LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS

Por Alicia Muzio, Horacio W. Bauer, Warren Ambrose L. M; Federico Kukso  y Colectivo

En 1966 la Dictadura de Ongania, decide intervenir la UBA. Se toman las Facultades por los profesores, y los alumnos.  Finalmente la resistencia es quebrada, esa noche, por la policía.

LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS

 

– LA INTERVENCION DE LAS UNIVERSIDADES PUBLICAS EN 1966

– LA DICTADURA APALEO A ESTUDIANTES Y DOCENTES

– MENTES CORTAS, BASTONES LARGOS

– LA DEL 69: LA PROMO OLVIDADA  

– AQUELLA MANDÍBULA DE CAÍN

– LA PRIMAVERA DEL 60¿DISCRIMINACIÓN DE PROFESORES?

– ALEGATO DE GORRIARÁN SOBRE LA NOCHE DE LOS BASTONES

– LA COFRADÍA DE LA FLOR SOLAR


– En 1966 se produce el golpe militar. En un primer momento, la UBA se mantuvo autonoma, con Hilario Fernandez Long como rector (elegido por el mecanismo del 18) ; pero en el ’67 Ongania, argumentando que la Direccion de la UBA y sus investigadores eran ineptos para conducirla, decide intervenirla.La resistencia (*) comienza con los profesores, y luego se suman los alumnos. Se toman las Facultades. Comienzan a haber batallas campales. El epicentro era Moreno y Peru (La Manzana de las Luces, donde en ese momento ademas del CNBA se encontraban las Facultades de Exactas y Arquitectura), hasta la plaza Houssay. Finalmente la resistencia es quebrada a golpes por la policia, la ultima en caer es Exactas.


A esto se le llamo:
 

LA INTERVENCION DE LAS

UNIVERSIDADES PUBLICAS(**)

Un hecho lamentable para la cultura argentina fue la decisión de intervenir las universidades nacionales, cuyo régimen tripartito era, en la opinión militar, una invitación al desorden y a la infiltración izquierdista. No se tuvo en cuenta el alto prestigio que habían alcanzado las universidades estatales gracias a la libertad de cátedra, ni se imaginó la repercusión internacional de estos hechos.

Durante –la noche de los bastones largos, el episodio más violento de la intervención, la policía apaleó a estudiantes, profesores, visitantes extranjeros y autoridades de la Facultad de Ciencias Exactas (UNBA) por hacer una asamblea desafiando el edicto restrictivo de las reuniones públicas.

La intervención y el fin de la autarquía derivaron en una pérdida de valores intelectuales de primera fila que emigraron hacia otros centros de altos estudios. Mucho ya no volvieron al país. Las carreras de Psicología y de Sociología blanco de las críticas más virulentas, quedaron desmanteladas por renuncias en el claustro docente. Se trataba de especialidades sospechosas de incitar a la reflexión sobre la desigualdad social desde la perspectiva del análisis marxista.

Los efectos de la intervención fueron contraproducentes para los intereses del gobierno militar, porque, como reconoce Roberto Roth: –La juventud cultivada en este clima represivo alimentó los cuadros de la guerrilla y encontró su lugar en el espectro político volcado a la izquierda.

En 1955, dice, no había un solo peronista en la Universidad. Hacia 1970, en cambio, miles de estudiantes acudían a los actos peronistas.

La Revolución Argentina partía de una concepción simplista de la política y de la sociedad al suponer que los problemas se solucionarían cancelando la actividad de los partidos.

Consideraba al sistema representativo una rémora del pasado, a diferencia de los generales Justo, Perón y Aramburu, quienes lo habían defendido aunque con restricciones.

El grueso del país, que más allá de su justificado escepticismo también creía en las instituciones, empezó a buscar soluciones inspiradas en otras experiencias.

Esta búsqueda era la de universitarios, sindicalistas, sacerdotes y juventudes políticas.

Entre ellos estaban Mario Roberto Santucho, Fernando Abal Medina, el padre Carlos Mugica, Juan García Elorrio, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, Raimundo Ongaro y la CGT de los Argentinos, los sindicatos clasistas de la industria cordobesa, Agustín Tosco y René Salamanca, Dardo Cabo, la Juventud Peronista.

Por otra parte la cancelación de la política operó una suerte de milagro: lllia y Perón empezaron a considerar posibles acciones conjuntas de la oposición civil».  Pese a las múltiples quejas de empresarios y sindicalistas y de la crisis de la balanza de pagos en 1962, hubo en la década de 1960 un sostenido crecimiento económico.

El desarrollismo de Frondizi significó un importante aporte de capitales extranjeros en la industria: con Illia se recuperaron el sector agropecuario y la industria, bajó la deuda externa y subió el salario.

De modo que la Revolución Argentina encontró una situación bastante saludable que los grupos de poder económico se propusieron usufructuar.

Según Guillermo O’Donnell, la gran burguesía oligopólica y transnacional aspiraba a mejorar la acumulación de capital en condiciones estables, sin las concesiones a que está obligada la clase política en un sistema de partidos y en los gobiernos populistas.

La Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, CARBAP, la Asociación de Bancos y ACIEL (Instituciones Empresarias Libres) apoyaban la dictadura: ese régimen aséptico y «apolítico» les garantizaba que sólo los militares y las grandes empresas accederían al poder.

