LA BELLEZA DEL HAMBRE Y DEL IMPERIO…

Carlos Mamonde

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La subversión de valores altruistas por desvalores consumistas es consecuencia directa de las políticas de poder del contexto imperial.

Un drama capitalista

LA BELLEZA DEL HAMBRE Y DEL IMPERIO…

La subversión de valores altruistas por desvalores consumistas es consecuencia directa de las políticas de poder del contexto imperial. El análisis no solamente es lapidario con los fines, sino que atambién ataca certeramente la estética del modelo.

 

Por Carlos Mamonde

 

Hace unos meses se murió literalmente de hambre una modelo uruguaya, que pretendía pesar 42 kilos para un metro setenta de estatura.

 

En la última semana han fallecido por anorexia dos jovencísimas muchachas brasileñas que también “trabajaban” como maniquíes en las pasarelas de los modistos, acaso soñando con llegar a ser famosas “tops models” para cualquier diseñador tilingo de la perversa publicidad post moderna de USA o de Europa.

 

La pregunta es ¿han fallecido como trabajadoras en un accidente laboral…o como enfermas de un grave desorden psíquico…o como víctimas de la presión inhumana de sus miserables familias  para escapar de la pobreza…o meramente como esclavas modernas del deseo morboso de unas élites que pretenden imponer al universo modelos del cuerpo, modelos del deseo, modelos de democracia… nuevos modelos –en fin- de tortura más “fashion”?.

 

Esta es una pena muy honda de nuestro tiempo: ser tributarios de un imperio estúpido como el del capitalismo neoconservador, ser sus esclavos de diseño.

 

En las arcaicas Grecia y Roma no resultaba tan ominosa como hoy la esclavitud: el filósofo Diógenes recorría el llano de Tesalia “buscando un hombre” para ofrecérsele como esclavo.


Se supone que el intenso humanismo de aquel único Hombre –si lo hallaba un buen día- sería para el lúcido Diógenes un buen cobijo moral al fin y al cabo.

 

En Roma, otros grandes filósofos esclavizados fueron tutores y maestros de futuros emperadores.

 

La pérdida de la libertad política de aquellos esclavos –paradójicamente- los inmunizaba contra las maldades y envidias de los poderosos.

 

Perderse como ciudadano era un contradictorio laberinto simbólico, donde uno se reencontraba emergiendo como hombre de pensamiento libre.

 

 Este tema hubiera hecho las delicias de Borges. Y el enigmático Kafka nos legó la extraña sugerencia que era “bueno para la víctima estar bajo la mirada del verdugo (…) es bueno para el esclavo estar bajo la mirada del amo”.

 

El falso enigma sólo se puede entender como una alegoría de un clarividente artista sobre la depresión del sometimiento y la represión.

 

Pero hoy somos esclavos –como estas bellas ninfas sacrificadas por la moda- del grosero materialismo del dólar y del euro.

 

Hoy somos esclavos de “ideales” de “belleza” y “justicia soñados por el delirio autoritario de los dueños del mundo. Estamos presos de nuevas ideologías del desprecio, que nos venden quienes aseguraron que nos habían librado del sometimiento de todas las ideologías.

 

Como famosamente escribió Antonio Gramsci, vivimos la época en que “la conversión de todo lo real en mercancía producirá el desvanecimiento de la realidad misma”.

 

La valiosa herramienta del psicoanálisis lacaniano nos ha mostrado como en “la fase del espejo”, sobre el reflejo de la mirada y el deseo de los otros, se estructura la autoconciencia humana del niño (desvalido hombre prematuro, como lo somos todos) moldeándose en el ideal de los adultos que pueblan su biografía.

 

Para Freud ocurría algo semejante en el pasaje por los vericuetos de la tragedia de Edipo. 

 

Hoy todo es más banal: el “espejo” es la opaca sordidez de la tele, es el reflejo triste de una vida mejor con que sueñan los pobres, es el degradado reflejo del deseo omnímodo de los consumidores, de los poderosos…y especialmente del diseño de sus publicistas; esa mutación hacia la trivialidad más deleznable y bárbara de los servidores del mercado global.

 

Su “paraíso” es la publicidad de la posesión y consumo de todo lo más inútil y embrutecedor que se haya inventado. Inútil y feo pero bendecido por las grandes marcas y adorado en los mensajes de los “spots” que predican la compra compulsiva.

 

Si hoy la felicidad está en las cosas, si la salud está en las cremas de botox más secretas y en las hamburguesas más grasientas, si la belleza duerme en la anorexia, si el sexo sólo despierta en la excitación de las viagras (que hoy consumen más jóvenes que adultos en la senectud) si la democracia está en las bocachas de los cañones y el blindaje de los tanques que invaden los países y engrandecen las morgues del Tercer Mundo…parece más que probable que -en estos días de luto y sacrificios humanos a la moda- Diógenes no buscaría ni siquiera ya a un solo hombre, sino que huiría despavorido de nuestra entera sociedad, tan malograda.

 

CM/