Apago el velador y cierro los ojos en medio de ensoñaciones que me hacen recordar el temor que me produjo a los 11 años imaginar la nevada mortal sobre Buenos Aires.

EL ETERNAUTA SE PUBLICA EN 1957 Y PARECE HOY

Por Leonardo Bussi

El 4 de septiembre de 1957 salía a la luz la primera entrega de una de las sagas de ficción más importantes de todos los tiempos: «El Eternauta». Sin dudas a 50 años de su aparición todos habrán visto innumerables notas referidas al caso de una de las mejores creaciones de ficción de nuestro país y del mundo; a quienes nunca la hayan leído humildemente les recomiendo hacerlo.

EL ETERNAUTA SE PUBLICA EN 1957 Y PARECE HOY.


Por Leonardo Bussi

NAC&POP

 28/09/2007


El 4 de septiembre de 1957 salía a la luz la primera entrega de una de las sagas de ficción más importantes de todos los tiempos: «El Eternauta».

Sin dudas a 50 años de su aparición todos habrán visto innumerables notas referidas al caso de una de las mejores creaciones de ficción de nuestro país y del mundo; a quienes nunca la hayan leído humildemente les recomiendo hacerlo.

Mi primer encuentro con «El Eternauta» fue cuando tenía 11 años y lo recuerdo bien por que fue durante el mundial 78 cuando cayó en mis manos por primera vez un fascículo de la saga.

Mi hermano había tenido hepatitis y entre las innumerables revistas que iban a parar a mi casa, un ejemplar de la historieta apareció en el cajón que hacía de revistero.

La lectura de ese capítulo me causó una gran impresión y me llevó a tratar de hacerme de la saga completa cosa que resultó imposible.

De todos modos y a los tumbos pude leer también de modo aislado varios otros fascículos a lo largo de todos aquellos años oscuros.

No fue sino hasta la década el 90 que pude finalmente leer la «primera parte» en su totalidad y me llamó bastante la atención no encontrar entre las páginas del libro que me prestaron aquel episodio que yo leyera en mi infancia.

Hace algunos años me compré la aventura completa, forma parte de mis libros de cabecera, y fue entonces cuando me enteré que hubo sucesivas versiones y que había algunas diferencias entre unas y otras.

Reportaje a Hector Germán Oesterheld por Martín García (1975)

Sucede que H.G.Oesterheld, su guionista, quien en la década del 70 había comenzado a militar en la agrupación «Montoneros», reescribió algunos pasajes de su obra adaptando la misma a una realidad que, al igual que la invasión de los «Ellos» en la ficción, le resultaba terriblemente desgarradora.

He leído en algunas apostillas biográficas que dicen que con el paso de los años H.G. se había convertido en un hombre solitario, algo huraño y ensimismado debido a los acontecimientos que se sucedían a su alrededor.

Sin embargo conservaba mucho de su humor, y su genio creativo permaneció intacto hasta último momento.

También leí en alguna de esas recientes viñetas que era un hombre de una gran bondad, al punto que protestaba cuando debía hacerse cargo de las plagas que invadían el jardín de su casa, llegando a rehusarse a matar a babosas y caracoles por adjudicarles el mismo derecho a la vida a todas las criaturas existentes.

Sin embargo un día, al igual que su personaje «Juan Salvo», se vio obligado a tomar las armas para defender a los suyos.

Cuesta creer que un hombre tan bueno se viera impelido a efectuar tal cambio en su conducta, pero las extraordinarias circunstancias de una dictadura militar asesina e impía lo llevaron a ello.

De «El Eternauta» aprendí dos cosas, una obvia que el mismo H.G. menciona en el prólogo de la compilación de la saga: «El único héroe válido es el héroe colectivo» una afirmación que carece de la rimbombante prosodia de los enunciados de ciertos intelectuales, pero que guarda pleno sentido al sopesarla a conciencia aunque contraría a las claras nuestra concepción narcisista de lo heroico.

La otra, derivada del concepto de «Ellos» los enemigos invisibles que dirigen las invasiones a nuestro mundo, y es que a pesar de no mostrar nunca su cara durante la guerra, escudándose bajo el rostro de sus obligados servidores, «Ellos» eran reales.

 El Mal, a pesar de no mostrar claramente sus intenciones y presencia, no es una entelequia -asunto con el que insisto a menudo-:  Los invasores, los opresores, los asesinos, los genocidas existen, son reales, obedecen órdenes, responden a una ideología y a intereses concretos.

Siempre detrás de una orden o de una acción hay alguien, para idearla o ejecutarla, siempre hay una persona, siempre detrás de un crimen hay un criminal, un instigador, un culpable.

Y durante aquella guerra librada contra un enemigo despiadado y poderoso, hace 30 años atrás un día gris de abril de 1977; H.G. corrió la misma suerte que corrieron sus 4 hijas y muchos otros.