Sin embargo, Onganía, en vez de designar ministro de Economía al preferido de estos grupos, el ingeniero Alsogaray, nombró a Néstor Salimei, industrial del aceite de tendencia nacionalista.

Su desgaste fue rápido.

Lo reemplazó Adalbert, Krieger Vasena, un liberal autoritario quien se propuso reducir la inflación y el déficit fiscal y apoyar la creación de bienes durables; para ello aplicó retenciones a las exportaciones agropecuarias, congeló los salarios e incrementó los servicios públicos.  -El país de las vacas y el trigo quedó atrás.

Esta afirmación de Onganía en el discurso de apertura de la fiesta anual de la Sociedad Rural en Palermo disgustó a los muy sensibilizados estancieros.

Había asistido a la gran fiesta del campo en una carroza de época, como si tuviera un poder casi monárquico, lo que en cierto modo era verdad.  Mediante aportes de capital extranjero y alta inversión estatal se llevaron a cabo obras públicas de envergadura proyectadas anteriormente, como el puente Zárate-Brazo Largo que vincula a Entre Ríos con Buenos Aires; el dique El Chocón (Neuquén) que genera energía para el conurbano bonaerense; la central atómica de Atucha y la ampliación de la red de caminos y de puentes que conectan a la Mesopotamia con el país y con las naciones limítrofes.

Los gobernadores de las provincias del noroeste (NOA) fueron beneficiados con proyectos de desarrollo hídrico para zonas áridas de La Rioja y Catamarca.

En las reuniones de carácter regional se plantearon las carencias en materia de conexiones de redes eléctricas, aeropuertos y rutas y se trató de darles una solución rápida.

El gobierno no estaba dispuesto a hacer concesiones a los jefes sindicales fuera de los gestos amistosos de la primera hora.

Reprimió con dureza la huelga portuaria de fines del 66 y la huelga general anunciada en marzo del 67 por la central obrera.

Gremios tan importantes como los metalúrgicos perdieron la personería, se despidió a dirigentes ferroviarios contrarios a la racionalización del sistema y se congelaron los fondos sindicales.

Quedaba así en claro que el Estado controlaría los salarios por lo que la participación de éstos en el PBl bajó algunos puntos.

(*) Historia del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires durante la decada del Setenta / Sintesis de la informacion brindada por Claudio Contino en las primeras entrevistas, alumno de 5º en 1975, y ex- presidente del Centro en 1974. Cassettes A y B./ Historia del Centro / Pre-Dictadura.
(**) www.odonnell-historia.com.ar/reciente/illiahoy.htm

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EN 1966 LA DICTADURA APALEO A ESTUDIANTES Y DOCENTES

 Por L. M. y Federico Kukso  Bastonazos para don Manuel Sadosky,

(Fragmento de uno de los últimos reportajes hechos a Don Manuel, para la revista Todo es Historia).

–Usted vivió como protagonista las peripecias de la ciencia argentina del siglo XX, así que me parece bastante apropiado.

–Sí, bueno, en tantos años…

–Creo que siempre se debe empezar por la Noche de los bastones largos, el 29 de julio de 1966, cuando la policía de Juan Carlos Onganía irrumpió en la Facultad de Ciencias Exactas y apaleó brutalmente a estudiantes y docentes, incluyendo a usted.

–Incluyéndome a mí, que era el vicedecano de la facultad, y a Rolando García, que era el decano.

La Noche de los bastones largos, claro, es una fecha que queda grabada…

Era un momento muy activo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, allí se cultivaban la matemática, la física, la química, la geología, la meteorología, con un fervor, con una sensación, quizá demasiado exagerada, de que podíamos cambiar el país.

–Cuénteme algo de aquel día. La historia es conocida, pero algún detalle suyo.

–Bueno, la historia de los palazos que nos hicieron pasar entre una doble fila de policías ya la conocen todos… pero es curioso, porque a uno le quedan ciertos detalles sin importancia. Por ejemplo, recuerdo que yo usaba sombrero y lo tenía puesto, así que cuando pegaron los palos, el sombrero atenuó los golpes, que no me parecieron gran cosa, pero después, en la comisaría, pasé frente a un espejo donde vi que tenía toda la cara ensangrentada y entonces me lavé, porque me daba vergüenza estar en esa situación. La verdad es que fue verdaderamente notable con tantos palos que dieron que no hubieran matado gente, porque pegaban bien, pegaban con habilidad.

–Y con ganas.

–Con muchas ganas. Y también recuerdo muy vivamente que yo estaba problematizado, porque había mujeres y yo quería ir a defenderlas, como cualquier persona que está viendo que les pegan a las mujeres y bueno, no podía. Recuerdo mi impotencia, porque uno en la Argentina estaba acostumbrado cuando había lío, cobraba. Pero lo de las mujeres era nuevo.

Mentes Cortas, bastones largos

 

 Por Warren Ambrose

Ya han pasado treinta años de la Noche de los Bastones Largos. Ante el aniversario del triste episodio, desde EXACTAmente intentamos colaborar con la memoria mediante el particular testimonio de un científico estadounidense que en ese momento se encontraba trabajando en nuestra Facultad. Warren Ambrose, profesor de matemática del Massachusets Institute of Technology (MIT), vivió de cerca la intromisión del gobierno militar de Juan Carlos Onganía en la autonomía universitaria y, movido por este hecho, envió una carta al New York Times, cuyo contenido se transcribe a continuación.

