DIFÍCIL SER ACTOR…

Carlos Carella

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Carlos Carella:-Quiso ser actriz y lo fue; pero por encima de todo quiso ser Evita y lo fue. Y por eso, por ese papel, y por esa obra, fue vilipendiada, insultada…

28 DE MAYO NACE EL NEGRO CARELLA

  

DIFÍCIL SER ACTOR…


Por Carlos Carella

  

Deseo transmitir a ustedes una ingrata noticia que con seguridad les va a conmover y preocupar, porque estábamos seguros de que estos métodos ya se habían excluido de nuestra vida de relación.

 

El actor Juan del Castillo -para quien pido amplia solidaridad- ha sido detenido y luego puesto en prisión por burlarse del gobernador de Catamarca a través de una obra en que, interpretando el papel de una madre, acunaba entre sus brazos un chivo, en franca alusión al citado gobernador. Esto ha sucedido el 14 de diciembre de 1773.

 

No es fácil ser actor en la República Argentina. No ha sido fácil.

 

Esperemos que sea más llevadero en  adelante.

 

El 1º de mayo de 1804 se inauguraba en Rivadavia y Reconquista el Coliseo Provisional y, entre otros, dentro de un reparto muy extenso, participa Ana Josefa Echeverría.

 

Esta podría no ser noticia, pero lo es, porque la citada Ana Josefa es esclava y la contratan para actuar dándole en pago -luego de dos años de actuación- su libertad; cosa que no obtiene porque su labor es interrumpida por las invasiones inglesas (¡siempre los ingleses!) y algunos años más tarde muere en la más absoluta pobreza. Y esclava.

 

No ha sido tan fácil la vida para el actor argentino.

 

El 24 de mayo de 1812, Luis Ambrosio Morante rea1izaba una función de la obra que le pertenece: "El 20 y 5 de Mayo". Todo lo producido por esa función es donado por Morante para contribuir a los gastos de las campañas libertadoras. Dicha suma es aceptada por el Cabildo y puesta a disposición de éste para defensa de la Patria. Responsable y comprometido actor argentino.

 

El 6 de octubre de 1858 nace en Montevideo José Podestá. Don Pepe. Pepino el 88. Sus hermanos, Pedro, Juan Vicente, Graciana, Antonio, Domingo, Amadea y Cecilio Pablo (Pablo el Grande), forman la familia fundadora de una nueva época del teatro argentino y Pepe se compromete, y compromete a los suyos, en la defensa de sus colegas y sus formas teatrales.

 

Frente a la ocupación-invasión de las salas argentinas por compañías extranjeras y el desplazamiento del actor argentino, no vacila en caracterizar la situación tomando partido por el texto de prosa y de autor nacional.

 

Familias enteras de actores que siguen el camino de la desocupación, son motivo de comentario de este Pepe que años más tarde entrará a la arena política con su caracterización de Pepino el 88, verdadero mentor del grupo teatral; es quien desarrolla y dirige la puesta de la pantomima del folletín de Gutiérrez Juan Moreira (Cf. el artículo Nº 205 en www.agendadereflexion.com.ar), que posteriormente logra notoriedad y vigencia hasta nuestros días, cuando adquiere verbo y éste se suma a la acción.

 

Su estreno se produce el 10 de abril de 1886 en Chivilcoy y esa versión comienza a recorrer los caminos de la patria con el amparo de toda la familia Podestá, que sólo se resquebraja y separa cuando le es ofrecido un teatro en Buenos Aires y se forman dos bandos a partir de distintos criterios estéticos que terminan por dividirlos.

 

Pepe-José se queda con el repertorio gauchesco y Gerónimo avanza con lo que supone va a exigir el nuevo siglo. Dos ideas que reproducen momentos que se reiterarán en el tiempo y en distintas circunstancias, pero similares coyunturas. Uno habla de modernizar el repertorio… El otro, de profundizar la identidad…

 

Nada fácil ser actor en nuestro país.

 

La educación amplia en el actor es indispensable, ¡qué duda cabe!, sobre todo cuando se trata de obras de complejas psicologías, donde las pasiones arden por dentro y los personajes no exteriorizan por lo que piensan. Pero en el teatro existen fenómenos extraordinarios. La naturaleza, siempre previsora y sabia, ha dotado a algunos actores del enorme privilegio que se ha dado en llamar -despectivamente por algunos- intuición y, que en el difícil arte de provocar emociones y hacer comedias, reemplaza a veces con ventaja a la erudición puramente libresca.

 

El actor y el método. Claro que el método de Elías Alippi -actor de los Podestá…

¡Qué difícil el reconocimiento a una metodología de trabajo de un actor argentino! Stanislavsky, sí; Grotowsky, también. Polacos, ¿por qué no? Alippi, ¿cuándo?

 

Nació en Los Toldos. Vivió en Junín. Quiso ser actriz y lo fue; pero por encima de todo quiso ser Evita y lo fue. Y por eso, por ese papel, y por esa obra, fue vilipendiada,

insultada, robada y escondida después de muerta, antes de encontrar descanso y refugio.

 

Su pueblo la adoró y aún la adora.

