CARMENCITA Y SU PROVERBIAL BELLEZA

David Slodky

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Carmen Puch fue esposa de Güemes desde 1815, cuando contaba con 18 años de edad, hasta la muerte de éste en 1821.

CARMEN PUCH DE GÜEMES

 

Por David Slodky

 

Prefacio

Carmen Puch fue esposa de Güemes desde 1815, cuando contaba con 18 años de edad, hasta la muerte de éste en 1821.

 

Fue madre de los tres hijos de Güemes, aunque el último -Ignacio, nacido muy probablemente el 31 de julio de 1820- sobrevivió muy poco tiempo a su nacimiento, falleciendo antes que su padre.

 

Ella misma murió tan sólo 10 meses después de su esposo, cuando sólo contaba 25 años.

 

Siendo tan breves los años que le tocó vivir, y tan intensos y dramáticos los 6 años en que acompañó a su esposo, Gobernador de Salta y Jefe Patrio,es muy poco lo que se sabe de ella.

 

Así por ejemplo, en la fundamental y vasta obra en 6 voluminosos tomos de don Bernardo Frías, "Historia del General Martín Güemes y de la Provincia de Salta", las referencias a la mujer de Güemes no llegan a ocupar 2 páginas en total.

 

Y fundamentalmente se refieren a su proverbial belleza.

 

Leyéndole a un amigo la bellísima y estremecedora carta de Carmen Puch aGüemes, me dijo -entre maravillado y sorprendido-: "¡Pero yo creía que el casamiento de Güemes había sido un matrimonio de conveniencia!".

 

Elsa Drucaroff, en su ficción histórica "Conspiración contra Güemes" ( ) supone evidentemente lo mismo, asignándole a Carmen un papel absolutamente marginal y casi bobalicón (disculpen mi expresión, pero es así) ante las presuntas andanzas amatorias de su marido.

 

El mito difamatorio que ha prendido tanto en el imaginario popular, de que Güemes habría muerto por una cuestión de polleras, apunta en el mismo sentido.

 

Me dispuse entonces, sin juicio previo alguno, a sumergirme donde más

correspondiera y bucear allí donde pudiera haber algo más, alguna referencia de o sobre Carmen Puch, y teniendo en cuenta el mismo consejo de Güemes al Marqués de Yavi ("Para hallar la verdad debemos dudar (decía Carthecio) de todas cosas"), decidí dudar de todo para intentar hacer, con el material que fuera encontrando "un riguroso escrutinio, para desenredar la madeja, hasta dar con la hebra" (estoy utilizando nuevamente  palabras de Güemes).

 

Decidí hurgar, fundamentalmente, en el enorme epistolario de Güemes (cartas de y hacia Güemes), que está reunido en el Tomo 6 del "Güemes Documentado" de Luis Güemes.

 

Leí cada carta con minuciosidad, buscando por una parte internarme en el clima emocional -no sólo histórico- de esa vibrante época de la patria en nacimiento, y por otra parte encontrar cuánta referencia hubiera sobre Carmen Puch, e intentar extraer de esas referencias, inferencias caracterológicas sobre la joven esposa de Güemes que me parecieran indubitables o, cuanto menos, verosímiles.

 

El humilde resultado de este trabajo es el que paso a reseñar a

continuación.

 

En él trato no sólo de transcribir y comentar referencias sobre Carmen, sino también transcribir y transmitir el dificilísimo y enrarecido clima que vivía la patria en general y Salta en particular, en los años que a ella le tocó acompañar a nuestro héroe, pues ese fue el aire que respiró Carmen Puch de Güemes. Tratar de revivirlo y respirarlo también nosotros, puede ayudarnos a conocerla más y comprenderla mejor.

 

CARMEN PUCH DE GÜEMES EN EL PANTEÓN DE LAS GLORIAS DEL NORTE DE LA REPÚBLICA

 

“Dile a mi brujita que será una heroína si sigue acompañándote. La historia pone en esta clase a Libia, mujer del gran germánico y a otras, que la repetición sería inútil. Exprésale que la quiero porque dulcifica tus

Trabajos”. (Carta a Güemes del Marqués de Tojo. Desde Moreno, Setiembre 9 de 1816.)

 

Palabras proféticas del guerrero y patriota Coronel Juan José Fernández

Campero, respecto a Carmencita Puch de Güemes, a quien nombraba

cariñosamente como su brujita. Porque la hermosa joven, valiente patriota, 

amantísima esposa y tiernísima madre de los hijos de nuestro Héroe, fue

-efectivamente- la heroína que acompañara en la vida, la lucha, el amor y la

muerte al gran guerrero de la independencia, ganándose sin duda y por mérito propio, el lugar que le corresponde en el Panteón que la Patria consagrara a las Glorias del Norte de la República.

 

Einstein, refiriéndose al Mahatma Ghandi, dijo que alguna vez los hombres se preguntarán cómo pudo ocurrir que un ser así caminara por esta tierra.

 

Parafraseándolo, no dudo en afirmar que la epopeya güemesiana merece el

mismo asombro y celebración.

 

El amor,  la dignidad,  el patriotismo y la valentía de Carmencita (pemítaseme llamarla así), están a la altura de esa epopeya. Trataremos a continuación de dar cuenta de lo que afirmamos.

 

Güemes, que ya es teniente coronel de ejército a pedido de San Martín desde 1814, y que ya ha comenzado la guerra de guerrillas o guerra gaucha con la cual hará un servicio fundamental a la causa americana, es nombrado a los 30 años Gobernador de la provincia por el Cabildo de Salta el 6 de mayo de 1815.

 

Tan sólo dos meses después, el 10 de julio de 1815, contrae enlace con la hermosa joven de 18 años Da. María del Carmen Puch, de quien, el propio

gobernador comenta: "Sus virtudes morales, su acrisolada conducta y su

decidido amor al Sistema de América, y demás bellas cualidades que la

adornan son bien notorias a cuantos le han tratado." ( ).

 

Comienza así una relación amorosa y conyugal, enmarcada en la casi increíble  gesta militar y patriótica que encabezara Güemes. Permítaseme repetir las palabras que un historiador no salteño, Vicente Fidel López, en su monumental obra "Historia de la República Argentina", dice refiriéndose a esta gesta:

 

"La campaña defensiva de Güemes (.) es, en mi concepto, un modelo en su

género como plan estratégico y como ejecución consumada. No faltó en ella una sola previsión; no hubo que lamentar un solo descuido; y todas aquellas milicias movidas y electrizadas por el jefe de la provincia invadida, obedecieron directamente a su sola voz con la regularidad del ejército veterano más prolijamente preparado para las operaciones estratégicas de una guerra estrictamente campal. Si exceptuamos la famosa campaña de San Martín sobre Chile, las mayores luces de la escena, y la imponente solemnidad de las batallas que le dan tantos prestigios, no hay entre las guerras de nuestra Revolución ninguna otra que, como la de Güemes en Salta, ofrezca un modelo más acabado de regularidad en el plan y en los resultados.

 

Ella se realizó, no como creen y dicen algunos, con correrías de grupos independientes y francos, a la manera de las bandas bárbaras de Artigas o del Empecinado de España, sino con milicias regladas, y oficiales cultos como Rojas, Arias, Ruiz de los Llanos. Alvarez-Prado, y como tantos otros hijos de las mejores familias de Salta y de Jujuy que operaron a la cabeza de cuerpos sometidos a una voluntad superior y bajo un plan estratégico en toda forma.

 

Llegado el momento, Güemes dio dos grandes combates en campo abierto, que pueden considerarse como verdaderas batallas campales, en ellas mostró que su pericia y sus soldados no eran inferiores a los guerreros tan justamente preciados contra quienes combatían.

 

De ahí que la célebre campaña de Salta forme el cuadro más vivo y más romanesco que sea posible encontrar en las luchas sangrientas que las masas humanas hayan sostenido alguna vez, las unas contra las otras, cualquiera que sea el país donde se tomen ejemplos.

 

La llamamos célebre porque como tal la han clasificado y estudiado todos los historiadores militares españoles que actuaron en ella ( ).

 

Pero esta relación amorosa y conyugal, también está enmarcada por las

ímprobas tareas que como gobernante debe llevar adelante Güemes en esa etapa tan fundamental de la provincia, de la patria y de la lucha americana; y por las insidias y traiciones de propios y extraños, que como viles arañas

tejen, entretejen y acechan permanentemente la desmesurada lucha de este

hombre y de los centauros salto-jujeño-tarijeños que lo secundan e

idolatran.

 

Los realistas, con sus expertas y aguerridas tropas harto probadas en las luchas contra Napoleón, intentan una y otra vez dominar Salta para desde allí proyectarse hacia Buenos Aires y ahogar en sangre, en el propio centro donde se pronunciara, el grito emancipador de América.

 

Apenas se han casado, cuando ya Carmencita debe afrontar y dulcificar los

sinsabores  que en su adorado esposo provocan una de las muchas acusaciones injustas que la incomprensión en tan agitado período fundacional de la patria, se volcaran sobre él.

 

Desde Potosí, el Dr. José Andrés PACHECO DE MELO le escribe a Güemes el 10 de agosto de 1815, o sea a un mes del casamiento del Gobernador, tratando con su carta de interceder a favor de Rondeau por las diferencias que ya han surgido con Güemes respecto a los fusiles que éste tomara en Jujuy.

 

En su correspondencia, el buen oficiante inaugura las muchas menciones que se harán de Carmen en la correspondencia personal que el gobernador mantendrá con familiares y patriotas.

 

Así, comienza su misiva con "(.) Me hallo repuesto de mis males y de todos modos dispuesto a tu servicio y el de madama Carmen con quien me aseguran te has casado. Doyte la enorabuena por la elección tan acertada que habéis hecho, tanto por la hermosura de esa señorita cuando por las virtudes que la adornan. Hazme la gracia de ponerme a sus órdenes." ( ).

 

Estas desavenencias entre Rondeau y Güemes, en las que Pacheco de Melo

quiere interceder, fueron creciendo, hasta culminar el 15 de marzo de 1816

con Rondeau ocupando con el Ejército Auxiliar la ciudad de Salta, y

declarando Reo de Estado a Güemes, declaración que tuvo eco en el teniente gobernador de Jujuy, Mariano Gordaliza, publicando por bando que los ciudadanos de su jurisdicción no obedecieran un ápice las órdenes de un "traidor a la patria".

 

A punto estuvieron de enfrentarse las armas patrias en Cerrillos, donde Güemes se había retirado con sus fuerzas, enviando éste un oficio al Director Supremo el 19 de marzo, donde le pide providencias conducentes a la terminación de tan escandalosa lucha, sosteniendo que ".si este señor conoce sus crímenes y los detesta, si sofocando particulares resentimientos, une sus votos con los que aspiramos desinteresadamente por las glorias de la patria, y si se le hace entrar en sus deberes, yo protesto en las respetables aras de la nación correr un velo a la ofensa y el ultraje, olvidar imposturas y perdonar injurias, recibir entre mis brazos a los mismos que los detestan y correr con ellos al camino del honor y la gloria, como lo tengo prometido a los parlamentarios, quienes han vuelto al seno de su ejército con distinto espíritu del que los animaba" ( ).