Buenos Aires, Argentina, 30 de julio de 1966  The New York Times New York, N.Y.

Estimados señores:

Quisiera describirles un brutal incidente ocurrido anoche en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires, y pedir que los lectores interesados envíen telegramas de protesta al presidente Onganía.

Ayer el gobierno emitió una ley suprimiendo la autonomía de la Universidad de Buenos Aires y colocándola (por primera vez) bajo la jurisdicción del Ministerio de Educación.

El gobierno disolvió los Consejos Superiores y Directivos de las Universidades y decidió que desde ahora en adelante la Universidad estaría controlada por los decanos y el rector, que funcionarían a las órdenes del Ministerio de Educación.

A los decanos y al rector se les dieron 48 horas de plazo para aceptar esto. Pero los decanos y el rector emitieron una declaración en la cual se negaban a aceptar la supresión de la autonomía universitaria.

Anoche a las 22, el decano de la Facultad de Ciencias, Dr. Rolando García (un meteorólogo de fama internacional, que ha sido profesor de la Universidad de California, en Los Angeles), convocó a una reunión del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias (compuesto por profesores, graduados y estudiantes, con mayoría de profesores) e invitó a algunos otros profesores (entre los que me incluyo) a asistir a la misma.

El objetivo de la reunión era informar a los presentes la decisión tomada por el rector y los decanos y proponer una ratificación a la misma.

Dicha ratificación fue aprobada por 14 votos a favor con una abstención (proveniente de un representante estudiantil).

Luego de la votación, hubo un rumor de que la policía se dirigía hacia la Facultad de Ciencias con el propósito de entrar, que en breve plazo resultó cierto.

La policía llegó y, sin ninguna formalidad, exigió la evacuación total del edificio, anunciando que entraría por la fuerza al cabo de 20 minutos (las puertas de la Facultad habían sido cerradas como símbolo de resistencia -aparte de esa medida, no hubo resistencia-).

En el interior del edificio, la gente (entre quienes me encontraba) permaneció inmóvil, a la expectativa. Había alrededor de 300, de los cuales 20 eran profesores y el resto estudiantes y docentes auxiliares (es común allí que a esa hora de la noche haya mucha gente en la Facultad porque hay clases nocturnas, pero creo que la mayoría se quedó para expresar su solidaridad con la Universidad).

Entonces entró la policía. Me han dicho que tuvieron que forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas que resultaron ser gases lacrimógenos.

Luego llegaron soldados que nos ordenaron, a gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde se nos hizo permanecer de pie, contra la pared, rodeados por soldados con pistolas, todos gritando brutalmente (evidentemente estimulados por lo que estaban haciendo -se diría que estaban emocionalmente preparados para ejercer violencia sobre nosotros-).

Luego, a los alaridos, nos agarraron a uno por uno y nos empujaron hacia la salida del edificio.

Pero nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de 10 pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles, y que nos pateaban rudamente, en cualquier parte del cuerpo que pudieran alcanzar.

Nos mantuvieron incluso a suficiente distancia uno del otro de modo que cada soldado pudiera golpear a cada uno de nosotros.

Debo agregar que los soldados pegaron tan duramente como les era posible y yo (como todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde pudieran alcanzarme.

Esta humillación fue sufrida por todos nosotros -mujeres, profesores distinguidos, el decano y el vicedecano de la Facultad, auxiliares docentes y estudiantes-. Hoy tengo el cuerpo dolorido por los golpes recibidos, pero otros, menos afortunados que yo, han sido seriamente lastimados.

El profesor Carlos Varsavsky, director del nuevo radio-observatorio de La Plata recibió serias heridas en la cabeza; un ex-secretario de la Facultad, de 70 años de edad, fue gravemente lastimado, como así mismo Félix González Bonorino, el geólogo más eminente del país.

Después de esto fuimos llevados a la comisaría seccional en camiones, donde nos retuvieron un cierto tiempo, después del cual los profesores fuimos dejados en libertad, sin ninguna explicación.

Según mis conocimientos, los estudiantes siguen presos.

A mí me pusieron el libertad alrededor de las 3 de la mañana, de manera que estuve con la policía alrededor de 4 horas.

No tengo conocimiento de que se haya ofrecido ninguna explicación por este comportamiento.

Parece simplemente reflejar el odio del actual gobierno por los universitarios, odio para mí incomprensible, ya que a mi juicio constituyen un magnífico grupo, que han estado tratando de construir una atmósfera universitaria similar a la de las universidades norteamericanas.

Esta conducta del gobierno, a mi juicio, va a retrasar seriamente el desarrollo del país, por muchas razones, entre las que se encuentra el hecho de que muchos de los mejores profesores se van a ir del país.

Atentamente.  Warren Ambrose


(*)
 (*) Profesor de Matemática en el Massachusets Institute of Technology (MIT) y en la Universidad de Buenos Aires

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La del 69: la promo olvidada

Por Alicia Muzio

El 17 de diciembre del 2000, a las 19.30 horas —ni un minuto antes ni un minuto después— los supérstites de la Promoción ´69 recibimos nuestros diplomas de bachiller (Sanguinetti dixit).

