Por su inteligencia, lo comparábamos con George Smiley, el El Topo de John Le Carré, que con apariencia tranquila resolvía los problemas más intrincados.

NORBERTO «CROQUETA» IVANCICH: UNA HORNALLA PRENDIDA EN LA DIECIOCHO

Por Javier Fevre

Norberto Ivancich tuvo un papel central en la convocatoria  junto a Liliana Chiernajovsky y a Aída Quintar cuando armaron un ciclo de charlas con un formato similar a las de Unidos para destinatarios juveniles a las que acudieron principalmente estudiantes universitarios, muchos de ellos de la tribu conocida en esa época como los argenmex, por haber pasado su infancia y parte de la adolescencia en el país del norte.

UN RECUERDO DE LA MILITANCIA BARRIAL EN LOS OCHENTA

Norberto «Croqueta» Ivancich

Por Javier Fevre

NAC&POP

22/09/2008   

Una hornalla eternamente prendida en la que no había nada, ni siquiera la reja que la debía cubrir en una cocina diminuta.

Un baño cuya luz se prendía de afuera y el botón nunca funcionaba bien.

El living comedor plagado de libros y pilas de diarios de todas las épocas.

Media caja de pizza con medio pedazo de pizza fría arriba de otros diarios en la mesa redonda. 

Los bordes del cenicero colgando de colillas, la pava del mate arriba de una silla enclenque. 

El dueño de casa fumando, riendo, gritando, hablando, escuchando, cabeceando de sueño, sentado en una sillas ubicado estratégicamente entre la mesa y el teléfono. 

Tres o cuatro pibes desaliñados de alrededor de 20 años discutiendo a los gritos entre ellos, o asumiendo un silencio respetuoso ante el torrente de sus palabras.

Ese era el panorama que podía verse muchas medianoches en un departamento de la calle Cerviño casi esquina Ugarteche primer piso contrafrente, donde Norberto Ivancich recibía en la segunda mitad de los ochenta a jóvenes recién llegados a la militancia política al calor de la promesa de la renovación del peronismo.

Algún lector avezado del padrón electoral hubiera podido notar que, en la entonces Capital Federal, y en la que aún sigue siendo la circunscripción dieciocho, se había producido un fenómeno de radicaciones en el domicilio Gurruchaga 1581.

Sin embargo, no parecía haber razones de carácter habitacional que la sustentaran.

La zona aún no era conocida como Palermo Soho, apetecida por ninguna movida, ni había ningún mega emprendimiento inmobiliario.  

La explicación de estas mudanzas estaba dada por el hecho de que esos jóvenes provenientes de distintos barrios porteños querían hacer algo específicamente en ese lugar.

Había una explicación poco frecuente para esa época: un grupo político con base en la zona tenía un poder de convocatoria inusual.   

En la vieja casa chorizo de Gurruchaga 1581, combatían por sus habitaciones dos entidades diferenciadas. 

Por un lado se encontraba la Unidad Básica Unidad Nacional y por otro se encontraba la revista-libro Unidos.

Aunque la diferencia entre ambas era apenas formal, la cantidad de gente convocada por una y/o por la otra obligaba a programar cuidadosamente las actividades para contar con espacio, aunque rara vez podían mantenerse conversaciones con un nivel mínimo de reserva por lo que era muy habitual que las mesas chicas o no tanto se trasladaran al bar El Taller en la esquina de Serrano y Honduras.

El mundo de la revista estaba integrado por todos los que se acercaban a las charlas de los martes, las de los miércoles, las de los viernes y al final las de casi todos los días.

Se veía pasar a gente afín al peronismo que tenía cosas para decir más allá del distinto grado de adhesión que suscitara.

Entre los expositores y los que escribían en la revista estuvieron además de nuestro Norberto Ivancich, Mario Wainfeld, Chacho Álvarez, Quico Marafioti, Arturo Armada, Horacio González, Alcira Argumedo, Mona Moncalvillo, Ernesto López, Hugo Chumbita, Felipe Solá, Claudio Lozano, Artemio López, Darío Alessandro, Esteban Righi, Envar el Kadri, Vicente Palermo, Carlos Tomada, Alberto Ure, Alfredo Moffat, Julio Godio, Floreal Forni, Juan Sasturain, Carlos Mundt, Abel Fleitas Ortiz de Rosas, Daniel García Delgado, Alvaro Abós, Oscar Landi, Adriana Puiggros, Irma Roy y Antonio Cafiero.

