LA JERARQUÍA DE LA IGLESIA CATÓLICA VENEZOLANA Y LA COYUNTURA POLÍTICA

iglesia1

Una reflexión nacida del III Encuentro Ecuménico Latinoamericano y Caribeño de Espiritualidad y Dimensión Política de la Fe



El Estado Capitalista cuenta con por lo menos cinco
pilares sobre el cual apoya su aparato de dominación y
se opone a los movimientos de lucha y organización
popular. A saber: los grandes grupos económicos, los
medios comerciales de comunicación, los partidos
políticos del status, el sistema educativo y las
jerarquías religiosas aliadas al sistema. Por supuesto
que entre todos estos entes existen conexiones y
yuxtaposiciones.


Ahora bien: ¿cómo se oponen? Lo hacen secuestrando
derechos humanos fundamentales y áreas primordiales
del entramado social. En esta dinámica de conculcar
derechos siempre lo que está en juego es la verdad.


¿Y cómo opera cada grupo para secuestrar los derechos
humanos y la verdad?


En el caso de los grupos económicos, estos  secuestran
el trabajo -que es la expresión de la persona,
quitándole su dimensión de valor ético para
convertirlo en una mercancía. El trabajo sagrado del
hombre se convierte en un producto que se expone y se
vende en los estantes del mundo del mercado y el
 hombre que es su hacedor queda vacío e ignorado.
Además el mercado con el trabajo humano, al
convertirlo en mercancía, crea falsas necesidades y
apetitos consumistas que terminan esclavizando al ser
humano. Al secuestrar el trabajo y manipularlo,
secuestran la verdad trascendente de la dignidad
humana.


Después tenemos a las empresas comerciales de
comunicación. Estas secuestran la verdad a través de
la noticia; impidiendo de este modo el juicio correcto
de lo(a)s ciudadano(a) s. Hacen uso de la
manipulación, la corrupción de criterios, falsas
matrices de opinión. El secuestro aquí es de la verdad
histórica. En verdad, se trata del "asesinato" de la
verdad histórica.

En cuanto a los grupos políticos, estos secuestran la
libertad de elección. Imponen candidatos en detrimento
de las mayorías excluidas y en beneficio de las
minorías privilegiadas; no se logra elegir libremente
sino por los candidatos que presentan los llamados
"cogollos" partidistas. Matan también una verdad,  la
verdad de la promesa empeñada.

Toca aludir al sistema educativo en general, incluidas
aquí las universidades. El sistema educativo secuestra
el conocimiento. Lo otorga o lo niega. Lo otorga a las
clases dominantes y lo niega a las clases populares ya
que esto último garantiza que el pueblo permanezca en
la ignorancia y la incapacidad, lo cual es condición
fundamental para que  haya oprimido(a)s y explotado(a)s.

Este sistema convierte el conocimiento en fuente de
riqueza: un médico, un abogado o cualquier otro
profesional se forman para ganar dinero, por eso lo
dan a las clases a las cuales conviene. El  efecto de
este secuestro es el analfabetismo funcional. Es un
sistema educativo opuesto a un proyecto de
democratizació n de la cultura. Se opone también a un
proyecto de país basado en la socialización del saber
científico. Como consecuencia, mata la verdad
científica la cual supone el desarrollo integral de
cada uno de los seres humanos.

Por último tenemos a las jerarquías y a los
funcionario( a)s de las iglesias aliadas al sistema
capitalista. Estos agentes de la religión
 institucional secuestran la conciencia, es decir la
verdad ética, porque en muchos casos proponen dogmas
mediante los cuales ejerce una orientación en asuntos
que solo atañen a la vida civil. Secuestran  la verdad
ética.

La comunidad ecuménica ECUVIVES a los católicos y
católicas de Venezuela


Ante este cuadro, y tomando en consideración que como
organización nos ocupamos de manera especial en la
dimensión política de la fe, creemos necesario enviar
un mensaje al pueblo venezolano con respecto a la
jerarquía católica venezolana, que es indudablemente
el aparato religioso más connotado del país.


