CEFERINO, EL SANTITO MAPUCHE

En el centro con la cara cuarteada de dolor y de enojo, el  “Coronel Manuel Namuncurá” con anteojos lenon y uniforme militar.

CEFERINO, EL SANTITO MAPUCHE

 

En la basílica de San Pedro en Roma, hay una estatua de Don Bosco en la que el santo está flanqueado por San Domingo Savio, su ejemplar jovencito alumno, y por un indígena que representaría a Ceferino Namuncurá. El indígena está de rodillas como sometido, no así Domingo Savio, que está de pie.

 

Aquí esta la foto que creo todos conocemos. La que aparece en las ilustraciones de los manuales de 5º o dando un toque étnico a un producto patagónico como el hall de una tratoría o el recibidor de un hotel 5 estrellas.

 

En el centro con la cara cuarteada de dolor y de enojo, el  “Coronel Manuel Namuncurá” con anteojos lenon y uniforme militar. A su lado dos de los entre 25 y 30 hijos que tuvo con sus 14 esposas. Uno de ellos, el de la izquierda, Ceferino,  vestidos también los hermanos como para cambiar el modo de estar en el mundo.

 

Manuel parece concentrado en aquellos días de 1.876, en que cinco divisiones de soldados con uniformes como el que él mismo tiene ahora, avanzan contra su pueblo, humillando la condición humana.

 

Parece llegarle un rumor de aquellos días en que la sociedad huinca participaba de el debate entre Alsina y Roca, debate que tenía un nombre ilustrativo: “el problema del indio”. Uno quería asimilarlo a la cultura huinca, el otro exterminarlo. Nunca un problema tuvo solución más fácil: “el problema del indio”, era el blanco.

 

Manuel parece recordar el viento, una piedra filosa.

 

Muerto Alsina (1.877), Avellaneda nombrará en ese cargo a su opositor Julio A Roca que en el congreso dirá “Es necesario ir a buscar al indio en su guarida, para someterlo o expulsarlo…”

 

En abril de 1.879 comienza la mal llamada campaña al desierto. Primero arrasando las tolderías y llevando la frontera hasta los ríos Negro y Neuquén.

 

Los indígenas que no son asesinados, son tomados prisioneros, algunos enviados a la zafra en Tucumán, las mujeres entregadas como personal doméstico, se destruyen los vínculos, arrancan hijos de sus padres, destierran a la gente de la tierra, el pueblo mapuche es acusado por los poderosos de la época y encontrado culpable, “de estar ahí”, donde ahora querrían estar ellos, sus animales, sus estancias.

 

Las palabras dadas a la tropa en 1.881, cuando se inicia la tercera etapa de la conquista, son distintas que las dadas en el Congreso: “Matanza y exterminio”.

 

Esta foto se trata justamente de esta orden.

 

Matanza es lo ya venían demostrando eran capaces de hacer, el exterminio, buscar que el otro deje de ser quien es, eso quedaría para la iglesia en primer lugar y en segundo plano para la escuela que haría pie unos años más tarde con el mandato castellanizador y argentinizador.

 

Algo así hicieron en la última dictadura militar agarrados de la orden de “aniquilar”.

 

No se trató de detener al supuesto guerrillero. La orden de «aniquilar» supuso también para estas bestias, robar los niños y cambiarles su identidad. Violar, robar, quemar los libros, prohibir.

 

En la foto, Manuel Namuncurá parece recordar la primavera de 1.883, cuando sólo resistían Sayhueque, Inacayal, Foyel y él mismo. Con 5.000 lanceros, sin sable, ni quepi, ni uniforme, ni anteojos lenon.

 

La misión salesiana entró con el ejército, ese es, al decir del padre salesiano Antonio Mateos (desde 1.970 en Pampa del Malleo) «el pecado capital».

 

«Cuando vino Milanesio, y todos los primeros misioneros que estaban acá, se hablaba de una teología de la salvación. El que no se convertía no se salvaba” reconoce Mateos quien prefiere «no hablar de culpas, sino de errores». 

 

Esta foto habla del exterminio.

 

Tiene la opaca y exacta violencia de esa parte de la orden.

Ahí está el bravo Manuel Namuncurá, rendido, con pilchas de coronel. El papá y los hijos en posición de quietos. Colores blancos, negros y grises en la foto y sin embargo, no se puede mirar sin empezar a sentir insoportable las manchas rojas de sangre, coágulos de lagrimas y gritos por tanto dolor y barbarie. Se alcanzan a escuchar risas y sablazos cruzando la foto.