 

El 22 de marzo de 1816, firman el Pacto de los Cerrillos Rondeau y Güemes, por el cual "Queda jurada (.) la amistad más eterna entre el ejército auxiliar y la benemérita provincia de Salta, echando un velo sobre lo pasado en virtud de una amnistía general."

 

Rondeau da luego a luz una proclama el 17 de abril, en Jujuy, donde se retracta de todas las incriminaciones anteriores a Güemes, culminando su proclama con estas palabras: "La buena opinión, el patriotismo, los recomendables servicios del señor gobernador intendente de la provincia de Salta, don Martín Miguel de Güemes, no han perdido nada por aquel incidente insensible, antes han adquirido un nuevo valor por la feliz

transacción, hija de la justicia, de la sinceridad y de la virtud".

 

El Pacto de los Cerrillos que fue saludado por San Martín, en Mendoza, con una salva de 20 cañonazos, posibilitó la continuación del Congreso de Tucumán que declararía la Independencia, y dio inicio a una gran amistad y consideración entre los dos patriotas previamente enfrentados.

 

¿Cómo vivió Carmen esta situación? Lo que encontré, buceando en la

correspondencia de la época, me llevó a pensar que acompañó plenamente a su esposo en las penosas circunstancias que lo mortificaron y mortificaban la patria, y en la honrosa resolución del conflicto.

 

Sólo puedo aportar para esta afirmación evidencias indirectas, pero que me llevaron a realizar estas deducciones como atento lector que soy de nuestra historia, y como psicólogo avezado en la lectura entre líneas de las palabras dichas o escritas.

 

En carta a su suegro, el patriota don Domingo Puch, Güemes le da cuenta el 16 de abril de 1816, de la feliz culminación de este conflicto: "El resultado ha sido feliz, pues obra la unión, la buena fe, y la íntima amistad. Las cosas que ocurrieron en aquellos días aciagos son tantas, que el quererlas referir sería nunca acabar. Véngase Ud. y sabrá el pormenor de

las circunstancias, y a más, tendremos el gusto de verlo por acá siquiera

unos días: tráigase a los niñitos [hermanos de Carmen] para que la cosa sea

más completa.

 

(.) Carmencita no tiene novedad. Ofrece a Ud. sus respetos en compañía de

toda la casa, no menos que su afectísimo y reconocido hijo que lo ama de

corazón.

 

Martín Güemes." ( ).

 

El 26 de abril, Domingo Puch en carta dirigida a "Mi querido hijo Martín

Güemes" le da cuenta de ciento dieciséis caballos que le envía para la lucha

patria, culminando su misiva con "Mil memorias a Carmen y hermanos, y adiós te dice tu afectísimo padre de corazón". ( )

 

El 29 de abril, Rondeau le escribe a Güemes desde Jujuy, dándole las gracias por el envío de tropa de ganado para su ejército, recomendándole que "Vaya poniendo en tono sus Infernales, y avise lo que necesite (.)" pues armamento no les falta. Encabeza su carta con "Mi caro amigo" y la culmina con "Mis finos afectos a su Carmen divina.". ( )

 

En las cuatro cartas que he citado, que tratan de asuntos de logística, de

guerra y de conflictos entre patriotas, no faltan referencias a Carmencita.

 

Podría pensarse que son puros formulismos de buena educación. Pero es

probable inferir que Carmen ha estado cuanto menos al tanto de lo que

pasaba, acompañando espiritualmente a su marido tanto en los difíciles

momentos, como en su feliz resolución.

 

Digo esto por la frase del Marqués de Tojo que figura en el epígrafre de este trabajo: "Exprésale que la quiero porque dulcifica tus trabajos".

 

Fernández Campero es primo de Güemes y es patriota convencido y decidido desde 1813.

 

¿Cómo sabe que Carmen dulcifica los trabajos de Güemes?

 

Han pasado 6 meses entre la feliz resolución de aquel conflicto y esta carta.

 

Se hace de suyo pensar que el pariente sabe por experiencia directa y por charlas con Güemes de esta "dulcificación" de las ímprobas tareas que le toca realizar al gobernador y guerrero.

 

Veremos si esta inferencia se va haciendo cada vez más o menos probable, de acuerdo a otras evidencias o ilaciones que podamos ir haciendo.

 

Antes, agrego una pequeña disgresión, una acotación casi graciosa.

 

Una nueva muestra que Carmencita, con su belleza, está muy presente en las frenéticas jornadas de lucha y organización de Güemes, es la carta en la que un patriota, Juan Francisco Borges, le da cuenta desde Tucumán el 9 de mayo de 1816 que ha logrado componer las cosas en la difícil relación con el gobernador Araóz, en presencia del Director Pueyrredón, comentándole además cuánto habían trabajado contra Güemes sus enemigos. Y culmina su carta con "A mi señora Carmencita mil expresiones y palmadas en el." (punto suspensivo en el original). ( ) Dos palabras sobre esta expresión. Esta cariñosa y ligeramente indecente salutación, solamente pudo ser realizada en base a dos puntos de apoyo: una íntima relación con el destinatario de la carta y una absoluta seguridad de la sana relación entre los cónyuges.

 

Que el Marqués de Yavi y de Tojo tuvo experiencia directa de la relación

entre los cónyuges patrios, se infiere de la carta de Güemes a él, de mayo 4

de 1816, donde el gobernador da cuenta que su primo y guerrero patrio lo ha visitado en la capital: "Mi amadísimo pariente y fino amigo. Han sido

tantas, y tan gravísimas mis atenciones, desde que te fuiste, que no me han

dado lugar ni para saludarte, a pesar de mis grandes deseos".

 

Pasa un larguísimo listado de todas estas tareas, entre las que cita la de proporcionar auxilio al ejército de Jujuy que lo obligara a estar todo el día a caballo "porque de lo contrario, es consiguiente la disolución de aquél".

 

Lamenta la muerte de Camargo y demás víctimas "cuyas muertes hemos

de vengar a toda costa".

 

Lamenta el estado miserable de los caballos que le mandaron desde Córdoba, "según me avisa mi padre" (nótese la expresión de Güemes, referida al padre de Carmencita), se lamenta que pareciera que ya no hay más provincia que Salta, pero comenta "paciencia amigo, si todos nos

abandonan".

 

Celebra los triunfos de "nuestro Pancho" (Francisco Pérez de Uriondo) recomendándole al Marqués, le diga que nunca presente acción decisiva, si no fuere sorprendiendo al enemigo.

 

"Que no le haga más guerra que la de recursos, y que lo hostilice de un modo que no pierda ni un hombre de los suyos". "No lo dejes que se exponga a que le suceda lo que a Camargo". Le comenta que a Rondeau le escribe que auxilie al Marqués con cuanto tenga y le pida, etc., etc., etc. Le informa de los problemas de los santafesinos con Viamonte, de la proclama de Díaz Vélez.

Le agrega "Por todas partes no se ven sino nubes densas, que amagan borrascas. Si son necesarias para la salvación de la patria, vengan enhorabuena." Y termina la larga y casi dramática carta con un "Recibe afectuosas expresiones de tu parienta Carmencita, y el corazón de tu mejor amigo, pariente, y compañero que te ama de veras. Martín Güemes". ( ).

Obviamente, a este tipo de cosas se refiere Fernández Campero cuando cuatro meses después afirma que Carmencita será una heroína si permanece al lado de Güemes.

 

Evidentemente le consta, en vivo y en directo, que Carmencita "dulcifica" los arduos trabajos de éste. La presunción es cada vez más verosímil.

 

Que Carmen está muy al lado de Güemes, puede inferirse también de la carta que desde Jujuy le envía Rondeau el 14 de mayo, donde le dice que ya no hay de qué tratar sino de medidas de defensa, pues el enemigo indudablemente viene a protagonizar un nuevo intento de invasión.

 

Finaliza su carta con "Memorias a su madama que no se asuste ni quiera venir pegada a la falda de la casaca de su marido.". ( )

 

Se deducen dos cuestiones de esta recomendación: que Carmencita tiende a estar siempre "pegada a la falda de la casaca de su marido" (esto es, a estar siempre al lado suyo) y que -en opinión de Rondeau-, ello se debería a lo temerosa que sería Carmencita.

 

En realidad, para mí lo único claro es que la esposa no quiere abandonar al

esposo ni siquiera en las situaciones de guerra. Pues sobradas muestras dará

Carmen de su valor, como lo probaremos en este trabajo. Pero también de su deseo de permanecer al lado de su amado. Cabe ya ir afirmando, entonces: Carmen Puch de Güemes parece ser no sólo la esposa del Gobernador, sino también una patriota que afronta los peligros al lado de su esposo, "dulcificando sus trabajos".

 

El mismo 14 de mayo el Marqués de Tojo responde a aquella carta citada de Güemes, y luego de largas noticias de la guerra, algunas estremecedoras (la muerte de Camargo, la muerte atroz de los prisioneros que los realistas

habían tomado cuando sorprenden a Camargo, la prisión de Brown en

Guayaquil), de amargas reflexiones ("Me he impuesto de las cosas de los

santafesinos, y proclama de Díaz Vélez. Cada día vemos más indecencias. Lo cierto es que ellas, y nuestra poca  unión harán que vamos a la tumba"), de alentadores señalamientos ("El general (Rondeau) me auxilia con todo lo que puede: yo celebro en mi corazón que cada vez estreches más su amistad, y aguardo con ansia el resultado de lo que ibas a tratar con él"), de asentimientos a la estrategia de guerra de Güemes ("Tienen [las fuerzas de Olañeta”) en Yavi de 1.300 a 1.400 hombres, ignoro con qué designio, pero me parece sea con el de correr estos campos por hacerse de ganado.

 

He mandado retirarlo todo; trato de hacerle la guerra de recursos, y sólo en un caso que no tenga remedio, y cuando vea ventajas conocidas de mi parte presentaré acción"), luego de este largo inventario de guerra, decía, no deja Fernández Campero de terminar su misiva con un "Celebraré que en consorcio de mi parientita Brujita [apelativo con el que denomina a Carmencita] te mantengas bueno y manda en el corazón de tu mejor amigo,  pariente y compañero". ( ).

 

No es, por cierto, la única.

 

Con fecha 19 de junio, y pocos días después de la entrevista con Pueyrredón y Rondeau, Güemes le escribe a Martín Saravia, comentándole que el Ejército Auxiliar se retira a Tucumán, y queda él como único sostén de la guerra contra los españoles del Perú. ( ). Si ya eran arduas las tareas del General, qué decir ahora. ¿Se amilana Carmencita? ¿Hace protesta de la vida que le toca en suerte compartir?

