Sin duda para la música tradicional que por aquí se insiste en llamar "folklore" el Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla están muy lejos de todos los demás.

EL CUCHI LEGUIZAMON

Por Leonardo Killian

Escuchemos “Maturana” obra suya deliciosa, cantada por dos artistas, uno de ellos el gran Juan Enrique Farías Gómez, el Chango Faría Gómez, enorme en su concepción artística y en su sensibilidad, luego por uno de los jóvenes artistas de la siguiente generación Leon Gieco el Leon de “Solo le pido a Dios” haciendo su homenaje a la canción de un “maestro” de maestros. Finalmente el grito aspero y profundo de su autor, el Cuchi. Incomparable como autor, como buscador de tonos y expresiones, de vida profunda. Los tres un placer criollo y profundo, imperdible.

Gentileza de Reconquista Popular <reconquista-popular@lists.econ.utah.edu>

 

EL CUCHI

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Por Leonardo Killian

 NAC&POP

30/09/2007

Acababa de cumplir 91 años Gustavo «Cuchi» Leguizamón, quien había nacido en Salta un 29 de septiembre de 1917.

En la historia de la música popular argentina hay simbiosis memorables: Gardel – Lepera, Troilo- Manzi, Piazzola – Ferrer entre otros tantos tangueros y sin duda para la música tradicional que por aquí se insiste en llamar «folklore» Leguizamón y Castilla están muy lejos de todos los demás.

 Han señalado la cumbre en el género.

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 El Cuchi fue una rara avis y sin duda pertenece a una generación irrepetible de músicos y poetas salteños. 

La Pomeña, Zamba de Juan Panadero, Maturana y Balderrama son joyas de nuestra música popular.

 No es casualidad que en la época de mayor y obsceno poder imperial de la historia humana la música de nuestros pueblos esté tan opacada.

 La industria cultural del mundo anglo sajón entra como una topadora en nuestras casas a través de la radio y de la TV. embruteciendo y adocenando a nuestros jóvenes.

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 Junto con sus remeras, sus gaseosas, sus marcas de zapatillas y sus modas.

 Junto con las drogas y con la imposición de ser «zafados» muy pocos argentinos menores de cuarenta años ha escuchado o conocido la obra del Cuchi.

 Personaje de la picaresca salteña contaba un cuento «En un matutino salteño se publicaba el siguiente aviso clasificado: Se vende piano usado con teclas de la mano izquierda intactas, firmado Ariel Ramirez«. 

El Cuchi, genial e irreverente tenía en Ariel Ramirez su contracara, un burócrata de la música y pésimo instrumentista.

 Uno que es un melacólico profesional, extraña, entre otras cosas, ir a ver al Mono Villegas o a Piazzola al San Martin.

 Extraño al genial Hugo Diaz con su enorme bocaza que se comía las armónicas y las convertía en zambas y chacareras sacheras.

 Y por supuesto al Cuchi y su piano.

 Este poeta que hizo conciertos «afinando campanas» pertenece al linaje de los músicos exquisitos que fueron y serán grandes precisamente por no vender una sola nota a la mediocridad del «mercado».

En el corazón profundo de su gente y de sus pájaros está guardado el corazón del Cuchi.

 Feliz cumpleaños abuelo.

 LK/

 N&P: El Correo-e del autor es «Leonardo Killian» elgatocanoso@yahoo.com.ar

 NOTA DE LA NAC&POP: Muy buena la evocación del querido Leonardo. Como al bienaventurado gato canoso, por literato, no se le escapa nada, entendí que el «cumplió años» era una obvia metáfora, ya que el padre de todas las disonancias falleció el 27 de setiembre del 2000. Y había nacido 83 años antes, un 29 de setiembre. Pero, al fin de cuentas, cumple años en el corazón del pueblo salteño y en el de los dichosos que como Leonardo pueden experimentar en plenitud el éxtasis y la emoción estética. Yo conocí al Cuchi. Lo frecuenté mucho en mis mocedades en mi Salta natal. Junto al «tío» Manuel Castilla y a Don César Perdiguero (periodista si los hubo), constituían para mí una suerte de Trinidad Celestial. Fue de sus manos que aprendí el gozante oficio de la bohemia nocherniega, en bodegones y tabernas. Les cuento algo que acaso no sepan. Los últimos años de la vida del Cuchi fueron muy  tristes, duros y malos para el abogado que nunca quiso serlo. Andaba solito por las calles sin que nadie le diera bola. A veces se orinaba caminando. Sus únicos amigos verdaderos eran los tacheros, que cuando lo veían así o medio en pedo, lo levantaban y lo llevaban a su casa sin cobrarle.La generosa pensión que le había asignado Sadaic se la despilfarraban los malandras de sus hijos mayores (no el menor, que heredó el arte pianístico), y ni los remedios para su ACV le compraban. Yo, ya viviendo aquí en Santiago, me enteré de esto por un sobrino periodista que trabaja allá, y en el acto lo llamé a su casa de Buenos Aires a Eduardo Falú para contarle esta tropelía. No lo podía creer. Desde entonces él se ocupó todos los meses de viajar uno o dos días a Salta a llevarle personalmente el dinero y entregárselo a la señora que lo cuidaba, controlando el destino de la ayuda. MINGO SCHIAVONI / NAC&POP

«Amalaya la justicia,

vidita los abogados,

cuando la ley nace renga

no la compone ni el diablo».

(Chacarera del expediente)

 N&P: El correo-e del Mingo Schiavoni es prensaschiavoni@arnet.com.ar

 NOTA DE LA NAC&POP II: De las notas que le hice, recuerdo siempre una narración suya donde describía unos “viajes” que hacía con Manuel Castillo a algunos pueblitos (o menos que eso) donde se quedaban días y días viviendo con las coyas. El Cuchi decía que las coyas no eran las mujeres más lindas, pero eran mujeres “muy” dulces. Escuchemos «Maturana» obra suya deliciosa, cantada por dos artistas, uno de ellos el gran Juan Enrique Farías Gómez, el Chango Faría Gómez, enorme en su concepción artística y en su sensibilidad, luego por uno de los jóvenes artistas de la siguiente generación Leon Gieco el Leon de «Solo le pido a Dios» haciendo su homenaje a la canción de un «maestro» de maestros. Finalmente el grito aspero y profundo de su autor, el Cuchi. Incomparable como autor, como buscador de tonos y expresiones, de vida profunda. Los tres un placer criollo y profundo, imperdible.  Martín Garcia/Nac&Pop/ <garciacmartin@gmail.com>