Pepe Galleta (el único guapo en camiseta), Pepe Curdeles (abogado, jurisconsulto y manyapapeles), Narciso Bello ("beldad de fama universal) no eran burdas imitaciones.

PEPE BIONDI, EL GRAN PAYASO ARGENTINO.

Jorge Acosta y otros

Aunque regresó a la Argentina temeroso de fracasar, ningún otro artista hasta ahora logró arrancarle el liderazgo de su tremendo rating (66,2 puntos, en 1962), pero once años en la cúspide de la popularidad (1961 a 1972) no bastaron para que Canal 13, que se benefició tanto cobijándolo durante todo ese tiempo, lo mimase y le diera una salida más triunfal.
  NAC&POP

04/10/2008

PEPE BIONDI

El Gran Payaso argentino

 Cuando una de las grandes olas inmigratorias llegó a nuestro país, trajo consigo a dos napolitanos, José Biondi y su esposa Ángela Cavalleri.

 Era el comienzo del siglo XX.

  La gente venía a América desde Europa, y en este caso particular, intentando escapar de la miseria en la que estaban sumergidos en el sur de Italia. 

Tuvieron 6 hijos y se instalaron en una casa ubicada en la cortada Baigorri, a metros de Caseros y Entre Ríos, en el barrio de San Cristóbal.  

 Fue allí mismo que nació José Biondi hijo, más conocido como Pepe Biondi. 

La miseria que habían padecido en Italia, se convirtió en pobreza en Buenos Aires.

José y Ángela se las arreglaron como pudieron para alimentar a Pepito y sus otros cinco hijos.  

 Ninguno de los chicos pudo ir a la escuela. No había posibilidades. 

 El circo 

 Al cumplir los siete años, el padre de Pepito consiguió un empleo en los talleres del Ferrocarril del Sud, por lo que la familia se tuvo que mudar al barrio Remedios de Escalada en la provincia de Buenos Aires. 

Al lado de su casa prefabricada, había un terreno baldío.

 Ese fue el lugar elegido por Miguel Anselmi, para instalar la carpa del Circo Anselmi, un viejo circo criollo fundado en 1862 por Gabriel y Luis Anselmi y dirigido en aquel entonces, por el hijo de este último, Miguel. 

 Era una época dura.  

 Hasta los chicos de la familia Biondi debían trabajar. Pepito, además, tenía sueños.  

 Las dos cosas se conjugaron cuando Juan Bonamorte, el acróbata payaso del circo, más conocido como Chocolate, lo vio a pepito en la puerta de su casa.  

 Enseguida notó que el chico era movedizo y cómico y le serviría para completar su equipo de acrobacia conformado por Chocolate, Ángel Zanetti, alias Pachequito y su esposa.

 Chocolate, que era brasileño, les pidió a José y a Angela en portuñol, que les prestara a su hijo para su número acrobático.   

La plata hacía falta en la casa, así que aceptaron inmediatamente.  

El moreno le enseñó el oficio con una educación intensiva, no exenta de castigos físicos. 

 No todo era acrobacia en el circo.  

 Una de las tareas de Pepito era quitarle las pulgas a los monos.  

 Una vez un chimpancé casi le arrancó la nariz de un mordisco, cuando le echó polvo antipulgas en los ojos. 

 Cuando el circo partió, Pepito se fue con él.  

 Tenía apenas siete años y los padres no tuvieron más remedio que dejarlo ir.  

Fueron cinco años trashumantes de acrobacia y payasadas acompañadas de las palizas que le daba Chocolate y el cariño reparador de la esposa del brasileño.  

La vuelta al hogar 

 A los 12 años se cansó del maltrato y volvió con sus padres que se habían mudado a Villa Barceló, en Lanús.  

 La familia seguía en la pobreza.

  Como todos, tuvo que salir a trabajar.

  Primero como repartidor en un almacén, luego como lustrabotas.  

 Un día consiguió que un amigo le prestara 2 pesos para comprar unos periódicos.  

 Salió a venderlos por San Telmo y Constitución, tratando de conseguir una esquina que fuera de él.   

Lo logró a base de piñas y se instaló en la esquina de Bernardo de Irigoyen y Garay.  

Un día, pasó por aquella esquina su ex compañero de circo, Pachequito.   

Cuando lo vio le dijo: «¿Qué hacés vos vendiendo diarios?… Vos sos artista».   

Pachequito le había tomado cariño al pibe en esos cinco años y reconocía las dotes cómicas de Pepe.  

 Le presentó a José Donato y junto con él formó el dúo The Donalds. 

El debut se produjo en el Parque Japonés y luego fueron recorriendo los distintos escenarios de Buenos Aires, recibiendo monedas por su actuación.  

 Pero los pocos pesos que recibían apenas alcanzaban para el puchero.

Biondi, sin embargo, recordaba con cariño aquellas épocas: «El hambre compartida, era menos hambre». 

 Al poco tiempo el dúo consiguió un miembro más: Poroto, cuyo verdadero nombre era Felipe Doufur, y se convirtió en trío.   

Con la incorporación de este nuevo miembro, el espectáculo fue más requerido y empezaron a ganar más dinero: «Alcanzamos a ganar treinta pesos por día, una verdadera fortuna», evocó Biondi en un reportaje. 

Pepe había aprendido todo en la calle.  

 En 1922, agarró los libros y tomó una decisión: «A los 16 pirulos, aprendí a leer y escribir sólo, porque me daba vergüenza ser analfabeto». 

 En 1926, le tocó hacer el servicio militar.  