Y nunca mejor usado el cultismo para llamarnos sobrevivientes, a nosotros que a punto de entrar en el 2000 unidos o dominados, fuimos testigos, protagonistas, víctimas y hoy quizá nostalgiosos de La náusea de Sartre, los cuentos de Cortázar, el Che Guevara, las nuevas carreras de psicología y sociología en la Universidad de Buenos Aires, la explosión editorial con la aparición de Eudeba, Jorge Alvarez, De la Flor, la doctrina del compromiso artístico, el psicoanálisis que invadió los hogares de las capas medias, Mariano Grondona que ya entonces pontificaba -las fuerzas armadas constituyen una instancia de reserva de todo sistema, los nuevos semanarios con su ímpetu modernizador al estilo europeo o norteamericano como Primera Plana de lectura ineludible, Borges y Marechal, el boom de la literatura latinoamericana con García Márquez, Vargas Llosa y Alejo Carpentier a la cabeza, el cine Lorraine con sus ciclos de Bergman, Antonioni o la nouvelle vague, los Beatles, Bobby Solo, Richard Anthony, la presencia patente de Perón desde el exilio moviendo los piolines, el estructuralismo, el teatro de Halac, Cossa y Gambaro con su polémica de realistas versus absurdistas, Santo Domingo, Vietnam, el Instituto Di Tella, Marta Minujín, el Club del Clan, Racing, Estudiantes y Nicolino Locche campeones del mundo.

Esa atmósfera cultural que conociera toda la fascinante ambigüedad de las pasiones ideológicas —conjunción de política y cultura—, fue barrida por el golpe de estado de 1966 con su exégesis de la Noche de los bastones largos.

Quedaron huellas, sin embargo, de aquello que pudo haber sido.

Conservamos de aquellas épocas un cúmulo de actitudes muy vinculadas con la democracia y la tolerancia, con la aspiración de una sociedad digna de ser vivida , de un mundo más justo y con mayor solidaridad.

Como tantas cosas se hacen en nombre de ese fin de milenio, no estaría mal intentar alguna reflexión después de los treinta años que vivimos sin diplomas. Hemos tenido muertos y desaparecidos. Sufrimos exilios externos e internos.

No recibimos los diplomas por esos seis años de estudio que nos marcaron a fuego y nos impulsaron como hombres y mujeres por los caminos y profesiones más diversos y, al momento de hacer pesar nuestros valores, sólo pudimos exhibir un certificado analítico, pasaron treinta años y ¿ninguno de nosotros reclamó?

Creo, entonces, que el alerta debe estar puesto en el valor y en el respeto de nuestras instituciones, incompletas, subdesarrolladas, con aspectos por momentos grotescos, perfectibles, pero únicas garantes de que no se repitan las alternativas que —como a muchas otras— le tocaron vivir a esta zarandeada pero íntegra Promoción 1969.

Para festejar su 30º aniversario y la entrega de papiros, además de decir todo lo que tiene adentro y de recordar a los ausentes, la Promoción ´69 organizó para el 17 de diciembre del 2000 un gran encuentro con discursos, lunch, música y baile (sin lentos, ya que los que tenian otras asignaturas pendientes, se abstuvieron).

Alicia Muzio (Promoción 1969, por supuesto)-

AQUELLA MANDÍBULA DE CAÍN

Entre 1957 y julio de 1966, la Universidad de Buenos Aires vivió una primavera. Desde varias cátedras destacados científicos propendían con la tarea docente al desarrollo de la alta calidad de la ciencia aplicada para el beneficio nacional e independiente.

Por Ricardo Matienzo*Periodista

Hay noches, como lo saben las hechiceras de Tesalia, que transforman a los hombres en fieras.

Noches en cuyas sombras, refractarias al amanecer, ciertas comunidades suelen amasar los gérmenes de una frustración prolongada en sus existencias, de un destino sin luz por varias décadas.

La noche de los bastones largos, ocurrida el 29 de julio de 1966, hace ya cuarenta años, constituyó en la historia argentina uno de esos momentos tétricos, de pacto con las tinieblas.

En aquel punto del calendario, la ignorancia en acción, como diría Goethe, ganó una batalla decisiva.

En esa fecha, la intervención a la Universidad decretada por el gobierno militar de Juan Carlos Onganía produjo la suspensión abrupta de un camino de excelencia y luminosidad en la ciencia y la cultura que nunca se volvió a recuperar en la Argentina.

Después de aquel desgraciado atropello hubo otras noches, incluso algunas mucho más sangrientas y brutales, como la de los lápices o la de los incontables secuestros que derivaron durante la última dictadura en las desaparición de miles de personas, pero ninguna significó en lo simbólico un golpe tan letal para la inteligencia científica del país como el que se perpetró aquel 29 de julio.

Hay muchos nombres emblemáticos de aquella Universidad: Rolando García. Manuel Sadosky, Horacio Pando, Tomás Buch, Carlos Méndez, Mosquera, Félix Schuster u Oscar Varsasky, entre varios otros.

El físico y epistemólogo Rolando García, decano de la mítica Facultad de Ciencias Exactas y Naturales desde 1957 a 1966, marchó al exilio.

Volvió a la Argentina en 1972 para acompañar el intento de recuperar la democracia, pero una nueva frustración lo desterró a Europa.

Su residencia definitiva está en México, donde se radicó en 1979 junto a su esposa, la investigadora argentina en psicolingüística Emilia Ferreiro, y sus dos hijos.

