FONTANARROSA DISERTA EN LA UNIVERSIDAD DE CORDOBA

El «Negro» Fontanarrosa hablo en oportunidad de que le entregaran el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba propuesto por la Facultad de Ciencias Químicas.

 

Gentileza de Eduardo Jara

El «Negro» Fontanarrosa hablo en oportunidad de que le entregaran el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba que fue propuesto por la Facultad de Ciencias Químicas, una unidad académica dedicada al desarrollo de una disciplina en la que Fontanarrosa aseguró no ser muy bueno. «Es incompatible con mi metabolismo«.

FONTANARROSA DISERTA EN LA UNIVERSIDAD DE CORDOBA

Después de lo del sábado a la noche en el Chateau Carreras, casi no vengo.

 

Digo, si nos van a tratar así a los rosarinos cuando uno viene a Córdoba, pero he pasado por cosas peores.  

 

Yo recuerdo que tuve que ir a dar una charla a Bogotá, poco después de que nos habían ganado cinco a cero en el monumental. Me saludaban todos con la manito para mostrarme los cinco dedos. Me acuerdo que yo les decía: «Con los problemas que tenemos en la Argentina, ustedes se piensan que a nosotros nos puede preocupar el fútbol. No nos podemos estar fijando en esas nimiedades

 

Lo cierto, es que iba hasta respaldado, acá, por Quino y por Caloi, que por diversas razones no han podido estar. Entonces, si el pueblo no me quiere y el ejército me abandona tengo que enfrentar esta difícil situación que empecé a vivir hoy a la mañana cuando venía en auto hacia Córdoba.

 

Por supuesto me hacía acordar mucho a la enorme cantidad de veces que vine durante la década del ’70.

 

Yo venía semana de por medio, me acuerdo, paraba en la caza del «Negro» Crist, y venía de allá en un Citroen 3d verde, verde tahití era la definición. Y le llamábamos, con el Negro, el bólido de acero y lona. Venía despacio. Seis, siete, ocho horas ya estaba en Villa María.

 

Después se hacía un poco más lento el trayecto. Pero, claro, en esos coches uno se metía detrás de un camión…Yo a veces salía de Rosario detrás de un camión y llegaba a córdoba detrás del mismo camión.

 

Los camioneros creían que les funcionaba mal el espejito retrovisor, pero miraba hoy los camiones que van por la ruta y que suelen tener leyendas escritas atrás y que siempre son desafiantes o jactanciosas, ¿no? «Donde para este galán hacen colas las mujeres«.

 

Me acordaba de un cartelito, que había visto una vez en rosario, hace mucho tiempo atrás, antes de que viniera a Córdoba, en un carro verdulero, tirado por caballos ¿no?, bastante mal estado el carro, con un señor en musculosa pregonando arriba, y atrás, en la parte de atrás decía escrito, con letras floridas «Si me vieras vieja«.

 

Entonces, ¿yo pensaba ahora no?, acá en la universidad, «si me vieras vieja«, Rosita… Rosita mi santa madre que desde que me dieron esa distinción en el Senado la tengo convencida de que soy senador, y que seguramente me estará viendo porque me dijeron que este acto se iba a televisar en directo hasta todo el país.

 

No creo que Rosita haya querido que yo fuera doctor.

 

Pienso que le alcanzaba con que yo fuera, lo mismo que yo pretendo para mi hijo, que sea feliz.

 

De la manera menos delictiva posible. Pero no quisiera uno tener que recurrir a aquella frase de Borges que decía «he cometido el peor de los pecados, no he sido feliz«.

 

Yo podría decir «he cometido el peor de los pecados, no he sido millonario«.

 

Peor tengo este tipo de retribuciones, como el que configura este acto de hoy en una ciudad, ya lo han dicho los muchachos que previamente hablaron, me emocionó mucho eso que dijo Emanuel, esos recuerdos, especialmente el 4 a 1 a Talleres, allá en Rosario. Trajo lágrimas a mis ojos.

 

Pero Córdoba, indudablemente para mí tiene una connotación muy, muy especial. Indudablemente yo crecí mucho profesionalmente y humanamente a través de la revista Hortensia, y más que nada de las amistades que hice allá, todos los dibujantes, y el descubrimiento de que había algo cierto en estas leyendas que rodean a las ciudades.

 

A mi me hablaban siempre del humor cordobés, el humor cordobés. Yo pensaba que era como el humor santiagueño, como el humor tucumano, digo «son versos«. Y acá no te influía esa supuesta rivalidad con Córdoba, que nunca ha existido realmente. Al menos para mí.

