LAS RAZONES DE MI VOTO POR PINO SOLANAS.

Eduardo Gurucharri

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Comenzaré reconociendo que en la primera parte de su mandato Kirchner tomó determinaciones importantes y positivas en el campo institucional y de la política internacional.

Gentileza de Gabriel Fernández, Director Periodístico de la Revista Question Latinoamérica y Director de La Señal. lasenialmedios@uolsinectis.com.ar

Envio de Rebanadas de Realidad La agencia postmoderna que se quedó en el ´45 <despachos@rebanadasderealidad.com.ar>

 

LAS RAZONES DE MI VOTO POR PINO SOLANAS.

 

Por Eduardo Gurucharri

 

Ante la inminencia de las elecciones del 28 de octubre se agitan controversias dentro del campo popular y yo, uno más entre tantos argentinos preocupados por nuestro futuro, siento la necesidad de explicar las razones por las que votaré la lista de Proyecto Sur que encabeza Fernando Pino Solanas como candidato a la presidencia de la República.

 

Comenzaré reconociendo que en la primera parte de su mandato Kirchner tomó determinaciones importantes y positivas en el campo institucional y de la política internacional y asimismo adoptó un discurso contrario al fondomonetarismo con verdades que hacía muchas décadas no se escuchaban en boca de un presidente.

 

También recordaré que después de la catástrofe de 2001, la devaluación y los tres años largos de moratoria parcial de la deuda externa facilitaron la rápida recuperación de la actividad económica, la cual continúa hasta hoy estimulada por un período muy favorable para el comercio internacional del país.

 

Ahora bien, que Duhalde, Lavagna y más Kirchner hayan tenido sensatez para comprender que seguir con el neoliberalismo a ultranza, las relaciones carnales y de espaldas a América Latina entrañaba el colapso definitivo del capitalismo argentino, no significa que la política que siguieron fuese la única posibilidad.


Sin ir más lejos, ya en su primer discurso como presidente Kirchner anunció su propósito de establecer "un capitalismo serio", tarea imposible en un país carente de una burguesía nacional. Hoy me pregunto si dicho "capitalismo serio" incluye a la nueva fracción de burguesía prebendaria surgida al amparo del poder.

 

Quiero significar que es ya alarmante la creciente distancia que media entre el discurso y los hechos de la política económica del gobierno cuya continuidad se postula a través de la candidatura de Cristina Fernández.

 

Así, la creación de ENARSA alentó en su momento la idea de una gradual recuperación del control del petróleo argentino por el Estado nacional.


Tres años después, la enajenación de nuestros recursos naturales no renovables no solo continúa, sino que amenaza perpetuarse hasta su extinción, mediante más concesiones a pulpos imperialistas y prebendarios locales, quienes prosiguen explotándolos irracionalmente sin reinvertir sus lucros exhorbitantes, lo mismo el petróleo que el gas y la minería.

 

¿Para qué sirve ENARSA? es una pregunta sin respuesta.

 

En cuanto a la explotación de la tierra y frente a la gritería insaciable de sus mayores dueños por un razonable impuesto a las exportaciones, nada de fondo se ha hecho para impedir la concentración y extranjerización de la propiedad, ni para detener la tala a destajo de nuestros bosques o para recuperar el olvidado principio: la tierra debe ser para quien la trabaja.

 

Continúa la distribución regresiva del ingreso.

 

Los beneficios de la recuperación económica del último quinquenio favorecen a los de siempre, que ven crecer sus ganancias más rápido que los trabajadores sus salarios.

 

Es cierto que los ingresos de muchas familias han mejorado, sea porque hay menos desocupación, por el incremento del mínimo jubilatorio o por aumentos en paritarias, pero la mitad de los empleos siguen en negro y una parte importante de la población permanece en la miseria, inerme ante la inflación, sin trabajo ni vivienda digna.

 

La crisis hospitalaria se ha vuelto endémica y el crédito para la vivienda un privilegio.

 

El problema de la deuda externa fue atenuado en sus efectos inmediatos, pero el llamado desendeudamiento enfrenta luces rojas.

 

En los próximos cuatro años el Estado tiene compromisos por 75.000 millones de dólares y la deuda ha comenzado a crecer nuevamente.

 

Desde 2006 y en tan solo 15 meses se incrementó en casi 8.000 millones de dólares, una cifra similar al famoso superávit primario, que en teoría debía bastar para atender todos los pagos anuales.

 

Por lo demás, nada se ha hecho para investigar, castigar y obligar al resarcimiento a los responsables locales de esta gigantesca estafa.

 

Y si es cierto que continuamos en el purgatorio, de seguir por el camino actual nunca saldremos de aquel, siempre expuestos al infierno porque en lo esencial no se ha alterado la dependencia del capitalismo de rapiña que hundió al país.

 

Con excepción del fin de la impunidad jurídica para los genocidas, gran conquista del pueblo argentino a la cual el gobierno actual ha contribuído y que debe sostenerse por encima de las disputas de partidos, lo mismo que los objetivos de unión latinoamericana, los avances de los primeros tiempos de Kirchner en materia institucional se han detenido.

