LA FILOSOFÍA NO ES SÓLO UNA CUESTIÓN ACADÉMICA

Jose Luis Di Lorenzo

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La historiografía europeizante y las categorías de análisis ajenas a nuestra realidad mestiza, hacen que el Congreso de Filosofía de San Juan haya quedado en deuda.

LA FILOSOFÍA NO ES SÓLO UNA CUESTIÓN ACADÉMICA

 

                                                                                         Por Jose Luis Di Lorenzo

 

Es muy riesgoso continuar apelando a un cielo de ideas que en cada época se ofrecen desde los centros de poder de turno, y que en los países dependientes substituyen en la conciencia de la élites la propia y auténtica filosofía que emana de las raíces. Justamente deconstruir el sujeto dependiente impone desmantelar la historiografía europeizante y las categorías de análisis ajenas a nuestra realidad mestiza, y en este sentido el Congreso de Filosofía de San Juan ha quedado en deuda.

 

 

En la Ciudad de San Juan sesiono del 9 al 12 de Julio, el Congreso Internacional de Filosofía, organizado por la Universidad Nacional de San Juan, la Biblioteca del Congreso Nacional y la Biblioteca Nacional de la República Argentina. Fue convocado para analizar “El Proyecto Humano y su Futuro: Alternativas”.

 

Es el Rector de la Universidad Nacional de San Juan quien comparando anteriores congresos le da el marco al actual cuando sostiene que se da en un contexto político donde la marginalidad, la exclusión y la violencia que provocó el neoliberalismo necesitan ser revertidas. Neoliberalismo presentado como la superación de todas las ideologías y que ha instalando la idea del libre mercado con una democracia reducida, dice, a sistema de reglas y procedimientos. Subraya que el postmodernismo que ahora nos cerca o engloba, sostiene la muerte de las utopías y pretende un presente sin memoria y sin proyectos. Criticando el modelo de un pensamiento único y la idea de un solo mundo posible.

 

La respuesta a la convocatoria fue sorprendente, que hayan concurrido unas cuatro mil personas a debatir filosofía es todo un dato y evidencia la necesidad de recrear ámbitos, ausentes desde hace años, en los que se retome el camino de la lucha por la idea. Sin embargo el hecho de haberlo circunscrito al limitado campo del aporte filosófico que expresa la “izquierda” europea y latinoamericana reitera el error que persiste en instalar el pensamiento único, aunque se presente como superador del dominante y aparentemente de otro signo.

 

El propio pensamiento debe recordar que las categorías sociológicas liberales o marxistas no dieron ni dan cuenta de los fenómenos suramericanos. Lo que aquí esta en juego no son meras clases, sectores o intereses. Lo social y económico está profundamente imbricado en elementos culturales, étnicos e históricos. Insistir con esas categorías, que la “postmodernidad” barniza como neo (neoliberalismo y neosocialismo), es seguir sin advertir la matriz dependiente que las ha hecho converger hacia visiones mercado céntricas,  que asumen la “globalización” como algo inmodificable.

 

No parece posible superar la marginalidad, la exclusión y la violencia, desde la receta neoliberal que pretende la “democratización” del consumo, ni desde la neosocialismo que prioriza una “revolución” estético hedonista, proponiendo una sociedad del ocio, en la que el fin del trabajo estable, protegido y remunerado justifica un ingreso ciudadano universal (para ricos y para pobres) y donde la distribución de preservativos sustituye el debate respecto de la distribución de la riqueza.

 

Europa nos permite tener himno, bandera, y hasta ve con simpatía la revolución cubana, como expresión folclórica y anecdótica. Lo que Europa nunca nos permitió ni acepta, tal como dice José Pablo Feinmann, es que tengamos nuestro propio pensamiento abstracto. Eso es solo para ellos, para los países dominantes, los que ejercen el imperium de su poder sobre nuestro ser y riquezas, las que de paso siguen usurpando y depredando.

 

Esto no es nuevo, ya Hegel, vio a (Norte) América como el país del “porvenir”, el que por haber exterminado y sustituido a la población nativa, logró que su pasado no sea el pasado abolido del territorio que ocupa sino la historia europea consumada. No así Suramérica, la América imperfecta, de cuño indígena ibérico, a la que por su mestizaje –enseña Poratti -nunca se le reconoció ni se le reconocerá capacidad ni de realizar ni de pensar nada en grande.

 

Si nos detenemos un poco vemos que esa lógica fue la hecha propia por lo que se conoció como el proyecto del ochenta, el europeizador, que considero que había que importar “civilización” europea para acabar con la “barbarie” nativa. Si bien los términos económicos de ese proyecto finiquitaron unilateralmente por la crisis de 1930, su impronta cultural aún persiste entre nosotros.