La Plaza Congreso cubierta por la nevada mortal

«Ellos», los militares, lo secuestraron y torturaron para luego hacerlo desaparecer para siempre. 

En estos días Solano López, el dibujante original, coescribe e ilustra una nueva parte de una de las mayores aventuras escritas y publicadas en nuestro idioma.  

Curiosamente a pesar de haber estado en contra de algunas modificaciones efectuadas por H.G. en nuevas reimpresiones de «El Eternauta»  por considerarlas impropias en ese entonces, la nueva historia narra el modo en que los invasores, han logrado borrar la memoria de la especie humana presentándose ante nosotros como aliados bondadosos a pesar de conservar sus intenciones primeras de dominio, una curiosa vuelta de tuerca a los planes originales de «Ellos» y sin dudas un mensaje dirigidos a todos los que han podido leer una maravillosa historieta poblada de significados y saben de la suerte corrida por  Germán y su familia. 

Una apelación a la memoria de una sociedad a veces muy falta de ella.

Ahora de grande algunas noches oscuras en medio de otras lecturas  y de otros pensamientos más concretos, suelo tomar de mi mesa de luz un tomo de «El Eternauta» ya gastado por el uso y leer algunas páginas.

Apago el velador y cierro los ojos en medio de ensoñaciones que me hacen recordar el temor que me produjo a los 11 años imaginar la nevada mortal sobre Buenos Aires con la que comienza la epopeya, un temor que brevemente regresó hace poco tiempo cuando  pude ver caer del cielo algunos pequeños copos sobre Plaza de Mayo.     

Sin dudas a todos los que leyeron la historieta se les cruzó la misma idea por la cabeza el 9 de julio de este año -fecha emblemática si las hay-  y entendieron que  la «invasión» después de todo fue algo más complejo que una fantasía.

Algo terrible sucedió alguna vez hace ya 30 años, la gesta de «El Eternauta» quizás fue un presagio, y la nevada quizás haya sido un mensaje de Germán o de «Juan Salvo», su «héroe colectivo», para que no nos olvidemos de eso ni de «Ellos»

Luego, trato de quitarme la angustia que me producen esos pensamientos y, no sin un gran esfuerzo, procuro conciliar el sueño.


LB/


N&P:
El Correo-e del autor es Leonardo Bussi lbussi@uocra.org

NOTA DE LA NAC&POP: Leonardo Bussi nos regala una narración de gran comprensión, admiración y afecto por Héctor y por la obra de Oesterheld. Sin embargo, como suele suceder por estos lares, confunde a los “Ellos” con los militares. Craso error. Justamente, lo que simboliza el nombre de los “Ellos” es su inasibilidad. Los “Ellos” son los enemigos que NO dan la cara. Los que nunca se ven. Si Leonardo recuerda existen, en la historia, militares que habían sido atrapados y a quienes les habían puesto el control del telecomando manejado por los “Manos”, convirtiéndolos en “hombres robot”. En nuestra sociedad, se le ha hecho creer que los militares sanguinarios son los enemigos del pueblo. No, esos militares, criminales y asesinos, son solo una herramienta más de los “Ellos”, del enemigo, del Imperio, del poder Financiero Internacional; de las 200 familias que manejan el núcleo del dinero del mundo. Son “Ellos” quienes planifican la hambruna, la ganancia y el entorpecimiento del desarrollo de los pueblos que “Ellos” necesitan que no crezcan ni manejen sus riquezas, ya que las reservan para “Ellos” de acuerdo a sus cálculos y sus planes de supervivencia. Son “Ellos” quienes someten a por la droga a los hijos de los Montoneros, de los Tupamaros, de los “Perros”; de los hijos de Malcom X; a los hijos de Martín Luther King; a los herederos de los Sacerdotes del tercer Mundo y los sumen en la miseria, el control por la dependencia y la oscuridad. Recordemos que la muerte de Jose Luis Cabezas se selló cuando pudo fotografiar a un “jefe de la mafia” cuyo “negocio” consistía en no ser vulnerable a la vista de la sociedad, es decir , cuyo requisito era no ser visualizado por la sociedad. Y asi fue como Yabrán le quebró la vida y también dio por terminada su propia función. Los “Ellos” son los que venden armas, las fabrican, fabrican guerras, se quedan con el control de sus paises y sus riquezas, avanzan sobre sus culturas, su identidad, sus hijos y sus nietos. Son los que explotan sus riquezas de manera impune y bastarda, los que se llevan los dineros de los bancos ejerciendo “corralitos”; son los que matan presidentes y líderes; son los que venden droga y crean fundaciones para luchar contra el “narco”. En fin, los “Ellos” son los que nunca aparecen. Como en el Eternauta de Héctor Germán Oesterheld, secuestrado, torturado, asesinado y “desaparecido” junto a sus cuatro hijas, compañeras de la UES y la Jotapé: Diana, Beatriz, Marina y Estela por los “sicarios” de los “Ellos”. MARTIN GARCIA / NAC&POP garciacmartin@gmail.com