CALOI Y EL NENE PANNO EN SUS HOMENAJES A FONTANARROSA

CALOI - TEA - PAGINA 12

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Caloi:-El Negro logró superar a Roberto Carlos, no en la habilidad con la pelota, porque al que superó fue al otro, al cantante, que quería un millón de amigos.


DISCURSO DE CALOI EN EL HOMENAJE A FONTANARROSA. QUE HIZO EL SENADO DE LA NACIÓN EN EL AÑO 2006

Por Carlos Loiseau
(CALOI)

En verdad, nunca imaginé que iba a decir un discurso en este lugar sagrado al que, según veo, acude tanta gente…
 Quiero aclarar que este privilegio se lo debo al Negro Fontanarrosa, quien, según me dicen los organizadores, me ha designado para que hable en nombre de amigos y colegas. 

Él sabe perfectamente que nosotros, los dibujantes, hemos elegido expresarnos con líneas, pero lo que más nos gusta en la vida, es hablar.


Muchas gracias por esto, Negro.


En este tipo de actos, generalmente, se espera que uno hable bien del homenajeado.

Para desolemnizar este momento, y para hacerme un poco el original, yo me he propuesto hablar mal de Fontanarrosa.

Habría que empezar por hacer una breve descripción ambiental de nuestro personaje.

Para ello, hay que ubicarse en Rosario. Rosario, aparte de tener el Monumento a la Bandera, parece ella misma un monumento: a la Justicia Social, o a la clase media. 

Es como un gran suburbio de sí misma: extensísimas calles con cuadras y cuadras de casas bajas, parejas todas, y como para que ninguna de ellas se engrupa, gran proliferación de cortadas que las parten por el medio.


Está poblada por descendientes de italianos que, en vez de quedarse en Italia comiéndose las heces (las heces, con h y con c), emigraron, y vinieron a comerse las eses (sin h y con s) a Rosario.
 Según el mismo Roberto, surgen tantos artistas notables allí porque la gente no tiene nada que hacer.

Hasta hace poco tenían negado hasta el río.  Ahora abrieron el puerto, pero antes el único agüita que veían los rosarinos era la del laguito del Parque Independencia, adonde iban a remar.

Dicen también, para contrarrestar tanto aburrimiento, que tienen las minas más lindas del país: parece un invento de la misma índole que la fama que los petisos y los pelados se hicieron de sí mismos, para compensar por abajo lo que la naturaleza les privó de arriba. 


Yo supongo que esta fama, entonces, es un invento de las rosarinas, para reparar el abandono que padecen los domingos cuando todos los rosarinos, sea por Central o por Ñuls, todos se van al fútbol.
 Y así se vive en Rosario. Sencillamente.

El paisaje y la idiosincrasia no permiten fanfarronadas; es como si no hubiera de qué agrandarse. 

Los soberbios desentonan, no armonizan con el entorno.

Fontanarrosa adhiere totalmente a este culto. Con el Negro hemos compartido muchos momentos en los que ¡el Destino! nos envió para derramar un cacho de cultura por Córdoba, Mendoza, Comodoro Rivadavia, Misiones, etc. Y también por el exterior. 

Era el que viajando por México, Estados Unidos y Europa “pelaba” puntualmente su agenda y organizaba las citas con colegas de allá.
 Al que apodábamos “la tía”, porque cuando abandonábamos un hotel, miraba debajo de la cama para ver si habíamos olvidado algo.

Lo ubican como “canalla”, pero sabe de todo el fútbol. 


La primera constancia de esto la tuve en México: estábamos con el Negro Crist también, y habíamos pescado un diario argentino con los resultados de los partidos; me pedía que le leyera los resultados y él iba adivinando quiénes habían convertido los goles… ¡Y la pegaba en un 80%!
 Y con algunos difíciles, porque a veces arriesgaba goleadores que no eran el 9 o el 10. ¡Eran defensores! (Anotá, Pagani).

Lo cierto es que el Negro logró superar a Roberto Carlos.
 No en la potencia del remate, ni en la habilidad con la pelota o la velocidad. Porque al que superó es al otro Roberto Carlos, el cantante… que quería tener un millón de amigos.

El Negro los tiene. Doy Fe.

Uno de sus primeros desgarros lo sufrió cuando, no sé por qué rara coincidencia o epidemia, sus mejores amigos emigraron en masa, muy jóvenes, a España: unos tipos macanudos que conocí en Barcelona. 


Tal vez a partir de eso, se dio a la tarea de juntar nuevos amigos, muchos, para que la posibilidad de que algunos se quedaran en Rosario fuera más grande. Y por si acaso, agregó a la lista gente de otras ciudades, del país y del extranjero.


Quiero confesarles que no entiendo muy bien por qué le dan ahora una distinción que se llama
Sarmiento”.

