Roberto Jorge Santoro: -Rechazo ser travesti del sistema, obligándolo a tener un despertador en el culo, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca.

SANTORO, EL POETA DE LA PELOTA, COMPAÑERO DESAPARECIDO, UNO DE LOS NACIONALES.

Por Roberti Baschetti-Carlos Santos-Francisco Chirolen y Santoro mismo- El Ortiba

Santoro: «Sería ocioso hablar de la poca importancia que se le otorga al trabajador cultural en nuestra patria; del total abandono de organismos, planes y establecimientos educacionales; del incontrolado avance de una economía que permite el negociado y sigue oprimiendo a las clases menos pudientes; de la diaria construcción de villas miserias que responden a los grandes planes para la sociedad a que nos tienen acostumbrados los señores gobernantes; de la infame clausura de imprentas y publicaciones que cumplían positivas tareas culturales; sería ocioso hablar del incremento de burócratas y desocupados y del arraigo de una maquinaria televisiva cuyo único resultado ha sido idiotizar. »
NAC&POP
01/06/2016
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado por elementos del terrorismo de Estado el 1° de junio de 1977, quienes se lo llevaron ilegalmente de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 25 Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán, en la calle Saavedra del barrio de Once, donde el poeta prestaba servicio de preceptor con el cargo de subjefe. Hasta 1997 se encontraba desaparecido. Una plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.

ROBERTO JORGE SANTORO

Por Roberto Baschetti
LA OBRA DE SANTORO
Por Carlos Santos
UNO MÁS UNO HUMANIDAD
Por Francisco A. Chiroleu
DISCURSO PARA EL ACTO DE LA ALIANZA NACIONAL DE INTELECTUALES
Por Roberto Santoro

ROBERTO JORGE SANTORO


Por Roberto Baschetti

Nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Fue pintor de brocha gorda, puestero en un mercadito, preceptor en una escuela industrial, tipógrafo, vendedor ambulante y poeta. Un verdadero buscavidas.


El mismo solía presentarse así: «sangre grupo A, factor RH negativo, 34 años (en 1973), 12 horas diarias a la búsqueda castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos, escritor surrealista, es decir, realista del sur. Vivo en una pieza. Hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombre, obligándolo a tener un despertador en el culo, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca». (Reportaje concedido a la revista Rescate en octubre de 1973).


Sus libros

Oficio desesperado (1962), El último tranvía (1963), De tango y los demás (1963), Nacimiento en la tierra (1964), Pedradas con mi Patria (1964), Desafío (1972), Uno más uno humanidad (1972), Cuatro canciones y un vuelo (1973), Poesía en general ( 1973), Las cosas claras (1973) y No negociable (1974).


En algunos de estos títulos ya se vislumbraba un compromiso militante. Pero quizás el más original de todos sus trabajos fue Literatura de la pelota, donde transcribió una serie de cantitos de las hinchadas de fútbol. 


El vivía con una libretita encima, siempre a cuestas, donde anotaba desde chistes (era un contador de chistes fabuloso) y cantos del tablón futbolero hasta las leyendas de los camiones, las de los paragolpes.
 Todo lo que tuviera un matiz popular iba a parar a esa libretita, que se fue transformando en un muestrario de las voces nacionales más interesantes.

Sus revistas

Fundó y dirigió La Cosa, Barrilete (donde por primera vez se dio cabida a los poetas del tango: Carlos de la Púa, Celedonio Flores, Homero Manzi, Papeles de Buenos Aires, La Pluma y La Palabra.
 RB/ 

LA OBRA DE SANTORO


Por Carlos Santos

«Aparte de sus aptitudes poéticas propiamente dichas, ¿en qué reside la capacidad de Santoro para desconcertarnos?
 Yo diría a fin de posibilitar la comprensión de su mundo poético y especialmente a aquellos que deseen asomarse a su obra, que este muchacho ha resuelto o por lo menos aliviado considerablemente el problema económico que presupone la edición de un libro. 

Esto le da cierta independencia para publicar cuándo quiera, cómo quiera, lo que quiera. Aunque amigo de muchos escritores y poetas, con los que ha compartido más de una lucha por una reivindicación concreta, Santoro no es un poeta de taller ni de grupos. Santoro es un poeta en soledad, pero no es un solitario. 


