Realizó 95 combates, ganó 85, perdió 7, empató 2 y hubo uno sin decisión.

DEBUTABA JOSÉ MARÍA GATICA.

Por Miguel Landro Lamoureaux y Victor Lupo

Gatica, hizo su debut como profesional el 7 de diciembre de 1945 en el Luna Park, fue en la pelea de semifondo, ganadole por KO a Hugo Mayorano en un round.

DEBUTA EL MONO GATICA

Recordemos que el boxeador puntano, morocho y emblemático ícono popular de la Argentina peronista, José María El Mono Gatica, que pasó de la nada a la gloria y de la gloria a la trágica muerte, hizo su debut como profesional el 7 de diciembre de 1945 en el Luna Park, fue en la pelea de semifondo, ganandole por KO a Hugo Mayorano en un round.

Había nacido el 25 de Mayo de 1925 en Villa Mercedes, San Luis, y murió, a los 38 años, el martes 12 de noviembre de 1963, las 20.55 hs, tras ser aplastado por un colectivo de la línea 295, en Barracas.

Realizó 95 combates, ganó 85, perdió 7, empató 2 y hubo uno sin decisión.

Entre sus innumerable anécdotas sobresale la que protagonizó tras un triunfo, en la parte final de su campaña, el «Mono» Gatica le dedicó la victoria al General Perón, que se encontraba en el exilio.

DEL LIBRO HISTORIA POLITICA DEL DEPORTE ARGENTINO*

Capítulo LII -Lo que no te perdonan son tus sucios pies de canillita…
(Alfredo Carlino, poeta argentino, en versos referidos a la muerte de Gatica) 

JOSÉ MARÍA GATICA

Por Victor Lupo *

NAC&POP

En la ciudad de Villa Mercedes, provincia de San Luis, en el Día de la Patria, 25 de mayo de 1925, nacía uno de los más grandes ídolos del boxeo argentino, José María Mono Gatica.

Sus padres lo llevaron a vivir en Buenos Aires cuando él era muy pequeño.

Allí no pudo concurrir a la escuela primaria ya que para llevar algunos centavos a su madre debía trabajar como lustrabotas o canillita en las cercanías de la estación Constitución.

Se subió muy joven a un ring para hacer guantes con un veterano de este deporte, el rusito Emilio Samuel Palanké, con quien luego de este combate entabló una gran amistad.

Este sería a lo largo de su vida uno de sus amigos más fieles y quien más luchaba para que el Mono se cuidara en su vida privada.

-Cuando Gatica estuvo en las buenas llegó a regalarme 30 trajes, la misma cantidad de pares de zapatos y gracias a él conocí los mejores restaurantes de Buenos Aires.

Cuando mi padre se enfermó, él le arrendó una habitación individual en el Hospital Israelita.

Con el paso de los años pude devolverle en parte sus ayudas.

Cuando no tenía ni para comer, entonces me lo llevaba la pizzería de Chalú, donde yo trabajaba, contaba muy apenado y a la vez agradecido el –rusito.

Como boxeador amateur, Gatica representó al Club Barracas Central, donde se entrenaba y realizó algunos de sus combates en el campo amateur.

Su primer combate profesional lo realizó el 7 de diciembre de 1945 noqueando en el primer round a Leopoldo Mayorano.

Junto al campeón mundial Pascual Pérez, después de Justo Suárez, Gatica fue uno de los grandes ídolos de los argentinos, en el duro deporte de los puños, durante casi dos décadas.

Pero, a diferencia de Pascual (campeón sudamericano, Olímpico y Mundial), el Mono Gatica, con aptitudes naturales fenomenales y muy agresivo, ni siquiera logró ser campeón argentino ni combatir por el título del mundo de la categoría livianos, pese a enfrentar al campeón mundial Ike Williams, en Estados Unidos, durante un combate en el que perdió en el 1er round luego de tres caídas. [1]

Su gran rival en el ring fue sin dudas el campeón argentino y sudamericano de la categoría, el rosarino Alfredo Prada,[2] con quien combatió dos veces como amateur (1 ganada y 1 perdida) y cuatro como profesional (2-2).

En la primera pelea del campo rentado, el 31 de agosto de 1946 en el Luna, el Mono ganó por puntos en un combate tan desordenado y callejero, que Gatica sufrió el descuento de 5 puntos mientras que a Prada le descontaron 15 puntos.

Pero estos feroces rivales arriba del ring fueron muy amigos.

A tal punto que cuando Gatica sin lugar donde vivir y sin dinero para mantener a sus dos pequeñas hijas, Prada le dio una mano.

