DIOS NECESITABA UN NÚMERO CINCO

Hugo Presman

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Desde el banco mandó a llamar a Néstor Raúl Rossi, aquél que le puso su apellido y sus apodos a ese número. Al antiguo centrohalf.

DIOS NECESITABA UN NÚMERO 5

 

Por Hugo Presman

 

Dicen que a Dios no le va bien en el campeonato de fútbol celestial. Que su equipo no hace pie en el medio campo.

 

Entonces pensó en reforzar esa zona débil con un cinco.

 

Desde el banco mandó a llamar a Néstor Raúl Rossi, aquél que le puso su apellido y sus apodos a ese número.

 

Al antiguo centrohalf.

 

Tal vez porque Dios no existe el que fue calificado " El Patrón de América" en el Sudamericano de Perú de 1957, aquel de los inolvidables carasucias, pasó los últimos años de su vida en las tinieblas mentales del Alzheimer.

 

Nunca lo ví jugar a Néstor Rossi.

 

Me lo imaginé una y mil veces en aquel pequeño living de una más que modesta casa, de un pueblito ignorado de las cuchillas entrerrianas llamado Jubileo.

 

Ahí jugaba el Patón o la Voz, exclusivamente para mí acompañado del relato de Fioravanti que salía de las válvulas de una RCA Víctor alimentada con una batería de auto.

 

Ahí, sentado frente al receptor imaginaba el vozarrón  y el pase preciso de Pipo para la cintura mágica de Walter Gómez, el pique corto mortal con la espalda encorvada de Angelito Labruna, el mortífero disparo que en la pierna derecha tenía Santiago "Guito" Vernazza, o para las diabluras chaplinescas de Loustau, o la gambeta indescifrable del Cabezón Sívori.

 

Corría poco, se ubicaba bien, pedía la pelota y con la mano que tenía en el pie le daba el destino preciso. Jugaba fuerte y hasta violentamente.

Jugó en el living de mi casa de 1955 a 1958.

 

Ganó el tricampeonato de Ríver y llegó las eliminatorias para el Mundial de Suecia en donde por primera y última vez un club aportó nueve de los once jugadores a la selección titular.

 

Mis padres se habían mudado a un pueblo cercano llamado  San Salvador,

cuando se jugó el Mundial de 1958.

 

La única radio eléctrica- habíamos accedido a la electricidad- estaba en el dormitorio de mi tío, que justo cuando empezó el partido inaugural con Alemania no tuvo mejor idea que dormir la siesta y por lo tanto me impedía escuchar el partido.

 

Aún recuerdo que de la bronca le sumergí sus largas botas de cuero en un tanque con agua.

 

Me fui buscando un lugar amigo que a través de una  transmisión con muchas frituras me permitiera imaginar lo que sucedía en aquel país remoto.

 

Perdimos 3 a 1 y si bien después triunfamos sobre Irlanda del Norte, la

goleada de los checos y la consiguiente eliminación  produjeron un verdadero cataclismo en el fútbol argentino bajo la calificación del "desastre de Suecia".

 

Habíamos ido como banca y volvíamos derrotados y avergonzados.

 

Ese fue el punto final de varios de los integrantes de aquella selección, y

llevó a River a padecer 18 años sin campeonatos.

 

Fue prácticamente el punto final de la gran carrera de Pipo Rossi, más allá que estuvo dos años en Huracán.

 

Pipo debutó en Ríver en 1945, el mismo año que Amadeo Carrizo, el que le

puso su apellido a la condición de arquero y que también fuera sindicado en

1958 como uno de los grandes responsables de la catástrofe de Suecia.

 

Integró la máquina y luego de ganar dos campeonatos en River formo parte con Pedernera Distéfano, Báez entre otros del éxodo de jugadores argentinos a Colombia donde hicieron escuela en el Millonarios.

 

Previamente fue campeón sudamericano con la selección argentina en

Guayaquil, en 1947.

 

Cuando en 1955 volvió a River, desplazó a Venini, el 5 hasta entonces y se

convirtió en el latifundista del medio campo, al que ningún marxista de buen gusto futbolístico hubiera intentado proponerle una reforma agraria.

 

El Patón cubre el período del cenit y la decadencia del fútbol argentino, la

enorme confusión de conceptos que implicó Suecia.

 

1958 fue al fútbol lo que Martínez de Hoz o el menemismo fue al país. Se denostó lo nacional, se privilegió a todo jugador extranjero, se europeizó el juego.

 

Se adoptó una actitud timorata y defensiva para jugar contra los equipos europeos, situación que recién se revirtió bajo la dirección técnica de Cesar Luís Menotti.

 

Néstor Rossi fue técnico de River en 1962, aquel de una campaña excepcional que perdió el título en la anteúltima fecha con el penal que Roma, muy adelantado, le atajó al brasileño Delem, otro llamado hace pocos meses a desplegar su talento en el campeonato celestial.

 

Fue tan grande Pipo, que los hinchas de River le perdonamos que fuera el

director técnico del Boca campeón e 1965, en reemplazo de otro auténtico

crack  millonario como Adolfo Pedernera.

 

En su paso rutilante por River, llegó a jugar con su hermano Omar que murió muy joven de un linfoma, igual que un hijo suyo al que le puso el mismo nombre en honor a su hermano.

 

En el Monumental, nunca se apagaron sus gritos, sus salidas humorísticas, su tranco pesado, su exquisita pegada.

 

Si presta atención lo verá. ¿Como que no lo ve? ¿ Quiere que le muestre un Gráfico o un Mundo Deportivo?

 

Dios necesitaba un cinco y lo mandó a llamar.

 

Pero ni Dios podrá impedir que en un lugar de mi memoria, el gran Pipo le siga dando en el recuerdo del living de la casa de mi infancia, un pase  a Angelito Labruna y que el feo agache el lomo y convierta el gol.

 

Tal vez Ud no lo escucha, pero le aseguro que el grito de gol, sereno de Fioravanti está en el aire.

 

Y Pipo de nuevo, con Moreno, Pedernera, Sívori, Delem y Loustau, seguro que  darán la vuelta olímpica en el equipo celestial. Y con ellos, hasta se puede prescindir de Dios en el banco.

 

Tal vez, en las tribunas estén mis padres, que seguirán comprendiendo que su hijo siempre verá jugar a Néstor "Pipo"  Rossi en el living de la casa de su infancia.

 

HP/

 

14-06-2007

 

ESCUCHE DE LUNES A JUEVES DE 20 A 21,30 HORAS, POR AM 740 RADIO COOPERATIVA EL TREN CONDUCIDO POR: GERARDO YOMAL Y HUGO PRESMAN. PRODUCCIÓN: NADIA OSORIO,  LAURA DURÁN , SOFÍA BUSTAMANTE Y LUZ TOPA