LA CGT Y EL GOBIERNO: ¿ES POSIBLE UNA CONCERTACIÓN SOCIAL?

En el marco de una crisis de dominación, el sistema de partidos políticos de la democracia indirecta, ha iniciado su etapa final de descomposición.

LA CGT Y EL GOBIERNO: ¿ES POSIBLE UNA CONCERTACIÓN SOCIAL?

El Movimiento Obrero Sindicalizado (MOS), de columna vertebral a cabeza del Movimiento Nacional Justicialista (MNJ) 

Por Carlos Chino Fernández

 En el marco de un recrudecimiento de una crisis orgánica (crisis de dominación), el sistema electoral-parlamentario y de partidos políticos de la democracia indirecta, ha iniciado su etapa final de descomposición. Esta no es una crisis ocasional, producto de un reiterado comportamiento inmoral por parte de un grupo de  burócratas atornillados por años en el aparato del Estado, ni tampoco es producto de la conformación genética de los dirigentes políticos vitalicios a sueldo y sin legitimidad. Esta crisis es terminal -que bien podrá durar por muchos años más-, poniendo blanco sobre negro sobre un vetusto, anquilosado y falso sistema de representación social, que tuvo su nacimiento en los albores de la Modernidad, y que hoy toca a su fin. Desde el nacimiento del movimiento nacional justicialista-aquel 17 de octubre de 1945-el movimiento obrero organizado, ha sido su columna vertebral. Ha sido el sostén, la reserva moral y organizativa del peronismo en los momentos más críticos de nuestra reciente historia.  Lo ha sido en el período de la resistencia, lo fue en el momento en que el peronismo regresó al gobierno. Mantuvo a resguardo sus banderas históricas durante el llamado “Proceso de reorganización nacional”, y tiene la misión histórica de serlo ahora en el medio de la más grande dispersión y evaporación de la burocracia de partido y de la pérdida de rumbo de su dirigencia política. Es factible, si trazamos una línea de tiempo entre el 17 de octubre de 1945 y el presente, establecer en cada momento en que decidamos fraccionar la secuencia temporal, los logros y las frustraciones alcanzadas según se realicen o no, los intereses populares contenidos en el proyecto-madre del justicialismo. Pero si seguimos con esta misma lógica de razonamiento y tomamos solamente los dos extremos de la línea de tiempo, veremos que entre un extremo y otro la línea gráfica de realización de los intereses populares, ha sido descendente.  Todos los analistas coinciden en remarcar que el momento de mayor desarrollo de un proyecto nacional y popular fue entre 1945 y 1955, a pesar de los logros parciales alcanzados en otros momentos en algunas áreas de la realidad nacional. A partir de 1955, la fuerza social acumulada (energía desplegada), entre los diferentes momentos del desarrollo del movimiento social, producto de las luchas sociales y políticas, con sus síntesis históricas: en los hechos de masas en 1969; en el sub-periodo 1973/75, y en la más reciente insurrección popular de 2001; decíamos que la energía desplegada, fue en gran parte derramada inútilmente en un sistema institucional incapaz de responder a las necesidades de la época, y más concretamente a las necesidades de la mayoría de los trabajadores. El tema de la disociación entre las entrañas vitales del sentir de un pueblo, que vibra en lo subterráneo y las formas institucionales existentes que emergen, no es nuevo; ya otros pensadores y hombres de Estado lo trataron magistralmente: Ycaza Tijerino, Arturo Jauretche, Juan Domingo Perón, etc. ¿ Por qué se reitera este fenómeno indefinidamente sin poder resolverse?. ¿Cuáles son las causas para que determinadas fracciones sociales y facciones arribistas, se apoderen de la fuerza social generada por la gran mayoría del pueblo en beneficio propio? ¿Por medio de que mecanismos? El presente: El presente, sobre todo después del período 1998/2001, da muestra de algunos resultados favorables para el bienestar general de la población, especialmente después de años de recesión y de implementación sin concesiones de un proyecto de poder esencialmente liberal. El consumo popular ha pasado a formar parte nuevamente de la ecuación económica, a pesar del incremento constante del costo de vida. La Industria Manufacturera, favorecida por la devaluación dejó de caer y de deteriorarse al compás de las importaciones, llegando al día de hoy con un casi 80% de uso de su capacidad instalada. El incremento de las exportaciones, mejoró primero la balance comercial y después la balance de pagos, dando una mayor cantidad de divisas para el sostenimiento de la moneda y del tipo de cambio La desocupación descendió aunque no tanto el trabajo en negro, y este año más de 3 millones de trabajadores (que involucran a 248 sindicatos), actualizaron sus contratos colectivos de convenio.[1]  No obstante, un análisis más en detalle nos habla de una situación no tan favorable para los trabajadores si se tiene como parámetro no ya el período de la década de los 90, sino la situación actual puesta en relación al nacimiento del peronismo como proyecto para el conjunto social. Veamos: Hoy, a diferencia de 1945 existe un marcado déficit en el desarrollo de una política exterior estratégica autónoma y unificada desde el Estado, a la hora de posicionarse en los conflictos principales que se llevan a cabo en el mundo.  El Estado se maneja como si no existieran ni los enemigos externos, ni sus cómplices internos. Salvo escasas menciones a la importancia de organizar la defensa de nuestros  recursos naturales, las amenazas hacia la integridad de nuestro país parecen difusas, venidas del más allá. No son tomadas con seriedad ni siquiera existen respuestas efectivas a tales peligros.[2]

