Teresa “Teté” Piñeiro, esposa de Angel Giorgiadis, uno de los montoneros asesinados en la Unidad 9 de La Plata. -"Sobreviví, vaya a saber uno porqué y cómo."

ANGEL GEORGIADIS, DESCAMISADO, ¡PRESENTE!

Por Miguel Eduardo Landro, Sebastian Ortega y Lucas Miguel

Ellos, junto a nuestra revolucionaria inmortal, la compañera EVITA, y todos los mártires de la historia nacional son la bandera que debemos enarbolar en la lucha por la Liberación de nuestro pueblo, por una Patria Justa, Libre y Soberana. Porque luchábamos nos desaparecieron…Porque aparecimos seguimos luchando.

ANGEL GEORGIADIS, DESCAMISADO, ¡PRESENTE!

 

Por Miguel Eduardo Landro

NAC&POP

05/02/2009 

Recordemos que el 1º de Febrero de 1977 María Teresa Tete Piñero de Georgiadis recibe un telegrama del Servicio Correccional de la Provincia de Buenos Aires que dice:

-El día 1/2/77 habiendo sido retirado su esposo Ángel Alberto Georgiadis Otero de la Unidad 9 por personal militar para ser interrogado en jurisdicción militar dependiente del área operacional 113, se infirió lesiones por auto agresión las que le ocasionaron su deceso.

Debemos traducir por: –En el día de la fecha hemos asesinado a su esposo por la espalda.

Angel Georgiadis provenía de Descamisados y era nada menos que el responsable político de Montoneros en la Unidad 9.

De él dependían la preservación ideológica del conjunto de la fuerza y la política de denuncias a través de los familiares.

Hasta ese día Piñero desconocía el paradero de su esposo.

La última noticia había sido que el 26 de enero lo habían trasladado los militares, pero no sabía a dónde.

Entonces fue a ver al juez Russo: –No siga con las gestiones porque en lugar de uno van a ser dos, le respondió el fallecido magistrado, en alusión a que la mujer podía también desaparecer.

Cuando conoció la noticia de la muerte de su esposo, Piñero comenzó a divulgar el caso e inició una lucha incesante en el juzgado para recuperar el cuerpo.

Recién el 28 de febrero un comisario de apellido Rivero le informó en la Jefatura de Policía que su esposo estaba enterrado en una tumba del Cementerio de La Plata.

-Negarles la identidad a nuestros héroes es envanecer el sacrificio de su entrega, y es privarles de la razón por la que, conscientemente, estuvieron dispuestos a dar la vida.

Ellos, junto a nuestra revolucionaria inmortal, la compañera EVITA, y todos los mártires de la historia nacional son la bandera que debemos enarbolar en la lucha por la Liberación de nuestro pueblo, por una Patria Justa, Libre y Soberana.

Porque luchábamos nos desaparecieron…

Porque aparecimos seguimos luchando.

ML/

UNIDAD 9 : UN NUEVO TESTIMONIO COMPLICA AL JEFE DUPUY

La esposa de Ángel Georgiadis declaró en la causa penal en la que se investigan los crímenes cometidos en la cárcel de La Plata.

 Dijo que días antes de morir, su esposo fue llevado a la oficina del jefe del penal, donde le advirtieron que iba a ser asesinado.

Por Lucas Miguel

(Secretaría de Prensa)

 

LA PLATA.- La esposa del asesinado Ángel Alberto Georgiadis aseguró hoy en el Juzgado Federal N°1 de esta ciudad que su marido fue encapuchado y llevado a lo que identificó como el despacho del jefe de la Unidad Penal N°9, Abel David Dupuy, donde un grupo de represores le advirtió que iba a correr la misma suerte que Dardo Cabo y Rufino Pirles, ultimados en enero de 1977 en una falsa fuga.

María Teresa Teté Piñero declaró durante más de dos horas en el tercer piso de los tribunales ante la secretaria del juez Humberto Blanco, Sandra Mañanes, y con la asistencia del abogado de la APDH La Plata Oscar Rodríguez.

