UN APORTE AL CAOS URBANO

Faustino Velasco

 El mes de agosto. un camión se cayó de la autopista Buenos Aires – La Plata a la altura de Avellaneda; milagrosamente abajo no había nadie y el conductor resultó ileso.

 

UN APORTE AL CAOS URBANO

 

Por Faustino Eduardo Velasco

              (01/O9/O7)

 

Cuando era pibe, allá por los 50, y jugaba a la pelota en la calle Serrano (hoy Borges) y Paraguay – sí nací en la misma manzana donde el escritor fijó su fundación mítica de Buenos Aires – mi vieja me decía, junto a mis amigos, que tuviéramos cuidado con los autos.

 

Había empedrado, tranvía, todas casa bajas, yo vivía en un segundo piso por escalera y la excepción era el 2145; un fastuoso edificio, de aquéllos, de 5 pisos, ascensor y hasta entrada independiente de servicio ¡Qué lujo para aquella época!.

 

Sí, jugábamos a la pelota los fines de semana, las tardes primaverales y otoñales, todo el verano (más de un vecino se quejaba a la hora de la siesta); pero no había peligro; no sólo casi no había tránsito sino que las puertas de calle quedaban abiertas de par en par y eso que vivía en un edificio de departamentos.

 

Nunca hubo problemas.

 

A veces el botón (policía) de la esquina nos daba una indicación de que no molestáramos tanto y otras veces directamente nos rajaba a nuestras casas; en realidad éramos nosotros que rajábamos cuando aparecía su uniformada figura.

 

Aquí me desvío un poco del tema; con el tiempo me asaltó una gran duda sarcástica: alguna vez, o varias, o quizás muchas, ese agente podría haber sido José Lopez Rega de quien años más tarde, al conocerse su trayectoria en la Federal, me enteré que por esa época había prestado servicios en la 23, la seccional de mi barrio.

 

No voy a hablar ni de la seguridad ni, como hacen los ancianos a los que sólo les queda como expectativa de vida los recuerdos, mis andanzas por las calles de aquél Palermo.

 

Ya no hay pibes pateando una pelota de goma ni tampoco pelota de goma, ya no hay empedrado ni tranvías, y la mayoría de las veces, casi todas, tampoco hay vigilante.

 

No.

 

Voy a hablar del tránsito y de nuestra ciudad de hoy.

 

Es una obviedad referirse a su caótico presente.

 

Voy a limitarme a mencionar varios riesgos que veo a diario y potenciales catástrofes previsibles y evitables.

 

Los colectivos, hoy enormes ómnibus, que a altas velocidades circulan por las estrechas calles del Microcentro (Suipacha, Tucumán, Sarmiento, Maipú, etc.) son verdaderas bestias desenfrenadas.

 

¡Ojalá nunca algún conductor pierda el control, se meta en un negocio y en su loca carrera arrase autos y maté a una veintena de personas! (Algo de eso sucedió el lunes pasado – 27 de agosto – en Bartolomé Mitre y Callao con el trágico saldo de un inocente peatón muerto).

 

Las autopistas, esos engendros que desde el proceso cruzan nuestra ciudad, sólo sirven para complicar el tránsito.

 

Ya en esos años en el Primer Mundo, el verdadero, se estaban dejando de construir e incluso demoliendo (Japón, por ejemplo) pues se tomó conciencia que sólo servían para saturar los cascos urbanos de automotores.

 

Hoy encierran un siniestro peligro: la caída de un automotor desde lo alto.

 

Con la evidente reactivación – más allá de cuestionamientos ideológicos, ópticas políticas y análisis coyuntarales – esas vías están colmadas de, además de autos, ómnibus de larga distancia de dos pisos, combis, camiones de todo porte, incluso con acoplado y lo que más miedo me da: contenedores; ¿estarán todos, pero todos, todos, bien amarrados?.