Biondi recordó en un reportaje, que cuando entró al regimiento, el sargento le miró su cara cómica y le dijo: «¿A usted quien lo manda…? ¿El enemigo?».  

 Sin embargo, al verlo hacer las pruebas acrobáticas que estaba acostumbrado a hacer en el circo, los oficiales se lo disputaron como asistente y pasó una relajada conscripción. 

Al finalizar el servicio militar, Pepe volvió al ruedo.  

 Graciosamente recordaba aquella época de poco reconocimiento por parte del público: «Me fui a Montevideo con una troupe de artistas de variedades. Recuerdo que la noche del debut, a las 21 se levantó el telón y a las 21:10 se levantó el público». 

 El fracaso Montevideano lo trajo de vuelta a Buenos Aires, presentándose en los cabarets más importantes de entonces: El Florida, el Maipú Pigalle, el Chantecler, entre otros. 

 Dick y Biondi 

 En 1933 volvió a su primer amor, el circo.  

 Fue en el circo Londres, donde conoció a Dick.  

Dick había nacido en Rusia.  

 Su verdadero nombre era Zalman Ver Dvorkin.  

Al igual que Pepe Biondi, desde niño había sido un acróbata circense.  

 Dick formaba un dúo cómico con un compañero de la adolescencia llamado Jacobo Leive Salomón y conocido como Larry.   

El dúo Dick y Larry, venía recorriendo el país desde 1931, hasta que estando en Córdoba, Larry se lesionó.  

 El circo necesitaba un dúo cómico, y como Biondi estaba actuando sólo le exigieron que integrara el dúo.  

 De ahí en más, Dick fue su partenaire cómico durante los siguientes 20 años. 

 El dúo empezó a adquirir notoriedad, cuando descubrieron el efecto de la cachetada. 

Dick recordó aquel momento en un reportaje: «Un día Biondi se presentó en el circo con la cabeza afeitada porque se le estaba empezando a caer el cabello y le dijeron que para evitar la calvicie no había nada mejor que una rapada.  

 Como yo también comenzaba a perder pelo, seguí el consejo, de modo que los dos aparecimos en la pista del circo con el cráneo reluciente.  

 En escena, mientras yo anunciaba el siguiente número, Biondi, sorpresivamente, me dio una cachetada en la cabeza, que fue estruendosamente festejada por el público.  

 No me gustó aquello y esperé una oportunidad para devolverle el golpe, lo que hice antes de terminar nuestro espectáculo.

 Nuevamente la risa del público fue estruendosa.  

 Entonces, mientras nos cambiábamos en el camarín, decidimos usar la cachetada en la cabeza con más insistencia y construimos un par de rutinas a base de ellas.  

 Pero mientras pasaban los días y el público seguía festejando, el pelo comenzaba a invadir la cabeza y amortiguaba el golpe, restándole sonoridad.   

Fue cuando decidimos probar las cachetadas en la cara.   

Al principio dolían mucho, era una tortura, pero poco a poco nos acostumbramos.

Muchas veces se nos fue la mano.   

Una vez le pegué a Biondi, calculé mal y lo deje k.o.».  

El nombre del dúo no tardó en aparecer: Los locos de la cachetada. 

 Ese mismo año, Pepe conoció a una cantante de tango llamada María Teresa Moraga y cuyo nombre artístico era Teresita Magi.  

 Se enamoraron inmediatamente y se casaron el 24 de enero de 1934.  

El cómico diría sobre su casamiento: «Me parece que di el salto mortal más espectacular de mi vida, porque de repente, ¡Patapúfete!, me casé sin medir las consecuencias».  

 Tuvieron una hija, a la que bautizaron con el nombre Margarita Graciela. 

 Recorriendo Latinoamérica 

 Con Dick, pasaron del circo a los varietés y de allí a Latinoamérica.  En 1937, estando en el Teatro Santana de San Pablo, Brasil terminó preso.  

 Pepe y Dick comenzaban todas sus actuaciones, peléandose en la platea con dos espectadores que en realidad eran actores.   

Pero en San Pablo la cosa se complicó.   

Mientras se peleaban con los supuestos espectadores, entró un policía que sin darse cuenta de que se trataba de una farsa, los sacó a patadas del teatro y los llevó a la comisaría.  

 Ese mismo día fueron liberados y la presentación se produjo exitosamente al día siguiente. 

 El éxito de Pepe y Dick se expandió por toda América, menos en la Argentina, por lo que estaban permanentemente de gira.  

 En 1941 dando una función en Chile, Biondi hizo un mal cálculo, falló en un número de acrobacia y se fisuró la columna.  

 El error de cálculo le costó un año de cama enyesado de pies a cabeza.  

 Los ahorros no alcanzaban para sobrevivir.  

«Mi esposa que se había retirado de la profesión, tomó la iniciativa de volver al tablado de variedades.   

Y, otra vez, como hacía siete años, cantaba para que en casa no faltara de comer, con más razón ahora que teníamos una hija», recordó Biondi. 

 Al recuperarse, ya no podía hacer los números acrobáticos.

Biondi tenía que plantearse un cambio y el reposo le sirvió para pensar.  

 Con una vieja máquina de escribir Remington prestada por el poeta Hector Gagliardi, comenzó, primero, a copiar los chistes de la revista Rico Tipo, y después a seguir creando sus propios libretos.   

A pesar del fin de las acrobacias, el éxito continuó, esta vez con el humor hablado.   

Recorrieron Latinoamérica con gran suceso, hasta que llegaron a México.   

El 10 de octubre de 1947 debutaron en El Patio, un reconocido local del Distrito Federal mexicano.