Buscando semejanzas, he encontrado que comparte con el sanjuanino el hecho de ser escritor. 

Podría ser que le reconozcamos a Sarmiento, -casi todos los dibujantes, entre otros muchos- el mérito de haber introducido en el país la cepa malbec. 


Podría ser que así como, según dicen, Sarmiento no faltaba nunca a la escuela, el Negro no faltó nunca a su sección humorística en el diario.


Pero Fontanarrosa nunca hubiera escrito
Bárbaros, las ideas no se matan”¡ y menos, en francés! ¡ Y en la precordillera! Lo hubiera hecho en algún paredón del barrio Alberdi, o de Echesortu. O en la pared del Club “Leña y Leña”. Y, en todo caso, hubiera puesto “Fulano, las ideas no se roban” (Rep, Quino, Sendra y otros colegas ya saben quién es “Fulano”).

O imaginemos, por ejemplo, en un congreso de la lengua, a Sarmiento escuchando la ponencia de un compatriota respecto de la palabra “pelotudo”.


En fin, ahora al abundante anecdotario de Sarmiento, con detalles a favor y en contra, podrá agregarse –a favor- que le dieron a este atorrante un premio que lleva su nombre.
 Por si acaso, y a manera de desagravio, también le podrían dar la Orden “Juan Manuel de Rosas” o, mejor, “Estanislao López”, que es la que le tocaría en este Interzonal de Próceres.

Habrán notado, a esta altura, que no he encontrado cómo hablar mal del Negro Fontanarrosa. 


Es que, como decía Machado, éste es, en el buen sentido de la palabra, bueno.

La única diferencia con él que recuerde es que no cree en la INSPIRACIÓN. Cree en el TRABAJO. 

Claro, un día entendí: cómo va a creer en la inspiración, si él es un tipo inspirado. No necesita inspirarse. Sólo trabajar. Y entonces le salen las cosas naturalmente inspiradas.

Cuando la gente le dice “¡genio!, ¡maestro!, ¡ídolo!, ¡mostro!” él mira para otro lado. Siempre parece que hablaran de otro.
 Se sacude los elogios, como quien se quita de encima salpicaduras.

Por eso, querido Negro, querido hermano, te tenemos rodeado el rancho. Don Inodoro, esto es un malón de admiración y, sobre todo, de cariño.


Como dijo sabiamente Juan Ramón Jiménez: “el Negro es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón…”

FONTANARROSA Y EL FÚTBOL, UN VÍNCULO INDESTRUCTIBLE. UN CANALLA QUERIDO POR TODOS.

Por Juan José Panno
Página 12

Feria del Libro del ’95. Mesa redonda. Panelistas: Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano, Juan Sasturain y Carlos Ferreira.

El moderador –el autor de estas líneas– hace una breve introducción porque sabe muy bien a quién quiere escuchar la gente y presenta con cierto tono grandilocuente: “Fútbol y literatura”.

Y deja la pelota picando para que alguno de los cuatro la agarre.

La agarra Fontanarrosa: –Fútbol y literatura. Ajá. ¿Y me querés decir quién cuernos va a hablar de literatura?

La experiencia en encuentros de este tipo lo había llevado a adelantar el final: panelistas y públicos envueltos en una discusión sobre el clásico del domingo siguiente, el entrenador de la Selección o la importancia de la táctica. 


En el medio, o antes, Soriano contó cómo cobraban vida sus personajes en el imaginario de los lectores que decían haber tomado parte de partidos que nunca se jugaron y el Negro Fontanarrosa deleitó a todo el mundo con cataratas de anécdotas futboleras que rozaban y realzaban la literatura.


El Negro Fontanarrosa futbolero de alma era, como se sabe, hincha de Rosario Central. Fana, mejor dicho.
 Tanto que alguna vez contó esta historia íntima: –Yo duermo hasta el mediodía normalmente. Dos veces me despertó mi mujer antes de las 11 de la mañana. Una fue para decirme que habíamos invadido las Islas Malvinas. Y la otra para contarme que Maradona había firmado para Newell’s. No sé qué fue peor.

Era miembro de la OCAL, siglas que traducidas al lenguaje políticamente correcto significan Organización Canalla para América Latina, pero cuya verdadera identificación es conocida por todos en Rosario: Organización Canalla Anti Lepra.

Como sea, siempre trató con respeto a los tradicionales rivales a quienes les dedicó un elogioso capítulo en el más futbolero de sus libros: “No te vayas campeón”, una suma de recuerdos, retratos y semblanzas de equipos memorables en la historia del fútbol argentino. 