En su extenso testimonió narró que su esposo fue detenido en la Capital Federal por una infracción de tránsito el 16 de julio de 1975 y luego fue procesado por violación a la denominada ley antisubversiva, N°20840, porque en el Citröen que manejaba le encontraron panfletos de Montoneros, agrupación en la que militaba.

La esposa de la víctima aseguró que, inmediatamente, su esposo fue alojado en el Penal de Devoto y que en diciembre de 1975 fue trasladado a la Unidad Penal N°9 de La Plata y puesto a disposición del juez federal platense Leopoldo José Russo.

En ese período, el matrimonio sufrió un allanamiento ilegal en su casa de Lomas de Zamora, que fue saqueada.

Hoy, por primera vez, Piñero denunció ante un tribunal los objetos de aquel saqueo: alhajas, las alianzas, un juego de té regalo de Arturo Jauretche, una radio, fotografías y documentación personal.

Entre estos papeles había una carta que Ángel le había escrito cuando estaban de novios.

Esa carta decía, emulando a Raúl Scalabrini Ortiz: –Yo ya no estoy solo ni espero, porque te encontré a vos». Y, más adelante, señalaba: «Somos la voz de los que no tienen voz.

-A esa carta la incorporaron como prueba en la causa por infracción a la ley antisubversiva.

El juez Russo me la devolvió toda sellada y firmada después de la muerte de Ángel, relató Piñero.

Hasta el 13 de diciembre de 1976 el presidio de Georgiadis había sido en buenas condiciones.

Pero ese día, que coincidió con la asunción de Dupuy a la jefatura del penal, todo cambió. –A las 5 de la mañana se produce una gran requisa, terrible, con muchos golpes. A mi marido lo golpean y lo torturan. Él me enviaba cartas pero nunca me lo contó. Me enteré por otro preso que estaba en la celda de al lado, que me dijo que escuchó que a Ángel lo golpearon y lo torturaron varios hombres y por mucho tiempo, y que no se quejó. Me dijo que, al día siguiente, Ángel le dijo que le avisara a los otros compañeros que estaba orinando sangre, declaró.

Georgiadis ese día fue alojado en las celdas de castigos, denominadas chanchos, en el Pabellón de la Muerte.

El 5 de enero de 1977 los hombres de Dupuy llevaron a cabo los dos primeros asesinatos de una larga lista: Dardo Cabo y Rufino Pirles fueron ejecutados en Coronel Brandsen, cuando eran trasladados a otro penal.

La versión que se hizo correr, al igual que en las contemporáneas masacres de Las Palomitas (Salta, 6/7/76) y Margarita Belén (Chaco, 13/12/76), fue que habían querido fugarse.

Diez días después de aquel episodio, Georgiadis, el médico Horacio Crea y Julio Urien fueron encapuchados en sus celdas.

Los llevaron a una habitación que ellos creían que era la oficina del jefe del penal y les dijeron que les iba a pasar lo mismo que a Cabo y Pirles, señaló Piñero.

En paralelo, narró la mujer, el obispo de Morón, monseñor Justo Laguna (miembro de la APDH de la Capital Federal), –recibía denuncias sobre las amenazas de muerte contra los detenidos de la U9. Hizo varias gestiones en la Casa de Gobierno.

El 26 de enero comenzó el periplo para Georgiadis.

Nuevamente fue sacado de su celda junto a Julio Urien. –Los militares se lo llevaron en una ambulancia al Regimiento 7 (de La Plata), aseguró la mujer.

Esa es la última vez que alguien lo vio con vida.

Urien fue liberado inmediatamente porque su familia había realizado gestiones ante el ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy, que era pariente lejano de su madre.

-Cuando lo liberan a Urien, lo cambian por (Horacio) Rapaport. Horacio gritaba (en la U9) ‘me llevan para matarme«, reveló Piñero.

El 1° de febrero de 1977, Piñero y Susana Quiróz de Rapaport recibieron el mismo telegrama, firmado por el Servicio Correccional de la Provincia de Buenos Aires.