Todos ellos eran acompañados principalmente por gente que andaba por los treinta y pico cuyos vínculos habían sobrevivido a la militancia en los 70, a la decepción de las elecciones del 83 y a la conformación de la dirigencia y el perfil del peronismo post dictadura.

Si bien muchas personas que acudieron a la convocatoria de la revista mantuvieron su propio grupo de pertenencia, alrededor del núcleo principal se fueron acercando militantes con la pretensión de armar un grupo con identidad propia.

Así, por ejemplo el llamado grupo de los martes terminó abriendo su propia unidad básica (en el marco de una estrategia conjunta de desarrollo territorial) a pocas cuadras en Serrano y Jufre, y al grupo estable de Gurruchaga se empezó a sumar un grupo numeroso de jóvenes que comenzó a “mudarse” al barrio.

Norberto tuvo un papel central en esta convocatoria cuando junto a Liliana Chiernajovsky y a Aída Quintar armó un ciclo de charlas con un formato similar a las  de Unidos para destinatarios juveniles a las que acudieron principalmente estudiantes universitarios, muchos de ellos de la tribu conocida en esa época como los argenmex, por haber pasado su infancia y parte de la adolescencia en el país del norte.

Engrosadas las tropas por estas convocatorias, aún la inserción territorial en la circunscripción era menor en relación con otros caciques históricos – con uno de ellos en particular había una excelente relación pero pertenecía a otra orgánica-, aunque no dejaba de ser considerable.

A mediados del año 86 las unidades básicas aliadas en la capital eran muy pocas: el fatalismo de la 8º era el grupo con mayor peso territorial, Alberto y Elsa Migones en la 25º, Pedro Gallardo y Daniel Zárate en la 22º.

Un poco más lejos, Fernando Muñoz en la 7º y el grupo universitario (UBA-Económicas) de Luis Serral completaban el grupo. Sin embargo la renovación, a la que adscribíamos, venía avanzando dentro del peronismo. 

En el mes de marzo se había hecho el congreso de Parque Norte y en mayo sus tres principales referentes, Carlos Grosso, Antonio Cafiero y Carlos Menem habían hablado en un multitudinario acto en la Plaza Once. Justamente Carlos Grosso conducía el  PJ Capital de la calle Ayacucho, montado sobre lo que se conocía como “el sistema de las agrupaciones”: Victoria Peronista de Jorge Argüello y Eduardo Valdez, el FUP de Eduardo Vaca y una sigla irrecordable de Miguel Ángel Toma.

Grosso además fue un ferviente defensor –y quizás inventor – de la teoría de la frutilla, que en resumidas cuentas consistía en aceptar la presencia de militantes en las listas, pero con la condición de que estas fueran encabezadas por alguna “figura” emblemática del peronismo sin pertenencia agrupacional ni construcción política propia. 

Grosso era más proclive a aceptar a que sus listas fueran encabezadas por Raúl Matera, Jorge Domínguez o Carlos Ruckauf, que ciertamente no expresaban renovación alguna, antes que otros militantes quizás menos conocidos para los electores, pero con ideas y prácticas más cercanas al sentido común de la época.

Esa contradicción de Carlos Grosso de ser el principal dirigente renovador del distrito y elegir candidatos arcaicos para encabezar las listas del Partido fue evidente en un acto de la juventud peronista en la Federación de Box, en el que ingresó al estadio repleto con su candidato a diputado nacional, Carlos Federico, quien fue saludado por las gradas al grito de “y ya lo ve, es el ministro de Isabel”, hecho que produjo el estupor del líder y su retiro inmediato del evento.  

Unos días después, a través de Norberto (quien no estuvo en persona en el acto, pero siempre presente), supimos que el acto fue descalificado por el referente máximo de la renovación en Capital como el acto del porro y el tetrabrick, como si la militancia juvenil de la época sólo bajo esos efectos pudiera tener- o quizás expresar – esa percepción respecto del candidato “frutilla”.