 

Se me hizo enseguida tangible que Güemes trataba de que su esposa esté

segura en Los Sauces, por Rosario de la Frontera, al lado de su padre, don

Domingo Puch, patriota probado. Por carta de éste de julio 4 de 1816, desde

Los Sauces, supone Puch que Carmen está ya en camino hacia allí con su

hermano mayor Jerónimo, y trata de tranquilizar al General diciéndole "De

Carmen, no tengas el menor cuidado, porque estando a mi lado, estará, como

puedes inferirlo, estará al lado de un padre que la estima tanto". ( ). Pero

Carmen, que evidencia tener un fuerte carácter, ni piensa alejarse de su

adorado. El 26 de agosto, en una nueva carta de Domingo Puch a "su apreciado

hijo" (sic), donde siempre están presentes noticias de logística de la

guerra y cuestiones familiares, le dice "A mi Carmen si aún subsiste con vos

dale mil afectos y expresiones en nombre de tus hermanos y demás apasionados

de esta Fortaleza". ( ) Es obvio que, ante los peligros de la guerra patria,

esposo y padre presionan a Carmen para que vaya a refugiarse en el cariño y

la seguridad de esa fortaleza, pero Carmen se niega. Así, en carta de Güemes

al Marqués de Tojo, el 29 de agosto y desde Jujuy, se hace evidente que

Carmen aún "subsiste con él", pues le dice "Recibe finos afectos de tu

Brujita, y el corazón de tu amante primo y mejor amigo". ( ).Y sigue aún con

Güemes en setiembre 4, pues en carta a su "Amado padre" (sic) Güemes se

despide diciéndole "No hay novedad particular. Toda la familia tampoco la

tiene. Carmen ofrece sus respetos, lo mismo que su más amante hijo". ( )

 

Que Carmen está dignamente al lado del Jefe Patrio en los dramáticos

avatares que se han venido sucediendo (como la decisión del Director Supremo

de que los despojos del Ejército Auxiliar queden en Tucumán, reorganizándose

al mando de Belgrano, quedando la defensa de la patria exclusivamente en

manos de Güemes y sus aguerridas milicias), se evidencia también en la carta

de Pueyrredón a Güemes del mismo 4 de setiembre de 1816, desde Bs. As.,

donde le implora: "Trabaje Ud. por Dios por ahí con el empeño que sabe, que

yo aquí me afano para poner esto en defensa contra los portugueses que ya

han roto sus hostilidades en la Banda Oriental."  Y termina diciendo "Salude

Ud. a la amabilísima Carmencita.". ( ). Está claro que, cuando se toma esa

dramática decisión, Carmen estaba al lado de su esposo, dulcificando con su

amabilísima tarea de anfitriona, los trabajos del Gobernador de Salta y del

Director Supremo de las Provincias Unidas, don Juan Martín de Pueyrredón.

Carmencita está al lado de Güemes cuando éste comanda desde Jujuy las

acciones de su vanguardia, y desde donde estudia las acciones del enemigo y

prepara las medidas pertinentes. En carta desde allí al Marqués de Tojo, el

6 de setiembre de 1816, le dice "Espero con ansia el resultado de los

bomberos que tomaron tus avanzadas y la correspondencia que, me anuncias,

llevaban o traían. Con éstos es preciso hacer un riguroso escrutinio, para

desenredar la madeja, hasta dar con la hebra.

La Vanguardia está muy bien reforzada y cada día la reforzaré más. Esta

operación es la que aquí me demora, y la que evacuada como deseo, podré

restituirme a Salta, donde creo que hago alguna falta.

No hay novedad sustancial. Tu Brujita, se ofrece de veras, y no menos tu

amante primo y mejor amigo que te ama de corazón. Martín Güemes". ( )

 

Las dificultades que afronta Güemes en ese momento, pueden inferirse de la

carta que tres días después, el 9 de setiembre de 1816, le escribe al mismo

Fernández Campero:   ".no seamos tan confiados, en circunstancias de que

debemos desconfiar hasta de nuestra camisa. Para hallar la verdad debemos

dudar (decía Carthecio) de todas cosas. No te canses, que el enemigo nos

acecha por cuantos medios son imaginables.

Ya te he hablado del ganado, y te repito que no sé qué hacerme. Quisiera que

vieras lo que dicen de Salta; miserias, lástimas y pobreza suma; y yo sin

poderme desprender de aquí, que quizá allanaría lo que no pueden los

interinos. En fin, paciencia amigo, que Dios es grande, dicen tus gauchos;

iré a Salta, y será otra cosa.

Avísame por momentos cuanto ocurra, y has todo lo que puedas, para

orientarme de las ulteriores ocurrencias con respecto al enemigo."( )

Es exactamente en esa fecha que el Marqués le dice aquello de "Dile a mi

Brujita que será una heroína si sigue acompañándote.". Es ya indudable que

Carmencita acompaña a su marido, no quedándose a bordar en casa mientras él

está en tan difíciles tareas. La expresión que presento como epígrafe en

este trabajo, adquiere ahora su pleno significado.

 

Ya el enemigo carga, se prepara a invadir y Carmen está al lado de Güemes.

La confianza de Güemes en las propias fuerzas, es meridiana en la carta que

el 15 de setiembre, siempre desde Jujuy, le escribe a Teodoro López: "Es

tanto el deseo que tengo de hacer ver al mundo entero la energía de nuestra

provincia que he dado orden a mi vanguardia no les hagan un tiro a fin de

que no se vuelvan. Mis medidas las tengo hace mucho tiempo tomadas y así es

que los únicos días que he tenido ociosos y tranquilos son desde que tuve

noticias que el enemigo cargaba, a pesar que carga con furia." ( )

 

Es por esos días, el 19 de setiembre de 1816, que Olañeta y Marquiegui le

escriben sendas cartas a Güemes, donde amenazándolo por una parte con las

glorias de los escuadrones de Dragones de la Unión y Húsares de Fernando 7º,

con los regimientos de Extremadura, Gerona y Cantabria, "formidable

Vanguardia vencedora del Venta y Media con su ejército reforzado que hará al

vil porteño correr por esas pampas peor que en Wilohúma", llamándolo a que

reflexione "sobre la deplorable situación en que se hallan ustedes por todos

aspectos" y se decida "a labrar su felicidad futura, desviándose de la ruina

que le amenaza." Lo llama a "no delirar cándidamente" con los progresos de

Belgrano y en lo de sus gauchos, dado que no son suficientes para contener

sus ventajas. Trata de aprovechar las disidencias internas, llamándolo a que

no sigan "la seducción de los mandones de Buenos Aires" y que serán

responsables ante Dios de los perjuicios que se sigan. Los llama bandidos y

asesinos a sus gauchos. Y, por supuesto, lo tienta: "Si Ud. se halla al cabo

de lo expuesto y tiene ánimo de no sacrificarse, avíseme Ud. a la mayor

brevedad para que con mis jefes le proporcione cuanto desee para su

familia." ( )

¿Puede acaso creerse, con la evidente y certificada comunión entre Güemes y

Carmen, que aquel no haya comentado en la intimidad, indignado, la bajeza de

esta propuesta que involucra inclusive a su familia?

La respuesta de Güemes, que sin duda la escribe con su Carmencita al lado,

debiera ser de lectura obligada y gozosa en todas las escuelas del país,

para sembrar con su dignidad las almas de nuestros niños y jóvenes:

 

"Muy señor mío y pariente. Al leer su carta del 19 del corriente formé la

idea de no contestarla para que mi silencio acreditase mi justa indignación;

pero como me animan sentimientos honrados, hijos de una noble cuna, diré a

Ud. que desde ahora para siempre renuncio y detesto ese decantado bien que

desea proporcionarme. No quiero favores con perjuicio de mi país: éste ha de

ser libre a pesar del mundo entero. Vengan enhorabuena esos imaginarios

regimientos de Extremadura, Gerona, Cantabria, Húsares y Dragones, y vengan

también cuantos monstruos abortó la Europa con su Rey Fernando a la cabeza.

Nada temo, porque he jurado sostener la independencia de América, y sellarla

con mi sangre. Todos estamos dispuestos a morir primero que sufrir segunda

vez una dominación odiosa, tiránica y execrable. (.) .adopte la guerra que

más le acomode para nuestra destrucción, pero tema, y mucho, la mía. (.).

Estoy persuadido que Ud. delira, y por esta razón no acrimino como debía y

podía el atentado escandaloso de quererme seducir con embustes, patrañas y

espantajos que me suponen tanto como las coplas de Calaínos. Y luego dirá

Ud. que es un oficial de honor y del Rey. ¡Qué bajeza! ¿Y así lo toleran sus

jefes? ¿Así lo consienten en ese Ejército Real? Valerse de medios tan

rastreros como inicuos solo es propio del que nació sin principios. Un jefe

que manda un ejército tan respetable, a él sólo debe fiar el buen éxito de

sus empresas. Lo demás es quimera, es degradarse y es manifestar mucha

debilidad. Yo no tengo más que gauchos honrados y valientes. No son

asesinos, sino de los tiranos que quieren esclavizarnos. Con éstos

únicamente lo espero a Ud., a su ejército y a cuantos mande la España. Crea

Ud. que ansío por este dichoso día que me ha de llenar de gloria.

Convénzanse Uds. por la experiencia que ya tienen, que jamás lograrán

seducir no a oficiales, pero ni al más infeliz gaucho: en el magnánimo

corazón de éstos, no tiene acogida el interés, ni otro premio que su

libertad. Por ella pelean con la energía que otras veces han acreditado y

que ahora más que nunca la desplegarán. Ya está Ud. satisfecho; ya sabe que

me obstino, y ya sabe también que otra vez no ha de hacer tan indecentes

propuestas a un oficial de carácter, a un americano honrado y a un ciudadano

que conoce más allá de la evidencia que el pueblo que quiere ser libre, no

hay poder humano que lo sujete." Y Güemes, al lado de su Carmen, termina con

una ironía magnífica: "Sin perjuicio de esto vea Ud. si en otra cosa puede

serle útil su afectísimo servidor Q.S.M.B. Martín Güemes". ( )

 

En setiembre 27 Fernández Campero le escribe a Güemes regocijándose con los

éxitos de las tropas gauchas. "(.); tu regimiento está muy entusiasmado y

con el auxilio de Dios, tomará más vigor. Con que cuenta con que las armas

de tu provincia serán las que decidan la suerte del Perú". Y termina con "A

mi linda Brujita, muchas cosas; a tu secretario [Toribio Tedín] que es mi

amigo, y tú siempre con que soy tu amante primo, amigo de corazón." ( ) Esto

es, Carmencita está al lado de Güemes, como lo está su secretario.

 

José Andrés Pacheco de Melo, el mismo que  reconvenía a Güemes para que

cediera ante las pretensiones de Rondeau, escribe desde Tucumán en octubre 3

de 1816,  comentándole del traslado del Congreso de Tucumán a Bs. As., de

las dificultades políticas y militares que se daban con las partidas de

Santa Fe, y de que hizo moción aprobada con todo gusto por el Congreso para

que se publicaran por la prensa las respuestas de Güemes a Olañeta y

Marquiegui, y termina (como Fernández Campero) con "memorias a Carmen y al

amigo Tedín". ( )

 

Con la misma fecha, Belgrano le escribe congratulándose de que "nos han

hecho un bien de cualquier modo que sea, los que trataban de seducir o

vencer a Ud.: lo cierto es que en el interior, cuando se sepa su retirada

[la de los realistas], decaerá su concepto, y se aumentará el de nuestras

armas." ( ).