 

El mundo la conoció a través de una ópera hecha por ingleses (¡siempre los ingleses!) y fue nuevamente actriz y personaje. Y pudo volver a su país envuelta en música, porque la habían aceptado en el extranjero. Ahora casi nadie se acuerda que quiso ser actriz. Nosotros sí. Y por eso su memoria.

 

Difícil ser actor en la Argentina.

 

"Nací el 27 de marzo de 1901. Como ven, camino por la vida un poco detrás de nuestro siglo, yo bien quisiera ir un poco adelante, pero le tengo miedo al papel de precursor".

 

Así hablaba quien es para el pueblo el mejor poeta popular, y para la gente de teatro el hermano menor de Armando; y a veces ni siquiera eso.

 

De Enrique -el actor, el poeta, el hombre- se puede decir que casi nació muriéndose y resucitando, que lo quisieron y odiaron tanto como el amor a la gente y a la vida. No le pudieron perdonar su amor al pueblo y entonces lo crucificaron.

 

Se murió de una enfermedad que cada vez mata más gente: murió de pena. Convertido para la prensa amarilla en el propagandista mimado de la dictadura, muchos de sus conocidos y amigos del ambiente artístico se le apartaron.

 

La clase media y el liberalismo no pudieron perdonarle su lealtad a los trabajadores, a los cabecitas y a los chusmas. A los gronchos, como se dice ahora.

 

Los cercan las injurias, las cartas anónimas, las llamadas telefónicas, los saludos negados. Todos ellos enfrentados a Mordisquito, al Quijote sin armadura, al Flaquito narigón.

 

Hasta que por fin se hunde en las sombras a los 50 años, por haber cometido el pecado de ser fiel a su idea. Sucumbieron Enrique y sus poquitos kilos, pero sus tangos, sus pensamientos, su obra, el actor, no, porque Discépolo muerde todavía y molesta sueños vulgares, rutinarios y mediocres.

 

Difícil ser actor en la Argentina.

 

Si lo sabrán Oscar Ferrigno y Luis Politti. Oscar era el representante dilecto del movimiento teatral independiente, y no por mera casualidad, sino porque le había inyectado a Fray Mocho (grupo y actor, una sola persona) una savia muy particular que tenía que ver con la formación actoral del hombre de teatro; pero también y por encima de él, el enaltecimiento, engrandecimiento y respeto por la gente, por el público, por el pueblo entero; el recuerdo imborrable que dejó en provincias ese Fray Mocho, con sus giras anuales, está presente en el cúmulo de conjuntos que aun hoy siguen trabajando a la sombra de aquel ejemplo.

 

Después, Oscar se incorporó a la televisión y allí paulatinamente fueron borrando -y él también lo hizo- todo aquello que había servido, que había podido ser útil para el ser humano, para él y para los demás, convirtiendo su mensaje, su propósito de vida, en una languideciente exposición de imágenes, que no tenía nada que ver con aquel director vibrante, lleno de proyectos para su país, que impulsó uno de los movimientos más nobles que tuvo nuestro teatro.

 

Después que exprimieron su belleza de hombre, lo prohibieron por todo lo que había pensado y hecho antes y lo obligaron al desgarrante contorno del exilio, hasta devolverlo a la patria añorada para morirse.

 

Y Luis, el gordo Politti, murió de pena, cuando la luz ya había alumbrado. El padeció un doble exilio. Un día dejó su Mendoza natal y se vino a Buenos Aires a hacer el actor. Eligió. Cambió el aire puro y soleado por ese querer darse a los demás hasta el agotamiento en la búsqueda. Y un día, blandamente, su corazón se negó a la lejanía y se calló.

 

Difícil ser actor en nuestro país.

 

Por eso, y porque igual eligieron estar aquí, y porque encontraron un método que no se puede copiar, nuestro homenaje. Sí, a este método que antepone el hombre, el pueblo y su manera de vivir, al actor.

 

En los 100 años del Colegio Podestá de La Plata, en los 100 años de la muerte-vida de José Hernández y su Martín Fierro, nuestro agradecimiento a toda la gente de circo que nos fundó y a quienes desparramaron su arte por los caminos de la patria pensando siempre en el pueblo.

 

Difícil ser actor en mi tierra, pero hermoso.

 

CC/

 

 

Son las palabras del enorme actor y entrañable compañerazo Carlos Carella [1925-1997] pronunciadas en el acto realizado el 22 de noviembre de 1986 en La Plata ante el monumento que recuerda a José Pepe Podestá (el discurso es gentileza de Variaciones en red).

La imagen que les envío es una escena de Lo que le pasó a Reynoso, romance de Alberto Vacarezza representado en el Teatro Nacional por la compañía de Muiño – Alippi.

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El día nacional del teatro se estableció en recuerdo del incendio en 1792 del teatro de la Ranchería, el primer teatro argentino, creado como "Casa de Comedias" en 1783 por el virrey Vértiz. Tres años antes del incendio allí se estrenó Siripo, de Manuel de Lavardén, considerada la primera obra de un autor local.

 

Nestor Zapata

nestorzapata@yahoo.com.ar