Hasta ese año había estado trabajando en Ginebra para varios programas de las Naciones Unidas.

Los otros catedráticos mencionados viven, en cambio, en el país, aunque algunos debieron en su momento exiliarse. Oscar Varsasky, quien se había doctorado en Química a los 22 años, falleció en 1976.

Fue uno de los pioneros en modelos matemáticos aplica dos a las ciencias sociales.  Entre agosto y diciembre de 1966, y como fruto del sablazo dictatorial, emigraron 300 científicos argentinos.

Y renunciaron más de 1300 personas entre docentes y autoridades universitarias.

De las facultades en conflicto, la más afectada fue la de Ciencias Exactas y Naturales, que perdió el 80 por ciento de sus profesores; seguida de Filosofía y Letras (51 por ciento) y Arquitectura y Urbanismo (48 por ciento).

Tal vez ese hecho explique que diez años más tarde, en la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla, esas casas hayan sido las que tuvieron las más altas cifras de estudiantes y docentes desaparecidos: De 500 desaparecidos en la Universidad de Buenos Aires, 320 pertenecieron a esas facultades.

Como fruto de toda esa ofensiva intervencionista de Onganía, la palabra autonomía fue proscripta del lenguaje y la práctica de las aulas durante largo tiempo.

 

El Arca
Esa noche de los Bastones Largos

LA PRIMAVERA DEL 60

¿Cuáles fueron las circunstancias que llevaron a la formación de una universidad de esta naturaleza y qué factores llevaron a su extinción?

En las vísperas de las elecciones presidenciales de 1958, la Universidad había logrado reunir en torno a sus cátedras a un plantel de científicos muy avanzados y conscientes de que cualquier modelo industrial e independiente que se pensara para la Argentina requería un desarrollo de alta calidad en la ciencia aplicada.

La perspectiva de un triunfo de Arturo Frondizi estimulaba el sueño de iniciar en la Nación un proceso vigoroso de modernización.

El nombramiento de Risieri Frondizi al frente de la Universidad, como consecuencia de la victoria comicial de su hermano, dio un fuerte empuje a los planes que se habían concebido para esas circunstancias.

Esos planes se expresaron en un conjunto de medidas: campañas de alfabetización, de expansión del conocimiento mediante una lúcida política editorial, de apoyo a la investigación y de creación de equipos de trabajo y laboratorios en áreas específicas.

También se programaron nuevas carreras como Psicología o Sociología. Se puso mucho énfasis en el estudio de la biología, la computación, la bioquímica, la física y la agronomía.

Y se compró la primera computadora de América latina para el Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas, que la usó para estudiar la trayectoria del cometa Halley y diseñar modelos para resolver problemas matemáticos, hidrológicos y econométricos.

La tarea de promoción de los proyectos de investigación y de difusión masiva de conocimientos se plasmaron en dos emprendimientos concretos: la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la fundación de la Editorial Universitaria Argentina (Eudeba), al frente de la cual se colocó al extraordinario matemático y hombre de la cultura Boris Spivakow.  Eudeba publicó doce millones de ejemplares en una década. En 1966, cuando Onganía intervino la Universidad, Spivakow renunció y fundó el Centro Editor de América Latina, otra obra maestra de la cultura editorial argentina.

En ese período, muchos estudiosos argentinos fueron enviados al extranjero para doctorarse, pero teniendo en cuenta orientaciones muy precisas que sirvieran a los planes concebidos.

Es decir, con una mirada puesta en los intereses del país, de su soberanía e independencia. Muy pronto, Arturo Frondizi dejó de lado lo que había planteado en su libro Petróleo y Política, que era la posibilidad de un desarrollo autónomo del país, y cambió de rumbo. Pero la maquinaria pensada para aquella política en el campo científico había comenzado a andar.

De manera que, a pesar de las contradicciones y dificultades impuestas por ese giro y los posteriores sismos institucionales, muchas investigaciones y trabajos continuaron, traspusieron la caída de Frondizi y llegaron hasta el golpe de Estado de Onganía y los hermanos Alsogaray, atravesando en el medio el interinato de José María Guido y la gestión favorable a la Universidad de los casi tres años de gobierno de Arturo Illia.

Cuando la intervención copó la Universidad, varios proyectos, que se desarrollaban con mucho éxito, fueron abandonados, entre otros el de industrialización de la pesca atlántica, el de control de granizo y producción de lluvia artificial en Mendoza, el de explotación racional del bosque chaqueño o el de programas de cálculo para YPF, Gas del Estado o Agua y Energía.

El florecimiento de un pensamiento académico libre y creativo no tuvo lugar en esa Argentina por pura casualidad. Muchos reformistas y humanistas trabajaron de consuno.

Toda la primera mitad de la década del 60 fue una etapa que, más allá de los vaivenes político-militares que amenazaban espasmódicamente la estabilidad de las instituciones, presenció una auténtica modernización cultural en los campos de la literatura, la plástica, la música, el cine, el periodismo, el teatro y hasta la televisión.

Son los años del Cortázar de la novela Rayuela, publicada en 1963, pero también de su adhesión a la Revolución Cubana; de revistas como Contorno (de los hermanos Ismael y David Viñas), de El escarabajo de oro (dirigida por Abelardo Castillo) o de La Rosa Blindada (de José Luis Mangieri).