 

El mito del modelo nacional e industrial

 El proceso de extranjerización: En los últimos años se ha incrementado el proceso de des-nacionalización de nuestra economía. En 1993 de las 200 empresas principales 25 eran  de capitales nacionales. Hoy solo hay 5  El 84% de las exportaciones son a través de empresas transnacionales extranjeras. De las 500 empresas de primera línea, 360 son extranjeras, mientras que en el 1993 eran 219. De los 100 000 millones de dólares de inversiones extranjeras directas que han venido a nuestro país entre 1992 y el 2006, la mayoría ha ido a fusiones y adquisiciones, y no a inversiones productivas ni al desarrollo de la infraestructura  básica. Sin ir más lejos en el marco de un publicitado proceso de integración suramericano, Brasil está adquiriendo en este año varias de las empresas más importantes de nuestro país (Alpargatas, Frigoríficos, etc)  Una demostración más que el proceso de integración no es para todas las Naciones de la misma manera.[3] Si bien en los `90 las adquisiciones de empresas nacionales fueron muchas más, se orientaron especialmente hacia el campo de las finanzas y de los servicios, pero ahora lo son en el campo de la industria manufacturera En cuanto al mito de las reservas: Las reservas del Banco Central, la mitad se encuentra comprometida como deuda a través de bonos que tienen los particulares como un mecanismo que el Estado tiene de regular el precio del dólar, y la disponibilidad de circulante, así como el control del crédito y la volatilidad de los precios. El trabajo en negro ronda los 40% de la fuerza laboral, con lo que se constituye en el principal regulador del salario de los que se encuentran en blanco Y lo más importante es que en lo concreto la conflictividad laboral entre el 2004 y el 2006 se ha incrementado.  Suman 1601 los conflictos producidos.  El 52% se desarrollaron en el sector público, el 25% en los servicios y el 21% en la industria[4]. El sector de trabajadores en blanco que ha logrado actualizar sus convenios colectivos transita una situación relativamente favorable, pero esto no exime a la Confederación General del Trabajo, de darse una política de contención de los trabajadores afectados en los conflictos de los petroleros en la Patagonia, de las cooperativas truchas de pescadores en Mar del Plata, o del transporte en el Gran Buenos Aires. El movimiento obrero (MO) y la política de Alianzas: El movimiento obrero, en el marco del llamado a la concertación, debe resolver un problema que entendemos aparece en todo el largo historial del movimiento nacional, cual es la pérdida de la iniciativa, y con ella de la independencia de criterio en su alianza originaria. Ahora esta pérdida de iniciativa, se traduce en una mayor dependencia y vulnerabilidad dentro de la alianza que históricamente la cobija, ya que el Partido Justicialista se encuentra descompuesto u ocupado en sus principales distritos por una banda de “extraños”.  De la misma manera que el Estado Nacional no tiene una política externa clara y coherente con un proyecto nacional, ni con la historia del peronismo, el movimiento obrero, ha caído en la trampa electoralista una y otra vez, a pesar que en otros momentos le sirvió para posicionarse en el Congreso, sumando el 30% de los diputados. Ahora ni eso, ya que prácticamente tiene contados representantes genuinos. Lo primero que es necesario platearse es la definición del enemigo principal, que tiene el movimiento obrero en el plano interno. A nuestro entender existen claramente dos sectores: 1) La pequeña burguesía institucionalista, que está enquistada en el aparato del Estado y oficia de tapón.  Se ve muy claramente en los mecanismos de participación de los partidos políticos, en el proceso de selección de candidatos, en el lugar de las consultoras, en la decisión del mecanismo de asunción de los cuadros burocráticos, etc. 2) La pequeña burguesía académico-ilustrada:  Este segmento social, no es un compartimento estanco. Se distingue del anterior agrupamiento por su función en la reproducción ideológica del régimen de dominio, que bajo un ropaje falsamente progresista, mantiene las condiciones de sometimiento y la dependencia de los trabajadores. Este sector se mueve especialmente en los medios de comunicación y en el sistema educativo, entre otras instituciones La fuerza socialmente producida durante el periodo 1996/2001, que fue el factor esencial en la torsión de este período histórico, en cuyo seno se encontraba el verdadero proyecto nacional, no logró completar la tarea, ya que al impulso inicial de transformación, le siguió; gracias al proceso electoral una nueva etapa de esterilización del proceso de cambio originariamente plateado Mientras la población movilizada pedía por la cabeza de todos, el sistema resistió y solo existió un cambio de manos con alguna variante progresista. Una propuesta para considerar en estos temas, es el cambio de la forma de representación social, que bien podría ser la creación de un organismo de representación directo con capacidad de decisión para los sectores de la producción y el trabajo, más la creación de un Consejo Económico y Social consultivo. Del Pacto Social de 1973 a la Concertación de Hoy: ¿Qué sucedió con la experiencia de Pacto social más importante de los últimos tiempos? El Pacto Social fue un acuerdo político que lleva a delante el entonces presidente Juan D. Perón, entre los trabajadores y los empresarios.  Desde lo técnico supuso un congelamiento por dos años de precios y salarios y la suspensión de las negociaciones paritarias, previo incremento de servicios y tarifas públicas. Fue desde lo político un intento de salir de la crisis de dominación.  La experiencia mientras duró llevó a un fortalecimiento de las conducciones de las organizaciones sindicales, en desmedro -muchas veces involuntarias- de la situación de las bases.  Decíamos que este proceso de impacto negativo en las bases es relativo, ya que una situación de casi pleno empleo, de alta conciencia política, fue muy bien capitalizada por todos los sectores. Entre otros motivos el capital financiero de origen extranjero, había comenzado a ocupar un lugar de privilegio en la estructura económica que durante los años 45/52, no tenía. A su vez las exigencias de la competencia en el comercio internacional, el patrón tecnológico y una productividad laboral, que exigía menos trabajadores por unidad de capital, hicieron lo propio para que el acuerdo se desmadrara en poco tiempo. La relación de fuerzas sociales en la sociedad se había modificado, el contenido de la alianza histórica ya no podía ser el mismo. Hoy el capital financiero transnacional es hegemónico, el libre mercado ha transformado de tal manera nuestra realidad, que la desnacionalización es muy grande para que una alianza, o un acuerdo de precios y salarios entre una burguesía nacional inexistente y un Movimiento Obrero dividido, puedan sostenerlo más allá de una simple promesa electoral 