 

Tres veces a la semana cruzo, como peatón, por Entre Ríos, por debajo de la autopista 25 de Mayo y, en honor a la verdad, es de temer (en los últimos tiempos han sucedido varios accidentes: el 13 de mayo de 2007se cayó, explotó e incendió una combi que transportaba músicos peruanos por la autopista 25 de Mayo cayendo en una cancha de paddel en Pichincha al 1300; fue a las 3.30 de la madrugada.

 

¿Qué hubiera pasado en horario de juego en dicho lugar?

 

El mes pasado (agosto) un camión se cayó de la autopista Buenos Aires – La Plata a la altura de Avellaneda; milagrosamente abajo no había nadie pese a haber caído muy cerca de una canchita barrial y el conductor resultó ileso. Finalmente, la semana pasada se desenganchó un contenedor (ese no estaba bien amarrado) y aunque no fue en una autopista fue embestido por un colectivo con varios heridos).

 

El subterráneo ¡qué desastre! que me motivó a escribir estas líneas, lo he dejado para el postre. Jueves pasado, 30 de agosto, 18 horas, línea C, estación Diagonal Norte con destino a Constitución: andén repleto, desde el borde hasta la pared y el tren ya varios largos minutos ausente.

 

La cantidad de personas me hizo recordar cuando Lavalle era la calle de los cines y todos salían en el mismo instante, pero mientras aquello era grato, al aire libre y se dispersaba brevemente por las calles laterales; esta multitud se encontraba encerrada, acalorada, con poco aire y lo pavoroso seguía aumentando en forma descontrolada por las personas que descendían por las escaleras y se sumaban por otros túneles.

 

En síntesis, cada ves más gente; nadie se iba porque la salida natural de ascender a los trenes no se daba y continuaban ingresando personas.

 

Tenía que cumplir con una obligación laboral; como pude llegué a la escalera y, grande fue mi asombro, cuando cataratas de gente, con mucho apuro, venían en mi contra descendiendo y, obviamente, allí se quedaban porque no podían seguir más adelante.

 

Conseguí salir, tomar un colectivo como pude y llegué a dar clase con 35 minutos de atraso; la hora cátedra tiene 40 minutos.

 

Los alumnos perdieron la hora.

 

Nobleza obliga; esta situación, desde hace ya un tiempo, se viene dando casi todos los días independientemente del conflicto gremial que afecta a la empresa; no voy a caer en el disparate de echarle la culpa a los compañeros trabajadores más allá de ciertas diferencias con su vehemente proceder.

 

¿Quién controla este caos?

 

– NADIE.

 

¿Quién se preocupa por hacer peatonal el Microcentro como es en la ciudad de Córdoba capital? NADIE. ¿quién se preocupa por erradicar el transporte individual (el auto) del Centro y zonas principales de los barrios?

 

– NADIE.

 

¿Quién se preocupa en ordenar el transporte público mediante calles exclusivas, sistemas de pre metros, replanteo de los recorridos, sistemas evolucionados como monorrieles y trenes aéreos.?

 

-NADIE.

 

¿Quién controla en las autopistas, el peso máximo de los camiones, la seguridad de los contenedores, el respeto por los andariveles de tránsito?

 

-NADIE.

 

Los organismos de control y la policía no ven nada ni controlan nada; se suman a la decadencia del desguace que sufrió el Estado.

 

Mi objetivo es alertar sobre un tema cotidiano que nos atañe a todos, del que todos somos partícipes, que nos enferma mentalmente y hasta nos mata pero que no nos detenemos a meditar hasta que nos sacude alguna tragedia.

 

Que no nos sorprenda un nuevo Cromañón en un incendio o una avalancha en el subterráneo, que no se caiga un contenedor sobre un colectivo o cualquier otro desaguisado en nuestra destartalada ciudad.

 

PLANIFICAR, CONTROLAR y PREVENIR antes que LAMENTAR.

 

FV/

 

PD: Se me quedó algo en el tintero, no supe dónde incluirlo: con todo este tránsito harto pesado de camiones cargados y contenedores ¿Cuál es la respuesta de la sobrecarga de las autopistas?.(!)