Tanto lo es, que ha fundado su propio sello editor, mas no con finalidad de lucro. Santoro desdeña el libro tradicional desde el punto de vista formal, pero lo respeta. 


El sueña con los poemas volantes arrojados en una manifestación. Para él vivimos el tiempo de los carteles, de las «mariposas». 


A Santoro le gusta hacer su propio libro, meter las manos en la tinta, doblar las tapas, encargar la linotipía, ordenar las hojas, copiar los textos con una máquina de escribir eléctrica para luego, mediante el sistema de rotraprint o lo que es mejor la fotomecánica, arrojarlos al voleo y como cuenta con amigos que son artistas plásticos, cada poema que trae al mundo va acompañado de una interpretación gráfica».


Por ejemplo, con el poeta Luis Luchi, el músico Eduardo Rovira y el pintor Pedro Gaeta, crean el grupo «Gente de Buenos Aires» con la propuesta y el desafío de llevar a los barrios el arte, entendiendo a éste como integración y participación, incitando a un diálogo abierto entre artistas y público.


Las ediciones de Santoro son hojas sueltas dentro de una carpeta. Por ejemplo, la que abre el conjunto de poemas «No Negociable», la presenta como «Declaración Jurada» y dice «si mi poesía no ayuda a cambiar la sociedad no sirve para nada».


Si se quiere definir la obra de Santoro en un concepto, en una frase y siempre se corre el riesgo de ser injusto, o parcial, o incompleto, puede decirse que: su sensibilidad frente a todo lo humano, lo llevó a participar en una lucha por mejorar la sociedad. Una lucha armada, pero en su casa, armada de palabras.


También será crítico con cierto tipo de intelectuales que pululan a principios de la década del 70. Dice: «en general, el escritor argentino –hablo del intelectual que conozco– es un hombre que aprovecha cuanta discusión se le pone a tiro para demostrar o tratar de demostrar todo lo que sabe o lo que cree que aprendió, citando a diestra y siniestra como si estuviera en una maratón interminable de demostración de ‘cultura general’. Por este mismo vicio, vive enfrascado o enlibrado, no participando en las actividades de su sociedad. Por ejemplo y a veces –lo que es muy lamentable– aislándose en una romántica como absurda y suicida actitud individualista a la espera que las luchas las encaren otros, para luego aparecer como crítico de los errores que ‘esos otros’ cometieron mientras él se preocupaba de su curriculum y ascenso dentro de la escala de valores impuesta por esta sociedad». (Crisis, número 96, septiembre de 1980).


Luego del golpe militar del 24 de marzo de 1976, redobló sus esfuerzos contra la dictadura, denunciando en el exterior las atrocidades de la misma. 

Así es como en una sola carta a la Confederación de Escritores Latinoamericanos con sede en México, denuncia y pide que se divulgue la lista de detenidos, desaparecidos y allanamientos que sigue: detención del director del periódico Alberdi de la ciudad de Vedia, allanamiento a la editorial Siglo XXI, arrestos por el ejército del secretario de redacción del diario El Andino, Pedro Lucero y del subdirector del diario Los Andes, Antonio Di Benedetto; en Mar del Plata secuestro del secretario de prensa y corresponsal de Telam, Amílcar González y en la ciudad de La Rioja del escritor y periodista Daniel Moyano, lugar donde se clausura por 24 horas el diario El Independiente. 

Denuncia también en Buenos Aires el arresto del poeta y novelista Federico Moreyra y el secuestro y desaparición de Haroldo Conti, Premio Casa de las Américas y la detención del poeta Alberto Costa, codirector de la revista literaria Barrilete e integrante de la Agrupación Gremial de escritores. 


La golpiza que recibe por paramilitares, el periodista del diario La Razón, Enrique Llamas de Madariaga, y el rapto y asesinato del periodista y ex senador uruguayo Zelmar Michelini.