El texto de aquel mensaje, que fue incorporado hoy a la causa, dice: –El día 1/2/77 habiendo sido retirado su esposo Ángel Alberto Giorgiadis Otero de la Unidad 9 por personal militar para ser interrogado en jurisdicción militar dependiente del Área Operacional 113 se infirió lesiones por auto agresión las que le ocasionaron su deceso.

Hasta ese día Piñero desconocía el paradero de su esposo.

La última noticia había sido que el 26 de enero lo habían trasladado los militares, pero no sabía a dónde.

Entonces fue a ver al juez Russo: –No siga con las gestiones porque en lugar de uno van a ser dos, le respondió el fallecido magistrado, en alusión a que la mujer podía también desaparecer.

Cuando conoció la noticia de la muerte de su esposo, Piñero comenzó a divulgar el caso e inició una lucha incesante en el juzgado para recuperar el cuerpo. –Russo no hizo nada, señaló.

Recién el 28 de febrero un comisario de apellido Rivero le informó en la Jefatura de Policía que su esposo estaba enterrado en una tumba del Cementerio de La Plata.

Una de las últimas frases que los compañeros de celda escucharon de Georgiadis fue: –Somos como canarios enjaulados. Estamos a la espera del zarpazo del gato.

En la causa penal por los delitos cometidos durante la dictadura en la Unidad 9 se investigan también los asesinatos de Juan Carlos Deghi; Dardo Cabo; Rufino Pirles; Horacio Luis Rapaport; un hombre de apodo Gorosito, que sería Humberto Mariano Rodríguez; Roberto Lasala; Marcos Ibañez; y un hombre de apellido Pintos. Además, se investigan las desapariciones de Juan Pettigiani, Gonzalo Carranza, Guillermo Segalli, Miguel Alejandro Domínguez y un hombre de apellido Gallardo.

CHOCOLATE ROBADO

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  Dardo Cabo, Horacio Rapaport (FOTO), Roberto Pirles y Ángel Georgiades fueron retirados en Enero de 1977 de la Unidad Penitenciaria 9 de La Plata y luego fusilados por los asesinos de la dictadura.

  El lunes 2 de noviembre de 1998 el diario Pagina 12 publico un volante distribuido en el homenaje a los presos fusilados.

 Era de María de la Paz, hija de Ángel Giorgiades: -Cuando era chica, a los argentinos nos gobernaban unos hombres que se habían robado todos los chocolates del mundo. O al menos eso me explicó mi papá en mis visitas a la cárcel.  Después tuve que irme a otro país, a Suiza, donde casualmente se fabrican unos chocolates muy ricos y desde donde yo planeaba el rescate de todos los defensores de golosinas encarcelados. Para salvar a mi papá ya era tarde, aunque yo me seguía extrañando ante el hecho de que nunca conocería lo que se siente al pronunciar la palabra –papá- todos los días, con todos los tonos posibles y de un modo automático. Pero ahora que acepté que nunca voy a conocer su voz, me tranquiliza saber que mi padre anda cerca porque además de sus genes me queda algo de él, una certeza que me guía en los momentos difíciles y me hace distinguir lo importante de lo superficial, lo correcto de lo inmoral.

 Finalmente decía:-Quiero agradecerles que no se hayan olvidado de él, ni de sus compañeros, y quiero agradecerles que estén hoy acá.

 Queridos todos:

 Hace unos cuantos días que quería escribirles y, por de pronto, enviarles el audio con un segmento de las palabras de Eduardo, que llegaron hondo. 

Además, les quería trasmitir algo que desde hace mucho tengo en mi corazón, más o menos desde hace 29 años.

 Cuando un miércoles a fines de enero Angel desapareció de la cárcel, yo me enteré por Chela, su mamá, el lunes siguiente.

 Empecé a buscarlo de todas las maneras a mi alcance.

 Primero, fui al juzgado de La Plata donde estaba radicada la causa. Y digo juzgado con minúscula, porque a su cargo estaba Leopoldo Federico Russo.

