VIGENCIA DE RODOLFO KUSCH

Fernando de Sá Souza

Kush realizó profundas investigaciones de campo sobre el pensamiento indígena y popular americano como base de su reflexión filosófica.

 

VIGENCIA DE RODOLFO KUSCH


Por Fernando de Sá Souza

Hace veintinueve años, el 30 de setiembre de 1979, moría en Buenos Aires Günnter Rodolfo Kusch, autor de algunas de las búsquedas más desafiantes del pensamiento nacional.

Nació en Buenos Aires el 25 de junio de 1922, obtuvo el título de Profesor de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires.

Realizó profundas investigaciones de campo sobre el pensamiento indígena y popular americano como base de su reflexión filosófica.  

Sus obras completas, de reciente publicación, despiertan el interés de una nueva generación de pensadores argentinos y latinoamericanos.  

Además escribió varias obras teatrales y una amplia colección de artículos y conferencias sobre estética americana. Incluso el tango fue uno de sus temas predilectos.           

En 1989, a diez años de su muerte, en los considerandos de un proyecto de homenaje de la Cámara de Diputados de la Nación se decía :«… uno de los pensadores más importantes no sólo de la Argentina sino de América, considerado por algunos un «maldito» más, de esos que pueblan nuestra historia y cultura, y por ello silenciado y negado por los cenáculos de la cultura oficial …»

Su obra mereció la atención de autores argentinos y extranjeros.  

De una vasta bibliografía queremos rescatar esta cita del libro «Filosofía a la Intemperie – Kusch: Ontología desde América» de Nerva Bordas de Rojas Paz: «En estas afirmaciones se enmarca su afán: una forma de escencializar a partir de un horizonte propio, un «…encontrar un sentido en el mundo precolombino y en el americano actual» (Geocultura del Hombre Americano).  

En síntesis: el encuentro con lo americano. (…)  Implica al indígena y al mestizo; también al hombre de la ciudad o del campo, autores del discurso popular a partir del cual despliega su filosofía».

De las muchas claves posibles que su obra convoca, hoy queremos detenernos – a modo de brevísimo homenaje – en la relación entre tecnología y cultura.  

Quizás porque pensamos este artículo para un sitio web.  

Probablemente porque la tecnología todavía hoy se relaciona de un modo traumático con la cultura nacional.

Esta clave – tecnología y cultura – nos permite, implicitamente, aquello que, a nuestro juicio, es el requerimiento más legítimo a la obra de Rodolfo Kusch: ¿Pueden sus categorías y proposiciones dar cuenta del «aquí y ahora» que nos plantea esta posmodernidad periférica que se pretende imponernos?

Ya en América Profunda – publicada por primera vez en 1962 – había tomado en cuenta esta relación partiendo del utensilio: «El hacha de piedra y la máquina a vapor son formas de relación entre hombre y mundo, y responden en todo caso a una forma de limitación de lo humano frente a la naturaleza. (…)
La diferencia está en último caso, en que la vinculación se hace ante todo entre hombres y dentro de la ciudad, de modo que el ciclo se cierra en el plano humano y se soslaya la naturaleza. (…)
La mutilación que parece afectar a la existencia humana, en tanto depende del mundo para su subsistencia, es recompuesta especialmente por el utensilio».
(América Profunda – 116)

Este superar por el utensilio el miedo original va a alcanzar su máxima expresión en la cultura estadounidense y Kusch elaborará la categoría de los «sucedaneos» como forma de compensación: «… estamos ante un mundo que necesita compensaciones para poder vivir. Y una de las grandes compensaciones consiste precisamente en reemplazar la religión por la tecnocracia, como otra forma de mitología colectiva. Lo peor del caso es que Estados Unidos no puede advertir este grado de compromiso que tiene con los sucedáneos. Más bien le cuadra a Sudamérica el papel de advertirlo» (ídem – 132)

¿Y cómo andamos con la tecnología en este fondo sudamericano que es la Argentina?  ¿Logramos separar el utensilio de los sucedáneos?  

O agravando la situación que Kusch advertía hace más de 40 años ni siquiera somos capaces de crear nuestras propias compensaciones y terminamos copiando sucedáneos ajenos en los cuales tampoco creemos del todo.  

No hace mucho escuchamos a un importante consultor en tecnología informática cuyo nombre no viene al caso, decir, en una no menos importante universidad privada que para implantar el gobierno electrónico en la República Argentina habría que entrar al estado con una «goma grandota» y borrar la cultura del sector público.