Quiero hacer notar que en esta carta, como en anteriores y posteriores,

Belgrano ni menciona a Carmencita, evidenciando o no conocerla o no tenerla

en cuenta como alguien importante para la consideración de Güemes. Me

importa resaltar esto, por lo que comentaré luego.

 

Pero la situación dista mucho de ser buena. Güemes ha logrado hacer fracasar

una vez más la invasión de los godos, pero la miseria económica y las

dificultades logísticas lo hacen penar. En carta a Belgrano del 5 de

octubre, desde Salta, le dice "nada particular ocurre por ahora en razón de

enemigos; ellos siguen su retirada recorriendo los campos en busca de

ganado, pero poco o nada encuentra. Dentro de tres días me vuelvo para Jujuy

y seguidamente pasaré hasta la Vanguardia con el objeto de visitarla y

hablarle a la tropa consolándola en sus necesidades que me representan con

ternura. Crea Ud., mi amigo, que mi alma se estremece al verlos desnudos,

hambrientos, y sufriendo el rigor de la campaña. Ya no tengo un peso que

darles, ni cómo proporcionarlo, porque este pueblo es hoy un esqueleto

descarnado sin giro ni comercio. (.) hacen tres días que ando solicitando

dos mil pesos, bajo de una letra segura a entregarse en Buenos Aires, y no

hallo quien los supla; me falta la paciencia y a veces pienso tocar otros

medios más violentos, pero no sé qué me detiene. (.); no sé ya qué arbitrio

tocar, sólo el de la desesperación. Quería de corazón que hubiesen venido

esos malvados, nuestros enemigos, para acabarlos y que con esto calmasen

algún tanto las erogaciones que trae la guerra, pero arrepentidos nos

aumentan el mal. (.)" ( ).

 

Que la situación es afligente, no sólo económicamente, sino también

políticamente, se trasluce en la respuesta de Belgrano, desde Tucumán, el 10

de octubre

"Amigo y compañero mío: Cómo me compadece la suerte de los infelices que

están en la Vanguardia. Estoy sin un medio, estoy sin un recurso; temiéndome

todos los días que los hombres se empiecen a desgranar y se vayan en

bandadas a donde les den algo por el trabajo que tienen; pues no cesan

mañana y tarde, y los celo, además, a todas horas para que haya orden y no

cometan picardías, ni robos. (.)

Deseo a Ud. buena salud y constancia en sus trabajos para que salgamos bien

con esta empresa, de que alguna vez casi quiero desesperar al ver nuestro

miserable estado físico y moral; puede que la providencia quiera apiadarse

de nosotros algún día. Crea Ud., compañero, que tengo mi ánimo muy afligido

y más cuando veo que nuestros sabios reunidos [se refiere al Congreso de

Tucumán] no dan el gran paso que promoví desde que llegué: se contentaron

con declarar la independencia, acto insignificante si no era acompañado de

la forma de gobierno pues que ya la teníamos de hecho y después no han dado

un paso a constituirnos, dejando a los amigos del desorden en sus mismos

caminos y prestándoles oído a sus opiniones tan ridículas, como imposibles

de ejecutarse". ( )

 

Hacia fines de 1816, una desafortunada maniobra militar lleva a que caiga

prisionero el Marqués de Tojo, que moriría luego en Jamaica, mientras lo

envían como prisionero para ser juzgado en España.

Un duro golpe a la lucha patria. Seguramente un duro golpe a Carmencita, por

el evidente vínculo afectivo que unía a aquel con ésta, y porque seguramente

le hizo presente que en la guerra, todo puede pasar. Seguramente, puede

pasarle también a su esposo.

 

La lucha arrecia. Carmen sigue al lado de Güemes, y ya claramente "se

insubordina" cuando pretenden que vaya con su padre a Los Sauces, para estar

"con seguridad". Está probado ya  que quiere seguir "dulcificando sus

trabajos", al lado del Gobernador, marido suyo y Jefe Patrio en tan duros

momentos. Nuevamente don Domingo Puch sale de balde a encontrar a su hija.

En carta de Güemes en enero 26 de 1817, le dice "Mi amado padre: (.) Ya lo

supongo impuesto de las ventajas que hemos logrado sobre los enemigos en las

muchas guerrillas que hemos tenido (.).

Su salida a encontrar a mi Carmencita no tendrá el efecto que Ud. desea,

pero así que lleguen los caballos haré que marche a pesar de su

insubordinación en esta parte." ( ). Esto es, tanto el padre como el esposo

quieren que la joven mujer vaya a estar "con seguridad" con su padre,

alejada de los territorios donde la guerra se hace presente. Pero -como el

mismo Güemes lo admite con gracia- ella se insubordina. Igual Martín se

compromete a mandarla apenas lleguen los caballos,  a pesar de su rebeldía.

 

Al día siguiente, enero 27, vuelve a escribirle dando cuenta de las luchas

que se avecinan, y simultáneamente debe admitir la dificultad que tiene para

despachar a Carmen a estar con más seguridad: "Mi amado padre: No dude Ud.

que el enemigo carga hasta Tucumán y más adelante según sus miras, yo y mis

camaradas los salteños lo deseamos con impaciencia para abatirles su orgullo

y dar un nuevo renombre a esta provincia. Puede Ud. con tiempo asegurar los

trastos en los montes, pues su movimiento debe ser muy pronto según los

datos infalibles que tengo. (.)

Mi Carmen no he podido conseguir despacharla pero pronto lo verificaré.

Queda de Ud. su mejor hijo.

Martín Güemes" ( )

 

¡Es tan evidente lo que ya dije, que padre y marido quieren que Carmencita

marche a Los Sauces ante los peligros que se avecinan, y que ella, patriota,

esposa, compañera, se niega una y otra vez a abandonar a su esforzado marido

estando en situación de riesgo él y la patria!

 

Hay luego un momento de relativa euforia de las armas patrias, que hacen ya

hacer pasar al olvido las sucesivas presiones sobre Carmen para que vaya a

refugiarse al lado de su padre.

Así Belgrano le escribe a Güemes desde Tucumán, el 20 de febrero de 1817

"Compañero y amigo querido: No dilato un momento en acompañar las adjuntas copias de otro extraordinario que acabo de recibir: el Cielo se ha apiadado de nosotros, y la victoria va a coronar las armas que sostienen la justicia. Viva la nación y vivan nuestros hermanos de Chile, que a una con los de Salta se cubren de laureles.

Adiós.

Manuel Belgrano" ( )

 

 

Con la misma fecha, Güemes le escribe a su padre político "Desde la última guerrilla se nos han pasado cincuenta y dos soldados del enemigo; éstos siguen y con fuerza de modo que ye me he dejado de guerrillas y sólo me contraigo por ahora a proteger la deserción, para esto necesito que Ud. me mande a la mayor brevedad todos los caballos del Estado que están a cargo de Aguirre. (.)

Mi Carmen, Geromito y mi Domingo([hermanos de Carmen) mandan a Ud. mil abrazos y el corazón de su hijo

Martín"( )

 

Obsérvese que no hay ahora alusión a los empeños fracasados para que Carmen vaya con seguridad al lado de su padre, sino que inclusive los hermanitos de Carmen están con Güemes.

 

El 23 de febrero de 1817 Belgrano da cuenta a Güemes del triunfo de San

Martín en Chacabuco:

 

"Compañero y amigo querido: Nueva victoria que anuncia el completo fin de los tiranos en Chile. Ya debemos prepararnos a concluir los que tenemos enfrente y no cesaré un punto desde mañana en realizar mi antiguo proyecto. Está visto que la Divina Providencia se ha puesto de nuestra parte para que cese tanto cúmulo de trabajos.

 

Deseo a Ud. prosperidad y que aumente igualmente las glorias de las armas de la nación con esos valientes que por estas partes con sus proezas han dado nueva vida al patriotismo.

Siempre de Ud. constante amigo

Manuel Belgrano" ( )

 

Y el 26 de febrero de 1817, Güemes le escribe a su suegro, dando cuenta de

esta sensación de alegría y relax que viven todos, incluida por supuesto

Carmencita, con palabras campechanas y tiernas:

 

"Ya estará ud. impuesto de la victoria completa de nuestras armas en Chile.

(.)

Carmencito ([tal el diminutivo cariñoso con el que Güemes da cuenta de su

Esposa) no quiere moverse de la Chacarita, bien que no hay motivo para otra cosa. Está buena y robusta, lo mismo que Geromito. Si no le escriben a Ud. es porque no quieren y por que se han acostumbrado a la madre flojera.

Reciba Ud. los respetos de éstos y el corazón de su amante hijo.

Martín Güemes" ( )

 

Nótese como Güemes chancea cariñosamente con su esposa y su suegro. Son evidencias de la relación afectuosa que une a estos seres.

 

En marzo sigue la tranquilidad y el optimismo Güemes le escribe a don Puch en marzo 13 de 1817

"Mi apreciado padre: Ha llegado Tomasito y me dice que me tiene Ud. un

rosado santiagueño muy bueno, ahora lo necesito para tanto galope que doy todos los días, mándemelo y también otro rosado de los míos que también me dice que es bueno. Por acá todo sigue bien: pasados y prisioneros todos los días vienen con abundancia; según mis cálculos los enemigos no tardan quince días en mandarse mudar… (.)Mi Carmen, Jerónimo y mi Domingo quedan buenos

y deseoso de servirlo su hijo

Martín" ( )

 

Pero ya en abril se evidencia nuevamente que el horror de la guerra y la

crueldad de los tiranos no arrecia.

 

En carta de Belgrano del 3 de abril,  éste le dice a nuestro héroe, en relación a las tratativas que Güemes está realizando con La Serna para poder canjear entre otros al patriota, guerrero y primo suyo Fernández Campero, hecho prisionero en Yavi".

 

Estoy tan lejos de canje y tan indignado contra esa canalla que los acabaría a todos.

 

Un oficial Plaza de los Escuadrones de San Carlos que ha huido de Potosí el 6 o 7 del pasado, declara que degollaron el día de Reyes en aquella plaza a cuarenta de los prisioneros de Yavi y cuatro mujeres patriotas; que él iba a Oruro con los demás cuando a dos jornadas encontraron al batallón de Fernandinos que traía más de mil patriotas de La Paz presos, con quienes los hicieron regresar y que a Potosí llegarían poco más de doscientos, porque los fusilaban en el camino.

 

Esto, con la orden de Ramírez para que no llegaran a Santiago ningún oficial vivo y haber muerto a cuatro en cuatro pascanas que hicieron, me confirma en mi opinión de que son unos inicuos y me conservaré en ella aunque les viese hacer milagros.

 

Aseguro a Ud. que calificados aquellos hechos, al primero que ahorco si lo pillo, es al general. (.)". ( ).