Le consiguió una entrevista con el gobernador de ese entonces de la provincia de Buenos Aires, el doctor Oscar Bisonte Alende,[3] quien le cedió una vivienda en el Centro Deportivo No 2, de la ciudad de La Plata, más un puesto de trabajo en el área de Educación Física y un empleo para su señora.

En su vida personal el Mono Gatica contó con la especial simpatía del matrimonio presidencial de ese entonces, Perón y Evita.

Un afecto que estuvo a punto de quebrarse el día del bautismo de su hija María Eva, nombre puesto en homenaje a Evita, a quien el boxeador había comprometido como madrina.

Evita llegó a la Iglesia, diez minutos antes de la ceremonia, entre una catarata de fotógrafos y cronistas, mientras que Gatica se hizo esperar más de media hora.

Furiosa y a punto de retirarse de la iglesia, la Primera Dama, vio entrar apresurado al Mono con una larga noche dibujada en su cara, acompañado de su esposa y el bebé.

Evita no se calló y le dijo: –¡Pero, Gatica, hace 30 minutos que te espero!

-Y bueno, ¿qué quiere? Usted será Evita, pero yo soy Gatica, contestó fastidioso el ídolo del deporte nacional.

Cumplida la ceremonia con caras de disgusto de ambos, al otro día los diarios oficialistas no publicaron ni una línea del bautismo al cual habían concurrido todos los medios de prensa por orden de Evita, según dicen.

Pero el general Perón le perdonaba todo a Gatica, lo mismo que el doctor Rodolfo Valenzuela (presidente de la CAD) que siempre lo ayudaba.

Ellos se hicieron cargo de todo lo necesario para que el boxeador y su equipo viajaran con mucha antelación a EE.UU. para aclimatarse antes de enfrentar al campeón mundial Ike Williams.

Pero Gatica era incorregible y su entrenador Nicolás Preziosa, manager del Mono, 25 días antes del combate, cansado de las indisciplinas del ídolo, lo dejó solo, ante la poca adicción al gimnasio.

Esta pelea, transmitida por Fioravanti por radio para nuestro país, se realizó el 5 de enero de 1951 y fue la única vez que un Gran Premio del Turismo Carretera (TC) debió demorar su largada por el interés que había despertado la pelea de Gatica.

Una muy famosa anécdota de Gatica relata que, tras una de sus grandes peleas, luego de un triunfo en el Luna Park, Perón se acercó a saludarlo al ring.

Entonces, todo transpirado, Gatica le acercó su mano al general expresando para los periodistas y los fotógrafos que retrataban ese instante: –Dos potencias se saludan.

El 12 abril de 1947 y con un estadio Luna Park lleno, con los antiperonistas ubicados en la platea, que alentaban a Prada (un boxeador tan peronista como Gatica, pero quien por esas cosas del destino se encontró siendo alentado por los oligarcas del ring side), el Mono peleó durante cuatro rounds con la mandíbula fracturada y debió abandonar porque, según él, –me dolía la muela bárbaramente.[4]

Un espectador de ese cruel combate, Jorge Montes cuenta: –El aspecto del rostro de Gatica al bajar del ring era espantoso.

La mandíbula había perdido su horizontalidad y la sangre le manchaba toda la cara (…)

Esos escasos metros hasta su camarín constituyeron un vía crucis espantoso.

El pobre Mono fue abucheado por la enfurecida platea con insultos que jamás podré olvidar.

Trepados sobre los asientos, o volcando sus cuerpos sobre la banda de la pullman, los ocupantes de las butacas privilegiadas le lanzaban agravios de la más baja calaña.

Fue una especie de desborde histérico que me aterrorizó hasta enmudecer .[5]

Años después, el escritor Pablo J. Hernández, compararía ese odio al del 15 de abril de 1953, cuando algunos asesinos hicieron estallar bombas en las puertas de los subterráneos de una plaza repleta de gente.

El del 16 de junio de 1955, cuando la aviación naval bombardeó una Plaza de Mayo colmada de ocasionales transeúntes.

El mismo odio que en junio de 1956 fusiló a patriotas argentinos en Campo de Mayo, en los Basurales de José León Suárez, en la Comisaría de Lanús, en el A.C.A. (Libertador y Tagle), en la Penitenciaría de Avenida Las Heras o en la Escuela de Mecánica del Ejército.

Gatica tuvo tres esposas.  

La primera fue Ema Fernández, madre de su primera hija, María Eva.

La segunda fue Ema Guercio, a quien él llamaba Nora para distinguirla de la anterior.

Con ella vivió su época de gloria, de autos descapotados, tapizados con piel de leopardo.  

A la última, Rita Armellino, la conoció cuando ya había retornado a la pobreza.

Fue la madre de otras dos hijas, Viviana y Patricia.