Es el tiempo también de Primera Plana, fundada en 1962 por Jacobo Timerman; de Panorama, de editorial Abril; del diario La Opinión, o de los libros de investigación periodística de Rodolfo Walsh, todas publicaciones que renuevan el periodismo nacional.

Es la época en que aparecen dramaturgos tan decisivos como Roberto Cossa, Eduardo Tato Pavlovsky o Griselda Gambaro.

Ésta última vinculada a un fenómeno tan singular como el Instituto Di Tella, conducido por el ingeniero Enrique Oteiza con la colaboración de Jorge Romero Brest, que desde esa manzana loca de la calle Florida dio lugar a toda clase de experimentaciones: happening, instalaciones, arte pop, conceptualismo, etc.

En ese clima prosperó una camada de talentosos cineastas: Manuel Antin, David Kohan, Lautaro Murúa o Leonardo Favio, que se sumaron al ya reconocido internacionalmente Leopoldo Torre Nilsson.

Toda esta primavera –la del Di Tella en primer lugar– fue cancelada o enfriada por el golpe de Onganía y a su manera sufrió los desmanes de los bastones ideológicos de la derecha más cerril.

Luego del cuartelazo vinieron distintas censuras, entre ellas la de la ópera Bomarzo, con música de Alberto Ginastera y libro de Manuel Mujica Lainez, o de la película Teorema, de Pier Paolo Pasolini. Testimonios La represión desatada La noche de los bastones largos quedó registrada en algunos noticieros de la época. Naturalmente, en esas imágenes se ocultó la faz más brutal de esos procedimientos, la golpiza que se propinó a las autoridades, docentes y alumnos de las facultades que permanecieron en las aulas para repudiar la represión.

Un documental de Tristán Bauer y Carolina Scaglione, filmado con el patrocinio de la Universidad Nacional de San Martín, reproduce algunas de esas imágenes de archivo, agrega otras (sobre todo fotos de personas con el rostro ensangrentado o vejadas físicamente) y proporciona un valioso testimonio de varios de los protagonistas de esa jornada terrible. -Una noche inolvidable en el peor de los sentidos, confiesa en ese filme Méndez Mosquera, vicedecano en ese entonces de la facultad de Arquitectura.

Rolando García, por su parte, comenta que, luego de que las tropas de infantería inundaran la atmósfera de Ciencias Exactas con gases lacrimógenos, los ocupantes del edificio se vieron obligados a abandonar las instalaciones.

En esa circunstancia, se acercó a un oficial que encabezaba a los pelotones de la represión y le espetó: -¿Cómo se atreve a cometer este atropello? Todavía soy el decano de esta casa de estudios. Ante lo cual, un acompañante corpulento que acompañaba al oficial levantó su bastón, lo descargó sobre su cabeza mientras le dedicaba un variado rosario de insultos.

García cayó y al levantarse e intentar de nuevo una explicación, fue golpeado otra vez.

Esta escena se repitió en todas las facultades que resistieron el atropello.

En el documental, además de los recuerdos de muchos ex decanos y vicedecanos, se expone la opinión del que fuera el secretario Legal y Técnico de Onganía, Roberto Roth, un individuo que en aquel momento solía entretener a la prensa con declaraciones siempre salidas de tono.

En el filme no sólo rechaza que la Universidad de entonces fuera excelente, sino que dice que el despido de cientos de profesores y científicos no fue más que una simple echada, como tantas otras que ocurrieron en distintos gobiernos.

Por fortuna, ésta no es la opinión dominante en la sociedad argentina que, si bien no reaccionó mayoritariamente contra aquel vaciamiento, hoy tiene conciencia del error cometido y ha homenajeado de diversas maneras a muchas de las personas que encabezaron aquella aventura memorable del conocimiento.

Eso que el inefable Roth califica de echada, pende allí, en la memoria colectiva, para recordarnos, como la mandíbula de Caín, al decir de Hamlet, lo que hicimos y no deberemos volver a hacer si queremos ser un país verdadero.

Y aunque, la conciencia del error no nos absuelve de culpas, es el primer paso para no volver a transitarlo.

El Arca
Esa noche de los Bastones Largos

¿DISCRIMINACIÓN DE PROFESORES?

 Por Horacio W. Bauer

Eran tiempos en que diarios como La Nueva Provincia de Bahía Blanca, saludaban al Proceso de Reorganización Nacional.

Ni ése ni otros periódicos se referían a la detención y desaparición de profesores y alumnos de la Universidad del Sur.

En la numerosa nómina silenciada se encontraba Félix Schuster, brillante profesor que enseñaba en aquella casa de estudios.

Sus profundos conocimientos, prestigio y aptitud pedagógica, no sirvieron para evitarle cárcel y tormentos.

Pero fue un afortunado comparado con los numerosos de los que nunca se supo nada.

Los diarios de Buenos Aires y de otras ciudades argentinas hicieron caso omiso de aquellos hechos, como de tantos que sucedían en los centros de enseñanza, hospitales, fábricas, etcétera, de la nación empeñada en una gesta purificadora.

La Facultad de Filosofía y Letras de la UBA no era ajena a las contingencias dramáticas.

Sus autoridades fieles a las consignas del gobierno militar, habían logrado imponer un temor reverencial ante cualquier hipótesis de disidencia con el pensamiento políticamente correcto.