 

El 1º de mayo, ahora sí, y por fin, Carmen se encuentra con su padre en Los

Sauces. Da cuenta de esto Güemes en carta a Domingo Puch, desde Carvajal en mayo 5 de 1817. "Mi amado padre y señor: Tengo la satisfacción de saber se hallan Ud. y mi Carmen sin novedad por la suya del 1º de éste. (.) Quedan en mi poder las petacas que me remite mi Carmencita" (.)". ( ).

 

¿Qué ha pasado que Carmen, por fin, ha aceptado ir "con seguridad" a Los Sauces, al lado de su padre, dejando "de insubordinarse" y alejándose de su adorado? Cotejando fechas, pude llegar a la hebra":

 

Es que los godos han comenzado una nueva invasión, y Carmencita ya no sólo tiene que "dulcificar" los arduos trabajos del héroe, cuidarlo, amarlo, afrontando junto a él los peligros: ahora debe también cuidar la simiente amorosa y patriótica que su esposo ha dejado en ella.

 

Carmencita está embarazada de 4 o 5 meses de su primer hijo.

 

La Serna ha penetrado en Salta el 16 de abril tras una fuerte resistencia

por parte de los gauchos, a los que Güemes tuvo que obligar a retroceder.

 

El militar español queda sitiado allí, con Luis Burela a cargo del sitio. Todos los intentos de burlar el sitio, conseguir alimentos y caballada, y proseguir su marcha hacia el sur, para deshacerse del Ejército Auxiliar de Belgrano y penetrar hasta el corazón de las Provincias Unidas, es ahogado a sangre y fuego por los gauchos dirigidos por Güemes, que como un genial ajedrecista mueve sus piezas en el tablero.

 

El 4 de mayo por la noche, en el mismo mes que pensaba estar ya en Bs. As.,  La Serna comienza la retirada, atacado por las milicias de Güemes hasta Jujuy. Y el 21 de mayo sale desde Jujuy hacia el Alto Perú. Güemes se lamenta: "Creo que al mejor tiempo me han de faltar caballos y siento sobre mi corazón que por esta causa no se le hagan mayores daños al enemigo y que regrese el general la Serna, cuando debía ser presa de mis armas".

 

Efectivamente, la persecución debe cesar "en Tilcara por carencia total de

caballos… Merced a ello se salvó el ejército invasor,  que llegó a Tupiza

hambriento y a pie, salvo la Serna y su escolta que arribaron en los únicos

caballos que no fueron sacrificados para alimento de la tropa". ( )

 

Pero no sólo contra las tropas invasoras debe luchar Güemes. 

 

Las conspiraciones están ya la orden. Atanasio Archondo ha sido detenido en Tucumán por Belgrano por conspirar contra Güemes, pero la magnanimidad tanto de Belgrano como de Güemes no hacen justicia con este vil personaje, que comandará el pelotón que pocos años después herirá  de muerte a Güemes.

 

El reconocimiento patrio a los grandes méritos y tremendos esfuerzos de

Güemes y la provincia de Salta continúan cada vez con mayor plenitud. Si en octubre de 1816 el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, dictara una proclama a "Los muy

beneméritos habitantes de la de Salta", donde reconoce y exalta los méritos

de esta provincia y de todos sus habitantes en la lucha patria; ahora, el 19

de mayo de 1817, le escribe dándole cuenta que le remite de oficio el

despacho de Coronel Mayor de los Ejércitos, "por los méritos que usted está contrayendo en bien de la patria". ( )

 

El reconocido lugar de Carmen al lado de Güemes, se nota en esta encendida carta de agradecimiento, desde Tucumán, del capellán don Felipe Antonio de Salas a Güemes, el 20 de mayo:

"Señor de todo mi respeto y atención. No puedo menos que tomar la pluma,

lleno del mayor gusto, para dar a V.S. mil plácemes y enhorabuenas, llenas

de la mayor gratitud por haber arrojado de la provincia de Salta

vergonzosamente al enemigo general del Estado; y asimismo, haberle impedido sus designios de internarse a ésta [Tucumán], todo debido a su valor, constancia y energía. Los pueblos estos, rellenan de elogios y Salta ahora más que nunca le confesará su esclarecido defensor y le dará a voces el renombre de Padre de la Patria.

(.)

Deseo esté V.S. sin novedad en compañía de mi señora gobernadora doña

Carmencita.". ( )

 

En carta del 12 de junio, Belgrano expresa sus enhorabuenas por la noticia

de la proximidad del primogénito de Güemes, y el 29 de junio, por primera

vez, Belgrano parece caer en cuenta de la existencia de Carmen. 

 

En una carta con noticias de logística y de política, termina con "Mis expresiones a madama Carmencita…". ( )

 

Nótese cómo los patriotas la llaman cariñosamente por su diminutivo, el mismo con el que se refiere a ella su esposo.

 

Que Carmencita y la próxima llegada del primogénito están desde entonces muy presentes, se evidencia en numerosas cartas de guerra y de política, que invariablemente terminan con expresiones como "deseo que la señora doña Carmencita salga bien de su cuidado, dándonos un nuevo patriota heredero de su padre de quien soy con la mayor y más firme amistad, su

Manuel Belgrano". ( )

 

Así, en todas las numerosas cartas de Belgrano, como también en cartas de

José Antonio Azebey y Manuel de La Lama se expresa siempre este punto.

 

Hasta que el 10 de setiembre de 1817, Belgrano finaliza su carta con "¿Es

usted ya padre o cómo andamos. Expresiones a la Carmencita y Ud. reciba las que quiera de su siempre.

Manuel" ( )

 

Efectivamente, el 8 de setiembre de 1817, Martín Güemes y Carmencita Puch de Güemes han sido felices padres de Martín, el primogénito, que con el tiempo será gobernador de Salta.

 

En aquella misma carta, Belgrano da nuevas muestras del comportamiento absolutamente antipatriótico del gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, de quien promueve ante el Director Pueyrredón su remoción, por las trabas que pone para auxiliar al Ejército y a Güemes.

 

Alejandro Heredia, desde Lules, en una graciosa carta a Güemes del 26 de

setiembre, da un nuevo testimonio de cuán en cuenta se tenía a Carmen y su preñez y parto, considerándolo explícitamente como una tarea patria:

"Acompaño a Ud. en el gusto y felicito a mi señora doña Carmencita por haber escapado con felicidad dando a la patria un nuevo defensor; sírvase ponerme a los pies de tan bella srta." ( ).

 

Exactamente en esa fecha, Belgrano escribe una carta donde da cuenta haberse enterado de una fracasada conspiración para asesinar a Güemes. En ese clima de guerra patria, de las dificultades consiguientes y de conspiraciones y traiciones, Carmen da a luz a Martincito.

 

Además, Güemes ha tenido problemas de salud, de los que nuevamente lo

reconviene Belgrano en carta del 3 de octubre de 1817:

 

"Compañero y amigo querido: ud. no se cuida; cree que su cuerpo es de bronce y se equivoca; no se debe Ud.  a sí sólo, sino a su mujer, hijo y lo que es más, a la Patria, y esto debe empeñarlo a tomar precauciones que lo liberen de esos ataques furibundos. (.) Avíseme Ud. de su salud, de la de mi señora doña Carmen y el chiquillo.". ( ).

 

Prácticamente no hay, por un buen tiempo, carta alguna de Belgrano donde no la mencione específica y cariñosamente a "Carmencita y al chiquillo", pero hay una sobre la que quiero, muy en particular, abundar.

 

Antes, como un agregado a la difícil situación que vive la provincia de

Salta en general, y Güemes (y por lo tanto Carmen) en particular, Belgrano

le da cuenta en una carta del 3 de noviembre de 1817, en referencia a la

moneda falsa que está circulando en Salta, que "Hay una multitud de

perversos y tal vez los mismos autores del mal, que atribuyen un perjuicio

como el que han causado, a personas principales de ésa y además a un Benítez de quien refieren que después de haber distribuido la que había fundido principió a gritar contra la tal moneda". ( ).

 

No me extrañaría que el tal Benítez, sea Mariano Benítez, el que guiara años después a la columna del Barbarucho que entrara subrepticiamente en Salta para herir de muerte a nuestro héroe.

 

Hay una calle en Salta que lleva el nombre de Mariano Benítez.

 

¿Habrá un sosías, o tamaño traidor merece tamaño homenaje?

 

La carta de Belgrano a que hice referencia, es en respuesta a una dolida

carta de Güemes, de noviembre 27, donde éste da cuenta de las insidias y las calumnias que se tejen contra él. "Esta es la peor y más sangrienta guerra que nos devora. No merecemos ser libres: confesémoslo sin rubor. (.) esta es la única esperanza que tienen aquellos para sojuzgarnos: la guerra intestina; porque conocen nuestra debilidad y porque saben que no castigamos los delitos, ni premiamos la virtud. (.)

(.)

No puedo pasar en silencio, la conducta y perverso manejo de Archondo y

Ormaechea; Ud. sabe que al primero no quise hacerle mal alguno, y, que al contrario lo recomendé y aún después he servido a su casa en varios asuntos en que me han ocupado. Al segundo, no le dije una sola palabra cuando vino a ésta. Visité a su madre y me le ofrecí con franqueza; pues en pago de esto, no tienen en Buenos Aires más ocupación que de denigrar mi nombre y hablar como unos descosidos de mis operaciones, vistiéndose del traje de celosos; así es que el mejor epíteto con que me nombran en público es el de pícaro, sin que haya uno que les tape la boca. Ya me he cansado de sufrir y protesto hacer con estos o con cualquiera otro perverso que venga, un ejemplar que aterre y escarmiente a los demás. Téngalo Ud. así entendido y si llega el caso de verlos, hágame el gusto de decirle que vale más que no vengan." ( )

 

En la carta de Belgrano que vengo preanunciando, escrita el 3 de diciembre

de 1817, Belgrano demuestra que no ha calibrado debidamente lo que pueden  (y desgraciadamente podrán) estos personajes a los que Güemes alude:

 

"(…) El tal Archondo y el tal Ormaechea y otros muchos brutos americanos

están empeñados en descubrir todo el veneno de la envidia que los devora;

pero sabe Ud. que más, que son despreciados por los hombres de bien y les

oirá alguna canalla como ellos que no tiene influjo en la sociedad. A Ud. le

tiran, al Supremo Director, al Congreso, a mí y a cuantos no son iguales a

ellos; por lo que hace a mí les dejaría ladrar hasta que se cansen y haría

con ellos lo que el perro grande con los chicos; es imposible mi amigo y

compañero libertarnos de lenguas maldicientes: sigamos el camino del honor y que griten cuanto les dé la gana."

 

¡Cuánto se equivoca Belgrano!

 

El tal Atanasio Archondo comandará el pelotón que el 7 de junio de 1821 herirá de muerte a Güemes, y su padre, Tomás Archondo, aceptará ese mismo día 7 e inmediatamente, el cargo de gobernador realista, y cuando el 19 de junio, a dos días de la muerte de Güemes, lo asume el general Olañeta, el mismo al que Güemes escribiera aquella carta ejemplo de dignidad humana y patriótica ante sus rastreros ofrecimientos, publica un bando jubiloso que ha de haber herido de muerte a Carmen tanto como la propia muerte de su esposo.

