Reunion de la Mesa de los Sueños de los Compañeros de Utopias de la Agrupacion Oesterheld del lunes 23/04/07 en su homenaje.

HOMENAJE A HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD.

Por Liliana Trombetta

Con la presencia de Elsa Oesterheld, sus nietos Miguel Martin y Fernando, Ana Jaramillo, Dorita Falco, Luis Farinello, Francisco Solano Lopez, el dibujante de El Eternauta, etc. Una noche emocionante.

Reunion de la Mesa de los Sueños de los Compañeros de Utopias de la Agrupacion Oesterheld del lunes 23/04/07

HOMENAJE A HÉCTOR GERMÁN OESTERHELD.

 

PRESENTACIÓN

MARTÍN GARCÍA

Buenas noches, buenas noches, bienvenidos, bienvenidos, edición número 383 de la Mesa de los Sueños de los Compañeros de Utopías de la Agrupación Oesterheld, ya francamente transitando el segundo trimestre de su 10º año, hace 10 años que dedicamos – esta comida de los lunes – al querido compañero Héctor Germán Oesterheld.

Esta es una noche muy especial para nosotros, ustedes saben que es una noche íntima para nosotros, familiar.

Hemos querido compartir esta noche en familia porque es una noche de afectos, de amor y de cosas de la vida, para nosotros es una noche muy importante para compartirla con los amigos, con los compañeros particularmente y les agradecemos mucho que estén aquí, para nosotros es muy importante que ustedes estén aquí y poder compartir esta noche que ustedes que han decidido y han elegido acompañarnos esta noche.

Tenemos en la familia muchas visitas queridas, podríamos estar un rato largo, pero vamos a destacar nada más que la presencia de Blanca Cabo, la esposa de Armando Cabo, el papá de Dardo Cabo, la mamá de Arcadi, el gran compañero Arcadi, los papás de Dorita Falco, Carlos y Dorita Falco, hay un par de compañeros del Ejército Nacional de Valle, que están presentes que son bienvenidos, el compañero Porfidio Calderón, bienvenido, del ejército del Gral. Valle.

Bueno, tenemos visitantes de Dinamarca, de Inglaterra que son bienvenidos.

Muchos compañeros que queremos mucho: Luis  Farinello, Mario Gurioli.

 (Los aplausos no dejan escuchar mas nombres)

 MARTÍN: La rectora de la Universidad de Lanús querida compañera de militancia, muchos compañeros queridos, compañeros de la CNEA como el Ing. Barceló, Gabriela Pecherski.

Estaría un rato largo, con tantos compañeros queridos.

BLANCA CABO: Compañero querido que no nos olvidemos que fue embajador nuestro peronista y muy valioso, Dr. xxxxx cuyo hijo está presente.

 MARTÍN: Ah, muy bien, bienvenido.

 (Hablan todos juntos)

 MARTÍN: Y en particular quiero destacar la presencia del gran dibujante de El Eternauta, Franciso Solano Lopez, querido compañero de Oesterheld, y un querido compañero de otro hombre que yo quiero mucho y recuerdo que es Ricardo Barreiro, guionista, discípulo de alguna manera de Oesterheld.

Ricardo Barreiro participó en la bienal la historieta de Lobos, en plena dictadura, y en la bienal que acompañaba el mundial del 78, la Bienal de la Historieta de Córdoba, donde los militares querían demostrar que estaba todo bien y que venía gente de todo el mundo.

Organizaron una Bienal de la Historieta en Córdoba y tanto en Córdoba como en Lobos, Ricardo Barreiro de lo único que hablaba era de Oesterheld, de los homenajes que se le hacían en Europa y de que nosotros debíamos hacerle uno, por supuesto que nadie se animaba a hacer nada porque era si lo hacia era boleta.

Se vivía una situación completamente crítica y él -que venía de Europa- no terminaba de comprender el grado de peligrosidad que significaba para cualquiera esa situación.

Después en la de Córdoba nos vengamos con el viejo Ferro, porque al viejo Ferro, el que hizo Langostino, esa historieta que salía en La Razón (Langostino Mayonesi y su nave Corina), le pidieron que subiera al escenario para entregarle un premio el gobernador militar de la Dictadura del Proceso en Córdoba y Ferro que no veía a un metro de distancia, digamos, nunca conoció a su mujer, no veía, Ferro que es un tipo extraordinario, maravilloso, y que tienen con su mujer un matrimonio eterno, sube al escenario, ( lo hacen subir al escenario, los militares ante todo el cuerpo diplomático) y le dan el premio para que le entregue al gobernador.

(Llamaron a uno de la historieta para que le diera finalmente un premio al gobernador) y Ferro hizo un chiste que fue a propósito, pero que nadie se enteró que era a propósito, porque él era tan tan bueno y tenía tanta cara de bólido que no daba para otra cosa.)

Llego Emilio Del Guercio, fundador de Almendra, con Lus Alberto Spinetta y de Jaen, con Galimberti, otro de los compañeros queridos… entonces le dan el premio a Ferro para que se lo entregue al gobernador y Ferro hace como que si se lo hubieran dado a él, entonces, lo levanta, como quien gana y levanta el Oscar y todos los “hijos de puta” que estábamos abajo, Carlos Trillo, Juan Sasturain, yo, Guillermo Saccomano, todos los dibujantes que estaban y demás, empezamos a aplaudir rabiosamente a Ferro como si lo hubiera recibido el premio, como si lo hubieran premiado a el, y tardamos como “media hora” en que lo vinieran a buscar los militares, para llevarlo y que le entregara el premio al gobernador, así que esa noche, nos vengamos de toda esa parafernalia que había armado la Dictadura del Proceso para tapar las cosas que realmente sucedían en el país.

A lo largo del tiempo, la insistencia de Ricardo Barreiros de hablar de Oesterheld en plena prohibición tuvo una significación importante para nosotros.

Muy bien.

No voy a hablar de Héctor Germán Oesterheld demasiado porque todos lo conocen y si no lo conocen les recomiendo que lo investiguen porque es una persona maravillosa, pero hoy conmemoramos el 30º Aniversario del momento en que lo secuestraron.