Muy parecido a aquel viejo mito desarrollista que se proponía «mutar el ethos» del pueblo para lograr, de una vez por todas, el tan ansiado desarrollo económico. «Una mutación real sólo se podría llevar a cabo sustituyendo los sujetos y eso es inhumano» respondería Kusch en Geocultura del Hombre Americano.

La técnica, en Occidente, decía Kusch es parte de un mito todavía mayor: el dominio y la transformación de la naturaleza por el hombre: «Llegan incluso a afirmar, no sin cierta maestría, que el único medio para lograr su ser es mediante la técnica». (ídem – 81)

Claro que «… la transformación es relativa. Si hacemos estallar a la tierra con una bomba de hidrógeno, apenas si habremos transformado una milésima parte de la naturaleza». (ídem)          

Por este camino desmantelaba la supuesta omnipotencia de la tecnología por sobre la naturaleza misma.

Es que, instalado en América, Occidente necesita para recrear su propio domicilio no sólo transformar la naturaleza – mito tecnológico mediante – sino, además, transformar el ethos del pueblo indígena y campesino, pero también del mestizo y aún el ethos del habitante de la ciudad que, mayoritariamente, sigue rechazando el desmantelamiento de su propio universo simbólico.

El punto es que se antepone la tecnología a la cultura; se supone a aquella neutra y a los símbolos y valores culturales como meros impedimentos o escollos a superar.

Y por este camino, naturalmente, fracasan en el intento de crear una economía basada en sucedáneos escondidos detrás de los utensilios y las máquinas.

Y ni siquiera logran producir objetos como sí logró la cultura estadounidense agregaba Kusch en América Profunda.

¿Estamos entonces condenados a no tener tecnología?  

No, si le reinstalamos la condición de utensilio; de mera herramienta para desplegar nuestra propia cultura.

En un seminario sobre software libre escuchamos a un grupo de programadores decir que el mundo será lo que ellos programen.  

Una idea absurda que no logra entender el carácter sagrado que el mundo sigue teniendo en América.

Y pierde, en consecuencia, toda la potencialidad de este modo de sentir la vida.     

La tecnología estará disponible para nosotros cuando invirtamos los términos: primero está la cultura como «estrategia de vida» y luego la máquina que la sostenga en su desplegarse desde el suelo hacia su «horizonte simbólico».

El pensamiento de Rodolfo Kusch abre, nos parece, esta posibilidad de asumirlo no como un objeto cerrado que sólo puede ser estudiado en el gabinete de los eruditos, sino como una obra abierta a la que hay que hacer crecer «seminalmente» contrastándolo con los fenómenos de «aquí y ahora».   

Después de todo, estas breves décadas de explosión tecnológica no son más que un breve episodio de la «gran historia» de la especie que, como horizonte de pensamiento, pregonaba Günnter Rodolfo Kusch.

Para el próximo 18 de octubre la Secretaría de Cultura y Publicaciones de UPCN, Seccional Capital Federal,  organiza, en la Biblioteca Nacional, un debate para re – pensar la figura y el pensamiento de Kusch a la luz de los tiempos.

Para participar del mismo comuníquese a upcn@upcndigital.org  *

Fernando de Sá Souza es Licenciado en Administración Cultural 

N&P: El Correo-e del autor es Fernando de Sá Souza fernandodesasouza@yahoo.com.ar 

NOTA DE LA NAC&POP: el 25 de junio de 1922, nació en Buenos Aires, Günnter Rodolfo Kusch, autor de algunas de las búsquedas más desafiantes del pensamiento nacional.

Fue Profesor de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y  realizó profundas investigaciones de campo sobre el pensamiento indígena y popular americano como base de su reflexión filosófica.

Sus obras completas, despiertan el interés de una nueva generación de pensadores argentinos y latinoamericanos.

Además escribió varias obras teatrales y una amplia colección de artículos y conferencias sobre estética americana. Incluso el tango fue uno de sus temas predilectos.

En 1989, a diez años de su muerte, en los considerandos de un proyecto de homenaje de la Cámara de Diputados de la Nación, se decía:«… uno de los pensadores más importantes, no sólo de la Argentina, sino de América, considerado por algunos un «maldito» más, de esos que pueblan nuestra historia y cultura, y por ello, silenciado y negado por los cenáculos de la cultura oficial …»

MIGUEL EDUARDO LANDRO LAMOUREUX / NAC&POP
( emelandro@gmail.com )