 

Pero prosigamos con la carta de Belgrano, en el punto que hoy nos interesa.

Belgrano parece mal entender las quejas de Güemes, como en parte dirigidas a él, y entonces da fe de lo que lo valora con estas palabras:

"Ahora quiero yo quejarme de Ud. con Ud. mismo. ¿Con qué razón o por qué me ofende Ud. diciéndome "parece que se desconfía de mí"? No sea Ud. injusto compañero mío con su mejor amigo;  (.)Persuádase Ud. de que hablo con franqueza y le he de hablar siempre aunque Ud. no me quisiera oír, debe Ud. haberlo visto en mi correspondencia. Lo que hiciere mal, según mi concepto (.) se lo he de decir, no sólo por la causa común, sino porque tengo interés en que Ud. salga con honor y brillo; yo he procurado dar a Ud. opinión en todas las provincias y fuera de ellas y es visto que me he comprometido a favor de Ud. porque lo he creído de justicia. (.). Yo no creo que Ud. trate de engañarme, ni yo creo que Ud. se piense que yo trato de engañarlo: fuera de nosotros desconfianzas mutuas; la amistad

que nos profesamos no puede reinar así. Mi corazón es franco y no puedo

ocultar sus sentimientos: amo además la sinceridad, yo no podría vivir en

medio de la trapacería que sería precisa para conservar un engaño; sólo a

las pobres mujeres he mentido diciéndoles que las quiero, no habiendo

entregado a ninguna, jamás, mi corazón." ( )

 

Me detengo en dos cuestiones: Una, el alto concepto que es evidente tiene

Belgrano de Güemes;  dos, "a confesión de parte, relevo de pruebas": la

sinceridad de esta confesión casi misógina, testimonia por una parte la muy

especial amistad que lo une con su corresponsal, como para confidenciarle

tan grande intimidad; pero por otra parte, explica el porqué Belgrano,

durante un buen tiempo, ignoró totalmente a Carmencita en sus cartas a

Güemes: una mujer no podía ocupar los desvelos de él, y -supongo que

pensaría- de ningún hombre. Pero justamente, eso hace aún más valiosa la

constante referencia a Carmen luego, en cada una de todas las cartas de esta

etapa, pues da prueba que de alguna manera Güemes le hizo saber que para él, la relación con Carmencita era muy distinta a la que Belgrano establecía con las mujeres.

 

Así, esta misma carta termina con "Expresiones a madama Güemes y mil afectos al chiquillo.Siempre de Ud. amigo.Manuel Belgrano."

 

Entramos a 1818, con las conjuras, diatribas y pasiones personales 

encendiéndose cada vez más en el suelo patrio.

 

Así, en carta del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón a Güemes, el 9 de enero, le dice".¡Con que mis amigos me anunciaron asesinado en 28 de noviembre! Yo les agradezco la buena mención. De contado por esta vez han salido fallidos sus cálculos y yo espero que también los serán en adelante. Reconozco a mi amigo Güemes en el interés que ha tomado para averiguar el origen de tal rumor y escarmentarlo; (.)"

Luego menciona a un diputado de Jujuy, Teodoro Sánchez de Bustamente, de quien le dice "Este hombre hinchado de ira, de encono y de veneno es el más feroz enemigo que Ud. tiene; inventa maldades para atribuirlas a Ud.. (.)"Pero no dejará de mencionar a nuestra Carmencita, con un nuevo y certero apelativo: "Reserve Ud. que soy yo quien ha dado a Ud. estos conocimientos, y dando mis mejores afectos a la Linda, mande en el verdadero cariño de su amigo tan ingenuo como invariable. Juan Martín" (de Pueyrredón) ( )

 

Lo mismo una carta de Belgrano, con fecha 18 de enero de 1818, que termina diciendo "¡Infeliz país en el que sus hijos abriguen pasiones tan pueriles, tan ridículas, tan indecentes, y no perdonen medios de satisfacerlas! Dios quiera iluminarnos y desengañarnos a todos de que no hay más ruta para salvarnos que la unión" ( ).

 

El mismo Belgrano, en carta del 3 de febrero hace esta lastimera y dramática constatación: "El egoísmo ha ocupado el lugar del patriotismo y aquél sólo es dable vencerlo con el dinero; éste no lo hay ¿a qué pues apelaremos? ¿cómo remediaremos esta falta de caballos? Aquí sigue la tremenda seca y no menos la de los corazones". Aún así, sigue el optimismo y la fe en la lucha patria: "Está visto que los enemigos deliran; déjelos Ud. andar subiendo, y bajando; ellos pierden siempre, como Ud. me dice y más han de perder, cuando llegue la tremenda." ( ).

 

Y el 13 de febrero, en contestación de Güemes, éste lo confirma:

 

"Confieso como Ud. que el patriotismo se ha convertido en egoísmo y lo peor es que este mal va grazando (sic) todos los pueblos. (.) Semejante apatía e indolencia, obliga a tomar providencias sensibles y lo cierto es que si hemos de salvar el país, es necesario cerrar los ojos y los oídos y tomar la calle del medio.

Así lo he hecho estos días, pero ni eso me ha valido. Creí que asustando un

poco a estos caballeros, se ablandarían y me socorrerían, pero me engañé.

Hice correr la voz de que los llevaría conmigo a la vanguardia y que para

quedarse darían alguna cosa para ayuda de los que trabajan, pues con todo este aparato, no he conseguido otra cosa que calentarme la cabeza. Se juntó todo el vecindario en la casa del alcalde de 1er. voto y entre todo, apenas han dado cuatro porquerías con que se han auxiliado 30 gauchos y esto dando a uno una camisa, a otro un poncho de picote y a otro un pedazo de jerga vieja. ¡Qué tal! Caballos, unos cuantos, acaso los peores que han podido hallar, de suerte que con dificultad llegarían a Jujuy"

 

Pero de inmediato, pone estas conductas egoístas de los que mucho tienen, en contraposición con los humildes luchadores de la patria, los gauchos del

norte de las Provincias Unidas:"A vista de esto ¿cómo no he de alabar la conducta y la virtud de los gauchos? Ellos trabajan personalmente y no exceptúan ni aun el solo caballo que tienen, cuando los que reportan ventajas de la revolución, no piensan en otra cosa que en engrosar sus caudales" ( )

 

Aún así, la fuerte decisión por la lucha libertadora no mengua, pues, a

pesar de esas consideraciones, agrega: "En fin, a fuerza de fuerzas y a

costa de sacrificios, de incomodidades y de impaciencia, he logrado montar y disponer una fuerza regular, la que he dispuesto situar en varios puntos entre esta ciudad y la de Jujuy. Mi objeto es acudir con tiempo a la

necesidad, cuyo caso seguramente ha de llegar, y, en el entretanto, se

cuidan los caballos y se reponen en aquellos lugares que están muy buenos. Los enemigos seguramente esperan el resultado de Chile y según sea, han de hacer sus movimientos. Si les es favorable bajan seguramente hasta dar con Ud. Con este concepto es que quiero estar dispuesto para perseguirlos fuertemente y después ayudar y acompañar a Ud. Este es mi cuidado y mi aflicción y sobre esto me empeño en calcular. Los tucumanos serán valientes y cuanto Ud. quiera, pero no son tan aguerridos como los míos. Así es que lograremos debilitarlos y allí concluir con ellos".

 

Y su preocupación de padre por su hijo y de gobernante por los niños, se

evidencia en el final

 

"Mi Martincillo está expuesto al furioso ataque de las viruelas; para

evitarlo, espero me mande Ud. un poco de la vacuna que aquí no la hay y

servirá también para muchos infantes."

 

A pesar de tan incierta situación, Carmen ya con Martincito está nuevamente en Salta. Domingo Puch termina una breve carta saludándolos desde Sauce, en febrero 14.

 

Resuenan nuevamente en mí las palabras del Marqués de Tojo, que quería a Carmencita porque dulcificaba los trabajos de Güemes. ¡Es tan ardua la

tarea, tan grandes los sinsabores, tan enormes los peligros, que no puedo

menos que imaginar a Güemes recostándose en su joven, bella, valiente y

tierna mujer, y bebiendo de la miel revivificante de los amorosos besos de

ella, como quedará evidenciado por una carta a la que luego aludiré!

 

En marzo 26 Belgrano da cuenta en una carta que ha escuchado de alborotos en Salta, aprovechando la ausencia de Güemes en Jujuy, donde se encuentra preparando la vanguardia. ¿Cómo viviría Carmencita estos acontecimientos perturbadores?

 

".no sé qué diablo de vértigo les ha entrado a los hombres para andarse en

esas mentecateces", dice Belgrano.

 

Termina la carta contándole que apura para enviarle sables, que caballos aún no aparecen, y no se olvida de la importancia de la mujer y el hijo en el difícil momento que está atravesando

 

"Que haya encontrado a la Carmencita y Martinillo buenos es mi deseo; a

propósito, ¿prendió la vacuna?". ( )

 

Con toda suerte, en abril 12 de 1818, y desde Santiago de Chile, San Martín, evidenciando el particular aprecio que siente por Güemes, le escribe manuscritamente (cosa rara en San Martín, que comunica por oficio sus avatares) para confiarle el magnífico triunfo de Maipú

 

"Mi amigo amado:Hemos triunfado completamente de los godos y  hemos asegurado la libertad de Chile. Sé cuánto agradará a Ud. esta noticia.

Probablenente la Serna se retirará precipitadamente y las Provincia del Perú serán libres; vamos amigo a trabajar con tesón ya que la causa de la patria va ganando terreno" ( ).

 

En carta del 26 de mayo de 1818, Belgrano aprueba plenamente la disposición de Güemes de prohibir tenazmente el comerciar con el enemigo, causa principal de la virulencia con que los poderosos comerciantes salteños arrecian en sus críticas a Güemes, comenzando ya a llamarlo "tirano".

 

¡Tirano por negarse a que proveyeran de enseres al enemigo, y por pedirles o exigirles contribución a la causa patria! Güemes, inclusive, comprende las dificultades a las que los somete por imperio de causa mayor.

 

Así, para marchar con su vanguardia contra el enemigo, le comunica por oficio a Belgrano, el 26 de junio del 1818¸ que  "Escaso de todo auxilio para esta importante expedición, he premeditado algún tiempo el medio menos gravoso a un vecindario agobiado ya, con los repetidos sacrificios que en obsequio de la causa de nuestra independencia ha sufrido y sufre; y el único ha sido, el pedir a este comercio dos mil pesos, hipotecando en seguro de ellos, caso que a letra vista no sea abonada por el excelentísimo señor Supremo Director del Estado, la libranza que he girado a favor de don José Joaquín de Bedoya, las fincas de mi propiedad.".

 

¡O sea, hipoteca sus propiedades en caso que el Estado no abone lo correspondiente para la lucha! ( ).