 

Una vez sin embargo, después de uno de los censos, hace poco, me llaman de una radio de acá de Córdoba y me dicen: «¿Qué opina usted de que Córdoba tiene 100 mil habitantes más que Rosario?» Le digo: «Jodansé. ¿Cuál es la ventaja de tener tantos habitantes digo yo? ¿Cuál es la ventaja de la superpoblación?»

 

Yo, para que no lo tomen como una provocación inútil, les confieso, Rosario tiene fama de tener las mujeres más bellas, al menos de Santa Fe, la zona de Rosario, digamos, pero es cierto. Yo a veces lo atribuyo, porque uno siempre está buscando razones a lo inexplicable, a la soja. El alimento que influye realmente en esa exposición física de las mujeres y después el declive de la ciudad hacia el río, que obliga a las mujeres a caminar muy erguidas, sacando pecho, estómago contraído, nalgas duras.

 

Sin embargo, señores para aclarar los conceptos que uno puede tener sobre Córdoba, aparte del «Negro» Crist, de Cognini, de tantos otros.

 

Yo les digo, por Rosario Central pasó la «Pepona» Reinaldi, «Milonguita» Heredia y Mario Alberto Kempes, así que imaginen la imagen que yo tengo del fútbol cordobés.

 

Pero no sólo eso, mi mujer es cordobesa. Lo digo acá, que no salga de esta sala. Especialmente que no salga ella. Por ahí cuando escuche eso se horroriza.

 

Todo este preámbulo que estoy haciendo yo, esta elipse coloquial es para tratar de acordarme qué era lo que quería decir porque iba hacia el punto de la formación mía con respecto a la fama del humor cordobés.

 

Cuando vine acá descubrí que es cierto, que había gente (suena un celular en la sala) que tenía celulares, por ejemplo, y que además trabajaba de hacer humor, es decir, contaban chistes.  

 

Había gente que trabajaba y había gente que… El «Pelado» Alonso, el «Gordo» Videla, el «Sapo» Cativa, esas especies, realmente lo digo con todo respeto que el sapo es una especie (batracio anuro a resorte).

 

Comprendí que era cierto y eso da lugar a la revista Hortensia. La revista Hortensia no surge por generación espontánea, era por todo el ambiente que había en derredor.

 

Es como dice Menotti, Maradona no va a salir de Mónaco, tiene que haber un entorno para que produzca eso y han dejado una marca que permanece con Doña Jovita, el «Chichilo» Viale y algunos que prefiero no nombrar.

 

Hay otra razón que hace que yo me regocije mucho por esto y es que veo lo que es la amplitud de una universidad como esta.

 

Yo fui un pionero de la deserción escolar. Pero no cuando me retiré de la escuela secundaria prolijamente como me habían enseñado, dejando los estudios en el mismo lugar donde los encontré, sino mucho antes.

 

Cuando yo fui por primera vez a la escuela primaria, en una época, estamos hablando del siglo pasado, una época en la que había primero inferior y primero superior, lo que no había era jardín de infantes, no había jardín de niños, no había niños.

 

Los niños eran muy grandes ya, uno ve las fotos de jugadores de fútbol de esa época, tienen 18 años y parece que tuvieran 47: bigotes, gomina, cuando uno decía un niño de pecho era un niño de pecho peludo y de voz aguardentosa.

 

Entonces, sorpresivamente, a mí desde el calor de mi hogar, me mandan a una escuela «Manuel Belgrano» y me reúnen con una serie de salvajes, supuestamente compañeros míos, pares míos. En un ámbito con otro tipo de disciplinas y otras cosas.

 

Yo me acuerdo, era muy pequeño y calculé la distancia desde el pupitre hasta la puerta. En la puerta estaba mi vieja y otras madres, muy emocionadas todas, y había maestras y en un momento salí corriendo hacia la puerta y me atraparon. Yo no tenía un «plan b«, seguramente la idea mía era llegar a la puerta y yo digo si llego a la frontera con Paraguay me salvo ya… y no.

 

Pero el paso por la escuela primaria fue digno.

 

Incluso fui escolta de abanderado, con toda la responsabilidad que eso implica, porque si algo le pasa al abanderado, uno tiene que tomar el pendón y seguir adelante. Es decir, si el abanderado se sube al escenario y se rompe una pierna, ese tipo de cosas. Ese fue mi máximo galardón en la escuela primaria.

 

Cuando termina la escuela primaria, uno no tiene la más mínima idea de lo que va a hacer y mi viejo, realmente ojo avizor, me dijo: «El futuro del país está en la industria«, frase que después recogió Menem con otro propósito o lo entendió mal.

