POEMAS INÉDITOS DE HOMERO MANZI A 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO.

Horacio Salas

homeromanzi-2-1
Una luna porteña, que remontó en la esquina,/ barrilete nocturno de arrabal, / aloteó dos palomas en Puente Alsina / y las tiró por su ventanal.  Homero Manzi: 100 años

( Algunos poemas no publicados en vida por Manzi)

POEMAS INÉDITOS(por Homero Manzi) 

Rosedal

Rosedal,paisaje de peluqueríacursi como una pérgolao como un paquete de masas con cinta azul y blanca.Tal vez por eso mi aventura infantil te despreció [inclemente.Y con malandrines prefería las arcadas del puentedonde pernoctan vagos filosóficamente.………………………………………………………………………………….. Yo, cabalgando en un Ford modelo antiguohacía ruborizar a tus rosedales,pero tus mujeres te vengaban por encima del hombro. Rosedal,con tus banquitos eunucos pintados de merengue,donde posan seguras las nalgastres vírgenes largasporque siempre son tres las flacas incontaminadas.Yo de puro atorrantete pondría farolesy casitas de latay zaguanes oscuros con humedad de besosy perfumes de albahaca.Y en tus paredes planchadas al rodillopondría un organito, un rengo,una esquina,un boliche y una muchacha.Rosedal,Parnaso decadentedonde duermen las musascien veces benditas de los Intendentes. Cada vez que contemplo tu lagosarcófago de fetos y de un descuartizadosiento unas ganas locas de adornarlo con tachoslatonesbotas viejascon una cama jaulacon una escupideraigual que en los fanales de Pompeya.  

42 versos a la Facultad de Derecho

La Facultad de Derecho es una casa vieja.La trajeron —pretendo— de Lovaina o de Liejaen una tarde fría y otoñal,y en la ciudad ruidosafue un asombro ojival.En su torre, doliente como un sueño inconcluso,dialogaron sus noches porteñas y los vientoscon silbidos de jarcias y con lamentosde gatos lunáticos y confusos.Una luna porteña, que remontó en la esquina,barrilete nocturno de arrabal,caloteó dos palomas en Puente Alsinay las tiró por su ventanal.Palomas proletarias que hicieron nido con sus ladrillos,igual que en los tejados de las aldeas,igual que en la techumbre del conventillo.Y la extranjera consistorialensayó un paso en la cuerda floja de la emoción,cuando la plateada galleta marineracon corazón de panle tiró las monedas de su amor,y en la resurrección sensiblera le brotó un corazónque en sístoles de huelgasy en diástoles de gritasefectúa la cardíaca revolución.Corazón que practicala leyenda hipocrática de dormir a la izquierda,hecho con las estrías de cien muchachos locosque sueñan con la pazy que hacen la simbiosis—pampeanamente rara—de Yrigoyen y Marx. ……………………………………………………………………Pero está cerca el día de los tejados muertos,el día de la buena ración,cuando se vuelen las palomasy se detenga el corazón.Entonces esa luna de arrabalse quedará en el cielo del almacén,y la extranjera consistorialvolverá a ser un asombro municipal.Que así no sea.Amén.  

Buenos Aires colina chata

Sobre una colina chataGaray trazó cuatro vientos.Por un costado la pampa,al otro lado el riachueloy el río contra la espalday contra el pecho el desiertocon su horizonte de pajay su techumbre de cielo.Garay trazó diez manzanassobre un cuadrado perfecto,y el sitio de las campanasy el lugar de su gobiernoy las casas capitanasy los tejados modestosy el ámbito de la plazapara los grandes recuerdos.Garay trazó con su espadala forma de un pueblo nuevo.¿Cómo era la pampa aquellasin gauchos y sin cencerros,sin chinas, ranchos ni huellas,sin boliches ni puesteros…?¿Sin un mazo de baraja,sin el grito de un resero,sin un fogón y una casa,sin un mate y sin un cuento…?¡Sólo era una pampa, pampacon un desierto desierto,con su horizonte de pajay su techumbre de cielo…!Qué raro que se quedaranlos españoles aquellos,atados a las distanciasclavados a los silencios.Tal vez porque ya eran otros,distintos a los primeros.Tal vez porque ya eran criollosa fuerza de sufrimientos.Porque llegaron del norteinaugurando senderos,madurados por los solesy las lluvias de febrero. 