 

Sostener que la patria nació hace 200 años es funcional a la visión anglo céntrica y, aún inadvertidamente, termina siendo parte de una mentalidad dependiente que nos lleva a ignorar que contamos con una rica historia y propia personalidad que emana de los por lo menos 14 siglos de historia y de los siete proyectos de país transitados.

 

Es claro que en los medios intelectuales persiste un antiperonismo que históricamente hizo imposible su intervención en los debates públicos. Para empezar a superarlo habrá que preguntarse por qué se condenó al Justicialismo a una exclusión que viene desde la época en que hasta la sola mención de la palabra “tercera posición” fue penada con años de cárcel.

 

Es respetable tener visiones ideológicamente diversas, lo que no es admisible a esta altura de la historia es que las mismas se repitan como lugares comunes, universales y descontextualizados, sin hacer el esfuerzo de desarrollar el propio pensamiento abstracto.

 

Guste o disguste, del Congreso Nacional de Filosofía de 1949, surgió el esbozo filosófico justicialista, expresión cabal del propio pensamiento y justificación de la nueva práctica y forma de organización política de la época, que se denomino LA COMUNIDAD ORGANIZADA,  que constituye la categoría básica del pensamiento del General Perón, en la que puede verse la profundidad americana de sus raíces.

 

Este pensamiento abstracto busca el equilibrio, la armonización de fuerzas entre elementos distintos, que en el plano sociológico son los distintos actores sociales. Para superar el lenguaje dependiente, y siendo que “Sociedad” viene de “socio” (en la antigüedad los aliados militares y en la actualidad los aliados comerciales), utiliza el termino “Comunidad” palabra que privilegia lo “común”, lo que tenemos en común y compartimos. En igual sentido incorpora la noción de “Pueblo” superadora de la de “clase” de cuño de la Europa moderna. Pueblo, que es todo lo que se enfrenta a la agresión apropiativa de las potencias expansionistas y a sus representantes internos en los países agredidos (cipayos vernáculos a decir de Perón).

 

Es muy riesgoso continuar apelando a un cielo de ideas que en cada época se ofrecen desde los centros de poder de turno, y que en los países dependientes substituyen en la conciencia de la élites la propia y auténtica filosofía que emana de las raíces. Justamente deconstruir el sujeto dependiente impone desmantelar la historiografía europeizante y las categorías de análisis ajenas a nuestra realidad mestiza, y en este sentido el Congreso de Filosofía de San Juan ha quedado en deuda.

 

Dar respuesta a la exclusión, a la inequidad, a la pobreza, exige que reconozcamos toda nuestra historia, la que nos gusta y la que no nos gusta, rescatando los valores que surgen y se nutren de nuestra identidad y pensamiento multígeno, asumiendo la plena personalidad social, para aportar desde nuestra realidad y experiencia la propia mirada.

 

"La filosofía, los sistemas de ideas tienen sentido y alcanzan dimensión humana y por lo tanto existencial cuando interactúan con la realidad con la sociedad para modificarla o consolidarla, pero en realidad las ideologías, las ideas, el pensamiento adquiere volumen, adquiere existencia, adquiere posibilidad existencial cuando interviene en la realidad, entonces ahí se convierte en política, eso es la política en definitiva, las ideas aplicadas a nuestro contexto histórico, interactuando permanentemente ante un mundo que se modifica y muta", sostuvo la Senadora Cristina Fernández de Kirchner al cerrar el Congreso.

 

Aunque los organizadores del Congreso de Filosofía no se hayan dado cuenta, LA COMUNIDAD ORGANIZADA es parte de nuestro inconciente colectivo, el que lamentablemente estuvo ausente en el debate. Cuando el pueblo generó la espontánea activación de redes por las que los excluidos fueron capaces de conducirse a sí mismos; o cuando Alicia Kirchner implementa en el corazón de la pobreza los Centros Integradores Comunitarios, aunque no se lo exprese en forma abierta y aunque no haya clara consciencia de estas raíces, de lo que se trata es de la encarnación histórica profunda y la germinación a largo plazo de la idea de Comunidad Organizada que nos lega nuestra historia.

 

El nuevo modelo de país, el que la filosofía debe ayudar a pensar, no puede ignorar las vigencias y las herencias que conforman nuestra personalidad solidaria y liberadora, en la que la necesidad es un derecho, en la que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza, en la que el trabajo es una obligación que garantiza compartir comunitariamente lo propio, lo que es común, lo de todos (no lo de algunos).

 

Modelo de país que recién cuando sea hecho propio por el pueblo, se convertirá en el nuevo Proyecto Nacional, el pendiente.

 

JoseLuis Di Lorenzo dilorenzo.jl@gmail.com