 Fueron contratados por seis semanas, pero el recibimiento fue apoteósico.  

 El cierre de la actuación era con la célebre Josephine Baker, que se aburría de esperar detrás del escenario por los continuos bises solicitados por el público al dúo Biondi-Dick..  

 A la semana de actuar en El Patio, los fue a ver el empresario de un teatro, el Esperanza Iris, para ofrecerles el número central. 

El ofrecimiento fue por 500 pesos, superando los 200 pesos diarios que recibían en el otro local.  

 Pocos días después los llamaron de otro teatro, El Tivoli.

A los 15 días de llegar a México estaban actuando en la sala más importante y en dos teatros al mismo tiempo.  

 Se empezaron a llenar de dinero.  

Biondi no lo podía creer.  

 Lo que más lo sorprendía es que podía comprarse un automóvil último modelo al contado.  

 Establecieron un record en El Patio, con cuatro meses de permanencia y Biondi consiguió su cuarto trabajo, al ser contratado por la radio con sus propios libretos.  

 Su adiós al hambre lo experesó de la siguiente manera: «Me empecé a malacostumbrar a comer todos los días».   

De ahí surgió un contrato para actuar en España y Portugal, y al volver a América, decidieron que lo mejor sería ir a México. 

 El triunfo en Cuba 

 Volvieron en el año 1952 y retornaron a El Patio y al Teatro Liceo.  

 Pero un nuevo fenómeno invadía el mundo: La televisión.  

 A los pocos días les ofrecieron actuar para la TV mejicana.  

 Primero estuvieron en un programa de variedades por un mes y luego fueron contratados por seis meses para presentar un programa exclusivo que terminó alargándose por un año y medio. 

 Se acabaron los chistes sueltos del teatro de variedades y comenzó a escribir sketchs.  

 El primero que escribió fue El filo de la navaja, que transcurría en una peluquería de barrio.  

 El éxito fue enorme, pero cuando quisieron renovarles el contrato para la televisión por cuarta vez, decidieron cambiar de aires y se fueron a probar suerte en la televisión cubana.  

Era el año 1953.  

Biondi descansó como guionista, ya que utilizaban los libretos que ya había escrito en México, modificados por e escritor cubano Alvaro de Villa.  

Tres años más tarde se produjo la separación del dúo.   

Dick sabía que Biondi era la figura y que él estaba muchas veces limitado sólo a dar el pie.  

 Por lo tanto resolvió separarse para irse a España y probar su propio número.  

 Biondi quedó solo y el éxito fue aún mayor y comenzó a ser considerado el cómico número uno del Caribe.  

 Durante los siguientes tres años condujo el programa televisivo Biondi pregunta y paga.  

 En ese mismo canal trabajaba el locutor cubano José Díaz Lastra, quien se enamoró de la hija de Pepe Biondi, Margarita Graciela.  

 Se casaron y de esta manera se convirtió en el eterno yerno de Pepe Biondi.

  Patapúfete 

 Una mañana, antes de que estallara la revolución fue interceptado por unos combatientes cubanos y fue secuestrado por una noche, para que no sea visto en la TV cubana como señal contra la dictadura de Batista. 

 Una vez pasada la hora del programa fue liberado.   

Pero la policía de Batista creyó que Biondi estaba complotado con los guerrilleros.  

Una vez instalada la revolución el 1° de enero de 1959 los propios fidelistas lo presentaron por radio y televisión como un cómico de la revolución.  

 Pero el ciclo de Biondi en Cuba había terminado y decidió viajar a Venezuela.  

 La televisión venezolana recién comenzaba y todo era muy improvisado.  

 Pero allí también tuvo un éxito rotundo.  

 Fue allí donde surgió el Patapúfete.  

 Estaba actuando en su sketch, cuando en las proximidades del set se estaban montando otras escenografías.  

 De pronto cayó un telón creando un fuerte estrépito.  

 Biondi interrumpió su línea y dijo espontáneamente Patapúfete.  

 Los otros actores y el público comenzaron a reir sin parar.  

 A partir de ahí fue su caballito de batalla.. 

 En 1961 lo llamó el cubano Goar Mestre que se había radicado en Buenos Aires, después de la revolución y estaba a cargo de la programación de Canal 13.  

La vuelta a Buenos Aires  

Su debut ante las cámaras se produjo el 7 de abril de 1961.

Viendo a Biondi fue un suceso de entrada ubicándose en el primer puesto del rating en Argentina, Uruguay, Perú, Colombia y en el canal latino de Los Angeles, California.   

Ese mismo año nació su primer nieto, Marcelo Gustavo. 

Durante los años siguientes fueron apareciendo sus personajes: Narciso Bello, Pepe Galleta, Pepe estropajo, Pepe Canario, Pepe Chantapufi, Pepe Canillita y Pepe Curdeles. 

En 1963 recibió el premio como mejor actor humorístico de APTRA. 

 Al año siguiente nació su segundo nieto, Jorge Gabriel.

A  partir de ese mismo año, Golo y Guille y más tarde Luis Carbone se agregaron a Biondi como libretistas. 

Los actores que lo acompañaron en el programa fueron su yerno Pepe Díaz Lastra, Lita Landi, Mario Fortuna (h), Mónica Grey, Luisina Brando, raúl Perrone, Delfor Cabrera, Lilian Cerasco, María esther Corán, Angel Bazo y Marianito Bauzá.  

Los ensayos los realizaba en su casa.  

Sus dos nietos participaron de Viendo a Biondi. 

En 1965 padeció una afección cardiovascular, por lo que debió operarse en Houston, Texas.  

