EL «TAPE» SAN MARTIN, EN LA COCINA.

Juan Disante

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La historia falsificada muestra a San Martín como un hombre de armas, pero oculta decir que fue un político revolucionario. EL "TAPE" SAN MARTIN, EN LA COCINA.                                                                            Por Juan Disante  Existen pequeñas anécdotas que definen con precisión la concepción humana de don José de San Martín, y desmienten la versión oficial que se pretende hacer del Libertador.    Según los textos oficiales, el capitán tenía que casarse con una dama de la alta sociedad porteña. Y así es, se casa con Remedios de Escalada, hija de un comerciante ligado a los intereses británicos.  Lo que no se dice nunca es que esa familia siempre rechazará al matrimonio de Remedios con José, el plebeyo, el soldadote, el indio, el "tape", según las formas despectivas de cómo nombraban al reciente incorporado pariente.  Hay varias anécdotas que describen las actitudes de San Martín en la casa de los Escalada.  Cuentan que cuando a su asistente no lo invitaron a comer a la mesa con la familia, San Martín fue a sentarse a la cocina para comer junto a él.  El Libertador siempre tuvo un espíritu de solidaridad de clase muy marcada.  Cuando a su esposa, los parientes ricos le obsequiaron un ajuar lujoso con motivo del casamiento, San Martín se lo hizo devolver aduciendo que la familia de un soldado no necesitaba de ese tipo de lujos.  San Martín tuvo a su cargo el armado y adiestramiento del regimiento de Granaderos. Pero es necesario observar que ese regimiento estaba compuesto principalmente por gauchos, segundo por indios y artesanos, y también por algunos marineros que habían quedado varados en el puerto de Buenos As.  Después incorporó un grupo muy reducido de jóvenes de la alta sociedad.  Vale decir, era un regimiento de neta composición popular. Característica que va a profundizarse en el Ejército Unido en Mendoza, con la incorporación de escuadrones de negros y esclavos.  En la batalla de San Lorenzo, ese glorioso regimiento desmantela la opinión de la oligarquía porteña que desconfiaba de él.  En el norte se encontrará con Martín de Güemes, ambos vilipendiados por la oligarquía, y junto con Manuel Belgrano acordarán una táctica común frente al avance de la fuerza realista.  La historia oficial omitirá que Güemes fue muerto por una partida realista gracias a la entrega que realizaron los grandes propietarios de las tierras salteñas, dado que la aplicación de una suerte de reforma agraria perjudicaba sus intereses.  El acoso a Belgrano hizo que muriera pobre y abandonado.  La historia falsificada muestra a San Martín como un hombre de armas, pero oculta decir que fue un político revolucionario.  Conductor y gobernante de Cuyo, Chile y Perú, instaló fundiciones de artillería, fábricas de tinta, talleres textiles, laboratorios de explosivos, establecimientos agropecuarios, escuelas, sistemas de riego, talleres de herraje, carpintería, incentiva la producción local con políticas de protección aduanera, etc.  Rompe con los esquemas conservadores locales e impone un modelo de producción popular y colectivo con miras al interés nacional.  Como es fácil deducir, San Martín se había ganado el odio de la oligarquía porteña, pero vale aclarar que las masas populares de todo el país se levantaban contra el poder despótico de la ciudad-puerto.  Es entonces que el miedo invade a esa oligarquía antipatriota y convoca al Ejército de los Andes para reprimir a la población insurrecta.  Como respuesta, San Martín se negará rotundamente a cumplir el papel de verdugo de su propio pueblo diciendo: "No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos".  Esta desobediencia le costará la declarada enemistad de la aristocracia porteña y años después, la imposibilidad de bajar del barco que lo traía del exilio europeo.  JD/              N&P: El Correo-e del autor es Juan Disante juandisante@gmail.com