SAN LORENZO, ENTRE JÚBILO ANTICIPADO Y EL RECUERDO DE OSCAR BASSO.

José Luis Ponsico

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Oscar Basso brilló durante una década y fue titular avanzado los ´50, cuando San Lorenzo tenia en las inferiores a  Sanfilippo y Carlos Bilardo, entre los que alcanzaron fama.

SAN LORENZO, ENTRE JÚBILO ANTICIPADO Y EL RECUERDO DE OSCAR BASSO. Buenos Aires, 6 de junio (Télam, por José Luis Ponsico) Mientras miles de simpatizantes pugnaban hoy por la compra de plateas -sólo quedan tres mil populares para mañana- fiesta anticipada y la picardìa de Ramón Díaz con el regalo de la 4×4, pasó casi inadvertida la muerte de Oscar Basso. El legendario defensor de San Lorenzo campeón de 1946, del celebrado "Terceto de Oro" Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino, falleció hace seis días a la edad de 86 años en medio de la euforia sanlorencista.  Brilló durante una década y fue titular hasta avanzado los años´50, donde San Lorenzo tuvo, abajo, en las inferiores a José Francisco Sanfilippo y Carlos Bilardo, entre otros que alcanzaron fama. Basso, además, fue el primer secretario de Agremiados y capitaneó la huelga del´48. La primera medida de fuerza que se le hizo al gobierno de Juan Perón, que había ganado las elecciones en febrero del ´46. Entre las tantas cosas que se escribieron durante el fin de semana, hubouna carta de lectores publicada en un matutino metropolitano y testimonio, inédito, del notable Oscar Basso que quedó en la historia azulgrana como uno de los jugadores más limpios. En 1946 un niño de 9 años padecía leucemia y su vida se apagaba. Erafana de San Lorenzo y el caso llegó a oídos de Oscar Basso. El testimoniorecogido ahora pertenece al hermano de la víctima de aquél tiempo. En pleno campeonato, el jugador empezó a visitar al enfermo casi a diario y con él desfilaron en la casa paterna del niño Farro, Pontoni, Martino y Angel Zubieta, el "Vasco" que no pudo regresar a España por la guerra civil.  La felicidad del muchacho remitía a los comentarios de los partidos, a cargo de los propios jugadores. A seis décadas del recordado gesto, todavía conmueve la solidaridad de aquellos futbolistas. La muerte de Francisco Pico Estrada, así se llamaba, fue inevitable; pero Oscar Basso logró que las horas del final fulminante según describió el autor no fueran tan desdichadas. Basso no sólo jamás pegó una patada a un adversario sino que siemprese hizo cargo de todo, coincidieron muchos de los protagonistas de aquéltiempo inolvidable. JLP/ N&P: El Correo-e del autor es Jose Luis Ponsico infoponsico@yahoo.com.ar