Hombre

¿Eres cientos de vidas, o una vida?¿Una sola infinita y dolorida?¿Eres dueño del mundo en que transitaso el mundo es una gruta donde habitas?¿Andas entre flores y el paisajesin poner el perfume y el celaje?¿Creaste una deidad omnipotentepara que manejara tu presentey tu pasado y lo que nunca ha sido,lo muerto, lo vital, lo presentido?Cruzas frente al espejo de tu espejoy no eres el reflejo de un reflejo.Manejas tardes y también mañanasy ríos y amapolas y ventanasy lágrimas y sombras y cancionesy juncos y fatigas y emocionesy guerra y paz y prados y ciudadesy juventud y ancianidad y edadesy libros y banderas y armoníasy das luna a la noche y sol al día.Mides los mundos que tú hiciste mundoscon teoremas exactos y profundos.Trabajando en tu nada y en tu todopintas blanca la nieve y negro el lodo.Prescribes lo moral y abres caminosy ponderas valores y destinos.Juzgas para esta vida y otra vida.Ésta fugaz y la de allá dormida,sobre un tiempo sin tiempo —fuego o nube—y dices que el mal rueda y el bien sube.Corres como un gigante desoladocon fuerzas que tú mismo has convocadoy de pronto, cortando tu carrera,te blasfemas, te lloras, te veneras,te conviertes en cientos de millonesque maldicen o rezan oracionesy te cambias el rostro en cada suertey vuelves a la vida y a la muertecon una vanidad empecinadahecha de polvo, de ceniza y naday aguardas rosa de la mano amigay de la mano sin amor ortiga.Pero sabes que todo está en tu sueño:ortiga y rosa, soledad y leño.Eres trágico así y eres culpable.Si eterno, te defines deleznable.Si santo, buscas torpes tentaciones.Si valiente, te ensucias con pasiones. Eres trágico así y eres absurdocuando te vistes con el gesto burdoy abismas en fracaso abominableel bien, de cuya norma eres culpabley cuando hieres con tus propias manostu propio corazón en tus hermanosy descargas la furia de tus brazossobre el propio dolor de tus pedazosy destruyes los sueños de ti mismo,lanzando lo que es tuyo hacia el abismo.¿Cómo puedes herir a la criaturaque es una imitación de tu figura?¿Cómo puedes gozar del cataclismosi está hecho todo en carne de ti mismo?¿Si el cielo, la perdiz y la cabañasalieron desde el fondo de tu entraña?¿Si la bestia que pace y los pastorestienen tu amor y tienen tus dolores?Hombre que todo lo soñaste un día,no puedes solazarte en la agonía.Y no puedes mentir que son mil vidasajenas a tus manos atrevidas.Eres uno, el primero, el que hizo todo.Blanca la nieve blanca y negro el lodo.El que duerme en las hondas sepulturasy despierta después en las criaturas.El creador de sí mismo, el propio dueño.El responsable de su enorme sueño.Deja tu vanidad empecinadahecha de polvo, de ceniza y nada,y vuelve a ser el ángel legendarioque hizo la cruz y que labró el rosario.No puedes ver morir con sorda calmalas cosas que pariste con el alma.Nada menos que tú, que eres poetay fuiste tu factor y tu profeta.Nada menos que tú, que de tan nobletrajiste hasta tu casa el pez y el roble.Y que hiciste infinita la medidapara encoger tu imagen y tu vida.Y que al solo fervor de tu miradadibujaste los cosmos en la nada.Y que al solo temor de hacerte malonombraste un juez y le entregaste el palo.¡Cómo puedes fraguar maldad y muertesi hiciste a Dios para no ser tan fuerte…!  