Recuerdo que cursando una materia, cité una frase de Feuerbach y mis compañeros se asustaron como si hubiera invocado a Lucifer, recomendándome cautela.

Muchos cerebros que no estaban presos se habían exiliado.

Algunos justo a tiempo como el notable profesor Rolando García, gracias a la oportunísima intervención de Jean Piaget, quien lo reclamó para su famoso Instituto en Ginebra, sacándolo metafóricamente de las fauces militares.

¿Y los diarios qué decían? Nada. Ni de lo que pasaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, ni en tantos lugares regimentados.

¡Cuán distinta es la situación actual! Es suficiente que una profesora se retire por motivos personales, aduciendo que siempre fue una privilegiada y que nunca tuvo problemas en la facultad; que otro profesor no sea designado consulto –como era su deseo – y que otro se sienta molesto porque se hizo una convocatoria para crear una cátedra paralela a la suya, para que –v.gr.– en la primera plana de La Nación, del 22 de octubre de 2003 o del 8 de mayo de 2004, se destaque una supuesta denuncia de discriminación ideológica en Filosofía y Letras (UBA), anunciando –a mayor abundamiento – el comienzo de un éxodo de cerebros.

Una primera comparación nos diría que al silencio cómplice del pasado se lo compensa con el alarmismo ominoso de hoy.

En cambio apostando a la edad de la inocencia, podría estimarse, con raíces eufemísticas, que ayer hubo miedo y actualmente mal procesamiento de las noticias.

Para no incurrir en errores interpretativos o de hermenéutica, sería mejor dedicarse honestamente a tratar de transformar lo no deseable de la realidad, incluyendo el campo académico, donde seguramente los problemas están presentes como en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), que actualmente es conducida por un científico que permanece en su país trabajando, enseñando y dirigiendo, aunque las mejores universidades del mundo lo reclamarían para sus claustros, con todas las contraprestaciones beneficiosas que ello implicaría.

Y a propósito de transformación quiero terminar este comentario con una cita de Karl Marx: -Los filósofos se han ocupado de interpretar al mundo, cuando de lo que se trata es de cambiarlo (1) La acabo de leer en la Universidad Humboldt de Berlín.

Es la única frase que ha sido fijada con letras de bronce en el magnífico salón de acceso.

Supongo que la hicieron inscribir en tiempos de la DDR, pero los alemanes unificados de hoy han renunciado a la estupidez, valorando lo valorable.

(1) Así lo escribía Karl Marx (1818-1883) en un manuscrito de 1845, que contenía once tesis en las que debatía con el pensador Ludwig Feuerbach el carácter contemplativo de la filosofía. La Tesis 11, recién se conoció en 1888, gracias a los trabajos de investigación de Friedrich Engels. Para Karl Marx, el pensamiento verdadero ha de ser crítico y su fuerza radica en no aceptar el mundo tal cual es, sino en cambiarlo. El hombre ha de ser el sujeto de la historia y no un objeto pasivo.

 

El Arca
Esa noche de los Bastones Largos

Reconstruyamos la Historia La haine

Alegato de Enrique Gorriarán Merlo ante la Cámara de San Martín

Argentina: 2 de Julio de 1997 

REFERENCIA A LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS

Cuando aún gobernaba el presidente Illia, Onganía  ya resaltaba la teoría de  las fronteras ideológicas, que consideraba al enemigo interno como eje de la  hipótesis de conflicto de las FF.AA..

Enemigo interno era, para Onganía, todo  aquel que se propusiera impulsar cambios, al que sindicaba como comunista.

Apenas concretado el golpe contra Illia  y la democracia, aquella concepción  expresada por Onganía y que no era otra que la Doctrina de Seguridad Nacional que asoló a América Latina toda, comenzó a aplicarse.

La prohibición  de los partidos políticos y las intervenciones a  sindicatos y universidades fueron  su acto primero.

En seguida la represión a las universidades, en lo que es  conocido como la noche de los bastones largos, y que consistió en apalear  profesores y alumnos que planteaban la autonomía.

Por  esa reivindicación la  dictadura los acusaba de querer crear soviets y, al  igual  que los señores  fiscales en su acusación a la que me estoy refiriendo, de ser subversivos.

Esta acción de los golpistas, dio inicio a un proceso ininterrumpido hasta 1983, y aún hoy irresuelto: el éxodo de catedráticos y científicos.

Y el hecho es de vital significación histórica, ya que su perduración en el tiempo se convirtió en la causa principal del progresivo retroceso de Argentina en cuanto a desarrollo cultural, científico y técnico.

En el mismo año de su instalación la dictadura cobró su primer víctima mortal. Santiago Pampillón  fue asesinado a balazos mientras participaba de una  marcha pacífica de protesta estudiantil en Córdoba.

Le siguió Hilda Guerrero de  Molina que reclamaba, también pacíficamente y entre  miles de personas, contra  la desocupación que generaba el cierre de ingenios en Tucumán.

Entre otros, los  estudiantes Juan José Cabral en Corrientes,  Adolfo Bello en Rosario y el  metalúrgico Norberto Blanco también en Rosario, fueron engrosando la lista de  asesinados.

