UNA LARGA NOCHE DE MALES

Gonzalo García - La Voz de la Jotape -

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Videla en la Rural. El primer objetivo del golpe fue demoler las bases del modelo nacional y popular del peronismo.

UNA LARGA NOCHE DE MALES

 

Por Gonzalo García

 

Han pasado 34 años y la imagen de aquellos días aciagos debe tener el valor de una lección histórica

 

A 34 años de este nefasto hecho, el mejor homenaje es recrear, por la militancia y la memoria, el lazo entre las luchas de ayer y las que hoy emprendemos para cumplir con las demandas populares.

 

Introducción

 

En 1976 no se derrocó solamente una mandataria elegida con los votos, sino que se tiró abajo el sistema democrático que representaba una difícil trinchera frente a las necesidades de las Fuerzas Armadas, que veían al avance popular como una amenaza cierta.

 

El golpe fue ejecutado en contra del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente.

 

Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal.

 

El Proceso de Reorganización Nacional puso fin al Estado de Bienestar fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional concebido por el justicialismo en la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo grietas que recién después de tres décadas empiezan a ser curadas.

 

A 34 años de este deplorable hecho, que marcó el exterminio de la generación de jóvenes militantes de los 70, nuestra generación busca una identidad propia y un proyecto de país auténticamente nacional y popular, acorde con la nueva realidad globalizadora mundial.

 

Las causas del golpe, según sus autores

 

Desde la muerte de nuestro líder Juan Perón, en julio de 1974, su viuda María Estela Martínez gobernaba en un clima de violencia generado en parte por las luchas internas del partido de gobierno, el accionar de organizaciones guerrilleras de izquierda y de bandas de ultraderecha, como la Triple A.

 

La historia oficial, narrada por militares y cómplices del golpe, explica sus razones en la violencia existente, lo cual habría llevado a la sociedad a –golpear la puerta de los cuarteles en busca de paz y de orden.

 

Ellos sostenían que la violencia política le ganó a los guerrilleros, encabezados por Montoneros y ERP, la indiferencia de la opinión pública que simpatizaba con ellos, cuando eran noveles agrupaciones que luchaban contra la Revolución Argentina del General Juan C. Onganía.

 

A la par de la acción de la guerrilla aumentó el terrorismo paraestatal de la Triple A. La suma de ambos sumergió al país en una espiral de violencia incontrolable que derivó en la dictadura.

 

La realidad de los hechos

 

Si bien es innegable el grado de violencia política en que se insertó la sociedad tras la muerte de Perón, la historia oficial es parcial, de forma deliberada, porque no menciona las causas más importantes que provocaron el golpe.

 

Los motivos del golpe deben buscarse en el contexto internacional y en cambio del modelo económico:

 

1. Desde la crisis del petróleo de 1973, los depósitos de los bancos de los países occidentales, principalmente norteamericanos, estaban repletos de divisas de las naciones exportadoras de este producto.

 

Estos capitales debían ser prestados. El FMI creó la conciencia de que era bueno para un país en desarrollo como la Argentina recibir inversiones.

 

En forma correlativa se recomendó, desde los organismos de crédito internacional, la necesidad de achicar los aparatos estatales y privatizar los servicios públicos y los recursos naturales que fueron adquiridos por empresas multinacionales con el fin de librar al Estado y a los particulares de cargas distorsivas.

 

En el mundo, el capital financiero, el más improductivo y salvaje de todos, asumía la conducción del capitalismo global.

 

2. Los EE.UU. necesitaban de forma urgente la alineación de Latinoamérica y el apoyo irrestricto de nuevos gobiernos. La situación internacional, la derrota en Vietnam, el avance en los movimientos populares, reflejado en la victoria de Cámpora en Argentina y Allende en Chile, elecciones con triunfos populares, hizo pensar en una grave crisis política del capitalismo dependiente.