 

En agosto 18, en carta de Güemes a Pueyrredón, le da cuenta de la

conspiración contra su vida de los Panana y los Moldes, pidiéndole al

Director los resultados de sus pesquisas, evidencia su ocupación y

preocupación por sus infernales y da nuevo testimonio de la presencia

constante de su Carmen al lado suyo: "Yo no sirvo sino para proporcionarle incomodidades; pero Ud. sabe dispensarlas y esto me anima. Mis afectos y los de mi Carmen a esa señora y ud. cuente con todo el reconocimiento de su mejor y más reconocido amigo. Q.B.S.M.

Martín Güemes"

 

Las inquinas continúan, sembrando desconfianzas. Inclusive parece que en un momento lograron sembrar dudas en Güemes respecto al mismo Belgrano, pues en una carta de Juan Martín de Pueyrredón a Güemes, de fecha 3 de setiembre de 1818, respondiendo a una de éste de fecha 4 de agosto, que aparentemente se ha perdido, le dice "He visto la copia de carta anónima que Ud. me incluye; (.) yo no encuentro una arma mejor contra esos perturbadores que el desprecio; constantemente se inventan maldades para atacar mi opinión. Sé cuánto se dice y quiénes lo dicen; pero no hago más caso de ellos que de sus invenciones, de modo que a fuerza de calumniarme ellos y de desmentirlos yo con un silencio de desprecio y con mi conducta regularmente juiciosa, se ha hecho tan ridículo su arbitrio, que sólo es mirado con indignación. Haga Ud. lo mismo, mi querido Martín (.); de lo contrario se volverá loco; y he aquí logrado sus intentos. Nada mi amigo; mientras no hagan más que hablar nuestros enemigos, tendremos una prueba de que no pueden ofendernos de otro modo. Trabajemos en salvar el país sin que nos detengan tropiezas tan despreciables y conseguiremos hacer resplandecer nuestro mérito sobre las injurias de nuestros enemigos.Pedí en su tiempo explicaciones a Belgrano sobre el contenido de la larga carta de Ud. fechada en Jujuy a 3 de julio, (también aparentemente perdida) de un modo que él no comprendiese el origen por donde habían llegado a mí tales noticias; y vea Ud. lo que me contesta en su carta última, que incluyo a Ud. original para su satisfacción.Revístase Ud. de firmeza; desprecie a los malvados siempre que no hagan más que hablar contra Ud; y con la amable madama Carmencita, mande a su constante amigoJuan Martín (de Pueyrredón) ( )

 

Nótese dos cosas: por una parte, que quizá los patriotas no aquilataron

debidamente a los que sembraban cizaña, pues, ¿cómo saber hasta cuándo no hacían más que "hablar"? Por otra parte, y nuevamente, Carmencita está

presente como compañera sempiterna de Güemes.

 

La carta de Belrano a Pueyrredón, que éste le adjunta a Güemes, no hace más que aquilatar la absoluta sinceridad de la correspondencia personal de

Belgrano a nuestro Martín, pues dice exactamente lo mismo que una y otra vez le expresara personalmente: su confianza incondicional en él y sus armas, que sólo se esgrimen para defender a la patria. ( ).

 

El amor de Güemes por Carmencita, se evidencia en las breves líneas que el entonces coronel mayor, seguramente en 1818, y desde su campamento de la Chacra, de donde salía en una de sus frecuentes expediciones, le escribe a Carmen (que está en Salta).

 

Allí Güemes la reconviene amorosamente: "Mi Carmen adorada (le dice):  Sin embargo que tú debías ya haberme escrito, yo soy siempre el primero; convéncete de que mi cariño es sin disputa más consecuente que el tuyo. Ahora mismo marcho sin ninguna novedad a pesar de la tormenta de anoche.Mándame sal de Ajenjos que me dice Francisco que no ha venido; cuídame mucho a mi idolatrado ñatito y tú cuídateme mucho para ver pronto a tu invariableMartín ( )

 

Ya en 1819 las luchas internas, la anarquía, está desangrando el país. El

gobierno nacional, al no poder dominar la rebelión de Santa Fe con las

tropas que había enviado a las órdenes de Balcarce, ordena que los ejércitos

de los Andes y el Auxiliar del Perú, entraran en la lucha.

 

San Martín no acata esta orden. Belgrano sí. Y marcha con el grueso de su ejército, dejando una pequeña guarnición en Tucumán.

 

Los realistas del Alto Perú, relamiéndose de que Güemes no puede contar ya con el apoyo de Belgrano, ni con los eventuales envíos económicos y logísticos desde Buenos Aires, invaden nuevamente Jujuy y Salta.

 

Se toparán nuevamente con penca.

 

La heroica lucha de las tropas de Güemes, adquiere ribetes de epopeya no alcanzada en otros lugares del mundo. Con toda suerte, en esos momentos no está -por expreso pedido de Belgrano- Bernabé Aráoz al frente de Tucumán, y don Feliciano de la Mota Botello, gobernador de Tucumán en reemplazo de aquél, auxilia logísticamente a Güemes en su lucha contra las tropas realistas.

 

El 25 de mayo de 1819, Güemes y el Cabildo de Salta hacen jurar la

Constitución del Soberano Congreso, dando una muestra al enemigo de que

Salta y Güemes se encolumnan dentro de la joven Nación, abjurando de la

anarquía y retemplando sus fuerzas.

 

Belgrano está cada vez más enfermo, pero siempre bregando por la unidad

nacional y el golpe final al enemigo.

 

En agosto 29 comunica a Güemes su retorno a Tucumán para recuperar su salud, a donde efectivamente marcha en setiembre, según le comunica el 10 de ese mes. Es la última carta personal de Belgrano a Güemes, aunque prosiguieron en comunicación por otras vías. Le informa por oficio al Director Supremo Rondeau, el 11 de setiembre, que ha dejado el ejército al mando del coronel don Francisco de la Cruz.

 

Hay constantes referencias en esa época a una gran expedición real que

vendría por mar para atacar Buenos Aires. Güemes, en setiembre 28 de 1819, le escribe a Juan Martín de Pueyrredón, dándole fe que no tiene ningún resentimiento con Rondeau, que es ahora Director Supremo, comentándole que comulga absolutamente con los principios de unidad americana contra los enemigos, y que tiene a la provincia perfectamente preparada para volver a resistir debidamente -como ya lo hizo en marzo de ese mismo año- a los intentos invasores.

 

Le dice "(.) sí, mi gran amigo, estoy convencido que todos los americanos debemos pensar de este modo; prueba de ello es, que también yo he hecho, en mi provincia, lo que Ud., de perdonar y atraer a todos mis enemigos sin otro interés que el de llamarlos a la unión porque sin ésta no podemos ser

felices.

 

Seguramente si la expedición española viene a esa capital han de cargar los enemigos del frente sobre esta provincia, con este concepto he tomado las providencias necesarias para esperarlos; ya pueden venir cuando quieran no hay cuidado. Yo aseguro a la nación que he de concluir con esta canalla, sin necesidad que se desmembren las fuerzas que deben defender la capital y que luego que concluya con esto, iré también a ayudarles a ésa."

 

Y termina con la siempre presente Carmencita en todos los avatares donde le toca actuar al general: "Mi Carmen se ofrece muy de veras a mi señora Mariquita y a Ud. le ofrece la más verdadera amistad de invariable amigo Q.B.S.M.Martín Güemes" ( )

 

Güemes, ante un pedido de Belgrano, acude de inmediato en su auxilio en

octubre de 1819, mandándole a Tucumán a su médico, el Dr. Redhead, que

asistirá a Belgrano hasta su muerte.

 

Mota Botello le expresa el agradecimiento de Belgrano, y la preocupación de éste, aún enfermo, por las nuevas sediciones santafesinas.

 

En una nueva carta de éste, ya en noviembre 10 de 1819, Mota Botello le

expresa a Güemes su desazón por las múltiples interferencias anárquicas que se tejen aquí y allá. "¡Qué infeliz época nos ha tocado para mandar!

Quisiera estar, por no tocar tanto mal, retirado en un rincón y no en este

potro".

 

Justamente un día después y por maniobras de Bernabé Araóz,  el 11 de

noviembre 1819, el capitán Abraham González se amotina en Tucumán.

 

El gobernador Mota Botello es herido de bayoneta, y el General Belgrano,

enfermo, es detenido y engrillado, aunque poco después se lo pone en

libertad.

 

El 14 de noviembre, convocado un Cabildo Abierto, se nombra

nuevamente a Bernabé Aráoz gobernador de Tucumán, que más a la corta que a la larga, será fatal para Güemes, para Salta, para las Provincias Unidas, para América.

 

La patria se parece cada vez más al infierno de Swedenborg.

 

En diciembre 19, Francisco Fernandez de la Cruz, desde Pilar le escribe a

Güemes, dándole cuenta que desde el 14 emprendió camino con el ejército

"para ver si terminamos con esta guerra desoladora que va a concluir con el país, si se alarga; (.) feliz usted amigo mío, que no tiene que pelear más

que con el enemigo común". ( )

 

¡Cuánto se equivocaba, desgraciadamente, en esta apreciación!

 

El 3 de febrero de 1820, hay una referencia en carta personal donde se habla ya de pasar de la guerra defensiva a la ofensiva para unirse con el ejército de los Andes en el Perú y derrotar definitivamente en América a los

realistas.

 

Desde Córdoba, Juan Bautista Bustos le escribe dándole cuenta de que el 9 de enero "el ejército hizo su revolución para contener el capricho de sus jefes y del gobierno de Buenos Aires empeñado en sacrificarlo sin fruto en la horrorosa guerra contra Santa Fe.

 

Como Ud. se halla al frente del enemigo, he pensado mucho sobre su situación y sobre la falta que le hace a Ud. la cooperación de todas las provincias para sostener sus tropas, aumentar éstas de mi mando, y que, reunidos con las de los Andes, pasen al Perú a libertar de una vez a nuestros hermanos.(.)

 

"; contra ellos me es indiferente ir como jefe o como soldado. En esta inteligencia Ud. disponga de mi persona y del ejército que tengo la honra de mandar cuando guste y del modo que le parezca más útil y ventajoso a esa provincia y a las demás en común." ( )

 

Pero la anarquía triunfa por todos lados.

 

El 1º de febrero de 1820, en la batalla de Cepeda, las tropas de Santa Fe y de la Banda Oriental vencen a las tropas de Rondeau, infligiéndoles severas pérdidas. Bernabé Aráoz en una comedia digna de él, "independiza" Tucumán para "unirse" a la República Grande. Le promete sucesivamente a Güemes enviarle tropas, municiones, caballadas, que nunca llegan, y-por el contrario- impide llegar a Güemes, las que le manda Bustos.

 

En mayo 12 Güemes da cuenta a Marcos Salomé Zorrilla, que intercede por

Pablo Soria Sardinet, que éste se había mezclado en "una horrorosa

conspiración contra mi vida y aún contra la de la patria. Afortunadamente

fue descubierta en los momentos mismos de su ejecución…". ( ).