 Cuando pedí hablar con él para comunicarle la situación, me aconsejó –deje todo en manos de la justicia, señora, porque, si no en vez de uno, van a ser dos.

Después no quiso recibirme nunca más y mandó decirme por el secretario que si yo hacía algo inadecuado iba a mandarme detener.

 Después, cuando ya me habían avisado que Angel había muerto, solicité que me entregaran el cuerpo y pregunté si le habían hecho alguna autopsia, cosa que nunca me contestaron.

 Pedí que me avisaran cualquier novedad, era más o menos el 20 de febrero ya para ese entonces. Me enteré por un comisario de la Jefatura de Policía de La Plata, adonde me enviaron del juzgado, que a Angel lo habían enterrado en el cementerio de La Plata.

 No hace mucho Leopoldo Federico Russo encontró la muerte al término de un juicio por la verdad, de un infarto. 

Lo segundo que hice fue ir a Sierra Chica porque, no sé cómo, me enteré que Julio U había aparecido allí. Fuimos con mi cuñado (marido de mi hermana), Chela y yo, a ver si lo encontrábamos a Angel. No estaba.

 Entre tanto, mi hermano habló con Monseñor Laguna, de quien era su secretario. Laguna le informó que había recibido cartas de familiares en las que denunciaban la situación de los condenados a muerte de La Plata, con anterioridad a la desaparición de Angel.

 El viernes 5 recibí un telegrama de la provincia de Buenos Aires, que firmaba el Servicio Correccional en la que decía –le informo a usted que su esposo, Angel Alberto Georgiadis, al ser trasladado por personal militar de la subárea 113 para ser sometido a interrogatorio militar se infrigió lesiones por autoagresión que le ocasionaron su deceso (cito de memoria).

 A partir de entonces, lo único que me cabía era toda la resistencia posible: pedir el cuerpo de Angel, pedir todos los efectos que estaban en la causa y la mayor divulgación para que su muerte no fuese en vano y sirviese para evitar que los asesinaran a ustedes.

 A eso me dediqué. Ustedes estaban cerca mío, ustedes no estaban solos.

 Yo estaba del otro lado tratando de que se supiera lo que pasaba.

Tenía mi testimonio, el telegrama para ver si de alguna manera se podía presionar. Cuanto más se supiera, un poco más seguros iban a estar ustedes.

 Yo sé que Angel me estaba pidiendo que hiciera algo, que su muerte no fuese en vano.

Por eso hoy quiero contarles ese vínculo que yo sentí y que tan importante fue para mí.

  Como dijo Eduardo que aprendió a querer a los compañeros, a mí me pasó algo parecido.

Sentí que mi vida no tenía sentido, ya Angel no estaba.

Pero estaban ustedes y yo podía hacer algo.

 Hice cosas que vistas hoy son de locos.

Pero sobreviví, vaya a saber uno porqué y cómo.

 Fui al Regimiento Patricios y estuve como tres horas adentro esperando que me dieran una respuesta sobre el cuerpo de Angel.

Me dejaron salir.

 Fui a la casa de gobierno a hablar con un marino, cuyo nombre no recuerdo, para pedirle que me permitieran trasladar el cuerpo de Angel a la Chacarita. –Usted tiene toda la razón, señora.

 Saca una pistola de su cajón y la pone en el maletín y me explica –en estos tiempos hay que tener cuidado, me explica a mí, organizando las cosas que tiene que llevarse.

 Me conecté por esas vías que funcionaban en esos tiempos con Emilio Mignone.

Un amigo de Angel de sus tiempos de deportista era Quique Lugones y su hermano había desaparecido con el grupo de Flores donde estaba Mónica Mignone.

 En lo de Emilio nos juntábamos siempre varios familiares y ahí sentíamos que no estábamos solos, que no éramos locos aunque la gente siguiera caminando por la calle como si tal cosa.

 Era verdad lo que nos había pasado.