 

Cuando el estado Argentino se decidió a hacer una escuela en Huilqui Menuco  (hace unos 30 años) se acordó de Don Manuel Namuncurá, pero se acordó de cuando se rindió. La escuela Nº242 se llama “Coronel Manuel Namuncurá” y  tiene un padrino listo para limpiar culpas dando algo que le sobre, “el ejército argentino”.

 

Ceferino en la foto, tal vez tenga unos 12 años. Tal vez la sacaron cuando de paso a la Capital, se hospeda con su papá en el colegio Don Bosco de Bahía Blanca. Después llegaría a Buenos Aires para estudiar y “ser útil a su gente”.

 

Pocos años más tarde va a tener la oportunidad de ser útil cuando en 1903 su papá quiere llevarlo a sus tolderías como lenguaraz y secretario. Ceferino se refugia en su protector el Dr. Luis Sáenz Peña, y en monseñor Cagliero para que lo apoyen a seguir su vocación.

 

Estos señores para que siga su vocación lo alejan de su padre enviándolo a Viedma para que continúe sus estudios bajo el cuidado del padre Evasio Garrone.

 

“El 24 la pasé con el P. Barreto, en san Ignacio, reserva de las tierras de la tribu Namuncurá. Unas 60 o 70 familias muy dispersas, un cacique, Aníbal, hermano de Ceferino, ya en el ocaso pero notable personalidad, con “savor faire”. Una capilla donada por los Lagos Mármol de Quillén, hace años.”

 

¿Quiénes son los Lagos Mármol que de tan buena fe donan madera para la capillita?

 

Unos de ese puñado de estancieros que financiaron la campaña al desierto, poniendo las migajas finales para lograr que los que se salvaron se abuenen, bajen la mirada, se sometan.

 

Es particular el caso de la estancia Palitué.

 

Su nombre viene del que los mapuche daban al lugar, por tener una hermosa pampa siempre verde (a pocos kilómetros de Junín de los Andes) donde según me contó la abuela Carolina Millapi hace unos años, “los mapuche nos juntábamos a palicar porque se venía el malón huinca, de este modo nos preparábamos.” .

 

Esta estancia pertenece a la familia Hiriart, esposa del genocida Pinochet.

 

Ahora el papa Ratzinger firmó un decreto que declara beato a Ceferino.

No puedo escucharlo a Ratzinger sin recordar la historia de abuso y dominación hacia este pueblo originario.

 

El obispo –dice el mismo San Sebastián sobre De Nevares- sabía  que tenía que evangelizar y llevar a Cristo al pueblo mapuche, pero sin atropellar ni imponer.¿?

 

Siempre me costó entender esto.

 

Se me ocurre que Ratzinger esta moviendo algunos decretos para completar aquel mandato de exterminio, del mismo modo que los estrategas del catolicismo otorgaron a los jerarcas nazis después de la guerra, pasaportes falsos del vaticano para que salieran de Europa y vinieran a Argentina (muchos a la patagonia) o alimentó la locura del cura represor  Christian Federico von Wernich, el capellán de la cadena represiva de la Policía Bonaerense.

 

Según relatan los testigos, Von Wernich entraba en las celdas como si fuera un enviado de Dios complaciente, con una sonrisa en los labios.

 

A veces llevaba sotana; otras, apenas la camisa sacerdotal celeste o un poncho de vicuña con el que cubría sus hombros del frío.

 

Llegaba, casi siempre, después de largas, terribles, extenuantes jornadas de torturas. Entonces intentaba quebrar las almas.

 

Respeto a las personas que profesan cualquier tipo de fe. Esa que potencia la esperanza en un buen invierno, en salud para los chicos y los viejitos.

 

Por supuesto que a Ceferino, a Manuel, a toda su familia de entonces y de ahora, y a todos aquellos que canalicen su fe a través de su nombre.

 

Pero me parece desparejo pensar sólo en términos de fe cuando otros actores de la misma foto piensan políticamente.

 

Ahora que por la tele y la radio anuncian el decreto de la beatificación de Ceferino Namuncurá como un gol de media cancha, me permito pensar otras cosas que forman parte de esta historia.

 

Nuestra historia Argentina, manchada en las páginas relacionadas con los pueblos originarios, de sangre y vergüenza.

 

Aquí está la foto que creo todos conocemos. Mostrando algunas cosas, pero diciendo muchas más.