SANGRE, DINERO Y DIGNIDAD

Carlos Del Frade

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Del Frade:-Varios de los militantes llegaron muertos, dicen sus compañeros, producto de las palizas demenciales de aquella tarde noche

SANGRE, DINERO Y DIGNIDAD

 

Por Carlos Frade

Especial para ArgenPress

Recuerdos de la vida

 

A casi nueve meses del golpe, los presos políticos de la Brigada de Investigaciones de Resistencia ya sabían que no había traslados los fines de semana.

 

Sin embargo, a media tarde del domingo 12 de diciembre de 1976, integrantes de distintas fuerzas de seguridad y del ejército, ingresaron para llevarse –por lo menos- dos decenas de compañeros desde los distintos pabellones.

 

También trajeron militantes de otros lugares.

 

A todos los tuvieron, durante largas y dramáticas horas, sometidos a sesiones de implacables palizas cuyos golpes eran más fuertes que los habituales, recuerdan los sobrevivientes.

 

Cuando llegaron las primeras sombras de la madrugada del lunes 13, se impuso un silencio de muerte. Partieron los camiones del ejército y llegaron hasta un paraje cercano a Margarita Belén, a menos de cuarenta kilómetros de Resistencia.

 

Varios de los militantes llegaron muertos, dicen sus compañeros, producto de las palizas demenciales de aquella tarde noche.

 

Patricio Tierno, Néstor Salas, Carlos Zamudio, Luis Barco, Roberto Yedro, Delicia González, Luis Díaz, Fernando Piérola, Carlos Cairé, Julio Pereyra, Carlos Duarte, Carlos Tereschuk, Manuel Parodi Ocampo, Luis Fransen, Ema Cabral, Reinaldo Zapata Soñez y Mario Cuevas, son los nombres de los veintidós fusilados que todos los años se recuerdan en Margarita Belén.

 

Pero sus nombres esconden historias comprometidas con la urgencia de la revolución que por aquel entonces conmovía la existencia de miles de argentinos.

 

Ellos venían de diferentes lugares del país, especialmente de la región del litoral y aunque los diarios de estos días se empeñan en relacionarlos con el intento de copamiento del cuartel del Regimiento de Formosa, realizado por Montoneros en octubre de 1975, no hay datos que confirmen la teoría.

 

Entre los veintidós había militantes vinculados a hechos anteriores, como la muerte del general Cáceres Moiné, en Entre Ríos; dirigentes activos de las Ligas Agrarias; y activistas de la zona del impenetrable chaqueño.

 

La matanza tuvo otros intereses y motivos.

 

No parece ser una venganza por los hechos del pasado, sino una señal para aquel presente y el entonces futuro inmediato.

 

Un mensaje doble, hacia el interior de las fuerzas armadas y hacia la sociedad en su conjunto.

 

La masacre tuvo como protagonistas a jóvenes oficiales del Ejército Argentino bajo las órdenes del entonces coronel Nicolaides.

 

Todos, sin embargo, reportaban a las decisiones de Leopoldo Galtieri, por entonces jefe del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, patrón de la vida en las provincias de Formosa, Chaco, Santa Fe, Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

 

Para una de las sobrevivientes de la Brigada de Investigaciones, Mirta Clara, –la masacre de Margaria Belén sirvió para consolidar el poder mafioso de Nicolaides, piedra basal del contrabando y narcotráfico en la región del litoral.

 

La militante expresó su convencimiento sobre –el carácter de pacto de sangre que quedó instituido a partir de entonces. Era el bautismo para todos los que después se quedaron con las riquezas que eran del pueblo de la región.

 

Mirta sostiene que –Nicolaides marcó la cancha con aquel hecho y sirvió para hacerse fuerte en la interna del poder militar y también envió una fuerte señal a los que seguían en la resistencia.