Sin que nadie lo pidiera ni lo quisiera aquel aserto de Ulises Dumont abria –en el mismo lugar del remate antiperonista – la ilusion de que el peronismo seguia alumbrando y no estaba muerto.

UN DIA PERONISTA (ULISES DUMONT)

 Ulises Dumont protagonizo aquella pelicula No habra mas penas ni olvidos, que mostraba entre ironica y maniqueistamente – desde una izquierda critica al peronismo- (según la pluma extraordinaria y progresista de Osvaldo Soriano), y terminaba con Dumont sentado en el avión, luego de la pesadilla de los sucesos acaecidos, vislumbrando un nuevo amanecer apacible y soleado cuando se oia (sarcásticamente para el autor ) aquella frase de –Mañana va a ser un día peronista…

UN DIA PERONISTA

 Ulises Dumont protagonizo aquella pelicula No habra mas penas ni olvidos, que mostraba entre ironica y maniqueistamente – desde una izquierda critica al peronismo- (según la pluma extraordinaria y progresista de Osvaldo Soriano), y terminaba con Dumont sentado en el avión, luego de la pesadilla de los sucesos acaecidos, vislumbrando un nuevo amanecer apacible y soleado cuando se oia (sarcásticamente para el autor ) aquella frase de –Mañana va a ser un día peronista…

 

Sin que nadie lo pidiera ni lo quisiera aquel aserto de Ulises Dumont abria –en el mismo lugar del remate antiperonista – la ilusion de que el peronismo seguia alumbrando y no estaba muerto.

En eso el angel del actor no era ajeno al resultado final.

Criado en el barrio porteño de Belgrano, Dumont nació el 7 de abril de 1937.

El teatro irrumpió en su vida al cumplir 20 años, en el club de la zona: –Me contacté con un ex compañero que sabía que andaba en eso y con el ahínco o la pretensión de hacer una obra, a martillo limpio hicimos un escenario, donde habremos hecho dos funciones, y ahí me quedé pegado, ahí sentí una cosa extraña. Y dije, ¿qué pasa, cómo es eso? Pensé que la mejor manera de averiguarlo era estudiando, entonces intenté entrar al Conservatorio Nacional.

 

Así llegó su primera decepción, ya que no aprobó el ingreso.

 

Según ellos, no cuajaba, recordó. Pero insistió y entró.

 

Dueño de una fibra interpretativa que permitió valorar el aporte del que acompaña, del ladero del protagonista, Ulises dotó de matices a sus criaturas y aunque su formación se la debe al teatro, potenció la labor del actor en la pantalla grande.

 

Quizá por ese aporte constante y notable, el artista logró atravesar sin tropiezos el salto estético y generacional vivido por el cine argentino, un espacio en que debutó en 1964 con la cinta Dos quijotes sobre ruedas de Emilio Vieyra.

 

Durante las siguiente cinco décadas filmó alrededor de 80 películas.

 

Quizás su etapa más famosa fue a fines de los años setenta y principios de los ochenta, junto a Federico Luppi y Julio De Grazia, cuando se convirtió en una suerte de actor fetiche de Adolfo Aristarain, con quien hizo La parte del león, Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima.

 

Un año después, llegó la inolvidable No habrá más penas ni olvido, de Héctor Olivera, basada en la novela de Osvaldo Soriano, donde interpreta a un pintoresco fumigador peronista con avioneta.

 

En la década del noventa, participó en Al filo de la ley (Desanzo), El censor (Calcagno), Sus ojos se cerraron (Chávarri), El viento se llevó lo que (Agresti), El mismo amor, la misma lluvia (Campanella) y Yepeto (Calcagno, basada en la obra de Roberto Cossa).

 

-Yepeto –dijo Dumont– fue una circunstancia irrepetible de feliz. Cayó después de tres años sin hacer nada de teatro.

 

Coprotagonizada con un joven Darío Grandinetti, se estrenó en 1987, estuvo cinco temporadas en cartel, alcanzó 1.500 funciones y pasó al cine.

 

A partir de 2000, si bien es menos convocado, participa en dos recordadas producciones: Rosarigasinos, junto a su hijo Enrique, y Diarios de motocicleta, de Walter Salles.

 

Su último protagónico, estrenado en octubre de 2007, fue Yo la recuerdo ahora.

 

En teatro, su nombre se asocia con uno de los hitos de Teatro Abierto: El acompañamiento, de Gorostiza, donde compartía escenario con Carlos Carella.

 

Fue justamente el teatro su ámbito natural de formación desde que en 1958 y junto a un grupo de amigos del barrio porteño de Núñez (en el que también estaba Luis Brandoni) formó un elenco dentro de un club y debutó con la pieza Futuro imperfecto.

 

-No sé lo que me pasó, pero cuando subí al escenario sentí como un shock. En ese momento me di cuenta que lo único que me interesaba en la vida era ser actor. Tenía 19 años, recordó un cuarto de siglo más tarde en un reportaje.