 

Los servicios de inteligencia solo parecen funcionar positivamente si urgidos por el gobierno se trata de dar con los secuestradores de miembros de familias influyentes, delitos en los que, como en tantos otros, casi invariablemente aparecen involucrados policías.

 

Si se trata de encontrar a los autores del secuestro y desaparición del compañero López, entonces los servicios no funcionan. ¿Ineptitud, complicidad?

 

¿Para qué sirve la SIDE?  es otra pregunta sin respuesta.

 

Fuera de algún episodio excepcional, el Congreso continúa reducido a una escribanía del gobierno de turno.

 

La reforma política para transparentar y limitar el dinero que se gasta en las campañas y evitar que resulten un torneo publicitario, está tan fuera de agenda como una reforma constitucional para introducir mecanismos de democracia participativa y directa o restablecer la propiedad de la Nación sobre nuestros recursos energéticos y su renta.

 

Merced a la prolongación de las licencias, los grandes medios audiovisuales continúan en manos de intereses privados que condicionan fuertemente la formación de la opinión pública.

 

Salvo casos aislados, la corrupción menemista continúa impune

 

Hechos tan indubitables con el caso Skanska evidencian que tales prácticas nefastas permanecen, mientras numerosos conversos ocupan importantes posiciones de gobierno, recitando discursos de tono nacional-popular que ni creen ni practican y prestos a cambiar de bando en cuanto las circunstancias lo aconsejen.

 

El poder económico trasnacionalizado y la derecha insaciable cómplices del genocidio y luego de Menem presionan con habilidad para acrecentar su influencia y desacreditar cualquier planteo de cambio, sacando partido de las evidentes contradicciones del gobierno y más allá de la sencilla lógica del votante que puesto a optar, elegiría el purgatorio, si la alternativa fuese el infierno.

 

Es entonces necesario y oportuno contribuir a la creación de una nueva alternativa política y social del campo popular, sin esperar a que nuevas crisis nos encuentren a tantos, participantes de rebeldías que terminen acotadas y mediatizadas por sectarismos varios y carencia de objetivos claros y posibles, como sucedió con las históricas jornadas de 2001 y 2002.

 

No se pueden ignorar las dificultades. Pero la primera condición para allanarlas es decir en voz alta lo que se piensa, sin ceder ante el conformismo que invade a una parte del campo popular.

 

La experiencia del FREPASO está demasiado fresca para olvidarla.

 

Hay quienes suponen que criticar al gobierno por izquierda es hacerle el juego a la derecha.

 

Olvidan que es el oficialista gobernador de Chubut quien promueve el remate del petróleo de Cerro Dragón sustentado en la legislación desnacionalizadora sancionada por la mayoría oficialista del Congreso nacional.

 

Olvidan que es el actual Presidente quien decidió apoyar a notorios derechistas del PJ como candidatos a importantes gobernaciones e intendencias de provincias, al duhaldismo sin Duhalde en la de Buenos Aires, al menem-cavallismo en Córdoba, sin que en este último caso pudiera agitarse siquiera el argumento de la relación de fuerzas que nos dice: ¡cuidado!, que si no se encolumnan con el gobierno vienen Macri y Blumberg.

 

Muy por el contrario, en Córdoba el pejotismo representa la principal derecha visible y las fundadas sospechas de fraude electoral entrañan entre otras consecuencias el fin de la llamada transversalidad de centro izquierda que el candidato Juez representaba, dado que sin el apoyo presidencial a Schiaretti está claro que aquel hubiera ganado con holgura la gobernación.

 

Estas son en apretada síntesis las razones por las que he resuelto acompañar la valiente actitud de Fernando Pino Solanas y votar la lista que encabeza como candidato a la presidencia de la República, además de postulante a senador nacional por la Capital.

 

Es indudable que su iniciativa tiene una cuota de improvisación y en consecuencia de riesgo.

 

Pero también es cierto que ante la crisis y reconfiguración de las corrientes políticas argentinas más temprano que tarde habrá que adoptar decisiones.

 

Lo que urge no es una elección por sí misma, lo que urge es aventar el escepticismo, alentar el debate de ideas y movilizar las conciencias proclamando con fuerza las verdades que se ocultan.

 

Por último, me tomo el atrevimiento de dirigirme a los militantes de movimientos sociales de prácticas asamblearias.

 

Les digo que somos muchos quienes compartimos sus críticas a las prácticas aparatistas y autorreferenciales de las que ningún partido político argentino escapa.

 

También les digo que la lucha reivindicativa tiene sus límites y que me parece equivocado marginarse de los procesos electorales.

 

Ahí están los ejemplos de Bolivia y Ecuador en apoyo de lo que afirmo.

 

Podrían sumarse a esta intención manteniendo su independencia y desde ya les aseguro que el día después de las elecciones encontrarán a muchos compañeros dispuestos a seguir trabajando por los objetivos proclamados.

 

EG/