RAUL ESTA SOLO Y ESPERANDO

Juan Disante

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Raúl Scalabrini Ortiz escribió "El Hombre que está solo y espera" transitando las calles en la búsqueda del destino que lo integrará a sus compatriotas. RAUL ESTÁ SOLO Y ESPERANDO Por Juan Disante  Raúl Scalabrini Ortiz escribió "El Hombre que está solo y espera" transitando las calles en la búsqueda del destino que lo integrará a sus compatriotas.  Su pensamiento lo ubica no sólo como iniciador del pensamiento nacional-popular, sino también como profundo crítico de la sociedad burguesa.  Ese Hombre que busca, está embrutecido por la falsa conciencia.  En realidad, "se busca afanosamente a sí mismo", es evasivo y desencantado porque su fatalismo no es otro que la dura condición del hombre-mercancía cercado por fuerzas invisibles que no puede controlar.  "Es la suya una vida que se va cuesta abajo y se le escurre entre los días, una vida enajenada que se aja sin constancias, sin tragedias, entre días monótonos y grises".  Es la rutina del hombre fragmentado, donde las cosas que produce se han transformado en ídolos ajenos.  Ese Hombre experimenta al mundo capitalista de manera pasiva, como sujeto sin vida. Por ello es misántropo, hosco y los otros "le son indiferentes". La soledad del violento sistema competitivo, conduce a la perversión de todos sus valores.  Entonces el Hombre se repliega a fabricar sueños.  Las ilusiones subliman tristeza y pasa del fútbol a los pocos amigos que le quedan, porque ni a la mujer le presta atención. Scalabrini dice que está "amachacado", porque ésta civilización le ha impuesto -vía trabajo enajenado- la desexualización de su cuerpo.  "La mujer es elemento de voluptuosidad y hay una zona de ese Hombre que es impermeable a ella. La ternura aterra al Hombre que espera en Corrientes y Esmeralda. Quizá ve en ella un desistimiento repudiable de la virilidad".  Transformado en objeto, el amor no existe como reciprocidad.  El ejercicio de los sentidos espirituales no puede surgir a través de la sociedad deshumanizada en el consumismo, pues sólo en el uso de todos sus sentidos el Hombre se afirma. Separado materialmente, ajeno respecto de las relaciones sensibles con los otros, el amor es una quimera en el Hombre segregado.  La solidaridad desaparece y el trabajo se convierte en una maldición (teniéndolo o sin tenerlo).  Hay más muerte que vida en las relaciones y el orden social ha pospuesto al Hombre, lo ha sacrificado a una vaciedad.  "Aborrece la obligación de ocuparse de producir cosas extrañas, porque le escamotean el tiempo para ocuparse de sí mismo".  Cuando está desocupado, lo carcome la ansiedad de sentirse excluído.  Es entonces que lo derriba la desidia. Y no ambiciona tampoco la riqueza ("esa fantasmagoría corroída"), pues intuye que "tener" es lo opuesto a "ser" y que en la sociedad fetichizada, todo lo que se quita de vida se devuelve en dinero: cuánto más rico, cada vez más pobre. Pero toda alienación es provisoria.  El Hombre comienza a "destruír espejismos" y asciende en un proceso de rebeldía creciente.  De la opresión inicial, Scalabrini lo ve erguirse hacia un final que dice "no" al ritual de las esencias. ("Dos más dos pueden no ser cuatro").  Quiere autorrealizarse, pararse en dos patas, racionalizar la irracionalidad que lo circunda y salvarse uniéndose al clamor colectivo que lo excita.  "La Tradición , el Progreso, la Humanidad, la Familia, la Honra, ya son pamplinas".  En su cultura aparecen las sombras de Spinoza, Goethe, Hegel, Marx y Nietszche.  ¿Profetizó el desfalco financiero de 2001?  Hay una frase clave entre las conclusiones de su ensayo: "El que en caso de apuro no asalta un banco, es un otario".  Fue a la inversa.  Su propuesta ideológica se abre paso hacia un nuevo pensamiento socialista argentino y latinoamericano.  Quien tenga ocasión de pasar por el solar que fuera su vivienda, en la calle Alberdi 1170 de Olivos, deje caer al descuido una flor en su umbral.         JD/ N&P: El Correo-e del autor es Juan Disante juandisante@gmail.com