Su aorta obstruída fue reemplazada por otra de dacrón.  

Cuando salió de la anestesia le dijo a la prensa: «¡Soy el único cómico con refuerzo de nylon!»  

Dos años más tarde lo volvieron a operar, colocándole una prótesis de plástico en la pierna. 

En 1969 terminaron sus shows para la televisión, siempre manteniéndose al tope del rating.  

Nunca más volvió a la televisión, hasta que el 1° de junio de 1975, apareció por última vez en un reportaje.  

 Allí se notaba que había cambiado, que se había vuelto un hombre más religioso.  

 Al final del reportaje dijo: «Los años no pasan para mí; se me quedan todos encima».  

 Tres meses más tarde, en la madrugada del 4 de octubre de 1975, Pepe Biondi se fue en paz luego de muchos años de lucha.  

 En el velatorio, Teresa, su mujer le dijo a Crónica: «Fue un hombre excepcional. Estuvimos casados 41 años. Creo que después de su nacimiento se rompió el molde. Fue un excelente padre, esposo y amigo. Murió durmiendo, pasó de un sueño a otro sin ningún sufrimiento como consecuencia de un paro cardíaco». 

 Pepe Biondi siguió viviendo en el corazón de los argentinos, incluso lo siguieron disfrutando los chicos que todavía no habían nacido cuando el murió.  

 Incluso hoy, en el 2008 muchos nos emocionamos, cuando escuchamos a nuestros hijos de 4 años decir Patapúfete.  

www.clownplanet.com 

 Texto extraido de

www.geocities.com/Eureka/3353/biondi.htm 

 Filmografía:– Cándida (1939) Dirección de Luis Bayón Herrera.- De Méjico Llegó el Amor (1940) Dirección de Richard Harlan.- Flecha de Oro (1940) Dirección Carlos Borcosque.- Mi Papá Tuvo la Culpa (1953) Dirección de José Díaz Morales.- Música, Mujeres y Amor (1952) Dirección Chano Urieta.- El Desastrólogo (1964) Dirección Carlos Rinaldi.- Patapúfete (1967) Dirección de Julio Saraceni.

  «¡QUE SUERTE PARA LA DESGRACIA!»

 El periodista Jorge Acosta, director del periódico La Brújula, nos presenta un artículo en el cual efectúa un recorrido por la vida de uno de los más grandes cómicos que dio la Argentina: José «Pepe» Biondi, a través de una entrevista con su única hija, Margarita.

 En esta semblanza varias hermosas e imperdibles anécdotas permiten reconocer la extraordinaria calidad humana del famoso humorista, exitoso en Cuba, México, España y, por supuesto, en su país de origen. 

 Por Jorge Acosta. «Yo quería descansar acá porque acá están mis padres. Aquí empezó mi miseria y aquí quiero terminar.»

 La frase pertenece a José «Pepe» Biondi y alude al cementerio de Lanús. 

 Tercero de 8 hermanos, Pepe nació en la Capital Federal, en el barrio de Barracas y más precisamente en Baigorri 75, el lejano 4 de septiembre de 1909, fruto del amor entre José Biondi y Ángela Cavalieri, una pareja de inmigrantes italianos.  

Allá por 1916  

Un día, Pepe estaba hacienda la vertical en la calle, en un lugar que su única hija, Margarita, no puede establecer con precisi6n.  

 Pudo haber sido en Villa Obrera, Talleres o Villa Barceló.

 En esos momentos, pasó el carromato del circo Anselmi, que estaba liderado por Chocolate, un payaso brasileño, cuyo nombre era Juan Bonamorte.  

 Cuando Chocolate vio a Pepe, pidió a la madre de éste autorización para llevárselo, con los pretextos de que le enseñaba un oficio y le pagaba un sueldo.  

Ángela creyó que, al menos, su hijo comería todos los días.

Y dio su aprobación. 

Pero antes de la despedida, colgó una medallita del cuello de Pepe.   

Chocolate le enseñaría el oficio, es cierto, en cuanto al sueldo…  

La pedagogía no era el fuerte de Bonamorte.   

«Le enseñaba a golpes y a palo limpio a hacer acrobacias. Era un chico de 7 años. Lo agarraba y le ponía la cabeza acá (por la entrepierna de Bonamorte), le doblaba las vértebras y, cuando el chico gritaba, lo tiraba a la pista y con un látigo le daba y le daba. Pienso que del mismo miedo, de los nervios, Papá hacia saltos mortales.  

 Y pensar que le decía «mi maestro»», explica Margarita. 

 El «ángel bueno» siempre en su camino. 

 A su hija, Biondi le repetía una frase que, a juzgar por las situaciones que le tocó vivir en carne propia, fue muy real. 

 «Yo fui muy desgraciado en mi vida, m’hija, pero cuando estaba peor en mi vida siempre se cruzó un ángel bueno». 

 En aquel momento, hacia 1920, el ángel bueno tenía nombre y cuerpo de mujer.

Rosita de la Plata, una «écuyère» que tenía relaciones con Bonamorte. 

 «Esta mujer, que siempre veía a Papá llorando, le preguntaba: «Josecito, ¿qué te pasa?».  

 Pero nada, nunca una palabra de Papi.  

 Hasta que se puso a observar los ensayos y veía cómo este hambre le pegaba  «¿Por qué no le pegás a la gente que se puede defender?

¿Por qué le pegás a esa pobre criatura de 11 años?

¿Cómo te atrevés a hacer una cosa así?

Mirá, si yo te vuelvo a ver que le pegás, te denuncio.

Y conmigo no tenés más que ver»», prosigue Margarita. 