Yo había estado hacía poco con él, le había hecho un reportaje que siguió saliendo por Radio Belgrano durante más de dos mes después de que lo secuestraran, que lo dejamos en el aire hasta que terminara.

Por ahí venía Julio Bravo y me decía -Che no vayan a creer que está en el programa mío, porque la voz tuya y la mía son muy parecidas..

Mah sí, yo lo dejo, me dije.

Todavía no tenía mucha conciencia de lo que iba a pasar y nosotros seguímos pasando el reportaje de Oesterheld en plena Dictadura a pesar de que Héctor ya estaba secuestrado.

Tuve el gusto, (en realidad yo era uno de esos lectores que tenía 11 años, 12 años y se quedaba con el vuelto de los mandados para comprar Hora Cero -cuando no compraba Rayo Rojo o compraba Puño Fuerte, cuando no Misterix y cuando no Hora Cero- que fue, sin ninguna duda, el hit para nosotros, ¿no?

 Después (por trabajar en Radio Belgrano, en Radio Splendid) tuve la suerte de poder hacerle un reportaje a Héctor y conocerlo y pasarlo al aire y después intimar un poquito más y luego juntarlo, en la casa de mi vieja, con Osvaldo Ardizzone, ese gran poeta y periodista deportivo, ya que no se conocían.

Y bueno, no he cambiado, en realidad soy el mismo lector de 11 años que le agradece a Héctor Germán Oesterheld que me cuente los cuentos de cuando éramos pibes, en ese espacio que dejaban los padres a la mañana temprano cuando salían a trabajar y volvían a la noche, y en el medio, Héctor, que ya era como un padre sustituto, digamos, aquel que nos daba el Código de Honor, que nos explicaba que los yanquis eran buenos pero también eran buenos los japoneses, también eran buenos los alemanes, que todos eran buenos, que la guerra era mala y que las razones de la guerra eran malas.

Un profundo humanista, por eso hoy conmemoramos el 30º Aniversario de su secuestro, y lo hacemos, en familia, porque son las historias de la vida de la gente y son las historias de nuestra familia en particular.

Últimamente vengo diciendo que la guerra tiene 4 patas: el imperio norteamericano o anglosajón, los cipayos, los patriotas, y el imperio de los boludos, que son la gran cantidad de tipos que colabora ampliamente en la prosecución de la guerra.

Héctor y las chicas, Diana, Beatriz, Marina y Estela son de los patriotas y con esto quiero subrayar una cuestión: Nosotros durante muchos años muchos de nosotros, muchos no, pero muchos de nosotros o de nuestra familia, nuestros amigos o la gente que nos ha querido, se ha planteado los efectos de la guerra sucia como un problema de culpa de las víctimas, es decir, si no hubiéramos militado, si no hubiéramos participado, si no hubiéramos estado en tal o cual organización, si no hubiéramos entrado en la UES, si no hubiéramos entrado en la JP, si no hubiéramos entrado en la FAP o en la FAR o en Montoneros, si no hubiéramos estado en la manifestación, si no hubiéramos participado, quizás estarían vivos, es el egoísmo natural de las familias, de las madres, de los hermanos, de los abuelos, de preservarnos, de cuidarnos, y entonces la ecuación que parecería fijarse es:

Si nos hubiéramos portado bien no nos hubiera pasado esto, ¿no?, como diciendo

Si no hubiéramos acompañado a Felipe Varela, entonces no hubiera habido muertes en Catamarca

Si no hubiéramos acompañado al Chacho Peñaloza no hubiera habido muertos en La Rioja

Si no hubiéramos acompañado a Miguel Martín de Güemes, no habría familiares muertos en Salta

si no hubiéramos participado de la guerra con San Martín no habría caídos en Corrientes, en San Luis, en San Juan, en Mendoza, como si la culpa de la Guerra por la Independencia hubiera sido nuestra, que luchábamos por nuestra libertad, por nuestra soberanía, por la felicidad del pueblo y no de ellos que venían a predar, los godos que vivían lejos y venían a predarnos, que venían en la Vuelta de Obligado desde Francia, desde Inglaterra a matarnos y a matar a los paraguayos, al 70% de los hombres de los hombres del Paraguay que era un país libre, soberano, independiente económicamente, con la primer fábrica textil de América, con el primer ferrocarril, con la marina mercante más importante, el telégrafo, y a ellos les mataron el 70% de los hombres, de 12 años, 11 años hasta 60, 70 no había nadie vivo en Paraguay, como si la culpa hubiera sido de ellos, de los paraguayos de no haber accedido a entregar el algodón libremente a Inglaterra y a Francia, como si la culpa fuera que los 200 mil guatemaltecos que murieron en Guatemala por hacer frente a los EE.UU.

Quiero decir que de alguna manera las familias nos hemos hecho cargo de los caídos, de los torturados, de los desaparecidos pensando  que si no se hubieran metido en eso, entonces se hubieran salvado, como si no fuera cierto que en Irak llegaron y lo primero que hicieron fue buscar a todos los profesores de la Universidad y matarlos, no fueron a buscar a los obreros de Irak para matarlos, fueron a buscar a la materia gris, a los que podían transformar la realidad, a los que tenían la valentía de hacer frente al poder extranjero o al poder predador y lo primero que hicieron fue entrar a la Universidad, cazaron la lista y los mataron a todos, en Irak, como nos contó nuestra querida compañera Karen Marón, ahora periodista de Telesur que acaba de volver salva y sana otra vez de Irak.

Muy bien, yo quiero leer dos pequeños testimonios, uno el de Eduardo Arias que compartió la cárcel con Héctor y que ya falleció, que tuvimos la oportunidad de verlo con Juan Saturain en el año 83 y hacerle una nota entonces él decía:

“Me llamo Eduardo Arias, soy psicólogo y tengo 38 años entonces, fui una de las personas últimas que vio vivo a Héctor Germán Oesterheld.

En noviembre del 77 fui secuestrado y permanecí desaparecido hasta enero del 78, todo ese tiempo estuve en un chupadero situado en el Camino de Cintura y Avda. Ricchieri, una prisión clandestina, hoy funciona allí un campo de salto a caballo de la policía de la provincia de Buenos Aires.