Entre 1945 y 1956 realizó, para su gran campaña, 95 combates profesionales, de los cuales ganó 85 (81 de ellos por nocaut), perdió 7, empató 2 y 1 terminó sin decisión.

El último enfrentamiento frente a Prada fue en el Luna Park el 16 de setiembre de 1953, cayendo derrotado en la sexta vuelta por nocaut, comenzando entonces su decadencia como boxeador.  

En esta pelea hubo 25.000 personas en el estadio y cinco mil alrededor del mismo.

Cuentan los memoriosos del Luna Park que luego de ganar una pelea, ya en el final de su dilatada campaña, le dedicó por radio el triunfo al general Perón, que se encontraba en el exilio.  

Entonces rápidamente se le acercó un funcionario de la Revolución Libertadora, para recordarle que estaba prohibido hablar de política o nombrar a ese señor por el Decreto 4161/56.

El Mono, con su naturalidad habitual, le respondió: –Señor yo no hago política; yo, nada más, soy peronista. [6]

Su último combate fue frente a Jesús Andreoli, una fría noche del 6 de julio de 1956 en el Lomas Park, un ya desaparecido gimnasio de la calle Oliden, de la ciudad de Lomas de Zamora, en la provincia de Buenos Aires.

Luego de vencer a su rival por nocaut técnico en el cuarto round, fue detenido inmediatamente por la Policía que lo estaba esperando, porque su sola presencia significaba un grito de resistencia peronista.[7]

Ya con su decadencia deportiva a cuestas, participó de exhibiciones de catch con el famoso Martín Karadagian [8]  y con el  ex gran campeón mundial italiano de boxeo, Primo Carnera, en la cancha del Club Boca Juniors, siempre ante una multitud.

Un atardecer de domingo, luego de un partido de fútbol en la cancha de Independiente de Avellaneda, en el que –los diablos rojos vencieron a River por 2 a 1, al salir de la misma donde vendía muñequitos, con sólo 38 años, sufrió un accidente al querer ascender a un colectivo, cayendo bajo las ruedas que lo aplastaron.

Estuvo dos días internado hasta que falleció el 12 de noviembre de 1963.

Fue velado en la sede de la Federación Argentina de Box (FAB),[9] porque en su Luna Park se estaba desarrollando un espectáculo de la Orquesta Sinfónica de Inglaterra, que no se podía suspender.

El día de su sepelio recibió un homenaje peculiar.

El auto que llevaba su cuerpo tardó muchísimo en llegar al Cementerio de Avellaneda (localidad donde ahora hay un polideportivo con su nombre) porque tuvo que ser empujado tras romperse el motor. Jóvenes de una verdadera multitud empujaron el coche y, también, entonaron la Marcha Peronista, esa marcha que había inmortalizado Hugo Del Carril, en forma respetuosa y desafiante.[10] 
Era el mejor tributo a quien siempre fue leal con su amiga muerta (Evita) y con el general derrocado (Perón).

El 15 de agosto de 1992, el entonces gobernador de la provincia de San Luis, doctor Adolfo Rodríguez Saá junto a otras autoridades inauguraron en Villa Mercedes, la remodelación de un Polideportivo con gimnasio cubierto que había sido bautizado con el nombre del ídolo nacido en esa ciudad, por la Ordenanza Municipal 1806 del 6 de junio de 1975.[11]   

Los poetas, quienes mejores saben pintar el alma de los pueblos, también homenajearon al puntano Gatica de la siguiente forma:

Alfredo Carlino [12]  le escribió: Cómo te iban a perdonar los bandoneones numerosos / trepados a tus gestos, / las historias de júbilo popular iluminadas de fervor y de distancias, / la Misión Inglesa, el nombre de tu hija, el estrellato. / Lo que no te perdonan son tus sucios pies de canillita, / el no haber ido a la escuela, / pero ardiendo siempre, como el viento. De protagonista, / y esa dramática alucinación de querer vivir tuteándote / con la vida.

Daniel Giribaldi en sus Sonetos mugres, con su filosofía tanguera, le escribió. Gatica se piantó, como Carlitos: / no hubiera estado bien que fuera abuelo / y sus nietos le dieran regalitos.

Leonardo Favio (uno de los mejores cineastas argentinos) sostenía
: -Gatica es la apretada síntesis de nuestro pueblo.

El emerge a la bullanguería, a la alegría, a sentirse acolchonado en una gloria que después sería efímera.

Entonces está en todo su esplendor, en el amor, en su locura, en sus mentiras infantiles, en lo que en definitiva es nuestra gente, hasta que cae…

Y el mismo Favio lo hizo inmortal en todo el mundo con la premiada película Gatica, el mono, en la que el actor Edgardo Nieva interpreta magistralmente al boxeador. [13]

VL/