-¿Cuál es la actitud de Bonamorte?  

-No le pega más -¿Continuó la relación? 

 -Siguió hasta que Bonamorte le dio una paliza terrible a Papá, con patadas y todo. 

Al parecer, Rosita logró que a Pepe se le pagara un salario.   

Empero, ese no fue el único gesto que tuvo con el sufrido joven: como lo veía tan desprotegido, le regaló un anillito de oro. 

 Tras la golpiza, Biondi, que tenía ya 14 años, decide abandonar el circo y regresar a su hogar, pero antes dejó el obsequio en el camarín de su protectora.  

 Al llegar a su casa, encontró un cuadro de miseria horrorosa, por lo que se fue a Constitución a vender diarios. 

 Tiempo después, los ruegos de Chocolate y de un tal Pachequito no bastaron para torcer la voluntad de Pepe, quien no quiso regresar al circo Anselmi. 

 En busca de una nueva oportunidad Biondi estaba convencido de que, tarde o temprano, retornaría a lo suyo: la acrobacia. 

Primero aceptó la propuesta de Napoleón Seth, un reconocido payaso, de ser el clown y la antítesis del Tony que éste interpretaba.  

 Pero Pepe era esencialmente acróbata, y la imposibilidad de incorporar un número de este tipo a la rutina que presentaban terminó dividiéndolos. 

 Luego de seis meses de inactividad, Pepe se unió a otro acróbata, Peter, con quien trabajaría algo así como un año y medio, lapso en que conoció a un inmigrante de origen ruso, Bernardo Zalman Ber Dvorkin (Dick), que sería su compañero de espectáculos durante 23 años.  

De Argentina al mundo  

«Cuando van contratados a Chile, en 1941, Papá sufre la fractura de la columna vertebral. No pueden seguir (con el mismo nivel de exigencia que el show requería).  

 Pero como le dijeron que tenia gracia contando chistes, empezó a armar pequeñas rutinas.

  Compraba la revista Rico Tipo de (José Guillermo) Divito.

Y entonces se incorporaron a trabajar en «La Cruzada del Buen Humor», de Tito Martínez del Box, de donde salieron «Los Cinco Grandes». rememora Margarita, al borde de la emoción.  

 Y añade: «Entonces (con Dick) empezaron a hacer chistes y terminaban con una prueba acrobática que Papá si podía realizar. Porque estuvo enyesado y hubo que darle calor durante un año y medio, tiempo en el que mi madre, María Teresa Moraca, debió mantener la casa con su trabajo: cantaba 22 tangos por noche, hacía 7 sketches y ganaba por ello 8 pesos. En aquel entonces, 8 pesos era plata». 

 Un habitué de El Tronío, un colmado tipo español de Buenos Aires, era don Vicente Miranda, propietario de El Patio de México, uno de los cabarets mas renombrados del territorio azteca.  

 Este empresario envió a su asistente, Alfredo Almaza, para que los contrate; a partir de ello, empezaron a trabajar fuerte.  

Fueron a México por dos semanas y se quedaron cinco meses.

 «Una anécdota es lo que sucedió con Josephine Baker, quien cerraba el espectáculo, luego de Dick y Biondi. Tanto gustaba el show de ellos que la gente pedía que hicieran varios bises. Una noche, ella se dirigió a Papá, que era tan caballero, tan buena persona, tan correcto, y le dijo: «Sr. Biondi, yo estoy vestida entre cajas, esperando que ustedes salgan.

Y vienen los aplausos, estoy perdiendo el tiempo y no puedo estar tanto tiempo de pie; entonces, voy a permitir un bis.

Si ustedes siguen hacienda bises, yo hago que la orquesta ataque y salgo, empiezo a cantar y a bailar delante de ustedes». (…)  

Al final, le rescindieron el contrato a ella, mientras que a ellos se lo renovaron y, además, cerraban el espectáculo», cuenta la primogénita del cómico. 

 En 1948, CMQ Televisión de Cuba contrata al dúo para actuar en la isla y, como solía suceder, «gustan un montón. Vuelven y van contratados a España, en donde son suceso y gustan mucho», afirma Margarita.  

A propósito de la aparición del «ángel bueno» en la vida de Biondi y del viaje del dúo a la Península Ibérica, una breve digresión que sirve para apuntalar, aún más, la hombría de bien del cómico argentino.

  Hacia 1931, Papá vivía en una pieza con el padre de Carlitos Scazziotta.

  ¡Una malaria y una miseria que Dios me libre!  Un día, Papá tomaba mate con agua fría, mientras comía una zanahoria.  

 Estaban sin laburo, una tragedia total.

Entonces, Papá dijo: «No podemos pagar el alquiler, voy a salir a buscar algo».

 Y se encontró con un muchacho al que conocía del circo. «¿Cómo te va, que decís?», preguntó éste.   

«Mal, no tenemos un mango. Estamos desesperados, no sabemos qué hacer», contestó Papá.  

 El ángel bueno siempre se le presentaba. «Mirá Biondi, yo a vos te conozco. Sé que sos un buen pibe, sos honesto. Yo te voy a llevar al restaurante El Alba (que estaba frente al Congreso).  Allí trabaja un gallego que a mí me ayudó cuando estaba en la mala; es mozo».  

 En aquellos tiempos, cuando los mozos se iban por la noche, se llevaban la comida sobrante, que no era precisamente una hamburguesa…   

Podía ser una cacerola de puchero a la española, con garbanzos, con todo.   