Ante ese panorama en la conducción del PJ Capital, a la que se solía calificar como una vertiente renovadora que copiaba los métodos gerenciales de la coordinadora radical, era lógico que Norberto y todo el grupo Unidos no sintiera demasiada afinidad por el grossismo y que este tratamiento fuera recíproco.

La renovación, que ya era oficialismo en el PJ Capital, recién llegó a ser oficialismo en el PJ Bonaerense en las internas de noviembre conducido por Antonio Cafiero, con quien Norberto y muchos integrantes del grupo mantenían relaciones por haber integrado la agrupación 30 de Marzo del M.U.S.O. (Movimiento, Unidad, Solidaridad y Organización) en los albores de la democracia.

El calendario electoral determinaba que el PJ Capital tuviera elecciones internas para elección de diputados, concejales y consejeros vecinales el 21 de diciembre de 1986, lo que planteó al grupo de qué manera participar en ellas. 

No se llegó a acuerdos para participar en las listas de diputados ni de concejales, por lo que parecía que no íbamos a participar en la campaña, pero respecto de la elección de candidatos a consejeros vecinales se planteó una situación curiosa que culminó con que el grupo conquistara su primer cargo electivo.

La elección para consejeros vecinales tenía la particularidad de unir a dos circunscripciones bastante grandes como la 17º y la 18º en las que predominaban ampliamente grupos con una misma orgánica (Victoria Peronista).  

La lucha por encabezar la lista hizo que el grupo hegemónico de cada circunscripción armara su propia lista y buscara un grupo aliado en la otra.  

Así, el Gordo Castells, destacado militante del FUP con una pequeña base en la 18º apareció un día por Gurruchaga trayendo al Tano Salvatori, representante del grupo hegemónico de la 17º proponiendo a nuestro grupo trabajar su lista incorporando un candidato nuestro en segundo término. 

Eso permitió que Hipólito Covarrubias, entonces secretario general de la Unidad Básica Unidad Nacional fuera inesperadamente candidato del PJ a consejero vecinal, cargo al que accedió luego de las elecciones nacionales de fines del 1987.

Norberto, que tenía en esa época una estrecha relación política y personal con Hipólito, participó en esa interna como militante territorial, es decir tocando algunos timbres y volanteando, pero especialmente llamando por teléfono a la gran cantidad de profesionales de la circunscripción.

En esos momentos tenía alguna participación institucional en el PJ en el sector de profesionales, pero la política universitaria y el armado político en capital eran sus principales ocupaciones.

Para la misma época de la interna, los militantes del pequeño grupo tuvimos que trabajar (pegar afiches, repartir volantes, etc.) para la Carpa de la Cultura Nacional y Popular que el grupo Unidos (especialmente la revista, con Marta Cichero como coordinadora) instaló en Diagonal Norte entre el Obelisco y Libertad durante tres días en la que desfilaron gran cantidad de artistas y espectáculos.

Estas tareas simultáneas, especialmente por la escasez de recursos humanos y materiales, generaron algunas discusiones y roces entre los que privilegiaban una por sobre la otra, en las que se manifestaban algunos recelos mutuos subyacentes y que continuaron durante buena parte de ese lustro.  

Algunos veían el trabajo por la inserción territorial como algo menor, berreta, porotero y punteril, mientras que otros veían al trabajo político centrado en lo cultural como algo mediático, vanal e improductivo.

Norberto solía encontrar innumerables argumentos para destrozar ambas visiones reduccionistas, y si bien no idealizaba ninguna tarea, las ponía en una perspectiva en las que nos las mostraba como compatibles y complementarias destacando su carácter instrumental.

A veces, parecía que no llegaba a definirse si el grupo quería construir políticamente una identidad propia con raigambre territorial, o si se contentaba en tener una tribuna en la cual exponer y desde la cual posicionar a sus principales figuras.

No es que nadie ignorara la importancia de lograr tener una presencia territorial en el PJ Capital, pero la tarea parecía constituir un desafío enorme para un grupo con escasos recursos y una visión muy particular de la forma en que debía construirse políticamente.