 

3. La amenaza de que un movimiento popular se extienda a toda Latinoamérica, con las peligrosas consecuencias que acarreaba dentro del marco de la guerra fría, impulsó al Departamento de Estado norteamericano, y a sus organismos de inteligencia, a intervenir de forma directa instalando dictaduras militares de corte derechistas y proyanquis.

 

El golpe del '76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador fomentado por Estados Unidos; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo.

 

Pero ni el golpe tuvo su origen en el peligro subversivo, ni la violencia aplicada fue para la pacificación y el orden.

 

La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral que no se correspondía con los intereses económicos de las empresas trasnacionales.

 

Destrucción del Modelo Popular

 

El primer objetivo del golpe fue demoler las bases del modelo nacional y popular del peronismo. Este modelo era una política: de justicia social, de trabajo, de salud y educación para todos, de vivienda digna, de igualdad, de crecimiento de la producción y desarrollo acelerado de la economía, de dignidad nacional, de plena auto-determinación y soberanía.

 

Las fuerzas económicas y sociales que impulsaron el Proyecto Nacional fueron los trabajadores, los empresarios industriales nacionales (sobre todo medianos y pequeños); con apoyo de una gran parte de los asalariados de clase media y el protagonismo preponderante del Estado.

 

Miseria planificada

 

En el nuevo programa económico neoliberal y reaccionario de Videla – Martínez de Hoz está el origen de las causas de la dictadura y de sus consecuencias, en la reconversión de la oligarquía dominante que une sus intereses con el imperialismo norteamericano y en la destrucción de gran parte del empresariado nacional a través de la apertura económica.

 

Como lo señalaba el compañero Rodolfo Walsh en su valiente carta de 1977, que contiene reflexiones sobre el primer año de la dictadura y que la dirigió a la Junta Militar el día antes que estos lo asesinaran: –En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

 

Y continuaba: En un año, la dictadura:

 

-Ha reducido el salario real de los trabajadores al 40% y disminuido su participación en el ingreso nacional del 50% al 30% del PBI,

 

-Se ha elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, llevando la desocupación al doble, prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial.

 

-El consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares.

 

-Hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil superaba el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepaban hacia marcas mundiales o las superan.

 

-El descenso del producto bruto era del 3%, la deuda exterior alcanza a 600 dólares por habitante, la inflación anual al 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%.

 

Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconocía como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora financiera y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel y la Siemens.

 

La indiscriminada apertura económica, la destrucción del mercado interno, la desindustrialización del país y el endeudamiento público fueron las consecuencias reales de la dictadura.

 

El Establishment, mediante el ajuste neoliberal, sentenció a muerte al Modelo de Estado de Bienestar peronista, librando a su suerte a todo el pueblo argentino.

 

Devastación institucional

 

Una política semejante sólo pudo imponerse destruyendo a las organizaciones que defendían los intereses del pueblo y persiguiendo a todos los que lucharan por la soberanía nacional y la justicia social, prohibiendo los partidos, interviniendo sindicatos, amordazando a la prensa, a la cultura, a los disidentes e implantando el terror más salvaje que ha conocido la Argentina.

 

Desde el plano institucional, los jerarcas del Proceso Militar ejercieron la suma del poder público con el predominio de las Fuerzas Armadas por sobre las demás instituciones del gobierno. Así:

 

-Fueron depuestos la presidente, los gobernadores y los jueces.

 

-Fueron disueltos: el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los consejos deliberantes.

 

-Se prohibió la actividad política estudiantil y de los partidos.

 

-La CGE, la CGT y los sindicatos más importantes fueron intervenidos, sus fondos eliminados; y las actividades relacionadas con las huelgas y las negociaciones colectivas laborales, declaradas ilegales.

 

Plan sistemático de genocidio

 

La dictadura había logrado desarticular las instituciones que contenían las bases del proyecto fundado por el peronismo en la década de los 40, pero estas medidas no tenían la fuerza suficiente para consolidar el nuevo modelo sino se eliminaba totalmente la oposición social al régimen.