«A mi me dio una mano. Él tiene una pieza, pero se va a España porque ganó la lotería; se quiere ir a morir allá, porque tiene 48 años y trabajó toda la vida. Deja la pieza y el te pone un catre, el te va a hacer dormir allí  Yo te llevo porque te conozco. Pero prometeme algo: cuando consigas trabajo, te vas enseguida», agregó el muchacho.  

 Y lo llevó.  

 Y lo presentó así: «Mirá Gallego, éste es un compañero mío, se llama Josecito…».  

 «Si hijo, cómo no. Acá tiene la llave, vaya a casa que yo esta noche le llevo comida», le dijo el gallego a Papá, que ni bien llegó limpió la pieza, le lavaba las medias, lo ayudaba. 

 El tipo llegaba a la noche, «Josecito sentate», y comía.   

Entonces, Papá comenzó a buscar trabajo. 

Y como a la semana consiguió. 

«Mirá Gallego, me voy. No te doy nada porque no tengo nada.  Pero Dios ha de querer ponerte en mi camino para que yo te dé todo lo que vos me diste a mí esta semana  ¿Cuándo te vas?».  «No, hijo», respondió el gallego.  

 «Decime cuándo te vas», insistió Papá, que fue al puerto y lo despidió llorando, con los pañuelos, mientras que el otro se iba feliz de la vida en el barco a España», describe Margarita. 

En España, el dúo actuó unas dos temporadas.  

 En 1951, Pepe cumplió; todo lo dicho 20 años atrás.  

 Fue un día, al salir del teatro, luego de los ensayos.  

 En un rincón, pálido, demudado y con el sobretodo roto, estaba el gallego, quien trató a Biondi de «Su Excelencia».  

«¿Y cómo no te voy a conocer si me mataste el hambre tantas veces?», le habría recordado el popular cómico al ex mozo.   

De más está decir que Pepe le devolvió la dignidad: alquiló una pieza para el, le dio de comer y lo vistió.  

 Pero el dúo tenía otros compromisos.  

 «Decirme una cosa, Gallego. Yo me quiero ir tranquilo de España, a vos ¿qué te gusta, qué querés tener?», preguntó Biondi.  

«A mi me gusta el campo, me gustan las vacas».  

 Biondi compró una casa y una vaca para el gallego, y dejó a éste en el campo. Goar Mestre, «hacedor de exitos» 

 En 1952, la pareja debuta en la televisión azteca.  

Un año más tarde, en julio de 1953, El Show de Dick y Biondi alcanza el éxito soñado.   

Pero el dúo se separara luego de 23 años.   

Es que Dick conoció, en España, a una vedette, Trini Alonso, de la que se enamoro, con quien se casó (fue bígamo) y a la que propuso para el espectáculo que brindaba junta a su cuñado.  

 Mas las distracciones de Dick sobre el escenario, a causa de esta mujer, disgustaban a Biandi, quien puso punto final a la relación laboral con Ber Dvorkin ni bien venció el contrato que tenían en Cuba.  Pepe había perdido a un hermano. 

La disolución del dúo produjo un dolor inmenso e intenso en Biondi al punto de estar «tirado» en la cama durante una semana, llorando.  

 Y cuando estaba por armar las valijas para regresar a Buenos Aires, lo llamó Goar Mestre, un cubano «hacedor de éxitos».

Mestre era dueño de CMQ Televisión de Cuba.

 «En lugar de llamarse El Show de Dick y Biondi, se va a llamar El Show de Pepe Biondi. Yo le voy a poner un elenco a su disposición y usted ve lo que puede hacer: si gusta, se queda, y si no, se va», propuso el poderoso empresario televisivo.  

 El Show de Pepe Biondi llegó a ser el primer programa de la televisión cubana. 

 El 14 de septiembre de 1958, Biondi es secuestrado por dos miembros del Movimiento 26 de Julio, liderado por Fidel Castro, cuando estaba a punto de ingresar a los estudios Focsa.  

 Los milicianos, una mujer y un hombre, vestidos de verde oliva, le transmitieron la consigna: «En estos momentos, Cuba no debe reír».   

Este suceso bastó para que Biondi, después de siete años de éxitos, decidiera abandonar la isla de América Central, tras el homenaje de despedida que se le rindiera en el Teatro Nacional, el 30 de junio de 1960.  

 Pero antes, Mestre le dirá: «Usted y yo nos vamos a ver en Buenos Aires, para la inauguración de Canal 13». 

 Ya en la Argentina, debutó con Viendo a Biondi, el 7 de abril de 1961, por Canal 13 y de la mano de Mestre.  

 Fueron siete años triunfales, en que Viendo a Biondi -con José Pepe Díaz Lastra, Carmen Morales, Carlitos Scazziotta y Luisina Brando, entre otros- consiguió marcar 66,2 puntos de rating.  

Pero las varias operaciones que debió soportar, le impedían llevar un ritmo normal de trabajo. 

 Ultimos Dias 

 “Los cómicos salen casi todos de vacaciones: yo salgo de operaciones. En vez de gastarme la plata en mujeres, prefiero gastármela en doctores”, bromeaba Biondi.  

 En agosto de 1965 sufrió el primero de sus dos infartos y retomó el programa bajo condiciones restrictivas seis meses después.  

 Su problema circulatorio databa de 1955: le dolían las piernas al subir escaleras o incluso al caminar; le costaba desplazarse rápido en escena. 

 En sus peores momentos, tenía que sentarse cada diez minutos  

 Para 1966, el pronóstico era de tal gravedad que corría el riesgo de que le amputaran ambas piernas. 