Afortunadamente, la victoria de Antonio Cafiero en las elecciones nacionales del 87 acabó con todas esas dudas y especulaciones.

Al mismo tiempo que muchos integrantes del grupo, incluido Norberto, fueron a trabajar a distintas áreas del gobierno con sede el La Plata  – especialmente educación, donde tenía un rol importante Irma Parentella -, muchos militantes empezaron a acercarse a los locales del grupo en Capital.

El grupo se transformó implícitamente en el cafierismo de la Capital, especialmente luego de celebrar, con la excusa del aniversario de la revista Unidos, un acto multitudinario en Casa Suiza con Antonio Cafiero como principal orador.

Así dadas las cosas se conformó formalmente, por fin, una agrupación política en la Capital, formada por lo que se conocía como el grupo Unidos (intelectual y territorial), los militantes de ATE nucleados alrededor de Germán Abdala  y militantes que se sumaron a la convocatoria individualmente, con su propia unidad básica, agrupación gremial o lo que hubiera.

La promesa era renovar la política, renovar el sindicalismo y todo lo que se cruzara por el camino.  Era uno de esos momentos en que parece de una vez por todas todo lo que siempre se soñó se iba a poder lograr.

Un plenario en la UB de La Rioja y San Juan consagró el nacimiento del MRP (Movimiento Renovador Peronista) con una conducción colegiada y una estructura frentista y abierta.  

Norberto condujo uno de los frentes centrado en los profesionales y lo universitario y como responsable de ese frente también era miembro de la conducción del MRP.   

La estructura era tan abierta que se juntaba más gente en una reunión de conducción que para salir a pintar paredes a la madrugada.

El primer acto público masivo del MRP fue para festejar el día de la militancia, el 17 de noviembre del 87 en Corrientes casi esquina Callao, en la que tuvo una muy discutida participación el grupo Resistencia Peronista, encabezado por Jorge Reyna, mirado con recelo por muchos militantes, incluido Norberto, a pesar de la consideración que nos merecía su referente juvenil, Jorge Pizarro, con quien – al igual que con otros dirigentes juveniles – Norberto mantenía largas conversaciones.

La campaña en apoyo a la candidatura de Cafiero a presidente de la Nación, fue el marco en que se desarrolló el crecimiento territorial del MRP en Capital. 

Esta expansión se vio reflejada, entre otras cosas, en la masiva asistencia a un acto de la campaña en Autopista Center, en que la columna del MRP fue una de las más numerosas y entusiasta.

Del lado del cafierismo en Capital había quedado encolumnado casi todo el partido, excepto algunos sectores que institucionalmente estaban en los márgenes como el Peronismo Revolucionario, Liberación o algunas personalidades aisladas, por lo que se presumía una amplia victoria en el distrito y una ajustada victoria en la Nación (se hablaba por ejemplo de la ausencia de fiscales cafieristas en Catamarca y La Rioja).

Una vez más Norberto tuvo gran actividad en la campaña, ya sea redactando artículos o discursos, llamando a los vecinos de la circunscripción a votar o discutiendo largas horas con los militantes.

Sin embargo, en la interna presidencial del 9 de julio de 1988 el resultado no fue el que esperábamos.  

En la 18º  ganamos, en la Capital ganamos ahí nomás y en la Nación perdimos mal.  

La catástrofe electoral fue tan inesperada como violenta: Carlos Menem sería el candidato del justicialismo a la presidencia de la Nación.

Se sabía que quien ganara en la interna del peronismo iba a ser el próximo presidente de la Nación.

También se percibía que las visiones sobre el peronismo y sobre el país eran demasiado diferentes como para encolumnarse graciosamente si el vencedor no era Cafiero.  

Habíamos creído tanto en nuestro candidato y las fuerzas políticas reunidas tras él que nos parecía intolerable su derrota.

El desdoblamiento de las elecciones internas, solicitado por Carlos Menem (pensando en que la estructura caudillos locales del PJ oficial iba a arrastrar votos a favor de su rival) y aceptado por Cafiero (para evitar la ruptura del PJ), puso en el calendario electoral el mes de noviembre de 1988, como la fecha en que se definirían los candidatos a diputados, concejales y autoridades partidarias. 