En primer lugar es preciso recordarles que las
iglesias institucionales, y en especial la católica
romana, son estructuras de poder. La iglesia de Roma,
en la medida que fue "constantinizá ndose", fue
adquiriendo poder económico, poder político y control
 social. De manera que esa vertiente del  cristianismo
pasó a convertirse del movimiento originario popular,
carismático y profético a un imperio policiaco y tutor
de los intereses de las clases dominantes. Mucha de su
dogmática, que fue elaborando a lo largo del tiempo,
ha servido como herramienta de dominación y
enajenación de las conciencias, y de esa manera ha
pretendido convertirse en dueño de la verdad y
 magistrado para determinar el bien y el mal.  Así ha
sido desde hace ya bastantes siglos.  Una
institucionalidad erigida sobre el poder y el dominio
de las conciencias no puede ser jamás una comunidad de
servicio, ni consecuente con el carisma evangélico.
Las honrosas excepciones, es decir, la vida de
aquellas y aquellos que han sido fieles testigos y
hasta mártires de la fe en el seguimiento de Jesús, no
pueden ser utilizados como objeto propagandístico para
intentar "lavar el rostro" de un imperio religioso que
 ha sido copartícipe de la opresión de los pueblos. En
fin, la lamentable realidad es que, en general, las
jerarquías llamadas "cristianas" han utilizado el
mensaje de Jesús y el discurso religioso para esconder
su verdadero talante: adoradores del becerro de oro y,
en los distintos momentos de la historia, parte
esencial del poder de dominación global.

Sin embargo, no podemos olvidar que la
institucionalidad católica y sus jerarquías tienen,
por supuesto, además de existencia real, ascendencia
sobre los juicios, criterios y valores de muchos seres
humanos. La sociedad venezolana, como en casi todo el
continente, se desarrolló bajo la égida espiritual del
catolicismo romano gracias a la condición de provincia
de la corona española del territorio. Su clero, desde
los tiempos de la colonia, ha contribuido para darle
perfil a la vida moral, ética y cultural del pueblo.
En respeto y consideración a la religiosidad de
mucho(a)s venezolano(a) s, la cual fundamentan en el
magisterio eclesiástico católico-romano, se requiere
reconocer a su jerarquía como uno de los
interlocutores de primera importancia en los debates
que se dan en el país, camino al ya mencionado
proyecto de nueva sociedad venezolana. Y sobre la base
de este reconocimiento, e identificándonos como parte
del pueblo cristiano venezolano,  compartimos las
siguientes reflexiones:


Lo(a)s bautizado(a) s católico(a)s pertenecen
 simultáneamente a dos sociedades que el mismo
 pensamiento eclesial presenta al mundo como
"sociedades perfectas" una de orden superior, divino y
otra de orden inferior, humano. Tienen deberes
concretos qué cumplir como también derechos. Reconocen
que con frecuencia se crean conflictos, pero la
Iglesia deja a los laicos la tarea de organizar el
mundo sin desprenderse de su fe religiosa. Nadie puede
medir la fe de nadie; cuando un laico cristiano
gobierna y dice tener fe  ¿se puede poner en duda su
palabra? La obligación de jugarse la conciencia ¿la
tiene solo el clero, o el laico también? De conciencia
a conciencia juzga solo Dios. Se supone que la Iglesia
es para el mundo pero no es de este mundo, está
establecida en orden al reino de Dios. Pero como
 agrupación religiosa debe servir los intereses de la
iglesia comunidad. Subrayamos la importancia de las
 iglesias locales,  pero el hecho  de que sean
 importantes no debe ser motivo para que se sustraigan
de modo indiferente a la vida y quehacer de los
ciudadanos. Ni a los creyentes ni a sus pastores les
está permitido, por el hecho de estar insertos en la
historia del pueblo, ignorar los acontecimientos o
cerrase a los signos de los tiempos.