En algunos tratamientos llegaron a aplicarle inyecciones en los nervios de la columna vertebral, que lo dejaban incapacitado por cuarenta y ocho horas: Biondi se las aplicaba los fines de semana.  

 Esos sustos le trajeron manías.  

 Se volvió muy severo con la limpieza: si notaba alguna mancha en la casa, él mismo tomaba una servilleta y se ponía a limpiar; en las confiterías revisaba con desconfianza las tazas; si el aspecto del lugar no lo convencía, pedía un té, que dejaba intacto, para justificar el sentarse a charlar con un amigo.   

Tampoco iba a comer a lugares de la farándula, salvo La Antigua Emiliana, en Corrientes y Uruguay, donde lo dejaban meterse en la cocina y usaban acero inoxidable. 

Junto con los problemas de salud, crecía la presión sobre los libretos que paulatinamente se convirtieron en blanco de los críticos más exigentes (aunque a Biondi como actor casi siempre lo dejaban a salvo).  

 “Vos ya tenés que ir rumbeando para otros lados, meterte como invitado estelar en programas como `Sábados Circulares’”, le aconsejó un alto directivo de Canal 13 a fines de los ‘60, luego de que se dejara de emitir “Viendo a Biondi”.  

 Cuando él preguntó si no había forma de volver a tener un programa propio, se le contestó: “Entonces sos un ambicioso, si no te importa nada más que eso”.  

La novedad le cayó como un balde de agua fría. 

 Sólo después de unos meses se lo contó llorando a su familia, que por entonces estaba de veraneo en Mar del Plata.  

Por las noches, mientras dormía, hacía ademanes de sus rutinas cómicas, gesticulaba como en TV, soñaba con su trabajo.  

En febrero de 1972, Canal 13 hizo un doble anuncio: el retiro definitivo de Biondi y la emisión de un programa especial de homenaje para el 10 de marzo.  

“El público tendrá oportunidad de descansar de Pepe Biondi”, dijo el homenajeado en esa ocasión.  

 Ese día se transmitió en directo, vía satélite desde Panamá, el match de boxeo entre Nicolino Locche y Alfonso “Peppermint” Frazer, por el título mundial de los welter junior.  

 Del programa despedida no hubo comentarios. 

 A pedido de Héctor Ricardo García, Biondi realizó su último trabajo a fines del ‘73 en Teleonce: “Biondirama”.   

Pese a que desde 1961 había sido su segunda casa, Canal 13 le cerraría las puertas efinitivamente.  

Su ausencia en la pantalla, sus numerosas enfermedades y el recuerdo del pasado hicieron más tristes sus últimos meses de vida.  

Sufría insomnio y pesadillas.

  Su médico de cabecera le recomendó al doctor Rubén Mario Santos, quien consiguió que Biondi no se lavara las manos nueve o más veces por día, que no usara sobretodo dentro del departamento con la estufa prendida y que no lo llamara por teléfono para calmar sus ansiedades con tanta frecuencia.   

Cierta vez María Inés Andrés le preguntó por qué se lavaba tantas veces las manos, a lo que Biondi contestó: “Usted no lo comprende, pero yo pasé muchos años entre cucarachas”.

  Los últimos meses de su vida los pasó enfermo y desgastado por las operaciones.  

Salía a caminar y se acercaba al Templo Evangélico de San Pablo, ubicado en Charcas al 4700.  

Murió en la madrugada del 4 de octubre de 1975, el día de San Francisco de Asís, su santo predilecto.  

 Poco antes de abandonar este mundo, Biondi le pidió a su hija dos cosas: que le leyera el Salmo 23 y que no lo enterrara en el panteón de Chacarita perteneciente a la Asociación de Actores sino en la tumba más humilde posible: “Si es verdad que hay otra vida y me veo en un mausoleo, me vuelvo a morir”.  

José Pepe Biondi falleció el 4 de octubre de 1975, de un síncope cardíaco, pero le sobrevivieron Pepe Galleta, Pepe Curdélez, Pepe Estropajo, Pepe Luí, Narciso Bello y el resto de los personajes que engendró en Cuba y trajo a la Argentina.  

Pepe Biondi, el irrepetible

 EN 1975 MORÍA QUIEN CON GRACIA Y CALIDAD LOGRÓ UN RATING INSUPERABLE: 66,2 PUNTOS

 Por Pablo Sirvén 

Domingo 9 de octubre de 2005

 Hace 30 años moría quien con gracia y calidad logró un rating insuperable: 66,2 puntos:

 El Señor Humor.  

 Sus agudas caricaturas de tipologías cotidianas son un clásico que el tiempo no ha logrado corroer Pasó hambre, frío y desamparo en su primera infancia.   

Era el menor de ocho hermanos, hijo de inmigrantes napolitanos que no lograban llenar todos los platos de la mesa familiar.  

 Será por eso que a los siete años fue entregado a un circo donde creció a los golpes, en el más estricto sentido de la palabra.  

 Con una crueldad disfrazada de rigor fue entrenado para lucirse como equilibrista en las alturas de la carpa del circo Anselmi, pero dos tremendos porrazos lo obligaron a cambiar el foco de su vida. 

 Cuando se reinventó como payaso, el compañero con el que conformó durante años un exitoso dúo se marchó lejos con una mujer y Biondi tuvo que aprender a hacer reír en soledad.  

En Cuba, donde fue sensación mucho antes que en su país, la República Argentina, fue víctima afortunada de un resonante secuestro por parte de la guerrilla castrista durante las decadentes postrimerías de Fulgencio Batista.

 Los futuros dueños vitalicios de la isla no se atrevieron a tocarle un pelo.