Entre los distintos planteos que hubo, al final se impuso el que planteaba armar una lista del cafierismo de la Capital para enfrentar a los candidatos del riojano.  

Esto produjo el acercamiento entre el grossismo y el MRP, que acompañó ese planteo integrando las distintas listas a cargos electivos.

Así, en las listas de diputados quedaron Chacho Álvarez (3º) y Germán Abdala (5º) y en la de concejales Néstor Bilancieri (7º). 

Norberto aceptó este planteo de unidad del cafierismo que incluía también a otros popes territoriales (Juan Carlos Suardi, Raúl Padró) o gremiales (Amadeo Genta), a los que no se suponía muy afines, pero no pudo con su genio y fue uno de los principales actores en el armado de una lista alternativa de representantes de los profesionales en el consejo partidario (en la que ocupó uno de los lugares principales su amigo Jorge Etcharrán) enfrentando a la lista grossista de Pajarito Grabois.

En noviembre se produjo el esperado enfrentamiento que, esta vez, resulto favorable a nuestras fuerzas.  

La lista del cafierismo ganó mayoría y minoría para diputados y concejales, y la lista Participación triunfó en profesionales.

El ánimo de revancha que había en los militantes de la 18º y del MRP en general hizo que en esta elección se pusieran todas las fuerzas que quedaban como si fuera la batalla final.  

Norberto no se cansó de recorrer el padrón una y otra vez enviando volantes y llamando por teléfono a todos los potenciales votantes de profesionales.  

El resto de la unidad básica trabajó esa lista como si fuera lo único que había que hacer. 

Aunque pareciera algo menor, y seguramente no va a quedar reflejada en los libros de historia, la interna de noviembre del 88 nos demostró que aún estábamos vivos y que  seguíamos luchando por lo que creíamos.

Parecía que íbamos a retomar el camino que nos habíamos propuesto, aunque no sabíamos muy bien desde que lugar, y que la derrota de julio había sido un tropezón pero no una caída.  

Había que encontrarle la vuelta pero todavía había muchas cosas que se podían hacer.

Sin embargo, los tiempos que vivía el país no ayudaban demasiado a mantener ese espíritu en alto.

El clima estaba bastante enrarecido.  

A la violencia (siempre sospechada de premeditada) con que el gobierno radical reprimió a la movilización de la CGT con la excusa de la ruptura de la vidriera de Modart en Avenida de Mayo y Perú, se le sumó en diciembre de 1988 un violento levantamiento militar carapintada en Villa Martelli encabezado por Seineldín  y en enero de 1989 el MTP copó el regimiento de La Tablada.  

En febrero el dólar estalló y se desató un proceso brutal de inflación con recesión.

Todas estas circunstancias no sólo afectaron la estrategia política del grupo.  

Ese cóctel, sumado a la derrota de julio del 88, fue enormemente desmovilizador.  

La caída de la concurrencia a las unidades básicas fue muy significativa.  

Costaba mucho juntar a la gente para participar, inclusive a algunos que habían sido el pulmón en sus propios locales.

En el marco de ese panorama francamente desalentador, se abrió el debate en el seno de un debilitado MRP sobre que hacer con la campaña y con el PJ en general.

Casi nadie confiaba en el candidato a presidente del partido, pero ante el descalabro general y las alternativas que se planteaban muchos empezamos a mirarlo con cierta benevolencia y expectativa.

En los plenarios que se hacían en el auditorio de ATE se empezaban a entonar algunos tímidos cantos que contenían el lema Menem presidente.

Especialmente la juventud, sin historia política (con menos decepciones acumuladas que las otras generaciones) y atraída por el proceso renovador pero también por la raigambre popular del peronismo, quería encontrarle virtudes al que hasta hacía poco había sido casi la personificación del mal. 

En ese marco, cantar por Menem casi podía parecer contestatario.

Un acto en el microestadio de Vélez en el que el PJ de Capital sirvió para graficar las tensiones que se vivían.  

Se trató de una cena masiva en la que el peronismo renovador victorioso en la interna de su distrito, recibía al candidato presidencial.

