan Achicar el Estado es agrandar la Nación), este ingresa bastante intacto en el gobierno de Alfonsín.

 

La tarea encomendada a sus funcionarios consistió en la destrucción del Estado de Bienestar, firmemente instalado en nuestro país, y si alguien puso en marcha la latinoamericanización de la Argentina fue este gobierno, con la descomunal transferencia de riqueza de los pobres a los ricos lograda mediante la devaluación continua y sistemática de nuestra moneda que culminó con la catástrofe de la hiperinflación.

 

Aparte del Juicio a la Junta Militar, no podemos encontrar en todo el gobierno de Alfonsín un solo acto en defensa de la soberanía nacional.

 

Lo que hicieron con los heroicos soldados de Malvinas es un ejemplo.

 

Tampoco podemos encontrar una sola política que reconstruya la justicia social, ni la defensa del interés y la integridad de nuestro pueblo, por el contrario, durante su gobierno aumentó en forma exponencial la pobreza de los que menos tienen y el desarrollo de la infraestructura física y social tuvo una notoria ausencia.

 

En lugar de políticas sociales de creación de trabajo (-Gobernar es crear trabajo decía Perón) instaló un trágico sistema de beneficencia con las Cajas PAN (el Programa Alimentario Nacional), creando una estructura clientelista que es muy difícil de desarmar y que ha condicionado el funcionamiento de esta Democracia Sumisa que se inventara durante su gobierno, y cuyo desarrollo sólo fue posible ante un  Pueblo estupefacto por la aplicación de la Doctrina del Shock, con el trágico epílogo  de la desaparición de toda una clase dirigente patriota (entre los cuales no pudimos encontrar a ningún alfonsinista), y cuya falta la sentimos hoy.

 

 

Durante su gobierno quebraron 46.000 empresas productivas, el triple de las que hizo quebrar el Proceso y menos de la mitad de las que logró destruir el gobierno de Menem, quien fue un canalla, pero no un inepto como Alfonsín, a quien convirtió en un socio menor para conformar el Pacto de Olivos, destinado a consolidar nuestro sometimiento al Imperio Global.

 

La cláusula infame de esa reforma es la que somete las leyes argentinas a los tratados internacionales.

 

Con la excusa de la defensa de los Derechos Humanos del Tratado de San José de Costa Rica, se convalida constitucionalmente la extranjerización de toda la economía argentina, que en los hechos, ya estaba terminada en 1994.

 

Con ese cambio del texto de nuestra Carta Magna, se abrochó la entrega del Tratado de Garantía de las Inversiones Extranjeras, firmado por el Virrey Cavallo en Londres, después de entregar nuestra minería como reparación de guerra a los británicos.

 

Bueno, esta es sólo una nota necrológica, estas puede ser aduladoras o veraces.

 

Yo prefiero esta última opción.

 

 WM/

 

Buenos Aires, 3 de abril de 2009

 

N&P: El Correo-e del autor es Walter Moore ecodemocracia@gmail.com