 Tampoco era fácil hacerlo: no le quedaban muchos, pero solía disimular su calva debajo de graciosos peluquines despeinados. 

 Aunque regresó a la Argentina temeroso de fracasar, ningún otro artista hasta ahora logró arrancarle el liderazgo de su tremendo rating (66,2 puntos, en 1962), pero once años en la cúspide de la popularidad (1961 a 1972) no bastaron para que Canal 13, que se benefició tanto cobijándolo durante todo ese tiempo, lo mimase en su ocaso y le diera una salida un poco más decorosa. 

 

Sufrió nueve operaciones cardíacas, dos infartos y tras trajinar tantos caminos por América latina, hace treinta años -que se cumplieron el martes último-, buscó el eterno reposo del más allá. 

 La huella que el gran Pepe Biondi ha dejado en los corazones de quienes crecimos bajo su angelical reinado es, enhorabuena, indeleble a pesar del tiempo transcurrido.  

 Los chicos de hoy, expuestos al bombardeo sexista y procaz que la televisión abierta vomita diariamente sin parar sobre ellos en cualquier horario, carecen, lamentablemente, de ese vigoroso y espectacular bálsamo de humanismo, ternura, corrección, ingenio y gracia inmaculada que, puntualmente, cada viernes, a las 21.30, durante escasa media hora, recibíamos desde su inolvidable «Viendo a Biondi» quienes lo éramos en la década del 60.  

 Ayer a la tarde, durante tres horas y media, el canal de cable Volver emitió una selección de aquellos memorables programas que aun desde su precario blanco y negro y de una candidez que hoy, paradójicamente, resulta mala palabra, lucen todavía sólidos y competitivos, como clásicos que el tiempo no ha logrado corroer. 

 Pero aquello lejos estuvo de ser producto de la casualidad y, mucho menos de la improvisación.  

 Como nadie, por entonces, se podía salvar en la TV apelando a efectismos, golpes bajos o diálogos subidos de tono como ahora, no quedaba otra que trabajar duro y parejo para conseguir la estima de la audiencia.  

Así lo cuentan Elbio Tomassini y Matías Babino en su libro «¡Patapúfete! Vida y obra de Pepe Biondi» (edición de los autores, Buenos Aires, 1996): «Los jueves por la noche -detallan- se reunía con los guionistas [nota de la redacción: Golo y Guille] para polemizar, esbozar nuevos gags y criticar a mansalva el esquema ya preparado.  

 Cuando más o menos tenían noción de cómo serían los sketchs (dos por programa), concluían la sesión. Tres días después, ellos lo tenían escrito.  

El lunes por la mañana se solía realizar una reunión para corregir posibles desprolijidades.  

 Ensayaban los libretos todos los días en una casa de velatorios de Constitución.  

 El miércoles, los actores debían tener perfectamente memorizadas sus partes.  

El objetivo de este ensayo era marcar los movimientos y la ubicación del decorado único, que era filmado por dos cámaras.  Biondi no toleraba «lagunas» ni «morcillas» (agregados de momento, no incluidos en el libreto).  

El segundo ensayo tenía lugar el jueves.  

 Los viernes, a las cuatro de la tarde, se hacían las pruebas de cámara, se maquillaban y ultimaban detalles para el ensayo general de las siete y media, sin cámara.   

Por último, hacían dos ensayos más por cada sketch con cámara, y salían al aire…»¡¡¡en vivo!!! 

 La desopilante galería de personajes de Biondi -Pepe Galleta («el único guapo en camiseta»), Pepe Curdeles («abogado, jurisconsulto y manyapapeles»), Narciso Bello («beldad de fama universal») y tantos más- no consistía en burdas imitaciones.  

 Estas eran delicadas pero agudas caricaturas sociológicas de tipologías cotidianas llevadas al absurdo ingenuo.  

 Lo gestual y el bocadillo preciso, complementados por frases que hicieron historia -«¡Qué suerte para la desgracia!», «¡Qué fenómeno, m´hijo!» y la payasesca onomatopeya «¡patapúfete!», con que remataba cada esquicio- terminaron por «imantar» hipnóticamente a la audiencia frente a su ciclo durante sucesivas temporadas. 

 «El público de todas las latitudes -Biondi dixit- es igual, siempre y cuando se le brinden sanos motivos de risa, que la comicidad se haga sobre la base del actor mismo y no burlándose del prójimo.

Lo que hacemos es trabajar una idea para que, desarrollada como sketch, tenga los tres ingredientes fundamentales a fin de que produzca el efecto buscado: situación, chiste y final.

Para hacer reír necesito la cara y un buen chiste; la cara la tengo, pero el chiste tengo que buscarlo todos los días, porque sin un buen libro no hay cómico que valga». 

 Laborioso, austero, muy familiero, Pepe Biondi nunca se mareó con el éxito colosal que tuvo en niveles a los que nadie llegó todavía y, aun así, se mantuvo fiel a Goar Mestre, que primero lo introdujo en la televisión cubana y después en la argentina.  

Pudiendo ganar mucho más dinero, nunca cedió a los cantos de sirena de Alejandro Romay, entonces «zar» indiscutible de Canal 9.  

Fue un hombre bueno, un talento único.   

A pesar de los treinta años transcurridos, a Pepe Biondi se lo sigue extrañando como el primer día por él mismo y porque nadie supo ni pudo ocupar su espacio.

 PS/

NOTA DE LA NAC&POP: Mas alla de PROARTEL, y Goar Mestre, debo decir en honor a la verdad que Pèpe Biondi era un compañero peronista. MARTIN GARCIA/N&P/<garciacmartin@gmail.com>