 

Pero mi viejo tenía una cierta razón, me dijo: «Si a vos te gusta el dibujo, tenés que ir al industrial, porque ahí tenés dibujo técnico«, que era como decirme: «Si vos te gusta la pesca, empleáte en un ballenero japonés«.

 

Fue un choque de culturas, fue muy duro. Fue muy dura la proyección de un punto en el espacio, las normas Iram, y aparecieron las matemáticas, tuve un enfrentamiento desigual con las matemáticas, a favor de la clara superioridad de ella, porque los números son millones y yo era uno solo y muy chiquito.

 

Después, ya un poco más adelante cuando ya se veía venir la noche, porque yo no era mal alumno, yo era una especie vegetal, un ente vegetal, era como la jirafa, no emitía sonido alguno, dibujaba, estaba ahí en el aula, no molestaba para nada.

 

Por eso me sorprende esta moción para entregarme la distinción (y estoy empleando muchas palabras con ón) acá del decano sobre qué es el Honoris Causa, yo creía que era un hábeas corpus y que me podía sacar de apuros en cualquier momento.

 

Pero me conmueve que esa moción venga desde el polo petroquímico porque en tercer año cuando abrí los libros de física y química, me di cuenta que se había terminado absolutamente todo, que eso era incompatible con mi metabolismo, no podía metabolizar eso.

 

Abría los libros y, como dicen acá, ponía cara de pollo mirando un bicho o esa cara que ponen los perros cuando escuchan un sonido muy agudo, y no había maldad en mí, no.

 

De todas maneras, algo quedó de esa época a favor y en contra, primero, todos los esfuerzos que yo he hecho en mi vida fueron para no levantarme temprano, eso lo tengo clarísimo y no voy a entrar en este enojoso territorio, pero yo de hace rato vengo planteando valientemente en la sociedad argentina por qué los niños se tienen que levantar tan temprano para ir a la escuela primaria, niños infantiles, como dice Crist, seis años.

 

Cuando, como dice el tango «afuera es noche y llueve tanto» y hace un frío espantoso y los arrancan de su camita, no para ir a Disneylandia, para ir a la escuela!!! Y yo he preguntado, pero no desde la maldad, ¿por qué eso? y yo soy un convencido de que todos los movimientos revolucionarios latinoamericanos se originan ahí.

 

Del resentimiento de esos niños contra la sociedad, los hacían levantar muy temprano. Me queda claro que este es un tema a debatir que espero que esta universidad lo haga.

 

A favor, me quedaron algunas definiciones de química, del polo petroquímico, el pico de pato y el oso chiquito.

 

Yo nunca interpreté si era una formula recordatoria o una consigna política, pero supongo que era: las que terminaban en oso empezaban en pato. Y ojo eh, que después en física me quedó que «la aceleración es el incremento de la velocidad en la unidad de tiempo«.  

 

Veo que los ha impresionado y bueno, me retiré de los estudios sin saber adónde iba, porque acá pueden decir «mirá qué fácil este muchacho le dan un doctorado y tomó por un atajo»

 

No, yo no sabía qué iba a hacer después de la escuela pero de todas maneras me congratula que se distinga en este caso en mi persona al humor y a reírse; porque la risa tiene peor prensa que el llanto, el dramaturgo siempre tiene mayor jerarquía que el humorista.

 

Alguien distinguido acá también, Serrat, suele decir: «Lo más importante es reírse«.

 

Tengo entendido que ahora que se enteró que me dieron la misma distinción que a él, va a devolver la suya. Piensa que ya se lo dan a cualquiera.

 

Pero yo tengo un agradecimiento tan grande por todos aquellos que me han hecho reír y que hacen reír que creo que merecen, esto no es ninguna aspiración ni ninguna petición, pero creo que es muy lindo reírse, es sano reírse.

 

Incluso dicen que hay terapias pero ahora hay terapias de todo: está la aromaterapia, color terapia, el sonido terapia, incluso con los animales, parece que si uno acaricia un carpincho, se le va el dolor de cabeza y ese tipo de cosas.

 

Pero la risa, indudablemente, a uno le cambia el estado de ánimo, lo pone feliz. Aunque obviamente el humor que nosotros hacemos no modifique lo dificultoso y lo complicado de las noticias.

 

Por todo esto que les he relatado no me queda más que agradecerle una vez más a la ciudad de Córdoba y ya que hablamos de cultura popular, me retiro parafraseando aquello de aquel grande que fue Atahualpa Yupanqui y que decía: ‘Yo me voy con mi destino para el lado de donde el sol se pierde, tal vez alguno se acuerde que aquí cantó un rosarino’«.