Cuando llegué Héctor estaba hacía ya tiempo, su estado era duro, permanecimos juntos mucho tiempo, nos encadenaron espalda a espalda, estábamos ambos prácticamente desnudos, él sólo tenía un pantalón y yo un calzoncillo, las cabezas cubiertas.

Oesterheld como yo y como todos los que estábamos allí fuimos torturados feamente, él unía ese dolor ante la suerte de 3 de sus hijas que también habían sido secuestradas, la cuarta ea buscada junto con el marido y esa búsqueda motivaba por lo que yo supe presumir la captura de él.”.

 Está presente Fernando Araldi Oesterheld, el nieto de Héctor.

“Durante las largas horas que permanecimos en aquella inmovilidad forzosa nos ayudábamos para poder descansar un poco tirados en el suelo o acomodando nuestras cadenas para aliviar un poco el dolor entre interrogatorio e interrogatorio.

Al principio no me di cuenta que era él, lo descubrí cuando se levantó la capucha y pude ver su cara, era ni más ni menos Ernie Pike cuyas aventuras yo leía desde chico, claro, un Ernie Pikw mucho más flaco.

Durante las pocas oportunidades en que nos tiramos vigilados conversábamos en susurros, él me hablaba un poco de sus historietas, de su trabajo y a veces jugábamos mentalmente al ajedrez cantando las jugadas: peón 4 rey, alfil 3 dama.

Uno de los momentos más terribles fue cuando trajeron al pequeño nieto de Héctor de 5 años, que era Martín si no me equivoco, esa criatura fue recogida tras la captura de y muerte de la cuarta hija y del yerno de Héctor y lo llevaron a aquel infierno.

Con nosotros había un pibe de 17 años que acostumbraba hacer figuritas con miga de pan, al final todos le entregábamos la miga de nuestros panes para que hiciera figuritas.

En nochebuena el viejo Oesterheld cantó con ese pibe la canción Fiesta de Serrat.

Chaplin murió cuando estábamos presos el último día del 77, me enteré por un guardia un poco más bueno, me dejó ir al baño debido a una gran descompostura que tenía, ahí robé unas hojas de diario que había y me lo llevé a escondidas, leyéndolas me enteré de la muerte de Chaplin y lo comenté.

El viejo Oesterheld se conmovió, dijo que quería mucho a Chaplin.

Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la nochebuena de 1977, los guardianes nos dieron permiso para quitarnos la capucha y fumar un cigarrillo, también nos permitieron hablar entre nosotros 5 minutos, entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos quería saludar uno por uno a los que ahí estábamos, nunca olvidaría aquel último apretón de manos.

Héctor Oesterheld tenía unos 60 años cuando sucedieron estos hechos, su estado físico era feo, ignoro cuál pudo haber sido su suerte, yo fui liberado en enero de 1978, él permanecía en aquel lugar y no supe más de él.”

Esto decía Eduardo Arias, y bueno, Eduardo ya falleció.

 Y la última cosa que quiero leer es un texto de Mempo Giardinelli que militó con Héctor Germán Oesterheld en Montoneros.

Dice Mempo, un gran escritor:

 “Relato esto hoy 1º de febrero de 1979 sabiendo que lo que escribo puede tener dos destinos: o alguna vez el viejo Héctor lo leerá con su mirada clara y acaso sonriendo para reconvenirme que estuve mal informado, que me equivoqué en ciertos detalles, o no lo sabrá jamás porque está muerto.

Me aferraré a la primera posibilidad.

Es necesario que mantenga izada la esperanza, que las ilusiones sean capaces de horadar cualquier desaliento, que yo inaugure con cada palabra una fe nueva para imaginarle vivo, entero, jodón como siempre.

Las versiones son contradictorias, hace dos años los primeros informes que tuve fueron duros de asimilar, lo declaraban muerto y hubo quien dijo que en un enfrentamiento y otra versión aseguró que lo había entregado un delator y una tercera no especificaba detalles pero lo daba como desaparecido, nunca más se supo y uno ya estaba advertido de que esa fórmula en mi país quiere decir que se sabe perfectamente.

No podría afirmar que he llorado porque nosotros ya no lloramos a los muertos, tampoco se los reemplaza como jurábamos en las viejas consignas, simplemente se los guarda en la memoria, se los acumula en la cuenta que algún día nos pagarán y se sigue adelante, pero sí lo evoqué a Héctor largamente.

Su imagen bonachona pareció revivir entonces y sus ojos grises, sus mofletes gordos y hasta sus enormes manos de carpintero jubilado se me hicieron tangibles como en cada reunión política cuando las cruzaba sobre la mesa escuchando atentamente y sólo las separaba si alguno le preguntaba sus opiniones porque nunca hablaba si no para responder preguntas, jamás nadie se lo dijo pero no entendíamos esa actitud suya que no era de recelo ni de desconfianza sino de hombre sabio sólo que nosotros hombres jóvenes e impetuosos entonces no éramos capaces de comprender la sabiduría y así nos fue.

La vez que se incorporó al grupo todos lo mirábamos con prevenciones, en primer lugar porque nos triplicaba en edad, Ana juraba que debía tener más de 60 años, Luis más benévolo lo hacía cincuentón y Rosita fue la que expresó lo que todos sentíamos: esa desconfianza por la fama que traía porque todos lo conocíamos desde niños, todos habíamos leído infinidad de veces el nombre y apellido del viejo Héctor en las revistas de historietas, todos habíamos sido atrapados por la fantástica odisea de El Eternauta, habíamos luchado junto al Sargento Kirk alguna vez o compartido las aventuras de Ticonderoga, de la Brigada Madeleine o entusiasmado con las narraciones de Ernie Pike, el corresponsal de guerra o sufrido con el patético relato de Mort Cinder, éramos ciertamente una generación hija de la revistas Fantasía, Dartagnan, Intervalo, El Tony y Hora Cero.

Además él, era el primero y único tipo famoso que se incorporaba al grupo y la fama resulta sospechosa para los jóvenes que se sienten revolucionarios.