Algo atroz sucedía y la gente no se percataba o no quería percatarse.

 Emilio mandó la documentación a Jack Anderson, que la divulgó en Estados Unidos.

 En la casa de los Mignone de la calle Santa Fe nos encontrábamos los familiares con periodistas a quienes contábamos los casos de cada uno. Ustedes estaban presentes.

 A fines de junio, gracias al pasaje que me mandó Juan Méndez, me fui a París, como me hubiera podido ir a la Cochinchina.

 Partí con María de la Paz que tenía tres años.

 Salí de Ezeiza, no sé cómo, el avión se demoró aproximadamente tres horas en la pista. Llegué a París a las 10 de la noche con María de la Paz dormida.

 Nadie me esperaba, tampoco tenía ninguna reserva de hotel. Los Méndez ya se habían ido a los Estados Unidos.

 Era tanta mi ignorancia que no pasé ni por la aduana ni por migraciones porque no tenía ni idea.

 Tampoco sabía que necesitaba un permiso de residencia y un permiso de trabajo. 

Ahí empecé a difundir en París, Ginebra, Londres, Edimburgo lo que estaban pasando ustedes en La Plata.

 Bueno, puedo seguir contando más cosas, pero paro acá porque si no este mail no va a llegar nunca.

 Los abrazo a todos muy apretado, están en mi corazón.


Teté

Estuvo a cargo de la investigó el asesinato de la niña Candela Rodríguez
JURY AL FISCAL WOODGATE: PIDEN INCORPORAR NUEVAS PRUEBAS Y TESTIGOS

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Federico Nieva Woodgate

Así lo resolvió el Jurado de Enjuiciamiento que decidirá si destituye o no al fiscal general de Morón, acusado de garantizar impunidad de delitos de lesa humanidad. Los magistrados pidieron que se incorporen los expedientes por el asesinato del militante Ángel Gerodiadis y la causa que investiga los crímenes del Primer Cuerpo del Ejército, de la que se estima que surgirán 140 hábeas corpus que el fiscal rechazó.

Por Sebastián Ortega
Télam.

5-10-2015|

El entonces titular del Juzgado 5 de Lomas de Zamora, Federico Nieva Woodgate, se entrevistó con el preso político Ángel Alberto Georgiadis en la Unidad Penal 9 de La Plata.

Angelito le contó de la violenta requisa que habían sufrido dos días antes, el 13 de diciembre de 1976.

Dos meses después, el magistrado autorizó al Ejército a retirar al detenido para un interrogatorio “en jurisdicción militar”.

Los militares lo torturaron y lo mataron.

Esta mañana, el Jurado de Enjuiciamiento de la provincia de Buenos Aires, que debe resolver el pedido de destitución de Nieva Woodgate -actualmente fiscal general de Morón-, pidió que se incorporen nuevas pruebas y aceptó citar a una veintena de testigos, entre familiares y compañeros de detención de Georgiadis.

“Es sencillo: a Georgiadis lo sacaron de la Unidad 9 con un oficio para tomarle declaración indagatoria en el Regimiento 7 de Infantería que lleva la firma de un coronel.

Y la indagatoria solo la puede tomar un juez, aunque sea un juez militar.

Nieva Woodgate recibió el oficio y lo autorizó”, explicó a Infojus Noticias el abogado Marcelo Enrique Ponce Nuñez, que representa a María Teresa Piñero de Georgiadis, esposa del militante asesinado.

En la audiencia de hoy, el jurado decidió extender el plazo para resolver si deja en funciones o aparta a Nieva Woodgate.

Además, pidió que se incorporen dos causas completas. La primera es la investigación judicial por las torturas en la Unidad 9.

“Hay un acta de comparecencia que demuestra que el juez fue a visitar a Georgiadis tres días después de la requisa.

Él estaba todo golpeado.

El juez se enteró de las lesiones y no hizo nada” explicó Ponce Nuñez.

El segundo expediente

El segundo expediente, que está en manos del juez federal Daniel Rafecas, investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción del Primer Cuerpo del Ejército.