 

Sobre tablas son recordados sus aportes en piezas como La Nona, Arlequín, servidor de dos patrones, La cal viva, El hombre elefante, El sol naciente, acompañamiento y Gris de ausencia, títulos que lo vincularon con autores y directores de la talla de Villanueva Cosse, Agustín Alezzo, Emilio Alfaro, Griselda Gambaro y Carlos Somigliana.

 

Menos requerido en televisión, igual hizo lo suyo en un puñado de programas que marcaron la pantalla chica, tales los casos de Los miedos, Compromiso, Situación límite y Hombres de ley.

 

-Hay cosas aparentemente inherentes de la profesión que a mí me revientan; yo apenas soy un señor que labura de esto, que trata de portarse como un ser humano y no presionado por los programas sensacionalistas de TV, dijo una vez.

 

Aun así, participó en ciclos prestigiosos. uno de los más emblemáticos fue La bonita página de Ismael Paco Hasse que a mediados de los ´80 se veía por ATC y en los últimos años fue parte de los unitarios Tiempo final y Mujeres asesinas, además de la telenovela Montecristo.

 

El petiso verborrágico, como había sido apodado por sus amigos, fue reconocido con 3 premios Konex: en 1981 como actor dramático de Radio y TV, en 2001 como actor de cine y en 1991 el Konex de Platino como actor dramático.

 

Aunque en el 2008 y el 2007 se sumara a varios proyectos, su salud ya estaba muy deteriorada.

 

Padecía artrosis en una pierna y tenía un triple bypass.

 

El 30 de Noviembre de 2008, su corazón dijo basta.

 

Pero sus películas y su recuerdo de hombre bueno y actor excepcional continuarán vivos para sus propios amigos y para el pueblo que no lo olvidará.

 

Quedan también algunos de sus pensamientos:

 

-Creo que la gente se me acerca porque no soy un galán, no estoy en ídolo y porque me siento a una mesa y tomo un vino y hablo con la gente como lo haría cualquiera.

 

-Lo fundamental es que no me niego a aprender todo el tiempo.

 

-Que labure de actor, ferroviario o intendente es una circunstancia, pero no es mi oficio el que conforma mi manera de ser, soy yo que el significa la imagen.

 

-Hay cosas aparentemente inherentes de la profesión que a mí me revientan, yo apenas soy un señor que labura de esto que trato de portarme como un ser humano y no presionado por los programas sensacionalistas de la TV.

 

-Llevo más o menos 100 películas filmadas, contrariando a internet, aunque la única vez que consulté a internet fue en Europa cuando me pidieron un currículum, pero indudablemente ninguno estaba completo.

 

-Para conseguir plata y proyección no hay como la televisión, el teatro es para darse el gusto y entrenarse y el cine es el placer.

 

-Me divierte trabajar en cine y en la medida en que me divierto yo generalmente todo el mundo se divierte. Es un medio en el que me desenvuelvo bien, aunque todo viene del teatro.

 

-Mi estilo es transpirar la camiseta y requiere toda la energía, pero por otro lado, ya no estoy en condiciones de hacer todo al mismo tiempo como hice toda mi vida.

 

Fuente: Telam – N&P – Critica digital –

 

NOTA DE LA NAC&POP:


Tuve la oportunidad de trabajar con Ulises Dumont en un capitulo de El Loco Chavez aquella producción que hicimos con Marín – Di Lorenzo para Canal 11 en 1978. Tuvimos que filmar una escena en ATC donde Dumont personificaba a un viejo actor de Variete. Cuando la puesta estaba hecha, las luces, las cámaras, el maquillaje, la letra de los actores, etc. la musica no salia y no salia.


Alguien que tenia que poner el disco no lo ponia. Nos pusimos a averiguar hasta que un empleado del canal nos dijo que el sonidista estaba cumpliendo la ceremonia de su hora de merienda en el bar de Canal 7. Lo fuimos a buscar pero era para el un derecho irrenunciable. Algunos creen, erróneamente, que los canales estatales son de los trabajadores, y no del pueblo. Ulises se la banco y dijo:-¡Que rascada! (refiriéndose a la producción) Igual bailo alegremente – con una gran humildad- mientras yo tarareaba la canción que, en algun momento de la edicion posterior, pondríamos en la serie.


¿¡Quien sabe si mi canto coincidiría con el disco!? Solamente logramos disimularlo y el espectáculo siguió andando. Es inovidable aquella secuencia de peliculas como La parte del león, Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima de Aristarain. Allí un grupo de actores, tecnicos y directores nos dieron, a nosotros y al mundo, una clase magistral de cine y de sutil lucha frente a la opresión y la dictadura. Para nosotros era un mensaje : -No nos han vencido. Ulises Dumont fué el prototipo del actor valioso. No es poco, cada argentino que trabaja, suda, lucha y se perfecciona en su aporte es muy valioso para todos nosotros.


Lo bueno de Dumont es que lo percibimos todos. Frente a  las permanentes campañas de que los argentinos no valemos nada, que tenemos todo pero lastima que adentro pusieron argentinos, etc es bueno, muy bueno que, en algunos casos, como este, ante la gran jerarquía humana y profesional de este actor,  paradigma de nuevas generaciones, se note su valía.


MARTIN GARCIA / NAC&POP. ( garciacmartin@gmail.com)