El clima general variaba entre la resignación y la euforia.  

El grueso del MRP de la 18º había hecho en colectivo el trayecto desde Palermo hasta Liniers, cantando algunas clásicas canciones políticas de la época, pero con el ánimo bastante temporizador.  

Además la prédica de la convocatoria previa al acto era abandonar sectarismos y convivir con el conjunto del PJ.

No fue fácil.  

Para un observador externo hubiera sido difícil identificar ese evento como el encuentro entre el candidato a presidente y la militancia que lo apoyaba.  

En las áreas del microestadio más alejadas del escenario, motivada en parte por la pobreza del discurso del candidato, parte de la militancia se paró arriba de las mesas y entonó hirientes estrofas de la campaña en su repudio.

Era evidente que parte de las diferencias que alinearon a sectores del peronismo detrás de cada uno de los candidatos no se habían saldado con la elección interna.

El tiempo demostró que, para muchos militantes, nunca se saldarían. 

Eso era lo que presentía Norberto cuando enumeraba las cuentas que el candidato presidencial del peronismo en el 89 debía rendir para lograr su adhesión.

Publicó en Unidos, en un momento en que muchos cafieristas se planteaban la mejor manera de sumarse al menemismo,  “Desdeño las romanzas de los tenores huecos”, un artículo sincero en el que lamentaba la victoria de la fórmula Menem-Duhalde y condicionaba su voto en las elecciones generales y la legitimidad del nuevo gobierno a que “integre las demandas sociales de nuestro pueblo”.

No era extraño que Norberto actuara sin pensar en su conveniencia.  

Para él importaban sus convicciones y se sentía responsable de ellas.

Sus convicciones no eran un aspecto que pudiera ser escindible de su persona o dejado de lado según razones de oportunidad, mérito o conveniencia. 

El grupo de juventud de lo que fue el MRP de la 18º lo había elegido, parecía que a su pesar, como referente, oráculo, consultor, confesor, mediador.  

Cuando no se había contado con su consejo oportuno para una acción en particular, se buscaba afanosamente contar con su aprobación posterior que nunca era fácil de obtener. 

Siempre nos cuestionaba y nos obligaba a pensar. 

Ninguna charla con él era en vano aunque para poder hacerlo hubiera que tratar de ubicarlo al teléfono de su casa después de las 2 de la mañana y la conversación telefónica se extendiera hasta que hiciera falta.

Por su inteligencia, su humor corrosivo y lo agudo de su pensamiento, lo comparábamos con George Smiley, el personaje de El Topo de John Le Carré, quien con su apariencia tranquila y reflexiva, desencadenaba las más brillantes acciones y resolvía los problemas más intrincados de la inteligencia de su país.

Seguramente nuestras batallas eran menores para las que había transitado a lo largo de su militancia y para las que protagonizaba incluso en esos momentos.  

Sin embargo, nos hacía sentir que estábamos en el centro de la historia y que con su consejo podíamos ser parte de la construcción de algo mejor. 

Nadie podrá reemplazarlo.  

Sería una carga muy injusta para cualquiera.  

Pero podemos rendirle homenaje, como a él le hubiera gustado, desafiando nuestras propias ideas, el conformismo, la pereza y la frivolidad en el campo al que por excelencia perteneció, el del pensamiento y la actividad vinculadas a la política como herramienta para la transformación del estado al servicio de la sociedad. JF/

NOTA DE LA NAC&POP: Entre los festejos de la Agrupación Oesterheld al cumplir sus primeros 10 años de vida, se inauguraron diez posters en homenaje a los compañeros queridos, como Lita Artola, Gerardo Vallejo; Jose de San Martín, Felipe Vallesse, Ricardo Barreiro; Carlos Paz, Juan Berenc; Vicente Infantino; Helba Ferreyra y Norberto Ivancich. Desde el primer lunes de 2008, “Croqueta” nos acompaña en las noches de la Oesterheld en el Bauen, en la Mesa de los Sueños de los Compañeros de Utopías con su sonrisa y su alientoMARTIN GARCIA / NAC&POP /<garciacmartin@gmail.com>