 

Para ello, el golpe militar destruyó el tejido social de la argentina, desarticulando las fuerzas populares de la sociedad civil. Represión invisible hecha de nocturnidad y silencio cómplice, de miedos y de ausencias.

 

Los militares implementaron un plan genocida de magnitudes nunca vistas en Latinoamérica. Fue la dictadura que más se mantuvo, la que tomó las decisiones más intolerantes y crueles, de modo absoluto y arbitrario. Y fue la más perversa.

 

Los métodos que la dictadura puso en práctica para eliminar la oposición política tomaron por sorpresa a todos, dada su brutalidad:

 

– Guarniciones y regimientos devenidos en campos de concentración, en centros de detención ilegales, en los cuales jamás accedió un abogado, juez o un observador internacional.

 

– Centros de tortura y unidades especiales, militares y policiales, cuya función era secuestrar, interrogar, torturar y matar.

 

-Eran prácticas habituales de tortura la picana, la violación, el asesinato o se los desaparecía, arrojándolos vivos, adormecidos con drogas, desde aviones en vuelo al Río de la Plata o al mar.

 

– Y se apropiaron también de los bebés de los disidentes, criados con identidades falsas.

 

– El derecho al botín concedido a los represores ilegales expandió el robo y la corrupción a niveles que antes no se habían conocido en el país.

 

Reflexiones sobre la violencia

 

Toda una generación nació a la política bajo la violencia antipopular y la vivió continuamente.

 

Los bombardeos al pueblo el 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, el sangriento golpe de septiembre de 1955; las persecuciones y encarcelamientos, el castigo al movimiento del General J.J. Valle y los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez; el secuestro y la desaparición de Vallese, el plan represivo Conintes que llenó las cárceles de peronistas, el exilio y la proscripción de Perón, los asesinatos de Mussi, Méndez, Retamal, Bello, Cabral, el cordobazo, los fusilamientos de revolucionarios en la cárcel de Trelew, formaron la experiencia y la conciencia de muchos jóvenes de esa época.

 

La rebeldía a esta opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos les pareció justo responder a la violencia de arriba, del poder, con la violencia de abajo, la violencia popular.

 

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el Conintes, el cordobazo, fueron momentos gloriosos en las batallas de las clases populares argentinas, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias.

 

El pensamiento pacifista, especialmente el del radicalismo, margina injustamente a mártires que lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el sistema, cuando los caminos de la democracia real estaban cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.

 

Para muchos, la lucha violenta cesó con el retorno del General Perón a la Patria, cuando el peronismo llegó al gobierno en 1973.

 

Muchos otros siguieron avalando el uso de la fuerza y algunos pocos la ejercieron: idolatraron la violencia y equivocaron los medios.

 

Esa conducta le sirvió a los represores para incluir a toda una generación que propugnaba cambios en la sociedad como –los sospechosos de ser guerrilleros.

 

Y actuaron como sostenía el dictador Videla: –Si es preciso en la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para lograr la seguridad del país.

 

No hubo errores ni excesos…

 

El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: –Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después… a sus simpatizantes, enseguida… a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos.

 

No hubo errores ni excesos, sino un plan asesino deliberado, y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la guerra sucia, no fueron muchos los que actuaron en la guerrilla.

 

En la Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros.

 

La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes.

 

Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barridos por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios.

 

La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.

 

Las víctimas sobrevivientes, los familiares de los caídos, las valientes Madres de Plaza de Mayo y los militantes de derechos humanos han mostrado su coraje y la tenaz exigencia de verdad y justicia, sin búsquedas de revanchas por mano propia.

 

Por un proyecto nacional y popular

 

De la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es esa Juventud la que, a 34 años del golpe, debe ser recordada como paradigma y ejemplo.