“De esa causa van a surgir aproximadamente 140 hábeas corpus” que Nieva Woodgate rechazó durante la dictadura, explicó el abogado.

Uno de los habeas corpus lo había presentado Antonio Peter el 20 de noviembre de 1978, por la desaparición de su hija María Elena y su yerno Armando Fioritti.

María Elena era empleada del juzgado penal N°2 de Morón -ubicado frente al despacho de Nieva Woodgate-, que había asumido como fiscal de Cámara de Morón.

A pesar de las presentaciones, el funcionario judicial nunca investigó las desapariciones.

La pareja había sido secuestrada el 17 de noviembre de 1978 y nunca más se supo de ellos.

El Jurado de Enjuiciamiento, encabezado por el presidente de la Corte Suprema de Buenos Aires, Juan Carlos Hitters, también aceptó llamar a declarar a una veintena de testigos pedidos por la denunciante.

Entre ellos están el ex canciller Jorge Taiana y el periodista Eduardo Jozami, dos de los detenidos que pasaron por la Unidad 9.

Los “irrecuperables”

Georgiadis militaba en la columna Sur de Montoneros.

A mediados de 1975 se metió en contramano con un Citröen en una cuadra en la que había una comisaría.

Los policías lo pararon y lo revisaron.

En el auto llevaba panfletos de la organización armada y quedó detenido.

Pasó un tiempo en Devoto y a fin de año lo trasladaron al penal de La Plata.

Cinco días después del traslado que avaló Nieva Woodgate, la esposa del militante recibió un telegrama urgente, escrito en mayúsculas y sin signos de puntuación: “Informo que el día 1/2/77 habiendo sido retirado su esposo Ángel Alberto Georgiadis (sic) Otero en la Unidad 9 por personal militar para ser interrogado en jurisdicción militar dependiente del área operacional 113 se infirió lesiones por auto agresión las que le ocasionaron su deceso”.

El cuerpo nunca apareció.

El Tribunal Oral N°1 de La Plata confirmó que Georgiadis había sido asesinado.

La sentencia sostuvo que la requisa de diciembre tuvo como finalidad seleccionar a los presos “irrecuperables”.

A Dardo Cabo y Roberto Pirles los sacaron el 5 de enero del ’77 con la excusa de trasladarlos al penal de Sierra Chica.

Los fusilaron tres días después en un simulacro de fuga en un puente en Brandsen.

Después sería el turno de Georgiadis.

El fiscal que nunca se jubila

A fines de agosto de 2011 un caso policial atrajo la atención de todos los medios: el secuestro de Candela Sol Rodríguez.

Durante los 9 días que duró la búsqueda y después del hallazgo del cuerpo de la niña de 11 años, Nieva Woodgate se mostró activo frente a las cámaras.

Sin separarse del lenguaje jurídico, el fiscal anunció detenciones masivas y una batería de pericias.

Pasaron cuatro años.

El crimen de Candela sigue impune y el fiscal general de Morón fue denunciado por su trabajo.

“Dejó en manos de la policía la conducción de la investigación”, dice el informe de la Comisión Bicameral de Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios de Buenos Aires que impulsó el jury.

La Comisión concluyó que la investigación había sido negligente en sus procedimientos y que el expediente era “caótico”. Analizaron 18.600 fojas distribuidas en 103 cuerpos.

Para la Comisión, fue responsable de encubrir -junto a la policía- el vínculo del crimen con la red de narcotráfico del partido de San Martín.

Nieva Woodgate, que ingresó al Poder Judicial durante los ’70, lleva 37 al frente de la Fiscalía General de Morón.

“Se maneja con ciertos criterios inquisitivos y prácticas formalistas”, sostuvo el fiscal Alejadro Jons, que presentó reiteradas denuncias de maltrato y hostigamiento después de trabajar durante 15 años bajo su mando.

“Es una persona criada durante el proceso.

No admite que el de abajo piense distinto.

Acá funciona la obediencia debida”, agregó.

SO/LC