Fue capaz de descifrar el sentido y las fuerzas históricas que se desplegaban con el gobierno de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina Fernández, después.

ALBERTO GUERBEROF ¡ PRESENTE ! ¡VIVA LA IZQUIERDA NACIONAL! ¡VIVA LA PATRIA!

Por Horacio Cesarini y Julio Fernandez Baraibar

Fundador del FIP, del que fue su Secretario General, dejó el rastro imborrable de sus convicciones políticas y de su serena y férrea conducción.  Guerbe fue un marxista nacional, un socialista bolivariano, un revolucionario íntegro y la más lúcida expresión política de la Izquierda Nacional del nuevo siglo, pero por sobre todo el mejor compañero.

Por Horacio Cesarini

 NAC&POP

01/07/2008

Cuando lo visitamos con Rafael Bernal, con la firmeza y claridad de siempre, se manifestaba sobre el momento que vivía la Argentina y América Latina, insistiendo en que debíamos mantener nuestra independencia política y  «luchar» por los ideales que nos unen hasta el último aliento.

 Desde su patria chica de Caseros, en el Gran Buenos Aires, donde había desarrollado su primera actividad política, toma contacto con el Colorado Ramos y atraído por su interpretación de la Argentina y de una posición que enfrentaba la historia y la cultura coloniales desde un marxismo nacional del que ya se presagiaba una nueva ideología para los revolucionarios de esta parte del planeta, se incorpora al PSIN, el Partido Socialista de la Izquierda Nacional, donde rápidamente ocupa cargos nacionales.

 Fundador del FIP, del que fue su Secretario General, dejó el rastro imborrable de sus convicciones políticas y de su serena y férrea conducción.

 Los que compartimos con él la militancia de todos los días podemos afirmar que también Guerbe esta en cada línea de las revista “Izquierda Nacional” y “Política”  y los periódicos «Izquierda Popular» y «La Patria Grande».

 Jamás se dejó llevar ni se dejó tentar por nada que contradijera su postura política en la búsqueda de un camino hacia la revolución nacional.

 A pesar de la frialdad que lo caracterizaba, no pudo ocultar como muchos otros, el dolor que le causó la ruptura con su maestro, el Colorado Ramos.

 Pero Alberto ya era un verdadero Jefe Político, ese cargo que no se hereda y que no existe en los estatutos de ningún partido y que sólo es patrimonio de unos pocos.

 No aceptaba bajo ninguna presión que nos dicten las políticas que debíamos seguir y se puso al frente, junto a Blas Alberti, del Movimiento Antiimperialista 2 de Abril, en un esfuerzo -contra la corriente neoliberal- de mantener unido a los compañeros en la causa de la Izquierda Nacional.

 En 1995, cuando la visita del Comandante Chávez a la Argentina, encabezó la delegación que lo visitó. Guerbe no dudó. Mientras toda la izquierda portuaria y la progresía consideraban al líder militar venezolano un » fascista golpista «, él entrevió que se avecinaba una nueva época. No se equivocó.

 Arrancamos el nuevo siglo con Causa Popular, un nuevo nombre para el reagrupamiento pero con las mismas divisas y esperanzas. 

 Ante los preanuncios revolucionarios que sacudieron y sacuden a Suramérica, Guerbe sostuvo que «el fantasma de la Izquierda Nacional» recorría la región, que las banderas de Jorge Abelardo Ramos se agitaban por primera vez en las manos de miles de trabajadores y desposeídos de la América Latina que habíamos soñado unida.

 Escribió “Izquierda Colonial y Socialismo Criollo” y “Cambio de Mano: Del Neoliberalismo a la Revolución Nacional”, dos libros destinados a reafirmar la visión sobre el “socialismo criollo” al que consideraba enraizado en el suelo social de la Argentina y a denunciar tanto a la depredación neoliberal como a sus variantes socialdemócratas.

 Escribió cientos de artículos destinados a reafirmar la necesidad de reformular un proyecto patriótico que reúna a las fuerzas sociales y políticas de la revolución nacional.