 

Desde luego, no sólo contra los sediciosos internos tiene que luchar Güemes. De mayo a junio de 1820 se produce el nuevo avance realista al mando de Ramírez, que invade y ocupa Salta, y amenaza con proseguir rápidamente hacia Tucumán, donde ya no se encuentra sino una pequeña guarnición de los restos del Ejército Auxiliar, que está ahora dirimiendo cuestiones internas en Santa Fé. Si esas numerosas y aguerridas tropas realistas pasaban de Salta, el destino de América estaba momentáneamente sellado, pues las fuerzas patrias, excepción hecha de las fuerzas de Güemes y de San Martín, estaban atomizadas y enfrentadas entre sí.

 

¿Qué resistencia hubieran podido ofrecer?

 

Cuando Ramírez invade Salta, Güemes despacha a Carmencita rumbo al Chamical, pero como el enemigo avanza rápidamente sobre este punto, es enviado Francisco Velarde (el tío Francisquito), hermano de la madre de Carmen, para guiarla junto con la mama Gabriela hasta "Los Sauces", estancia de don Domingo Puch en Rosario de la Frontera.

 

La mama Gabriela testimonió las angustias de este viaje a caballo, perseguidas por el enemigo, trepando y descendiendo cuestas, con los pequeñitos hijos de Güemes: Martín de 3 años, Luis de menos de un año (nacido en junio de 1819), a quien cargaba su joven madre a caballo, y el menor de los hijos de Güemes, que iba en el vientre de su madre, pronto a nacer el 31 de julio de 1820, Ignacio, que fallecería poco tiempo después.

 

No me extrañaría que los tan difíciles avatares que vivieron en ese escape patrio, hayan derivado en los problemas de salud que llevaría a la pronta muerte al recién nacido hijo del héroe y la heroína.

 

¿Por qué digo "escape patrio"?

 

Porque esa fuga en condiciones tan adversas (a caballo por cerros y quebradas, perseguidos por el enemigo, con un embarazo de 7 meses,  con un niño a cuestas y con un chiquitín de 3 años (seguramente a grupas del tío Francisquito o de mama Gabriela,) fue un acto de patriotismo.

 

Nadie puede sospechar siquiera que las fuerzas invasoras pudieran dar un mal trato a la joven mujer del gobernador y a sus dos hijitos.

 

Era sabido que así como los enemigos habían tratado una y otra vez de vencer militarmente a Güemes, y habían intentado una y otra vez quebrar o seducir a Güemes con dosis adecuadas de "amenazas" y "ofrecimientos", y habían alimentado una y otra vez  la sedición y la traición interna, ante el fracaso sistemático de todas esas tentativas, intentaban una más: tomar como rehén a la esposa y a los hijos del General.

 

También para ellos era noticia sabida la belleza de Carmen y el amor que

unía a los jóvenes esposos, y la devoción que Güemes sentía por ella y sus

hijitos.

 

Apoderarse de ellos era adquirir una fuerte moneda de negociación y

de presión.

 

El escape por cerros y quebradas, a caballo, grávida, con dos niñitos pequeños, fue una heroica batalla personal de Carmen Puch de Güemes, Carmencita, que por algo pertenecía a una familia de patriotas y no en vano había sido elegida por Güemes por esposa (no sólo por su proverbial belleza), y lo había acompañado en todos los avatares de la lucha, dulcificando sus trabajos,  dándole y cuidando los hijos tan amados, esos

nuevos patriotas defensores que saludaban las cartas que ya hicimos

referencia.

 

Pero más todavía. A poco de llegar Carmen a los Sauces, Güemes le hace

llegar de urgencia la indicación que se retire a La Candelaria, más hacia

Tucumán, pues el enemigo está marchando hacia el sur,  y se prepara para

enfrentarlo por vanguardia y retaguardia en el Río Pasaje.

 

Es entonces cuando, el 9 de junio de 1820, Carmen le escribe a su amado la única carta a Güemes que le conocemos.

 

Esa sola carta bastaría para testimoniar quién era Carmencita Puch de Güemes. ¡Hay tanto amor de esposa, de madre, tanta ternura, tanta aflicción y al mismo tiempo tanta valentía de patriota avezada, que maneja los tiempos, los términos, las tácticas utilizadas!

 

La carta de Carmen es digna de figurar en una antología del amor y de la lucha patria. Se estruja el corazón saber que tan sólo un año después, el 7 de junio de 1821, herirían de muerte a su amado y, con él, a la lucha

americana.

 

                                              "Sauces, 9 de junio.

 

Mi idolatrado compañero de mi corazón: acabo de recibir tu apreciable en la que me dices que me vaya a La Candelaria, no lo hago con brevedad por

esperar alguna noticia de que se mueva el enemigo, por dos bomberos que

tengo uno en el camino del río Blanco y el otro en el Carril.

 

Ahora mismo he mandado a don Juan Rodríguez hasta donde está Gorriti  a que le diga que en el momento que haya algún movimiento me haga un chasqui.

 

El principal motivo de no irme es estar mi Luis muy enfermo con la garganta llena de fuegos y con unas calenturas que vuela, hoy me he pasado llorando todo el día de verlo tan malito.

 

Ahora se me ha mejorado con una toma de magnesia. Lo ha hecho vomitar y evacuar mucho, aunque ha quedado muy caidito pero se le ha minorado la calentura.

 

No creas que estas sean disculpas por no irme, pregúntale a mi tío como está mi Luis; no tengas cuidado de mí, estoy con seguridad.

 

Mi vida, mi cielo, mi amor, por Dios cuídate mucho y no vas a estar

descuidado.

 

Mi rico, cuándo será el día que tenga el gusto de verte y estrecharte en mis brazos y darte un millón de besos en mi rica jetita; recibe un millón de besos de tu rico Martín que cada día está más lleno de gracias y picardías y de tu Luis, mil cariños.

 

Y el corazón más fino de tu afligida compañera que con ansias desea verte.

 

Tu Carmen

P.D.Expresiones de padre y hermanos."

 

El sobrescrito dice:

"Al señor coronel mayor don Martín Miguel de Güemes

Donde se halle." ( )

 

El "donde se halle" expresa la angustia de Carmen, el no saber dónde está su amado esposo y bravo jefe guerrero, y es porque Güemes está comandando las operaciones militares para no permitir que se afiancen las fuerzas invasoras, y para desalojarlas luego.

 

Por un oficio que manda al gobernador de Tucumán sobre las luchas que se están llevando a cabo y previniéndole que mande 500 hombres cuanto menos hasta el punto del Río del Tala, sabemos "donde se halla" (o "no se halla"): en el "Cuartel general volante en la campaña de Salta".

 

La aclaración de Carmen "no creas que estas sean disculpas por no irme"

viene a cuento de lo que ya anotamos: la resistencia que ofrecía a evadir

situaciones de peligro, su "insubordinación" en más de una oportunidad.

 

Pero, efectivamente, no es este el caso.

 

Su hijito de un año está enfermo. De cualquier manera, está muy atenta, con "bomberos" (espías) que le avisarán de los eventuales movimientos enemigos hacia su lugar de refugio; los tiene ubicados en dos puntos estratégicos, amén de cubrirse más aún ante cualquier eventualidad para que Gorriti le mande un chasqui llegado el caso: obsérvese que utiliza terminología y establece tácticas de información propios de un patriota en situación de guerra.

 

Calma además a su marido, que dirige las fuerzas de resistencia y acoso a las tropas ocupantes, trata de tranquilizarlo diciendo que no se aflija por ella, que "está con seguridad". Y le ruega a su esposo que se cuide, "que no vaya a estar descuidado".

 

Cabe una acotación: en la transcripción de esta carta que hace el doctor

Luis Güemes en el Tomo II  de su "Güemes Documentado" ( ) se obvia la

expresión "en mi rica jetita", que sin embargo figura en el Tomo 6 del mismo autor, que es nuestra principal fuente de análisis.

 

Debo concluir que en un primer momento, el autor supuso que esa expresión era una intimidad que prefirió suprimir, suponiendo que en nada modificaba lo sustancial de la carta; pero luego él mismo o quien confeccionó el Tomo 6, reflexionó más propiamente y decidió no ejercer esa función censora.

 

Con toda suerte. Pues esa expresión acentúa  tan encantadoramente el amor que los unía, que la carta hubiera perdido parte de la notable expresividad de Carmen, esposa amante, madre tiernísima, patriota atenta y en lucha.

 

Les pido a todos los que lean este testimonio, que relean una y otra vez la

carta de doña Carmencita, la "brujita que será una heroína", la que era

"querida porque dulcificaba los trabajos" del héroe y guerrero de la

independencia, la "divina", la "adornada de virtudes", la "amabilísima", "la

Linda", la joven y bella esposa y madre abnegada, la patriota decidida,

inclaudicable. Quienes la lean y relean, dulcificarán su espíritu, como ella

dulcificó el de nuestro Martín Güemes.

 

Dejo lo que sigue. Güemes, que está preparando desde 1820 la fuerza

expedicionaria que avanzaría por el Alto Perú para -en un movimiento de

pinzas con San Martín- terminar definitivamente con la presencia realista

en América, se apresta ya en 1821 a iniciar la marcha, cuando es víctima del triple contubernio de Bernabé Aráoz con traidores locales (los protagonistas de "la revolución del comercio" del 24 de mayo de 1821) y fuerzas realistas, que en una emboscada que le tienden lo hieren de muerte el 7 de junio de 1821, falleciendo el 17 de junio en la Quebrada de la Horqueta.

 

Olañeta ha realizado un último intento de ofrecerle curación a cambio de su renuncia a la lucha.

 

Güemes despacha al emisario del enemigo, haciendo jurar al coronel Vidt -en presencia de aquél- y sobre su espada, que no dejará la lucha hasta er al último enemigo arrojado de la tierra patria. Según el más grande historiador de Güemes, don Bernardo Frías, en el momento de expirar dirigió su pensamiento hacia su amada esposa: "Mi Carmen me seguirá pronto, porque de mi vida ha vivido". Efectivamente, el 3 de abril de 1822, menos de 10 meses después de la muerte de Güemes, Carmencita exhalaba su último suspiro, con tan sólo 25 años de edad.

 

Martín Güemes y Carmencita Puch de Güemes, estuvieron juntos en la vida, durante los seis últimos clamorosos años de la existencia del héroe, y

prácticamente estuvieron juntos en la muerte, como metafóricamente lo

poetiza nuestro gran Julio César Luzzatto.

 

Creo haber demostrado que fueron amantísimos esposos y patriotas inclaudicables y dignos, en esa dura etapa fundacional de la patria en la que les tocó vivir y donde tuvieron la dicha de conocerse, amarse, cuidarse, acompañarse y legarnos una descendencia que hizo y hace honor a Salta y a la patria grande.

 

Pedimos por todo lo dicho que estén juntos para siempre en este Panteón que la Patria ha erigido a sus héroes.

 

Sin vacilación alguna digo, parafraseando a otro gran poeta salteño:

 

“Con la vida y con la muerte puestas, son merecedores de este Hospedaje”.