Su carta-denuncia, que tiene fecha 3 de junio de 1976, termina textualmente diciendo: «Hasta aquí los datos que poseo. El presidente, no obstante habla de la libertad y la democracia. Se liberan los precios. Hay cesantías en masa. Distribuyen una cartilla para prevenir actividades subversivas en las escuelas. El presidente dice que rechaza la prensa complaciente, la Planta Ford, de General Pacheco, que ocupa 4.800 trabajadores, cierra por cinco semanas. EE.UU. acepta el plan del ministro de economía, hombre ligado a los monopolios; los obispos hablan de la paz y rezan. Borges declara que la literatura y el arte son formas de placer (…) Lo cierto es que los compañeros siguen presos, y es necesario que ustedes, a través de la Confederación de Escritores Latinoamericanos nos den una mano, la de la solidaridad (…) Y a favor de la causa popular testimonien el atropello de las burguesías sobre el proletariado (…) Hermanos, discúlpenme la letra; no tengo máquina donde estoy. Compréndame, compréndanos. De todas maneras somos optimistas. Esto recién ha comenzado. El presente es de lucha, el futuro es nuestro…».


A su compromiso y su denuncia se debe parte de su desaparición. Roberto Santoro fue secuestrado y luego desaparecido de su lugar de trabajo (la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán) el 1 de junio de 1977 por tres hombres de civil, armados, que inmovilizaron al resto, por la noche, alrededor de las 20 horas. 


Por la mañana de ese mismo día, lejos de suponer lo que le iba a pasar había ayudado a su hijita Paula con los deberes de la escuela.
 Desde el 14 de julio de 1996 en Capital Federal, la plazoleta de Avenida Forest y Teodoro García lleva el nombre de «Poeta Roberto Santoro».

Entre 1970 y 1974 confeccionó poemas cortos, algunos surrealistas, otros feroces, hirientes, directos: contra la iglesia, los jueces, los militares, la policía.
 Se entiende el odio del sistema a su persona.  Es la otra parte de por qué fue necesario desaparecerlo. 

UNO MÁS UNO HUMANIDAD


Por Francisco A. Chiroleu

Hablar de Roberto J.Santoro no es una tarea fácil, es hablar del amigo que no está, pero que dejó una impronta inolvidable en medio de los difíciles días compartidos, porteño de barrio, poeta de alma y ser humano por vocación- Maestro. alumno. oído receptivo, siempre tenía una palabra de estímulo hacia lo que yo por ejemplo consideraba un fracaso. 


Me repetía hasta el cansancio que un mal poema se corrige con otro mejor, trabajo constante. «No habrá ninguno igual», como el tango — su NO PRESENCIA es dolorosa, constante e irrecuperable como los libros quemados de la biblioteca de Alejandría (o los del Centro de Cultura Económica o los de la Vigil de Rosario)
 Pelado querido, ni olvido ni perdón, no nos reconciliamos.

Juicio y castigo para tus asesinos. Roberto Jorge Santoro nacido porteño en 1939, es –afirmación sin posible negación- uno de los más importantes poetas argentinos que utilizan a Buenos Aires como centro de su decir poético.

Sabe (y cómo lo sabe!!) que la poesía –como bien lo dijera el filósofo checoslovaco Karen Kosic- no es una realidad de orden inferior al de la economía y el sujeto concreto.
 -el poeta- produce y reproduce la realidad social, al mismo tiempo que es producido. Y reproducido históricamente en ella-. 

Toda la obra de Santoro gira alrededor de esa participación de su ser con Buenos Aires (que es lo mismo que decir humanidad total, cuando se tiene capacidad de hacer del tema algo válido para otros seres de la tierra), pero no con el Buenos Aires híbrido o inexistente de tantos impostados cantores a la violeta, sino con un Buenos Aires que él conoce y vive todos los días, y lo que es más genial con el Buenos Aires que todos conocemos, padecemos, soportamos hora a hora, y al que le ha sumado un humor negro delicioso, que es nada más que el resumen del humor negro de cualquier golpeado habitante de nuestra ciudad (existe otro recurso?), que utiliza como buen poeta potencial-anónimo las maravillosas expresiones que Santoro iluminado se anima a colocar en sus poemas, para darnos de esta forma una verdadera y real poesía de Buenos Aires, la indescriptible ciudad metida en “el tercer mundo”.

“Qué hace el tanque parado en la puerta de mi casa?”. “No creo que aguantemos mucho tiempo”. “A la hora en que los vigilantes se asustan del hombre de la bolsa/ y el profesor universitario se prueba el corpiño de la abuela”. Hoy remataron a un amigo mío”. “En los últimos dos meses se registraron ochenta y cuatro movimientos militares”.