 Dirigió la revista Cauce Latinoamericano y dos años atrás fundábamos ediciones caminopropio, cuyo primer título fue “Jorge Abelardo Ramos y la Unión Suramericana” de Solíz Rada y el quinto iba a ser el tercer libro de su autoría.

 Guerbe fue un marxista nacional, un socialista bolivariano, un revolucionario íntegro y la más lúcida expresión política de la Izquierda Nacional del nuevo siglo, pero por sobre todo el mejor compañero.

 Un maratónico militante que escapaba a los honores y rechazaba todo elogio 

 El guía en medio de la turbulenta vida nacional que nos dejó el claro aviso  de que la Izquierda Nacional merece otra oportunidad.

 Al desaparecer deja un vacío político tan enorme como su vida ejemplar.

 Sus hijos, su familia, sus compañeros y amigos sabemos que fue un hombre sin tacha, un gran argentino y un gran tipo.

 Esperó la muerte sin transmitir la angustia del final previsible y sin gestos trágicos.

 Le llegó de noche, 34 años después que lloramos la muerte de Perón.

Seguro que soñando con una Argentina soberana, independiente, justa y socialista.

 No hay saludo mas doloroso que el que no tiene respuesta.

 Chau Guerbe.

 HC/

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GUERBE

Por Julio Fernández Baraibar

Compañeros y amigos:

 Alberto Guerberof, fue un notable militante revolucionario, un gran dirigente  político y un destacado pensador de la Izquierda Nacional.

 Tengo en mi memoria maravillosos recuerdos de nuestra juventud, de nuestra lucha para construir un gran movimiento liberador en  nuestra patria, de largos y agotadores viajes cruzando el país a bordo de  su pequeño Fiat 600, de pequeñas reuniones de células y de grandes movilizaciones populares.

 Nuestra pasión común, la política, la voluntad de liberar nuestra patria de las garras del imperialismo y de transformar las condiciones de  existencia de nuestros compatriotas, nos acercó y nos alejó a lo largo de estos últimos cuarenta años, sin modificar ni un ápice la fraternidad, el  respeto y la estima que tuve hacia su magnífica persona.

 Con Guerbe se va uno de los últimos de la vieja guardia creadora de la  Izquierda Nacional y cuyas banderas desplegó sin claudicación en el medio  del tornado contrarrevolucionario que transformó la Argentina y el mundo  que conocimos a fines de los años sesenta.

 Supo entrever el fin de esa ola contrarrevolucionaria y descubrir el nuevo torrente de los pueblos latinoamericanos.

 Entendió el sentido y las  fuerzas históricas que impulsaban a Hugo Chávez y la revolución  bolivariana.

 Pero también fue capaz de descifrar el sentido y las fuerzas  históricas que se desplegaban con el gobierno de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina Fernández, después.

 En el medio de una intelligentzia, que  desde un fundamentalismo nacionalista o un maximalismo socialista, se unía  a los enemigos clásicos del pueblo argentino para resistir el nuevo rumbo  impuesto al Estado y, fundamentalmente, su política suramericana, Alberto Guerberof percibió, y así lo explicó con firmeza y paciencia, que detrás  de las debilidades y errores, producto fundamentalmente de cuarenta años  de sistemático retroceso, el pueblo argentino había vuelto por sus fueros  y una vez más alzaba sus banderas de independencia, soberanía y justicia  social.

 Mis respetos y un profundo abrazo a los amigos que acompañaron a Alberto Guerberof en su militancia final.

 Y mi reiterado compromiso con la puesta en marcha de una Izquierda Nacional, amplia, generosa y abierta a las nuevas generaciones y al nuevo siglo, que fue la última batalla de nuestro querido compañero.

 JFB/

N&P: El Correo-e del autor es Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar@gmail.com  /  fernandezbaraibar@yahoo.com.ar

Skype: julio.fernandez.baraibar 

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