Jardín zoológico

 Si yo tuviera un sánguche de queso,un jarrito de lata,un guardapolvo blanco,treinta condiscípulos y un chocolatín,en un coche expreso del Anglo,haría una excursión al Jardín. Mi maestra de humildad enlutada,(así la recuerda el corazón)acentuaría el impulso cotidianodel neurasténico coscorrón. Maestrita malhumoradapor culpa de la soltería,pero sin embargo humanacomo una hermanita. Queremos ir contigoy no con la directora,que casi siempre es una señoramayestática e incomprensiva. Tú irías con los zapatos gastados,yo con los trompudos de charoly el flaquito del banco de al ladocon los pantalones remendadosen forma de desilusión. Yo quisiera que vayan todos,todos los que fueron ayer,con los mismos trajecitos,con el mismo orgulloy con la misma sencillez. Pero pido tan sólo una cosa,una cosa que está en la garganta.Permiso para ir con el flaquitoy cederle la ventana. Para no reírme de sus pantalonesy para esconderle el brillo de mi botíny para darle medio sánguche de queso,igual que Carlitos Chaplín. Si yo tuviera treinta condiscípulosy una maestra y un chocolatín,iría de nuevo al Jardín.Entonces el purrete que llevo en mi hombría,mataría a aquel hombre que hubo en mi niñez.  

María

Heroína de tango, te llamabas María.Tenías ojos negros y ganas de soñar.Me contabas historias que entonces te creía,y hasta me hacían llorar. Para mi adolescencia eras la Magdalenadel pecado inconsciente y del padre borracho.Por eso tu palabra me llenaba de pena.¡Es que era un buen muchacho…! Te besaba en las manos, te recitaba versosy te leía cuentos de Gogol.Y cuando abandonábamos aquel antro perversoíbamos a los parques a ver nacer el sol. Una vez me pintaste la miseria de tu hogar.Y al verme entristecido,en un golpe de histeria te pusiste a llorar. Te consolé juntando las palabras más buenasy te ofrecí la salvacióny te hablé de una vida serenadonde se unían tu nombre y mi ilusión. No volví a verte más desde aquel día.Te perdiste en la sombra y vanamente te busqué.Pensé en tu desamor, en tu falsía,te maldije y lloré. Heroína de tango, la vida dura,me fue quitando aquella ingenuidad.Pero he vuelto a creer que eras puray a saber que tuviste piedad.  