Por cierto yo no puedo hacer su biografía, por otra parte sólo conozco en porciones, diré nomás que no me gustó, al comienzo, su apellido alemán, quizás porque le atribuía una injusta connotación nazi y porque yo siempre desconfiaba de los alemanes, pero enseguida me cautivó su modo de ser tan italiano, tan afectivo, tan cálido y firme como una luna de enero sobre Buenos Aires.

Al cabo de 3 ó 4 reuniones supe por qué lo quería, porque encarnaba la imagen de mi padre, ese sujeto también mofletudo y de ojos grises que casi no conocí y que por entonces hubiera tenido aproximadamente la edad del viejo Héctor.

Aunque él jamás lo hubiese admitido sospecho que sabía que llegó a ser una mascota para el grupo, que representaba una especie de símbolo, de espejo que todos deseábamos conservar cuando tuviéramos su edad.

Era un afecto que él nos retribuía gentilmente cuando nos comparaba con sus hijas de quienes hablaba siempre con orgullo porque las cuatro como sus cuatro yernos, eran militantes peronistas.

¡Cuántas fantasías elaboramos alrededor del viejo Héctor! que su silencio -que era apenas perceptible- suave como una brisa suave, discreto como el respirar de un niño que duerme, ni alentaba ni desalentaba.

Su empecinada modestia y es cierto, fastidio que le provocaba hablar de si mismo, nos impulsaba a hacer averiguaciones

Así supimos que estuvo en el Partido Comunista, que era militante de hacía un montón de años, que lo había seducido la furia revolucionaria de la Juventud Peronista, quizás porque, como alguna vez declaró bajando la vista, acaso ruborizado, finalmente veía a sus años, una revolución posible, cercana, casi palpable.

Esa vez lo acusamos de triunfalista y nos reímos porque estaba de moda hablar de la guerra prolongada y el Inglés, nuestro responsable, dijo que después de todo no sería tan prolongada para el que no la viese, (¡Pobre Inglés!).

Yo guardo para mí pocas fortunas, pero una de ellas, es el haber conocido su casa -cuya dirección daba a muy poca gente- y haber tomado unos mates, una tarde de septiembre, escuchando el paso del tren suburbano, cada tanto, cuyo transitar nos obligaba a pausas en el diálogo (como hacen los viejos), sólo que entonces. yo era demasiado joven.

Recuerdo que insistí para que me hablara de él y me contó cómo trabajaba, describió su manera de andar siempre hablándole a esa pequeña grabadora portátil en la que parloteaba sus ideas, delineaba los personajes de las historietas, proponía imágenes para que los mejores dibujantes del país las plasmaran sobre los cuadritos de las revistas.

Recuerdo que conocí un cierto rencor cuando me habló de ese italiano famoso que le robó la paternidad de Sargento Kirk, así como compartí su aprecio por Breccia, por Ongaro, por quienes él llamaba “los muchachos”, esa pleyade de dibujantes que había llevado a la Editorial Abril en los años 50 cuando fue el iniciador de la época de oro de la historieta en la Argentina.

Creo que en algún momento le pregunté la edad, tenía entonces 62 años como me parece, no sé bien, pero sé que le pregunté por qué militaba a su edad y con su fama.

Me miró como pidiéndome disculpas, cebó un mate y dijo con una naturalidad que ahora me emociona evocar: -Y qué otra cosa puedo hacer?,

¿Acaso no somos todos responsables de la misma tarea de mejorar la vida?, yo sólo sé que el peronismo es un trabajo y que hay que hacerlo, y cebó otro mate.”

 MG: –Muy bien. Hoy es una noche muy personal, muy familiar, les pido que todo aquel que quiera decir algo lo diga. Ana Jaramillo, ¿querés sumarte?

 ANA JARAMILLO

No tenía, para nada, previsto decir nada, pero acá Elsa (Oesterheld) me conminó también y Martín, mi nieto Martín también.

Lo único que puedo decir es que el esfuerzo que hago yo personal e institucionalmente, es recordar a todos los que están acá, pero yo, en vez de hacer como Martín Garcia que cuelga los carteles, lo mío va por los ladrillos, este tema de construir cada edificio, cada aula, con los nombres de nuestros queridos compañeros que transitaron la vida junto a nosotros.

Así que Elsa, también sabe que nuestra Asociación (no entiendo nombre) que enseña diseño y comunicación visual, se llama Oesterheld.

 Todavía no los hemos pintado a todos, el centro existe pero no tiene un lugar físico completo, establecido, digno de Héctor, ante lo cual, hemos hecho para 12 mil alumnos que ya están ahí, y esos jóvenes ya saben, que están (no entiendo palabra) ellos van y transitan entre el aula 5 de Jauretche o la 6 de Ugarte, la 4 de Marechal y es bueno, porque son casi obstáculos culturales que les ponemos para que sepan de qué se trata la historia argentina, que no es ni Freud ni Lacan ni la escuela de Chicago sino que también son nuestros ojos que viven aquí como decía Jauretche.

Por supuesto que Oesterheld está ahí, por supuesto que la exposición de si obra la hicimos y ahí están -entre todas las aulas y los pasillos de la Universidad de Lanas- las gigantografías de El Eternauta.

Han recibido, por ejemplo, El Eternauta con fusil en mano, han recibido a la Colt 2, que también es nuestra obligación reformar las fuerzas de seguridad ante lo cual tenemos 800 compañeros que van a ingresar en la Colt 2 y que entran, sean policías o no ya, con El Eternauta (no entiendo palabra).

 Parece algo fácil de hacer, quizás yo pongo demasiado empeño, Elsa lo sabe, Miguel Martín también, han estado trabajando para hacer la muestra de Oesterheld y ahí siguen estando las gigantografías de Oesterheld, cuando quieran ir están todos bienvenidos, está en las aulas, está en los pasillos y está en el espíritu de toda la Universidad, siempre va a estar y espero que me acompañen cuando realmente inauguremos el Centro con todos sus ladrillos que no es que lo hizo Miguel Martín no sea fácil pero hacerlo, construir todos esos edificios, (son 22 manzanas ya construidas con nuestros sueños), costó bastante trabajo pero saben todos que están muy bienvenidos, Elsa sobre todo que ahí tiene su casa y su nieto también. Gracias.