El gobierno militar avanzaba en su proyecto de entrega  económica firmando  convenios como el que obligaba, por ejemplo, a YPF, todavía en nuestras manos,  a pagar compensaciones a empresas extranjeras por los contratos que había  anulado Illia; con el argumento del déficit se planteó el achicamiento del Estado dejando en la calle a miles de empleados públicos; reformó la «ley de inversiones  extranjeras» en favor de las multinacionales; y  bajo la dirección de Krieger  Vassena, ex funcionario de Aramburu y hombre de confianza  del FMI, buscaba,  con su apoyo, dar pasos en pro de una mayor concentración  de la  riqueza.

Para  ello utilizaba la única alternativa viable: reprimía con palos y muerte cualquier  expresión opositora; que al ser mayoritaria no hubiese permitido  democráticamente la consumación de esos objetivos económicos.

Esa era la realidad cuando, desde el lado popular, comenzaron  a surgir las  primeras instancias de organización para resistir.

En medio de huelgas gremiales y ante la traición de los sectores pro militares de la dirigencia sindical -llamados  colaboracionistas en aquellos años- se conformó la CGT  de los Argentinos.

A  ésta la impulsaron verdaderos representantes de los trabajadores como Raimundo Ongaro o Agustín Tosco, o el desaparecido dirigente de Farmacia Jorge Di  Pasquale.

Y ella se transformó en el punto de referencia y reunión de estudiantes,  profesionales, artistas y todo opositor con disposición a luchar contra las  autoridades de uniforme.

Su periódico, dirigido por el revolucionario  desaparecido Rodolfo Walsh, pasó a ser el vocero público y el articulador unitario  de los planteos antidictatoriales.  ///

(*) Enrique Gorriarán Merlo fue uno de los líderes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) durante el proceso de lucha que se vivió en Argentina en los años 70. Ante la muerte en combate del jefe máximo del ERP, Santucho, y el profundo y peligroso debilitamiento de la organización, tuvo que exiliarse a Nicaragua a final de los años setenta. Allí luchó junto al ejército sandinista por la liberación de Nicaragua y participó en los ochenta en el ajusticiamiento del sangriento ex-dictador nicaragüense Anastasio Somoza. En 1989 participó en el asalto al cuartel militar de La Tablada para frustrar un golpe de estado que el ejército estaba gestando. Fue detenido en México por los servicios secretos argentinos y condenado a cadena perpetua por los hechos de La Tablada.

LA COFRADÍA DE LA FLOR SOLAR

 La ciudad de La Plata es la capital de La Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

Una de sus substanciales particularidades está dada por reunir jóvenes del interior del país en la Universidad Nacional de La Plata.

A fines de los sesenta la dictadura militar de turno, comandada por el infame Onganía produjo el desgraciado incidente llamado La Noche de Los Bastones Largos.

Luego de esos infortunados sucesos se cierra el Comedor Universitario y se inicia la persecución de los estudiantes.

Un grupo de jóvenes de ambos sexos de la Facultad de Bellas Artes decide iniciar una experiencia comunitaria. Alquilan una casa y fundan La Cofradía de la Flor Solar.

Una de las actividades de la agrupación era la música. La mayor parte de sus miembros eran de Entre Ríos y deciden invitar a otros músicos de la región.

El 21 de septiembre de 1968 debutan en público.

Gracias a las conexiones de una de los integrantes de la comunidad logran grabar una cinta el Buenos Aires, pero los sellos discográficos de la época no se interesan en el estilo de la banda.

El ambiente de vanguardia incorpora a la Cofradía y es así que pronto llegan a montar un espectáculo en el reducto avant garde por excelencia, el Instituto Di Tella.

La obra se llamó La Mezcladora de Cemento. Mientras se narraba musicalmente la historia que trataba de como una misión extraterrestre sucumbía ante el consumismo, se proyectaban audiovisuales.

Gracias a esta aventura consiguen grabar un simple con Sombra Fugaz por la Ciudad.

La falta de promoción hizo que los temas pasaran desapercibidos.

Quedan ligados por un tiempo a un contrato, que por fortuna finalmente se rescindió.

Conocen a Billy Bond, un cantante pop de aires rebeldes que gozaba de cierta popularidad y que finalmente torna hacia el rock.

Gracias a sus relaciones logran publicar el tema Juana en un compilado del mítico sello Mandioca.

Cuando Billy Bond logra reconocimiento con su banda llamada La Pesada del Rock and Roll los continúa apoyando hasta que llegan a conseguir 20 horas de grabación en el sello Microfón.

En este módico tiempo graban un LP.

En el  álbum tocan Kubero Díaz en guitarra y canto, Morcy Requena en bajo y voz, Manija Paz en batería junto con un grupo de colaboradores.

Blues psicodélico, improvisación (zapadas), canciones pastorales, rock con intensos riffs, letras oníricas y climas lisérgicos con la guitarra de Kubero omnipresente.

La Cofradía había logrado tocar en varios shows y festivales durante 1969 y 1970, logrando por fin la merecida aprobación del público.

El álbum ve la luz en 1971.

Realizan la presentación del LP en Buenos Aires.

Finalmente, mientas iban en ascenso la intolerancia hace que -la policía allane la casa de la Cofradía.

La vida en comunidad no estaba bien vista en una ciudad como La Plata.

Se extravían los instrumentos y fundamentalmente la comunidad que daba el sustento inspirador a la banda se desbarata.

Los miembros del grupo no logran reunirse para continuar el proyecto musical y La Cofradía de la Flor Solar se transforma en un mito del rock argentino