Douglas Fairbanks

Era un galán jocundoque se casó una tardecon la novia del mundo.Había nacido en Denver City,capital de un estadoque el Arkansas alegra,corriendo entre cañonestrazados en la piedra.Fue jugador de bolsa,estudiante de minase intérprete de Shakespeare.De su ciudad natalque humedece el South Forkpasó de un saltoal cielo de New York.Y trajo de su Denver,tierra de la ilusióndonde van los enfermosque sufren del pulmón,la limpieza del airey hasta la pretensiónde haber vivido en Araphoedonde el pecho descansay la poesía roe el corazón. Tenía “sex appeal” español.Es decir brillante la mirada,el caminar magníficoy una flor en la risa.Una flor decoradacon pétalos de dientesy nácar de dentífrico.Se enamoró tres vecesy se casó otras tantas.Una vez con la madre del muchachoque prolongó su estampa.Otra vez con la novia de todos.Mary Pickford, la dulce,y la quiso a su modo.Un modo de magnatecon castillo de piedraescondido en la tardeentre muros de hiedra. Trabajó en cien películasvestido de corsarioescalando ventanascon músculo ligeroy gastando el floreteen los pechos falsariosy sacando el sombreroy haciendo el saltarín.Porque en su estilo,era un poco mosqueteroy un poco bailarín.Nuestra infancia lo evocacon las manos en guantes,que parecían charol,marcando con “zetas”de su seña infamantela frente del traidor.Pero eso era en la pantalladonde el amor se cumpley la amistad estalla.En la vida privadaera exuberanteque amaba el esplendorde las cosas brillantes.A su casa llegabany eran agasajados,príncipes sin destinoy reyes destronadosy condesas y aristócratasde las tierras demócratas—hubo algún argentino—que ilustra su moderno blasón.Y también se asomabadesparramando “splín”,la sonrisa cansadade Carlitos Chaplín.Chaplín, que no gustabade ejercer ese boato,y que no era corsarioy no era bailarín,con un chiste muy finolo dejó turulatoy le mostró de golpesu sueño de aserrín.Douglas tenía el eternodeseo de viajary juntando cancionesdentro de la victrolay una corte de amigos,se lanzaba a la mardonde lo hacían soñarlos vientos y las olas. Para ser como Drakele faltaba fierezsi le sobraba empaque.Lo traicionaban la sonrisay el afán de la luz.Y, tal vez, el dineroy la mala cabeza.Porque se hastiaba muchoy porque estaba viejoy porque con crueldad,la verdad del espejole presentaba arrugasprofundas en la piel,con actitud histéricacometió el disparatede romper el consorciocon “la novia de América”.¡Y pedir el divorcio…!¡Y casarse otra vez…! Su gesto fue el contrastede lo que no se espera.Y entonces se hizo al marbuscando aturdimientoy desde la distanciale mandaba a su nuera—Joan Crawford— cien consejosde sano entendimiento.¡Douglas dando un consejo…!¡Pobre…! ¡Ya estaba triste…!¡Pobre…! ¡Ya estaba viejo…!Para ser fiel en todoy epilogar en fuertebrincó un salto mortaly cayó con postura finalante el umbral de la muerte. Denver City,donde canta el South Fork,lo espera con su tierrapara brindarle osario.Porque no es en Los Ángelesy tampoco en New Yorkdonde debe dormircon gesto de corsario.Es en la capital del Coloradodonde van los enfermosque sufren del pulmón.Entre cuencas hulleras,bosques, rocas y nieves. En el Condado de Araphoedonde están los lectoresque lloran por Poe.Y donde, a veces, llueve.Donde reina un silenciode alfombra de aserrín.Donde una tarde de éstas,revoleando el bastón,llegará la tristezade Carlitos Chaplína despedirlo en nombrede la generaciónde niños que lo vimosalegre y saltarínescalando balconespara marcar con “zetas”rojas a la traición.  