 ELSA OESTERHELD

Simplemente, muy poquito, porque yo creo que ya está todo dicho y supongo que quedan todavía cosas por decir, pero esas cosas que dirán serán siempre basadas en los ejemplos que hemos tenido de la gente que hoy no está, pero con las que hoy conformarían un país, un país, yo pienso, que seria distinto, muy distinto por supuesto, a lo que fue.

Pero bueno, se necesitaba transitar la tragedia para encontrar otra vez el renacimiento del país, ya que, de alguna manera, ellos dejaron la fortuna de sus ideales, eso no pudo desaparecer.

 La única cosa que yo voy a recordar en este momento. que yo no puedo hablar ni de felicidad ni de alegría ni de nada de eso porque la mutilación fue muy fuerte, pero sí está renaciendo la esperanza -que en mi vida es mucho decir- porque ya no tenía ninguna.

 Pero ahora hay sólo una cosita que me parece que es fabulosa y a mí me emociona, hasta no poderlo disimular, disculpen que a veces afloje la voz pero yo soy de muy poco demostrar pero hay cosas que no las puedo evitar.

 Cuando Héctor empezó a hacer historietas, yo me enojé.

Eramos recién casados, y le digo: ¿Cómo vas a hacer historietas?, ¡qué desastre!

Era realmente, una cosa que yo no podía comprenderlo, porque era un género ¡muy menor! un género de entretenimiento y nada más, entonces a mí me parecía que él, con todo su conocimiento, me parecía absurdo… y él me contestó una cosa que, en aquel momento -estoy hablando de los años 50-

¡Imagínense los años que hace que yo ya tengo 82! y entonces me dijo: -No, estás equivocada… (con esa manera de él tranquila, que nunca se alteraba), me dijo -Si la historieta se hace bien -yo estoy viendo el nivel educativo que pueden tener los chicos que no tienen acceso a los libros- a través de la historieta se enseña la imagen, se enseña la ciencia, se enseña el entretenimiento, se enseña geografía, historia y todo lo que se pueda crear pero hay que hacerla muy bien.

Lo logró y 50 años después (creo que el ministro Filmus me ha dicho), y en pocos días lo va a anunciar, que el gobierno va a donar ¡no sé qué cantidad de libros para todos los colegios públicos del país y ese libro va a ser El Eternauta!

Esa obra premonitoria, realmente a mí me sorprende porque son ¡50 años!

Es impresionante, y siguen pidiéndola y siguen viniendo muchachos de 20 años a visitarme para que les cuente cosas de él y todas esas anécdotas que ya me da vergüenza porque las repito, porque fue mi vida al lado de él y de todo lo que pasó en casa, pero siempre lo mismo, no puedo seguir contando, pero, sin embargo, siempre hay gente nueva que la viene a ver y ahora me la piden de los colegios, de las editoriales para los libros de chicos para leer sus pequeños partes de las historias para leer, o sea el niño que no tiene acceso a los libros tiene acceso a mi marido.

MARTÍN

Dorita Falco desde nuestras paredes, la saluda a ellas. Dorita Falco hija, está al lado de las chicas Oesterheld, igual que Claudia Falcone, para que no se creyera que era una cuestión personalizada. Están en los posters : Caretti, Jorge Infantino, Eduardo Peckerman, Claudia De Acha, María Clara Coloccini, Daniel Racero, Horacio Ongaro, Francisco López Montaner, todos los chicos de la UES, la Union de Estudiantes Secudarios del Peronismo que también fueron secuestrados.desaparecidos como las chicas Oesterheld.

¡Fernando!, vení… Fernando es nieto de Oesterheld, hijo de una de las chicas.

 FERNANDO OESTERHELD

No, sólo decir un par de cositas.

A veces me cuesta un poco el tema de sentir, por un lado la admiración de la obra de mi abuelo y poder (no entiendo palabra) en familia y de sentirme -como supongo cualquier hijo de desaparecidos se pudo haber sentido en algún momento- un poco, no sé, descuidado, ¿no?, y pensar: -Bueno, me quedé sin familia y haber crecido… pero, al día de hoy, me quedo, con el orgullo de saber que, tanto mi abuelo como las hijas, no se quedaron sólo en la palabra, hicieron en la acción lo que pensaban.

Eso por un lado, y lo segundo que quería decir es que, por un deseo personal -y espero que sea un deseo general de los que estamos acá- es que, de ahora en adelante, la obra de mi abuelo se utilice como elemento para la educación, no sólo para el entretenimiento, que obviamente los que lo leyeron siempre lo tuvieron muy en claro, pero después de 50 años, como dice mi abuela, recién ahora, con este gobierno se empieza a instalar la obra de El Eternauta, ¿no?, recién ahora, va para los colegios y lamentablemente antes, con todos los gobiernos que pasaron, no sucedió.

Y supongo que eso, es lo más importante que -al día de hoy- puede pasar, para que lo fue el objetivo del trabajo de mi abuelo (que lo tenía muy claro – él no escribía historietas sólo para entretener o porque estaba de moda ni mucho menos-, como bien dijo mi abuela, él utilizaba eso para educar, se pueda cumplir.

Así que bueno, nada, es una esperanza que, esperemos que se siga por mucho tiempo, ¿no?

Nada más.

 MARTÍN: le hemos pedido a Luisito Farinello que nos acompañe a la Oesterheld porque era un día muy especial, ahora le pedimos que suba acá con nosotros un minuto, porque hoy conmemoramos los 30 años del secuestro de Héctor y de alguna manera, también, estamos recordando a las chicas, ¿no?, al conjunto de compañeros y compañeras que significaron esa mutilación del día que se conmemora hoy.

LUIS FARINELLO

Cuando uno lee un poco la historia, cuando se interesa por las cosas que han pasado antes de nosotros y ve, estudia o piensa en las cosas que han pasado antes de que vengamos a la vida, ¿no?…

Han pasado ¡tantas cosas, tantas cosas! desde Espartaco, ¿no?

