LEGITIMANDO EL MODELO

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Jorge Rulli:-Una parte importante de la población argentina está política y socialmente secuestrada por una dirigencia experta en la generación de planes sociales.

LEGITIMANDO EL MODELO Por Jorge Eduardo RulliEDITORIAL DEL DOMINGO 4 DE NOVIEMBRE DE 2007 Tuvimos comicios una vez más.  Sí, tuvimos un ejercicio denso de ciudadanía. Bastaba ver el carnaval de pasacalles en los días previos, y el tan intenso como hueco fragor de los discursos y hasta las publicidades electorales que desde los aviones, y contra toda ley natural, desvelaban las tardes pueblerinas.  Y cuando digo un ejercicio de ciudadanía, lo digo con toda la conciencia que fue un ejercicio propio de lo urbano, un ejercicio forzado de los que se hacinan en la ciudad, en esas ciudades megapolizadas del país invadido por los monocultivos.  Un ejercicio de ciudadanía para los habitantes de la ciudad en el país globalizado por el interés de los mercados internacionales, una Argentina en que los espacios rurales devienen inhabitables por la abrumadora invasión de los tóxicos de la agricultura industrial.  Ese país en que nuestros más brillantes intelectuales abruman con sus reflexiones “desde la polis”, mientras las combativas corrientes de la izquierda buscan en los nuevos protagonismos urbanos, los sujetos que expresen el tránsito inevitable de la historia hacia el socialismo…  Un ejercicio denso de ciudadanía, con miles y miles de autos y colectivos transportando gente condenada por su indigencia, por la incertidumbre y por los subempleos precarios de los cordones de pobreza.  Sí, una parte importante de la población argentina está política y socialmente secuestrada desde hace años por una dirigencia experta en la generación de planes sociales; esa población desde la época de la dictadura, vive y muere secuestrada por las políticas clientelares, permanece en condiciones paupérrimas y alimenta un leve rescoldo de las esperanzas que alguna vez encendiera Evita y que ahora una red aceitada de punteros aprovecha sin escrúpulos.  Viven en situación de masa de maniobra siempre disponible, ignoran que disponen de derechos, yacen en condiciones infrahumanas al borde de los arroyos contaminados, en las márgenes de los ríos de aguas negras y pútridas que atraviesan la ciudad, al borde de los basurales a cielo abierto y de las tosqueras que hacen del conurbano y visto desde el cielo, un enorme queso gruyere, y que son la otra cara de la bella red de autopistas por las que circulan miles de autos de una Argentina que confía en el futuro. .  Un destacado amigo periodista, pocos días antes de las elecciones quiere saber a quien voy a votar.  Le respondí rápido: “quiero cambiar el perro, no el collar”.  Le causa gracia mi comentario, probablemente insólito en épocas de extremo realismo de la izquierda, y yo supongo que fue mi abuelo libertario el que puso esas palabras en mi boca.  Sí, el perro no fue puesto en discusión en estas elecciones y lamento incluir en esta afirmación a algunas gente honesta con la que simpatizo y a la que guardo afecto.  Nadie puso en duda la permanencia del modelo.  Expresar, tal como lo hizo el compañero Cadelli, que lo que debemos nacionalizar son las rentas portuarias para que esas rentas queden en manos de los pequeños productores y no de las corporaciones, no es impugnar el modelo sino buscar un modo sutil y de presunta equidad, pero que lamentablemente lo legitima.  Expresar como lo hace la Federación Agraria Argentina, a través de Buzzi, que se deberían categorizar los derechos de exportación para que un fondo de inversión que tiene cien mil hectáreas de soja no deba pagar el mismo porcentaje de retenciones que un pequeño productor que tiene solo cien, no es impugnar el modelo sino también, legitimarlo… y podríamos añadir además que, se esta no solo aceptando sino además naturalizando, lo aberrante de que las Corporaciones descarguen los derechos de exportación en los productores.  Y de Buzzi nos vamos a Lilita, que nos propone el gesto insólito de “sacar las manos del campo” en un país que paradójicamente no tiene políticas agrarias y donde las Corporaciones hacen lo que quieren y nos transforman de hecho en un inmenso laboratorio; y podríamos continuar de igual manera con Lavagna, que hace años debió reconocer que tiene a Monsanto en la cartera de clientes de su consultaría…  sin hallar ninguna propuesta que esboce algún cambio en el modelo de neocolonización agraria exportadora que se nos ha impuesto.  Y estamos siempre hablando de la oposición presunta.  Qué no decir entonces del oficialismo que da por sentado que este modelo heredado de los años noventa debe ser fortalecido, ahondado, institucionalizado, y además como nos sorprende el Canciller Taiana, antiguo compañero de cárcel y que no le va a la zaga a los Huidobro, Mugica y compañía que gobiernan la hermana República del Uruguay, que este modelo debe ser complementado con la exportación de maquinaria para siembra directa …  O sea que alguno de estos antiguos montoneros, asumen hoy clara y decididamente, lo que veníamos largamente sospechando y denunciando, que el proyecto es llevar este modelo sojero biotecnológico y de producción de forrajes y agrocombustibles, a países más pobres, transformando a nuestra patria en una secuencia intermediaria en el perchero corporativo del gran gallinero globalizado.  Y yendo a la izquierda, podríamos decir que, una vez más y en un cierto sentido oportunista, parece tenerla muy clara.  