El prólogo de ese libro cierra con una historia que vale como brillante minicuento: –Recuerdo a Pisahuevo, un aguatero alto y pelado que tuvo Central durante mucho tiempo. La misma palabra “aguatero” remite a cosa del virreinato del Río de la Plata, a época colonial, a mulatos cargando barriles con agua, a pregones en la Plaza de la Catedral. Pisahuevo salía disparado desde el banco cuando caía algún jugador lesionado, corría algo desbalanceado (de allí su apodo) ante el clamor de la tribuna que lo ovacionaba y se mataba de risa. Nunca supimos por qué causaba tanta gracia, pero lo cierto es que, mientras más larga era su carrera, más éxito tenía. Un amigo opinaba que ya que constituía una atracción para la gente, Pisahuevo debía entrar a la cancha los 90 minutos y, en alguna interrupciones, debía jugarse el partido.


En un tono mucho más delirante la novela Área 18 cuenta la historia de un equipo armado por una corporación multinacional que acumula un gag tras otro, como en cada cuadrito de Inodoro Pereyra.


En una charla realizada hace tres meses en la Biblioteca Nacional, alguien hizo una extensa pregunta tratando de interpretar por qué ciertos escritores escogían como material de su narrativa cuestiones populares como el fútbol ante lo cual el Negro contestó con su habitual soltura: –Yo escribo sobre fútbol porque me gusta…


En el sitio web de Fontanarrosa se puede leer una autobiografía impregnada por esa pasión que decía sentir.
 –El pequeño Fontanarrosa se encuentra con su verdadero amor: la pelota.

Va a la cancha por primera vez a ver un partido entre Rosario Central y Tigre. Si hubiera que ponerle la música de fondo a mi vida, sería la transmisión de los partidos de fútbol.

En aquel encuentro en la Biblioteca Nacional que formaba parte de un ciclo con reconocidos escritores, el fútbol ocupó también un lugar importante.

El Negro elogió a Alejando Apo por la difusión de la literatura futbolera que hacía en aquel programa de radio que conducía los sábados, recordó a Osvaldo Ardizzone, a Dante Panzeri y a Enrique Estrázulas y contó algunas jugosas anécdotas de su relación con los lectores.

Una:
–De cada diez tipos que me ven por la calle en Rosario uno me habla de Inodoro Pereyra y los otros nueve me preguntan si le ganamos el domingo o me dicen que me haga de Newell’s y deje de ser canallón.

Dos:
–Cuando firmo libros en la Feria los tipos me aclaran: “soy quemero”, “soy cuervo”, no me piden que se los dedique por su nombre.

Tres:
–Cuando hicimos aquellos libritos que se repartían en la cancha no faltaban los que decían: “uhhh, sabés lo que van a hacer con eso…” Papelitos hacían. ¿Y qué? ¿Qué mejor para un escritor que sus textos vuelen para saludar la salida del equipo de sus amores?

El final –disculpe el lector– es en primera persona. Mientras escribo estas líneas, escucho que hay un gol de la Selección juvenil Sub-20.

Lo hizo Di María, que es de Central. Veo la repetición. Un golazo. Un golazo, Negro. Tenía que ser un pibe de Central.

Seguro que fue un homenaje.

JJP/

NOTA DE LA NAC&POP: Tuve la suerte de ser socio del Negro Caloi, el Nene Panno y el Negro Fontanarrosa hace bastantes años ya en la revista Feriado Nacional. Despues arme ACEITUNA una productora para vender el merchandising de sus muñecos y los de Brócoli, Altuna-Trillo; Sendra; Crist, Tabare, etc. Si la King Feature podía hacerlo y la Walt Disney nosotros ¿Por qué no podíamos? Vendimos muñecos de Clemente, posters de El Loco Chavez ( “Si una mina te interfiere en el laburo, largá el laburo”) y de Diógenes y el Linyera; Mucha gráfica de Inodoro Pereyra y muchisimas otras cosas, es largo de contar, pero junto a Otelo Borróni, Alejandro Pont Lezica y otro Negro querido, Alejandro Dolina decidimos hacer una SA. para editar una revista de humor “Feriado Nacional” . La S.A. que nunca fue, se llamaba APQ. (Asociados Porque Queremos) Cuando nos quedamos varios menos, le dejamos APQ pero asignándole otro significado Asociados Porque Quedamos y cuando el ultimo cerró la puerta y las deudas se asomaban sigilosas le dedicamos un Asociados Porque Quebramos. Aun así, todo se pagó o casi todo, con el esfuerzo de varios, aunque no de todos, ya que había quien podía y quien no. Fue el tiempo en que creímos que Luder le ganaba a Alfonsín y la Campaña del PJ nos iba a devolver la plata que pusimos apoyando la campaña con nuestros avisos. ¡Es que uno cree cada cosa! Fue como descubrir que los reyes eran los padres. Ahora todo eso me da ternura, ternura por nosotros, ternura por quienes estaban allí, tan mágicos algunos, tan valiosos otros, tan laburadores todos. MARTINGARCIA/NAC&POP.