“En el Palacio de Justicia se instaló un crematorio” son algunas de las numerosas expresiones que forman este libro hermoso y conmovedor, que unido a “Pedradas con mi Patria” y “De tango y lo demás” integran una trilogía insustituible para el que desee conocer, descubrir, respirar algo de lo que Buenos Aires posee entre su maraña de barrios y purretes, de pizzerías y bares, de revoluciones y planes ilogísticos. 

Santoro, con pocas y exactas palabras, no nos concede tregua. Buenos Aires (el mundo de las ciudades alienadas) nos cae como un aluvión sobre los ojos.
 “Ballet Balar Babel” es la unión de la necesidad con el arte. 

Necesidad de decir, en un torrente aparentemente caótico, que le sucede a la vereda llorándole a la historia a veces historieta y otras caca, y arte para los que sufrimos este infierno, pues hallamos en sus sarcásticos juegos de palabras toda la locura poética que se engendra en la polis moderna.
 “Uno más uno humanidad” es un striptease obsesivo que nos deja como cuando vinimos al mundo: totalmente desnudos y húmedos.

No hay mistificación, ni trivialidad, ni el cómodo recurso del no te metas de la mayoría de los poetas de las “des-generaciones” argentinas. 

Santoro se juega honesta y bellamente usando el millonario lenguaje de “mi Buenos Aires querido”.
 Su jugarse no es una novedad actual, ni una moda para obtener fama. Desde muchacho está inscripto en esa línea. 

El resumen final es más simple: Santoro es un poeta total y su obra es de primer agua dentro de lo trivial –con sus naturales excepciones- panorama poético argentino.
 Océano Atlántico Sur, marzo de 1969.

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Palabras Discurso de Roberto Santoro el 10 de abril de 1964, una semana antes de cumplir 26 años.

DISCURSO PARA EL ACTO DE LA ALIANZA NACIONAL DE INTELECTUALES

 

 «Amigos: Perdónenme. Quizás no debiera haber sido yo el que representara a los escritores jóvenes esta noche.

Quizás hubiera interpretado mejor este papel un escritor que dijera grandes palabras; un escritor que en los pródromos de la disertación, esbozara una visión retrospectiva de teorías culturales y planteos filosóficos, que analizara concepciones del hombre y el mundo, un escritor, en fin, que abordara grandes temas.

Pero he sido yo, que padezco de limitaciones teóricas y apenas soy un aprendiz de la palabra, el que ha de cumplir la tarea que le asignaron y lo haré dentro de mis posibilidades.

Sería ocioso hablar de la poca importancia que se le otorga al trabajador cultural en nuestra patria; del total abandono de organismos, planes y establecimientos educacionales; del incontrolado avance de una economía que permite el negociado y sigue oprimiendo a las clases menos pudientes; de la diaria construcción de villas miserias que responden a los grandes planes sociales a que nos tienen acostumbrados los señores gobernantes; de la infame clausura de imprentas y publicaciones que cumplían positivas tareas culturales; sería ocioso hablar del incremento de burócratas y desocupados y del arraigo de una maquinaria televisiva cuyo único resultado ha sido idiotizar.

Sería ocioso hablar de todo eso y de las crisis que nos suceden y de la necesidad de romper formas y cambiar estructuras y de la muerte de un orden social y el nacimiento de otro.

Sería tan ocioso si no fuera tan necesario. Por eso estamos aquí, ustedes y yo, nosotros, que vemos con agrado este partir de coincidencias mínimas, esta política de agrupamiento; por eso estamos aquí, porque no queremos ser ignorados, porque pedimos lo que nos corresponde, porque para no ser sofocados por la alienación de esta sociedad, hemos decidido agruparnos y emprender esta enorme tarea cultural. 

Estamos aquí, para encauzar los materiales que disponemos, para proyectar lo que hemos recibido de las generaciones pasadas y para planificar la tarea futura, si queremos que algo de todo esto cambie.

Estamos aquí, para desterrar ese animalismo cultural de los que creen que avanzan, haciendo retroceder a quienes se encuentran delante de ellos. 

Esta Alianza Nacional de Intelectuales se ha creado, teniendo en cuenta el respeto que merece todo trabajador de la cultura, aunque difiera ideológicamente de nosotros.


Una cosa sé y muy importante: el asunto no es ser optimistas sino apasionados.
 Frente a tanta indiferencia, el camino es poner sangre en las cosas; pegarle al mundo que nos rodea, la vitalidad de la acción.