Siempre el poderoso, siempre la esclavitud, siempre la guerra, siempre la tortura, siempre, siempre la crueldad, ¿no?, pero siempre también los utópicos, los generosos, los nobles, los que no se han rendido, los que mantienen la esperanza, pese a todo, siempre se da esto, ¿no?, en la historia, esa agonía para ir haciendo entre todos el hombre nuevo, ¿no?

Queremos matar en la historia la injusticia, lo que decimos: el pecado y su consecuencia, el hombre viejo, el hombre de Adán, ¿no?, y hacer el Hombre Nuevo. 

El Che toma esta palabra «el Hombre Nuevo», que ustedes saben que la escribió San Pablo 20 siglos atrás, ¿no?

El Hombre Nuevo, el Hombre según Jesucristo, el Hombre distinto, el Hombre generoso, el Hombre solidario, esta larga historia donde los mejores quedan como en el camino, ¿no? 

Uno piensa en nuestros desaparecidos, acá tenemos tantas imágenes, tantos recuerdos, uno piensa: -Todavía no sabemos ni dónde están sus cuerpos, qué es lo que habrá pasado con ellos, en qué soledad y en qué tormentos habrán muerto.

Uno se pone muy serio y muy triste que las cosas sean así, uno a veces como que tiene vergüenza de ser hombre, ¿no?, que la humanidad tiene toda una indiferencia y una pesadez, un pragmatismo, un querer zafar y pasarla bien y sucede lo que sucede en Irak, ¿no? 

En Irak, y bueno, seguimos haciendo cenas porque a veces la impotencia no sabemos qué hacer, hasta nos sentimos culpables de tomar un helado porque uno piensa que en Irak en este momento, que las villas miseria, que las inundaciones, o en los pibes que uno conoce que nunca tomaron un helado y este es el mundo, ¿no?

 El mundo en que vivimos, que sufrimos esta larga agonía de la humanidad.

 Además nuestra vida es tan cortita, tan chiquitita, ¡¿cuánto tiempo tenemos de vida!?, ¿¡de lucidez!?

Muy poquitito, ¿no?

50, 60 años y después la vida nos pasa, la historia nos sobrepasa y todo lo pasado, la conciencia que hemos tenido…

Después hay cosas que ya no entendemos, cosas que nos pasan por encima, vienen otras generaciones y es tan poquitito, tan poquitito nuestro tiempo en esta larga historia, es tan poquita esta lucidez, es tan chiquitita que no hay como dos maneras de vivir este drama, dos formas de vivir, ¿no?

A mí la sinfonía me ayuda mucho, a no bajar los brazos.

Es la Sinfonía, es la imagen de la Sinfonía ¿no? 

Dicen que la Sinfonía está compuesta por distintos momentos: alegretto, moderato, y cada movimiento tiene, si es en Re Mayor, si es en La Menor, tiene distintas melodías, distintos ritmos y aparentemente hay un movimiento que no tiene nada que ver con el otro, sin embargo, el genio de Mozart o de Beethoven, hace que todo eso tenga que ver, ¿no?

Todo tiene que ver, todo tiene que ver y la Sinfonía termina en un esplendor, en una brillantez impresionante, donde todos los instrumentos, ¡a todo lo que dan y hasta tiemblan las arañas!… y uno queda conmovida con ese final tan glorioso de la Sinfonía. 

Todo lo que ha sucedido en los distintos movimientos está ahí como triunfantes, como brillantes.

 Así que, esta es nuestra vida, es una nota de la Sinfonía, ni siquiera somos un acorde, somos una nota, una nota en la historia de la humanidad, una nota chiquitita y cortita para que nuestra vida tenga sentido con un sentido hondo, un sentido fecundo, es esto, ¿no? tener conciencia de cómo se viene desarrollando la Sinfonía

¿Cuál es la historia de mi pueblo?

¿Dónde debo poner mi nota?

¿Cómo debo morir para hacerme Sinfonía?.. para no desafinar, para dejar preparado otro acorde, para que venga otra generación -cuando yo ya no esté – y siga siendo la Sinfonía.

Ese es el sentido de la vida: hacerme Sinfonía, nota, chiquitito pero consciente de que me hago vida, me hago fervor, me entrego a la música de la historia, me hago Sinfonía y así tiene sentido vivir.

Todos los que han muerto se hicieron Sinfonía, dejaron de pensar en si mismoa, descubrieron la historia de ese pueblo y entraron en la vida, en el río de la vida y se hicieron música.

Todos esos estarán en la Gloria futura.

Para nosotros, para mi cristiano, lo que decimos: el cielo, el reino, los que, al fin, generosos, se han entregado a la Sinfonía de la vida, a la música del amor, esos tendrán parte en el Hombre Nuevo.

Aquellos que se han quedado al margen, que han dicho no, todo es tan lento, yo no voy a ver el final, aquellos que dijeron no, yo me guardo para mi mismo, yo quiero zafar, yo quiero pasarla bien, ¿¡cómo voy a morir haciéndome Sinfonía!?, ¿¡cómo voy a vencerme a mi mismo!?

No, como todo es tan lento yo me guardo y hago la mía…

Los que hicieron esto o los que hacen esto, son los cobardes, son los que tienen una vida al pepe, los que nunca le van a brillar los ojos, los que nunca tendrán la valentía de la entrega.

Por eso ¡Benditos aquellos que se hicieron Sinfonía!: Ellos son imprescindibles, son lo mejor que tenemos.

Y para no traicionar toda esta lucha, toda esta Sinfonía histórica ¿qué debemos hacer nosotros?: Arrodillarnos, besar nuestra tierra, nuestra historia, besar la sangre derramada, dejar que esa sangre -que toca nuestra boca- toque tambien nuestro corazón.

Nunca traicionar esa sangre y de esa sangre sacra, la mística para, a pesar de todo, a pesar de todo, a pesar de todo, seguir creyendo que las Sinfonías se construyen y que el Amor triunfará.

¡Benditos aquellos que se han hecho Sinfonía!

MARTÍN:

Solano, pase maestro, venga. Gracias Luis.