 

Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la gloriosa JotaPe de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.

 

Una generación que participó políticamente, persiguió una revolución para la Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.

 

La salida del modelo neoliberal

 

La dictadura militar no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos.

 

Los responsables externos fueron los gobiernos de los países centrales y sus mandatarios instalados en los organismos financieros internacionales, particularmente el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instigadores de estas políticas neoliberales que durante décadas mostraron al endeudamiento y el consecuente ajuste como virtudes.

 

Con el retorno a la democracia, ni Raúl Alfonsín, que administró el modelo, ni Carlos Menem, que lo profundizó, modificaron el cuadro en lo esencial.

 

El alfonsinismo no supo, no quiso o no pudo y cayó por la crisis que desató con la hiperinflación.

 

Menem se montó en la ola neoliberal aumentando la deuda hacia fuera y hacia adentro a costa del empobrecimiento de millones de argentinos. Y dentro de ese marco, como no hay política posible a favor del campo popular, De la Rúa-Álvarez precipitaron el agotamiento del plan de convertibilidad y llevaron al país a la catástrofe.

 

El proyecto de miseria planificada que Rodolfo Walsh denunciaba en 1977 fue hegemónico desde 1976 a 2001.

 

Las luchas populares que culminaron en el estallido popular de diciembre del 2001 marcaron un punto de inflexión.

 

Lo que vino después fue el inevitable default de Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde.

 

Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, sobrevivientes de la generación del 70, han transitado un camino distinto al de sus predecesores, poniendo fin a la hegemonía absoluta y salvaje del capital financiero.

 

Desde el 2003 a la fecha, se restauró el principio de autoridad política, se ha colocado a nuestro país en un lugar más digno ante el mundo, privilegiando el alineamiento internacional con países hermanos de Latinoamérica y se manifestó, tanto en el discurso como en los hechos, en contra de los pilares en los que se asentó el modelo neoliberal, especialmente en lo referente a la deuda externa.

 

Se consolidó un perfil exportador y se protegió la industria nacional con un dólar alto que desbarata los privilegios de la parasitaria burguesía comercial importadora, la patria financiera y el poder concentrado de las empresas privatizadas y tantas otras cosas más.

 

En lo que refiere a las políticas de Derechos Humanos, se han conseguido grandes avances en materia judicial, con las causas contra los genocidas y las condenas obtenidas.

 

También en el terreno legislativo se avanzó con la derogación de las leyes de la impunidad. Se ha instituido al 24 de Marzo como el Día Nacional de la Memoria.

 

Existen logros innegables desde el 2002 hasta la fecha, que marcan cambios rotundos en los ejes políticos que trazaron el destino de los argentinos desde 1976 hasta diciembre del 2001.

 

Pero, aun todavía queda mucho por hacer, el combate contra la pobreza y la exclusión extrema, el desarrollo industrial y la conformación de un amplio sector exportador que incorpore valor agregado, el manejo de los estratégicos recursos naturales aun en manos de la rapiña neoliberal y la consolidación del estado como centro del desarrollo económico a través del adecuado rol de control o como empresario son cuestiones pendientes.

 

Aprender de la historia

 

Han pasado 34 años y la imagen de aquellos días aciagos debe tener el valor de una lección histórica, para que nunca más se reitere un tiempo de odio y desprecio que costó tanto dolor, porque la memoria no es solo recordar el pasado, sino el requisito básico para construir el futuro.

 

Pero llevar adelante el proyecto nacional no es responsabilidad de una sola persona. Ya no se trata solo de lo que el gobierno nacional pueda o no hacer.

 

Es nuestra misión, como peronistas, junto a todos los sectores nacionales y populares que luchamos por una patria justa, libre y soberana, acompañar, defender y profundizar este proceso y recrear, por la militancia y la memoria, el lazo entre las luchas de ayer y las que hoy emprendemos para cumplir con las demandas populares.

 

GG/

 

 

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