No un sistema de ideas estático; queremos ideas que se muevan, que puedan ser puestas en práctica.  No nos asusta el error porque, si muchas veces nos equivocamos, fue porque muchas veces emprendimos acciones, por entender que de nada valen las pulcras teorías si no van acompañadas del trabajo.

Frente a la vanidad no siempre justificada del intelectual; frente a la vacuidad de las palabras que nos invaden cada día, contestamos con obras.
 Si queremos cambiar los frutos, tendremos que cambiar el árbol.  No manoseemos las palabras. No intelectualicemos. 

Digamos cosas simples, pero hondas.  Si la cultura es privilegio de unos pocos, la culpa ha sido nuestra, que hemos pasado la vida batallándonos unos a otros.  No polemicemos con un afán torpe y sin sentido. 

¿De qué vale golpearnos, si en lo esencial, todos perseguimos una misma cosa?

Oigamos lo que nos dicen, no lo que quisiéramos escuchar.

Para que la Alianza Nacional de Intelectuales, logre un real funcionamiento y encauce la acción de los mismos a favor de una auténtica cultura nacional; para que los derechos a una capacitación integral; al perfeccionamiento; a la libre investigación; a la libre creación y expresión; al libre intercambio cultural; a la remuneración por el trabajo del intelecto; al régimen de previsión social; de libre asociación; de protección al ejercicio de la actividad profesional o artística; puntos que se mencionan en la Cartilla de Derechos del Intelectual, se puedan cumplir, nosotros creemos que habrá de comenzarse por las pequeñas cosas. 


No podemos construir una casa sin antes disponer de los materiales. 


Nuestro planteo es simple.
 Entendemos que la Alianza de los Intelectuales debe estar compuesta por integrantes de las Sociedades de Artistas Plásticos, Escritores, Músicos, Gente de Teatro y Cine Profesionales, y que ella debería ser la centralización del vasto plan de cultura que debe realizar cada gremio. 

No esperemos que la Alianza de Intelectuales pueda resolver los enormes problemas que aquejan al trabajador cultural.
 Creemos que el paso previo ha de ser en lo que a los escritores se refiere, ganar la Sociedad que nos agrupa.

Reitero así, un llamado que hacemos desde la Revista «El Barrilete», grupo al cual pertenezco.  Decimos allí que «reivindicamos a favor de los escritores la necesidad de una decisiva militancia gremial. La SADE viene sufriendo desde hace muchos años la inoperancia de sus ejecutivos y la desaprobación –a veces totalmente negativa por lo frontal- de sus denostadores. A la SADE no se la ignora, se la gana apoyando toda actitud positiva y marcando a fuego sus defecciones. Ponemos el acento en la urgencia de un acercamiento de la familia literaria a la que debería convertirse en institución celosa de los intereses de sus miembros. Especialmente invitamos a los escritores jóvenes a concretar ya mismo su afiliación».

Sí, porque han de ser los escritores jóvenes –aquellos que realmente lo son-, los que ocuparán el lugar que les corresponde, sabiendo respetar, siendo respetados, pero sobre todo, no escatimando esfuerzos en este duro oficio de la palabra. 


Ya cansados de no entendernos, enfermos de peleas y para evitar que la cultura siga en manos de los pocos abstraccionistas, artepuristas y macaneadoristas, debemos decidirnos a encarar de ahora y en más una acción conjunta, sin otro fin de alcanzar un poco de verdad y belleza a todo el mundo.

Pero nuestra verdad y nuestra belleza que junto a las de otros hombres, traten en lo posible de cambiarle la vida a este mundo un poco descolado por arriba y roto a medio hacer, antes de muerto. Perdónenme nuevamente si no he dicho grandes palabras. No venían al caso.

He tratado de acercarles lo que creía, sin sarampiones verbales ni infantilismos extremistas. Pero que esto, como tantas cosas, no quede en simple enunciamiento.

Si alguien tiene que hacer sugerencias, aportar ideas y trabajo, sobre todo, trabajo, que deje sus señas.

Primero conquistar los sindicatos respectivos; entonces total apoyo a la Alianza de Intelectuales y basta de teorías; prácticas, acción a favor de la cultura y para las mayorías. Nada más.»


Fuente: ANC-UTPBA