De Columna vertebral a cabeza: ¿Qué significa?

 Que el momento político plantea, la centralidad de la cuestión social para el Movimiento Obrero.  Esto es tomar la iniciativa en la concepción de un Proyecto Nacional.  Desplazar el tapón que lleva a esterilizar los intereses de las mayorías.  No es mendigando un lugar en las listas de legisladores que se conseguirá, es creando un nuevo sistema de representatividad.  Es expulsando del partido peronista a los actuales ocupantes carentes de representación y ética  Y generar una propia “Inteligencia” con mayor masa crítica de la ya se cuenta. De lo contrario votaremos una vez más a nuestros propios enemigos. CF/ Octubre de 2007 N&P: El Correo-e del autor es Carlos Chino Fernandez cafchino2000@yahoo.com.ar * Carlos Fernández es miembro del CEES 


[1] Clarín: 26/09/2007: Estos contratos alcanzan al 80% del empleo del sector privado. Del total de sindicatos involucrados, 82% son de primer grado y el 17% de segundo grado
[2] Nota: Nos referimos más concretamente al conflicto que los EEUU leva a cabo en el corazón de Eurasia, y que en Afganistán, Irak y ahora Irán tiene sus principales capítulos. También nos referimos a la torpeza y errores en que hemos caído en relación, al tema de la AMIA, cuando pudimos haber sostenido una posición más honorable en los foros internacionales.

[3] La Nación/Económico: 11/10/2007

[4] Nota: Ver ampliación de la información en Nueva Mayoría