La muerte de Quiroga

La gente le previene y él no les hace casoy piensa mientras muerde su labio sin bigote,—¡No han nacido los machos que me salgan al paso,ni se templó la daga que me corte el cogote…!— “Pucha con este Ibarra siempre tan desconfiadoy con esa manía de endilgarme un consejo,nada menos que a mí que empecé de soldadoy llegué a general regalando pellejo”. Le asustan a la gente que lleva en el cortejo,con cuentos de camino y crímenes villanos,como ser, las memorias de aquel sangriento viejoque galopó dos leguas, las tripas en las manos. —¡Déjense de pavadas y enganchen la galera…!por cuenteros y maulas les metería una soba.¿Qué quieren, que a mis años pida la escupideray me quede en Santiago masticando algarroba…?— La mañanita brilla con un sol de verano.A la vieja del mate le tiembla hasta la espuma.Ella tuvo un valiente que partió con Belgranohasta que lo tripearon los cuervos de Ayohuma. “Siempre los cordobeses metiéndose en la fiesta.No se les puede dar ni un chiquito de lazo.Si son como esas moscas que zumban en la siestay escapan en cuantito lo ven mover un brazo”. Los algarrobos gozan en el viento temprano.El carruaje está listo y listo el contingente.Quiroga revolea su vicuña riojanoy vivando su apodo lo despide la gente. Hay un poco de pena en el coro apagado.No es un grito violento sacudiendo el estío.Es un viva de muerte, con un eco enlutadoque se pierde sin alma en la arena del río. Un arreador trenzado de afinada punterarefusila chasquidos sobre el aire del ancay las yuntas sacuden la lujosa galeray se escucha el quejido de la rueda que arranca. “¡VIVA EL TIGRE…!” le gritan Ibarra y sus mesnadas.Ya Quiroga está sordo a ese viva ladinoy mira sin mirar dos nubes coloradasque ensangrientan el fondo de su cielo argentino. El coche cruza el campo repechando albordones,después de hacer un bado cejeador en el ríoy costea las chacras de dorados melones,que maduran al fuego de los hornos de estío. Una paisana asoma con su alforjón peruanotranqueando al contrarumbo de la ilustre galeray al ver de qué se trata saluda con la manoy haciéndose a un costado, bajo un mistol espera. Entra un polvo de arena que los párpados cierra.A Facundo, entre sueños, le trabaja una idea.“¡Para qué tanto miedo si no estamos en guerra…!¡Si aura es hombre de paz y no busca pelea…!” “¿Acaso no está allá comandando las cosasJuan Manuel, su compadre, su aparcero, su hermano…?¿Acaso no comprenden que si él le pide a Rosasel favor de un castigo, le va a dar una mano…?” De pronto le pregunta con burla y de sorpresaal Coronel Ortiz que le tiembla el camino.—¿Moriremos los dos en tierra cordobesao seguiremos viaje como cualquier vecino…? El coronel contesta de manera evasivaél ha oído decir que en Córdoba es la cosa.Por algo en Buenos Aires en forma persuasivales quiso dar escolta don Juan Manuel de Rosas. —No se escribe la historia con sangre de gallina…¿no entiende, coronel, que le estoy dando soga…?No ha de haber en la patria una mano argentinacapaz de asesinar a Facundo Quiroga. Se apacigua su orgullo en ese enorme alarde.Contento de sí mismo reclina la cabezay se tira a la sombra propicia de la tardecon un aire de tigre que regusta la presa. Baraja los recuerdos el Tigre de los Llanos.Desfilan los lanceros tras la bandera negray le brindan aplauso los pueblos soberanosque buscan el perdón de su tropa altanera. Y vuelve a hacer arreos en estancias salvajesy se llena de fuego su cuatrera demencia,mientras sus milicianos van pechando el vacaje,que se clava en las patas y se afirma en querencia. Él es un general de machete y espuela,con nalgas para el trote y sangre de pelea;no como el manco Paz, contador sin abuela,que le ganó dos manos peleando a la europea. Y evoca aquel instante cuando en un largo pliego,don Juan Manuel de Rosas le anotició en detalle,de la trágica muerte del Coronel Dorregoy el motín decembrino del faccioso Lavalle…  

Poema

Soy un obrero de tristeza.La esconderé detrás de todas las carcajadasy cuando nadie me vea seré con ella. Un muchacho se tiró desde una esperanza.Nadie quiso reírse de su cadáver.Tan sólo un poeta no le tuvo lástima. El hombre estando solo es estoico.Si no, se moriría de pena. La soledad es la altura de uno mismoy la desilusión es un vértigo. Hay un mejor equilibrio: la muerte.Y hay una mejor dulzura: el reposo. Hay cosas que recordamos no haber dicho nuncay palabras cada vez más nuevas. Con eso se puede hacer tristezasobre la dulzura agonizante de un amoro sobre el amor en equilibrio mudo. Pero algún día por París o por Pekín o por Leningrado,lamiendo la pared con la sombra,no me acordaré de tu nombre. Tan sólo un sonido,o una copa, o una palabra,o cualquier ruido vacío,puede resucitarte en amor. Entonces serás amarga.  

