DE DOÑOS CAMILOS Y PEPONES

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(Don Camilo y Don Peppone de Guareschi) Hernández Arregui: -en los diálogos entre católicos y marxistas es preferible encender una débil vela que maldecir en las tinieblas.

DE DOÑOS CAMILOS Y PEPONES

 

Por Roberto Bardini

 

"Hace casi exactamente 1860 años, actuaba también en el Imperio romano un peligroso partido de revoltosos. Este partido minaba la religión y todos los fundamentos del Estado. Negaba de plano que la voluntad del emperador fuesela suprema ley; era un partido sin patria, internacional, que se extendía por todo el territorio del Imperio, desde la Galia hasta Asia y traspasaba las fronteras imperiales.

 

Llevaba muchos años haciendo un trabajo de zapa, subterráneamente, ocultándose. Pero desde hacía bastante tiempo se consideraba con la suficiente fuerza para salir a la luz del día. Este partido de la revuelta, que se conocía por el nombre de los cristianos, tenía también una firme representación en el Ejército. Legiones enteras eran cristianas.

 

Cuando se los enviaba a los sacrificios rituales de la iglesia nacional pagana, para hacer allí los honores, estos soldados de la subversión llevaban su atrevimiento hasta el punto de ostentar en el casco distintivos especiales -cruces- en señal de protesta".

 

Esto no lo escribió Edgar Schmid, sino Federico Engels. Figura en la Introducción a "La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850", publicado en Alemania en 1895.

 

Lo cita Juan José Hernández Arregui en "Nacionalismo y liberación" (editorial Hachea, Buenos Aires, 1969), que lleva por subtítulo "Metrópolis y colonias en la era del imperialismo".

 

Hernández Arregui recuerda que el cristianismo posteriormente se apartó de sus fuentes primitivas, acabó en culto del Estado y se convirtió en la religión de las clases poderosas.

 

También se apartó de san Pablo, un judío converso -el verdadero fundador de la Iglesia- que por primera vez en la historia formuló la idea de la "unidad del género humano" cuando se pronuncia por: "[…] una inteligencia en que no haya paganos ni judíos, ni circuncisos ni incircuncisos, ni extranjeros ni bárbaros, ni hombres libres ni esclavos, sino que Cristo sea en todo".

 

Creo que esto se podría considerar como una de las primeras nociones -si no la primera- de socialismo (no "científico", ya sé, ya sé).

 

En "El origen de la religión", S. Enshlen (ignoro el nombre de pila del autor y la editorial es una palabra impronunciable, Moscú, 1954) 

 

Hernández Arregui dice que "los diálogos entre católicos y marxistas no sean enteramente inútiles, ya que es preferible encender una débil vela antes que maldecir en las tinieblas".

 

Muchos intelectuales católicos, con Pierre Theilard de Chardin a la cabeza entendieron esta cuestión. El filósofo cristiano Jean Lacroix (1900-1986), fundador de la revista Esprit y editor de la sección de Filosofía en Le Monde,

escribió: "El marxismo es la filosofía inmanente del proletariado […]. Lo que caracteriza al marxismo es su realismo, que considera a la humanidad en su realidad concreta".

 

Emmanuel Mounier (1905-1950), amigo de Lacroix y cofundador de Esprit -donde también escribían Nicolás Berdiaeff, Jacques Maritain y François Mauriac- se propuso conciliar a Marx con el cristianismo a través de Soren Kierkegaard. Y lo mismo hizo Joseph Folliet, un representante del llamado "catolicismo social" francés.

 

Arnold Toynbee, influenciado por san Agustín y Oswald Spengler, le recordó a la Iglesia que el mérito del marxismo consistía -cito a Hernández Arregui- en "su llamado a atención a los católicos sobre la importancia decisiva de la cuestión social y que, por tanto, la Iglesia debía reconocerle al marxismo su fuerza estimulante respecto a la exigencia de un retorno a un cristianismo evangélico".

 

El reverendo y doctor en Filosofía V. H. Demant, autor de Religion and the Decline of Capitalism (Oxford, 1949), fue

más crítico: "El hecho que quita significado a la mayoría de nuestras teorías de la Iglesia y el Estado es la

supeditación política de ésta a la economía y las finanzas".

 

El religioso dominico y sociólogo francés Louis Joseph Lebret (1897-1966) que a los 21 años, antes tomar los hábitos, fue condecorado con la Legión de Honor por su coraje en la Primera Guerra Mundial, no se anduvo con vueltas: "Los cristianos deben romper en todos los terrenos su complicidad permanente con el régimen capitalista".

 

Esta idea acompañó a Lebret hasta el ultimo día de su vida y quedó registrada en sus libros El Drama del Siglo y

Cartas a los Cristianos de Buena Voluntad, los dos editados en Buenos Aires en la década de los 60. Pero el dato que

pinta entero a este cura es que fue el principal inspirador de la encíclica Populorum Progressio (1967).

 

Los seguidores de Lebret -cuya obra también reconoce Hernández Arregui- destacan "su misión en favor de los

pobres, los oprimidos y los pueblos en vía de desarrollo".

 

En Tacuara citaban a Job, de la tierra de Uz y considerado "íntegro y recto": "Es milicia la vida del hombre sobre la

tierra" (Job: 7, 1). Lebret desarrollo esta idea en un mensaje sencillo, como hablan los curas:

 

"Hay que amar la lucha. Hay que considerarla normal […]. No debemos maravillarnos ante ella; sino aceptarla,

mostrándonos valientes en el combate; ser nosotros mismos, y no faltar nunca en esa lucha ni a la verdad ni a la

justicia […]. Pero no debemos amar el combate por el combate mismo, sino por amor del bien, por amor a nuestros

hermanos que hemos de liberar".

 

¿Liberarlos de qué? De lo que él se opuso siempre: el capitalismo.

 

Aunque no soy chupacirios sino chupatintos, podría extenderme mucho más en este tema pero creo que ya abusé

demasiado de la paciencia de eventuales lectores.

 

Otro día me gustaría escribir algo sobre Jean-Yves de Calvez y Gustav Wetter.

 

Calvez, jesuita francés, director del Centro de Estudios, Investigación y Acción Social (CERAS), de París, profesor

de moral y jefe de redacción de la revista Etudes, es considerado uno de los especialistas internacionales más

competentes de la doctrina social de la Iglesia.

 

Wetter, jesuita austriaco, conferencista internacional y analista erudito, escribió una voluminosa obra sobre las

cuestiones del comunismo que, a su juicio eran negativos, sin dejar de mencionar algunos aspectos sociales que

resultaban más humanitarios que en el capitalismo.

 

Para terminar, vuelvo a citar algo de Hernández Arregui que me hizo gracia: "Alrededor del marxismo andan también los jesuitas. Lo cual, hasta hace poco años, hubiera sido como rezarle a Dios y ponerle velas al diablo".

 

RB/

N&P: El Correo-e del autor es Roberto Bardini (Bambu Press) bambuprensa@yahoo.com.mx

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