Se trata de disputar en la ciudad los nuevos protagonismos y en especial los dineros que provienen de las rentas del campo.  Alguna vez lo dijimos con ironía y dudamos de haber sido comprendidos, “pídanle un subsidio a Cargill para hacer el socialismo”.  Bueno, probablemente nos estemos acercando a ese momento extraordinario que anticipamos en su hora casi como un improperio o una bofetada y que tan sólo provocó en quienes nos escuchaban, algunas expresiones de sorpresa y de incomprensibilidad.  De hecho es lo que han hecho hace ya tiempo los socialistas en el Gobierno municipal de la ciudad de Rosario: convenir espurias ventajas para el gigante invisible que es Cargill, para con ese respaldo, impulsar mejoras sociales y edilicias que les aseguren la continuidad electoral y poder perpetuarse en el poder municipal.  El espacio urbano es cada vez más, el ámbito de existencia de los que han debido arraigar en el desarraigo y han hecho de los no lugares sus lugares habituales de vida.  Lo había visto alguna vez con sorpresa en los subterráneos de Roma durante los fines de semana, en que los latinoamericanos se reunían por centenares para reencontrarse y hacer vida social.  Esto mismo está ocurriendo hoy entre nosotros, cuando gran parte de la población es víctima de las migraciones internas y ha llegado a la gran urbe expulsada de sus lugares de origen por el modelo de la agricultura industrial.  Aceptar estas situaciones sin espíritu crítico,  implica la enorme complicidad de naturalizar el modelo del despoblamiento, pese a ello la izquierda vuelve a repetir hoy ese gesto, tal como lo hiciera en sus orígenes, y me refiero a los inicios del capitalismo, cuando tras la derrota del mundo campesino, acepta dar la batalla por el poder en los marcos de las nuevas urbes industriales y eligiendo a la clase obrera como la palanca del cambio posible hacia el socialismo, sin considerar que esa misma clase explotada que presuntamente era portadora de una esperanza de nueva sociedad, no era más que el producto de una enorme derrota histórica de la humanidad y del proceso civilizatorio, una derrota que significó un corte brutal en los procesos culturales y en las posibilidades de un desarrollo espiritual superior para la especie humana.  En esta democracia de baja o nula participación popular, advierto algunos problemas derivados de que los modelos de la dependencia neocolonial, tales como la minería, los monocultivos y la pérdida de soberanía energética, no se discutan ni sean parte de ninguna agenda importante, ya sea gubernamental u opositora.  Uno de esos problemas es que si teníamos esperanzas de que el Poder Judicial fuera capaz de corregir determinados y gruesos desvaríos, esa esperanza ha quedado sumamente menguada luego de los fracasos habidos en la intervención de la Corte tanto en el caso Riachuelo Matanza, como en el caso de las condiciones de hacinamiento y vejación de los presos de la Provincia de Buenos Aires y el de los aborígenes muertos por hambre en el antiguo Impenetrable.  Esta por verse todavía, si es que la Corte, trabada por sus propias contradicciones, no sabe o no puede imponer sus decisiones, si acaso la destrucción sistemática del Estado ha creado indigencias por las que sus mandatos se hacen imposibles de cumplir o acaso, como tememos, si la dirigencia política resulta más impermeable de lo que se suponía, a todo mandato que no surja de sus propias vísceras.  El otro tema que merecería desarrollarse es el del Decrecimiento.  Necesitamos instalar con urgencia, las diferencias entre Desarrollo y Crecimiento, y consiguientemente, abrir debates acerca de la posibilidad de decrecer con simultáneas y crecientes formas de desarrollo que aseguren bienestar y calidad de vida.  Necesitamos menos exportaciones, menos producto bruto, menos estadísticas falaces que son visualizadas siempre desde miradas hegemónicas y donde los que cultivamos nuestro huerto, hacemos nuestro pan, alimentamos con las sobras a nuestras gallinas y nos movilizamos en bici, no figuramos.  Desde cada uno de los más pequeños y perdidos municipios se genera e impone el gran plan del agronegocio, y no solamente desde los grandes despachos y los multimedios.  El plan sistemático de hacer desaparecer la cultura de la autoproducción de alimentos y de los circuitos de energías productivas asociados y complementarios, propios de la vida granjera y campesina, es liquidado sistemáticamente en la base misma de la sociedad argentina.  Se trata de instalar en cada vecino la dependencia a insumos y el respeto por las tecnologías, acostumbrarlos a quemar el pasto de la vereda o de la zanja con el Roundup de Monsanto y no a cortarlo como fuera siempre con la azada o el machete.  Se trata de que no tengan el gallinero familiar sino el criadero de ponedoras atado a los balanceados y a los pollitos reproducidos industrialmente, que no tengan vacas para el uso propio y que se instale en cada uno el concepto de que la fruta y la verdura, como la carne y el vino se toman de la góndola.  En un horizonte de ingesta masiva de comida chatarra con fuertes consecuencias en el desarrollo neurológico de varias generaciones de argentinos, no resulta un tema menor, a pesar que hayan sido cuestiones ausentes en estas elecciones.  El Agronegocio, la comida basura y la domesticación a los nuevos valores que imponen la TV y la fascinación del telefonito y otras tecnologías de punta, son el modelo actual del colonialismo, la manera en que los representantes del poder diseminado y de los pensamientos hegemónicos nos hacen entrar en el proceso de imposible retorno de la globalización capitalista.  JER/ www.grr.org.ar