Si una vez

Si una vez, pensaras en la sinrazón de los resortesque mueven esos gestos donde se afirma tu importancia. Si una vez, te miraras en el espejo desnudo de la naturalezay pudieras salir de las formas que te envuelvenpara medir las líneas de tu caricatura elegante. Si una vez, pudieras hacer el balance de tus ideaspara comparar su saldo con la sabiduría de las estrellas,de los pájaros, de las hierbas. Si una vez, el monstruo estúpido de tu razónpudiera asomarse al misterio de la eternidad. Si una vez, pudieras ver la suciedad insaciable de tus manosy fueras capaz de sentir náuseas ante el espejismo del oro. Si una vez, solamente, compararas la tormenta artificial de tu carnecon la limpia fecundidad de las bestias. Si una vez, te pudieras transformar en el juez y en el verdugo de tus culpas. Si una vez, las lágrimas de tus ojos te alcanzaran para llorar tus erroresy tus palabras fueran suficientes para pedir perdón. Si una vez, en la soledad de tu propia conciencia pudieras sentirteel más humilde y el más malo y el más incapaz y el más inútil. Si una vez, sintieras la sed de todo lo que te faltay la repugnancia de todo lo que te sobra. Si una vez, frente al misterio de Dios, pudieras descifrar su mensaje. Si una vez, pudieras cerrar los ojos, sin encender en el almala envidia, el deseo, la ambición, el egoísmo. Si una vez, te dijeran que no supiste querer a tu madre,a tu padre, a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo. Si una vez, fueras capaz de dar la razón a los que llamas tus enemigos. Si una vez, pudieras entrar en la luz de la santidad sin una palabra en los labios. Si una vez, tus ojos creyeran sin ver y tus oídos tuvieran finezapara escuchar la voz del corazón desnudo. Si una vez, no sintieras horror ante la muerte por amor al placer de la vida;o si sintieras amor a la vida sin necesidad del horror a la muerte. Si una vez, te pudieras olvidar de tus triunfos, y de tus derrotas…habrías justificado tu existencia.  

Monedas de poeta

Quise ahorcarme en la trenza de tu cigarro rubiocuando desde tus labios cargados de secretosrecordé la cortada por donde iba mi infanciadestrozando la suela de mis zapatos nuevos. Yo no soy el ideal de tu sabiduría,mitad galán de cine y mitad pugilista.Soy un poeta moderno que ambula por las callesevocando mis sueños, que son disconformistas. Sin embargo te quiero porque sé que en tu vidahace falta un muchacho que te cante pavadasy que ponga perfume de poeta en la naftade tu coche lujoso, de tu coche sin alma. Un muchacho humilde, sentimental y bueno,que justifique el brillo vano de tus monedas,comprándote con ellas montones de paisajesmontones de paisajes y un anillo de piedra. Que te lleve por todas las calles apartadas,que te cante tragedias de novios y de celosy que al pasar contigo debajo de los árbolesaproveche la sombra para robarte un beso. Un muchacho que un día, de tonto o de loco,cuando menos lo pienses, vuele de tu existencia,dejándote en un sobre, encima de la mesa,unas cuantas mentiras… monedas de poeta.  

Reminiscencia

Alrededor del alma gira y gira la historiade un inútil recuerdo. (Inútil y querido).Se fue por los caminos de la mala memoriay retorna a mis versos como un niño perdido. Era (la reconstruye vaga reminiscencia),una dulce muchacha (prefiero dulce y triste).Tenía, lo supongo, el temblor de la ausencia.(Tengo que suponerlo, puesto que ya no existe). Era (y hablo en pasado perfecto e imperfecto),el vuelo fatigado que se posó en mi nido.El tener pocos años fue mi enorme defectoy mi culpa, la culpa de amontonar olvido. Tal vez fue la más triste o fue la más sincera.Tal vez la que me hubiera colmado de alegría.Tal vez la que en el manso suceder de la esperadestejía en la noche los telares del día. El mínimo rumor de su paso sin ruidola trajo blandamente hasta un rincón cercano.Con presencia de arena yo sé que la he tenidoy sé, también, que luego, se me fue de la mano. Después busqué su vida en sórdidos intentos,repitiendo su nombre, recordando sus ojosy cavando en la tierra de mis remordimientoscon la mala esperanza de encontrar sus despojos. Pero no es ni la luz que de pronto se apagay titila en el fondo de la noche perdida.Es una estrella muerta, una estrella que vagamás allá de ese cielo, más allá de esta vida. Andará sobre el polvo que transitó mi paso.(Caminos extraviados. Calles de pueblos viejos).Y habrán de acompañarla en la hora del ocasolas heladas imágenes que dejó en los espejos. Estará acurrucada al lado de los díasque, sin duda, he vivido pero que no memoro,junto con las palabras que una vez fueron míasy los paisajes muertos por los que a veces, lloro.  

Fuente: Homero Manzi y su tiempo de Horacio Salas/ Eurindia.galeon.comhttps://ar.geocities.com/webratacruel08/enverso08.htm