(Aplausos)

 ¡Francisco Solano López! (El dibujante de El Eternauta )

 FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

Bueno Martín, amigos, qué puedo decir yo, después de las palabras de Elsa, del Padre Farinello, sino recordar aquellos años lineales para nosotros que éramos casi unos chicos todavía, Hugo Pratt, Diego Pavone, tal vez sea un poquito más viejito

Yo viviendo esa experiencia única de aprovechar las ideas, los sentimientos y lo que Héctor nos transmitía a través de sus historias. 

Hoy me emociona haber sido participe e instrumento de transmisión de las ideas y la imaginación y el mensaje que daba Héctor en todas sus historias, (no era solamente El Eternauta)

 Su humanismo, su sed de justicia, su deseo de transmitir ideas, sentimientos y conductas a los jóvenes hizo que nosotros nos sintiéramos orgullosos y emocionados de participar de esa empresa porque no era solamente un entretenimiento, el entretenimiento estaba por delante, para atraer a los chicos a  una lectura interesante y emotiva, pero junto con esos sentimientos y esos mensajes, estaba plasmando otro objetivo que era el de mejorar el entendimiento y la reflexión de esa juventud, que, en aquellos 50 años atrás, eran esos chicos de 10, 12 años, de los que ustedes, muchos de ustedes todavía no habían nacido, pero muchos de los que estaban leyendo esas revistas adonde aparecían nuestros dibujos y nuestras versiones de Héctor son los que en este momento han posibilitado y han traído, desde su recuerdo juvenil, el mensaje que Héctor sembró en sus cabecitas preadolescentes, porque Héctor ponía en la carátula de la revista semanal “Historietas para mayores de 14 años!

Entonces, los que tenían más de 14 años, se animaban a leerla, y los que tenían menos, se sentían orgullosos de que, a pesar de ser chicos, estaban leyendo historietas adultas, es decir que, todas las aventuras de El Eternauta y todas las otras que escribía Héctor y nosotros transformábamos en imágenes, traían el mismo mensaje, la misma enseñanza, dejando un calorcito en el alma por haberse identificado con los protagonistas de cada historia.

Esa enorme habilidad de Héctor, puesta al servicio de toda una generación, aunque, de aquella, no pensábamos nosotros que terminaría siendo un ejemplo y una guía para los jóvenes y las generaciones que siguen acercándose a nosotros y pidiéndonos la lectura de las historias que él pergreñó.

Y bueno, me siento muy emocionado de haber sido yo uno de los pertenecientes a ese grupo que le tocó acompañar a Héctor en este reparto de aventuras y enseñanzas que terminó siendo El Eternauta que va a parar a los colegios donde están los chicos de hoy día, 50 años después, volviendo a revivir esa aventura que hicimos nosotros en aquellos años con tanta emoción, así que, es una cosa -para mi – realmente emocionante y gratificante la de haber participado al lado de Héctor de un pedacito del reconocimiento que él se merece.

Nada más.

MARTÍN

Querido maestro Solano.

No es casual que, al lado de Claudia Falcone y las chicas Oesterheld esté Dorita Falco, porque hace pocos días se cumplieron 29 años de la desaparición de Dorita Falco, y de alguna forma hoy estamos también conmemorando su vida, como conmemoramos las de Héctor y de las chicas.

Decinos algo, Dora mamá.

DORA DE FALCO

Estaba en la educación de ella, eran momentos bravos, eran 3 hijas jovencitas llenas de vida y querer participar de un mundo nuevo, por supuesto que sobre todo, a Dori, la tenía a veces con las riendas firmes, porque ya, desde muy muy niña, por ejemplo, me llamaron el 11 de septiembre del 73, de la escuela Normal Nº 5 (donde ella estaba en 2º año) y alli se enteró que lo habían fusilado, lo habían masacrado a Allende en Chile.

Muchos se acordarán de lo que fue esa marcha en Buenos Aires, ella me llamó desde la calle, y me dijo: -Mamá tenés que ir, (ella me guiaba), hemos levantado la escuela, hemos, mejor dicho ella bajó de sus aulas y dijo es un crimen, es el avance de los militares, tenemos que salir con nosotros jovencitos, y levantó la escuela Normal Nº 5, por supuesto que eso implicó la primera marca que tuvo en su actitud de lucha por un mundo mejor.

Siempre con mi marido tratamos de frenarla un poco en su ímpetu y en su juventud pero ella prácticamente nos estaba llevando, (la mayor también pero con otras características), y en el año 75 -ustedes se acordarán cuando la huelga de Villa Constitución se hizo un gran movimiento en las escuelas pidiendo apoyar a esa huelga- fue en marzo abril del 75, en Villa Constitución, que fue terrorífico. 

Eso, como ella se movió, habló y tomó la palabra, también, implicó que la marcaran ideológicamente, directamente.

Así pasó, siguió luchando, estuvimos siempre trabajando juntas en la Asamblea Permanente, recolectábamos, íbamos, buscábamos apoyo para los presos políticos y los que se sabía que estaban presos políticos, los que estaban a disposición del PEN supusimos. 

Lógicamente ella era dirigente estudiantil, siguió estudiando el magisterio en el Normal Nº 5 donde, (eso es lo que a veces me achaco que yo no investigué que el director era un marino de los grupos de Massera), ella siguió estudiando y lógicamente cuando podía tomaba la palabra explicando al alumnado de que estaba lleno de desaparecidos, y cómo desaparecían.

Siguió con su lucha.

El 19 de abril de 1978 – lo que se llamó el pre mundial – comenzó la cacería de estudiantes, profesores, profesores secundarios, universitarios, (Yo he tenido amigos profesores universitarios que los sacaron en ese mes de abril que fue espantoso, los que más o menos hemos trabajado en ver las listas mes a mes cómo organizaban los secuestros).

Llegaron el 19 de abril a mi casa, vinieron a buscarla porque tenían que indagar y averiguar quién era esa niña que tomaba la palabra en la escuela Normal y hablaba y mentía porque acá en nuestro país no había desaparición, como han hecho en todas las invasiones que han hecho, bueno, a veces quiero, no quiero que esa bronca me traiga con palabras altisonantes.

Revisaron todo, entre eso encontraron El Eternauta entonces uno al otro le dijo mirá, de Oesterheld, entonces ella le dijo -Ah, léanlo que es sumamente interesante, ella.