La universalidad de la Iglesia no la autoriza a
rebasar las fronteras de lo humano ni las fronteras
del tiempo. Es decir, está dentro de la comunidad
humana para testimoniar desde dentro de la comunidad
humana sus convicciones. Esto es: el hecho salvífico
que es Jesús, Dios encarnado, hecho uno de tantos. Por
otra parte, la Iglesia no puede quedarse anclada en el
pasado, juzgando el mundo presente con criterios de
otra época. No puede tampoco  juzgar el acontecer
nacional desde una instancia trasnacional. La iglesia
también se debe sentirse responsable del acontecer
 nacional y si no ¿dónde han quedado sus enseñanzas
seculares? ¿qué ha pasado con las clases de ética que
tanto ha pregonado? La Iglesia no puede juzgar desde
 fuera  porque ella debe sentirse corresponsable. Por
otra parte la Iglesia no puede arrogarse el papel de
enseñar democracia a los estados porque ella por
constitución propia es monárquica. No puede enseñar
alternancia porque en la Iglesia no se da. Estamos
hablando de realidades humanas no haciendo juicios
teológicos. Este es el análisis descriptivo y crudo
que cualquier ciudadano se hace, por lo tanto, si algo
se le puede pedir a la Iglesia local es que no trate
de medirse con el Estado sino que guarde un silencio
 "obsequioso" y deje al Estado organizarse.

Es cierto que la Iglesia gobierna en un Estado -por
cierto, territorialmente el más pequeño del mundo,
pero no está autorizada por potestad divina a
convertirse en un superestado que impone su poder al
 mundo.

Por último, los católico(a)s deben pedirle a la
Iglesia jerárquica que asuma los errores cometidos,
que reconozca que es humana y se equivoca. ¿O  es que
acaso lo(a)s católico(a)s de Venezuela no tienen
derecho a que se les explique el por qué de tantos
silencios cómplices en los que se afectó el patrimonio
que es de todas y todos?  Se afectaron nuestras
riquezas naturales y nuestro patrimonio humano con un
paro petrolero. Se afectó  nuestro sistema democrático
que todo como pueblo habíamos elegido y la jerarquía
eclesiástica aún ha hecho ningún juicio.

La actitud, la conducta y el mensaje de los obispos
 venezolanos los ubica en el plano de un grupo de
políticos oposicionistas. Queda de manifiesto que
están unidos a los mismos intereses de las clases
 sociales dominantes y los grupos de poder venezolanos.
Con sus pastorales intentan hacer creer al pueblo que
están brindando un aporte a la solución de los
problemas de la  misma sociedad venezolana, pero al
hacer un injustificado hincapié en que este gobierno
"no ha hecho nada", desmeritando la opción política
del pueblo y la labor del Ejecutivo Nacional, se
colocan al margen de la verdad que palpita entre las
grandes mayorías del país, que son precisamente las
pobres y los pobres a quienes la Iglesia Católica dice
servir con predilección. Si el pueblo pobre sintiera
que tal afirmación fuera el testimonio palpable del
clero católico y en especial de los obispos, de seguro
el significativo porcentaje de católico(a)s de los
sectores populares que han abandonado la práctica
religiosa los domingos, como lo reconocen algunos
jerarcas, no lo hubieran hecho. Durante el golpe de
Estado y el Paro Petrolero en 2002 y 2003, lo que se
evidenció de parte de los obispos venezolanos, fue
silencio, distanciamiento, insensibilidad con el
pueblo irrespetado y maltratado; y hasta complacencia,
defensa y solidaridad con los golpistas y políticos
fascistas de aquellos fatídicos días.

Este panorama corrobora que la jerarquía católica en
 general se ha hecho cómplice por omisión o comisión
del proyecto de dominación global del neoliberalismo,
que en el caso de Venezuela está siendo combatido a
fuerza de coraje, creatividad y moral. La
espiritualidad cristiana liberadora toma una total
distancia de aquellas instancias que, en nombre de la
religión, comercian, manipulan y secuestran el sentido
profundamente humano de la fe. Los nuevos tiempos en
Venezuela que son los tiempos de construcción de una
nueva patria- traerán también consigo el ambiente
propicio para una espiritualidad cultivada sobre los
 valores jesucristianos: la justicia, la dignidad, la
 libertad, la solidaridad y la paz.

Fuente: Redacción Nacional
Alberto J. Franzoia
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