(Yo temblaba, mi marido temblaba y ella con altura les dijo léanlo que es sumamente interesante)

-Pues lo vamos a llevar.

Se lo llevaron junto con ella, pero nuestra hija, cuando se la llevaron, actuaron como si hubieran sido caballeros, revisaron por supuesto toda la biblioteca, todo eso, no nos atropellaron y dijeron: -Vamos a investigar, porque, mire, sabemos que es una chica muy inteligente pero es un enemigo muy poderoso para el sistema, escuchen, el sistema.

 -¿Cómo para el sistema?… ¿Qué es una enemiga poderosa para la dictadura que tenemos?

-No señora, nosotros hemos venido a establecer, poner este país en orden,

¿Sabe cuál es el peor defecto y cuál es el enemigo poderoso? (Ya me mandaron el mensaje, los que piensan y hablan, ese es el enemigo poderoso).

Se la llevaron, vinieron por supuesto a la una de la mañana y mi hijita, -Ah, -me dijo- Mamá, hacé lo que tengas que hacer, jamás en venganza ni con rencor, hacé lo que tenés que hacer.

Y hace 29 años que sigo por todo el confín, por toda… no estoy, estuve organizada en los organismos de Derechos Humanos, pero quería volar más y voy a todos lados, a todos lados, en todos los lugares que pueda, a llevar este mensaje.

El otro día leí un dicho, un pensamiento de Rodolfo Walsh y ahora me siento nueva cuando él dijo que “el mejor homenaje para nuestros hijos, para nuestros muertos no es el cementerio, sino, la memoria” y Yo digo eso es lo que he hecho siempre, no me he ocupado de buscar en los cementerios, de ir y llorar y poner flores, no, acá la tengo en el corazón, en la memoria difundiendo todos los días. 

MARTÍN

Dice Roberto Baschetti en su libro Campana de Palo:

“Héctor Germán Oesterheld sin dudas fue el guionista de historietas más importante que tuvo hasta hoy este país.

Su obra cumbre El Eternauta se reedita constantemente y trata sobre la resistencia en Buenos Aires a una invasión de extraterrestres.

Juan Salvo, el muchacho simple de barrio con mucho de militante político, estará a cargo de organizar dicha resistencia.

En enero del 78 Héctor Oesterheld fue visto en vida en el campo clandestino de concentración de la Avda. Ricchieri y Camino de Cintura, luego lo trasladaron al regimiento Viejo Bueno en Monte Chingolo, provincia de Buenos Aires.

El jefe del regimiento era un apasionado de la historieta y sabía de los quilates de Héctor, le propuso, entonces, ser el guionista de una historieta que reflejara la epopeya del General San Martín cruzando la Cordillera de los Andes. Héctor aceptó.

Lógicamente seguía siendo un prisionero, permanentemente era interrogado por la inteligencia militar en busca de datos que permitieran apresar nuevos militantes, un brazo suyo fracturado era testigo mudo de esos interrogatorios.

El jefe del regimiento le sugirió dar algún dato, una casa, una persona, algo que le permitiera distraerlos para poder así abocarse a su trabajo específico que hacía de San Martín y de paso, salvar su vida. Héctor se negó, “no tengo nada que decir, no tengo nada que negociar”.

Y eso creo que es una frase de Héctor que debemos acuñar: “No tengo nada que decir, no tengo nada que negociar”. 

Vamos a dedicarle nuestro primer canto o grito a la compañera Dora Falco que aquí está presente entre nosotros, su mamá:

Compañera Dorita Falco

¡Presente!

Compañera Dorita Falco

¡Presente!

Compañera Dorita Falco

¡Presente!

Compañera Beatriz Oesterheld

¡Presente!

Compañera Marina Oesterheld

¡Presente!

Compañera Estela Oesterheld

¡Presente!

Compañera Diana Oesterheld

¡Presente!

Compañero Héctor Germán Oesterheld

¡Presente!

Compañero Héctor Germán Oesterheld

¡Presente!

Compañero Héctor Germán Oesterheld

¡Presente!

 Ahora y siempre

¡Presente!

 MARTÍN

Ahora y siempre.

UN COMPAÑERO

Martín ¿Por qué nunca nombraste a Bull Rockett?

MARTÍN

Bull Rockett, ¡extraordinario!

MARTÍN

Tenemos el compañero Solano López que, a lo mejor, se anima a dibujar algún El Eternauta.

Quiero destacar una cosa que, a la derecha de Héctor, en el orden de los posters colgados en las paredes) está Hugo Pratt, que fue parte de la vida cotidiana de la casa de Elsa y que fue un gran amigo de la familia, un querido italiano, a quien yo tuve el honor de conocer y reportear (Sargento Kirk, Ann y Dan, Corto Maltes) y también Gustavo Trigo, el dibujante de La Guerra de los Antartes, que publicó Héctor en el diario Noticias de Montoneros y que fue su último dibujante, digamos, prácticamente, salvo lo de San Martín, y que después falleció por una enfermedad en Europa, que siempre fue un compañero, inclusive estuvo presente.

También he acoplado al compañero Calé porque fue uno de los grandes dibujantes de los años 50, un sociólogo casi del dibujo, el papá de Alejandro del Prado, gran cantante de rock argentino Alejandro del Prado, (Locos de Buenos Aires, la Murguita de Villa Real) y de Horacio del Prado, un respetado periodista.

Muy bien, ha sido una gran alegría compartir esta noche en familia con los Oesterheld, con Dorita, con Mario….

Todos nacemos, vivimos y morimos, el gran secreto es saber cómo vivimos y en definitiva esta fue una reunión que mostró todo el amor que nosotros sentimos por los compañeros, en particular por Héctor y sus hijas quien le ha dado nombre a la Agrupación pero también no solamente a los que están en los posters sino a todos los compañeros que están en nuestro corazón.

Nuestro ejercicio, lejos de tratarse de los muertos, trata de la vida y de todo ese amor que nosotros recibimos de ellos y que está presente con su memoria en nuestros corazones. 

Esto fue todo por hoy, muchísimas gracias.