JUSTICIA EN LA JUSTICIA

No deja de ser un llamado de atención a toda esta dirigencia light  que Julio Piumato, un sindicalista, realice semejante acto de protesta testimonial como es una huelga de hambre.

JUSTICIA EN LA JUSTICIA

 

Por Alberto Buela (*)

 

Hoy domingo 20 de mayo fui a visitar a mi amigo Julio Piumato, secretario general del sindicato de judiciales quien con otros compañeros de su gremio, Raúl de la Torre et alii,  está haciendo una huelga de hambre desde hace seis días para que los trabajadores “meritorios de la justicia” sean considerados como lo que son y se les pague un sueldo.

 

Esta institución tan vieja, está siendo cuestionada con esta actitud límite (si el hombre no come pone en riesgo su vida, esto es, el primero de los derechos humanos) que puede traerle consecuencias físicas irreparables, sobre todo a un hombre entrado en kilos y con una salud un tanto enclenque.

 

No deja de ser un mérito y un llamado de atención a toda esta dirigencia light  que un sindicalista, figura que es una rémora para el pensamiento progresista que inunda nuestra sociedad, realice semejante acto de protesta testimonial.

 

Así, en una humilde carpa frente al Palacio de Tribunales, sede de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, un sindicalista argentino acompañado por un puñado de compañeros, colgó una banderola con la significativa leyenda: Justicia en la justicia en el frontispicio del Palacio.

 

Toda una paradoja, solicitar justicia para aquellos que trabajan para la justicia. ¿cómo es posible que los eminentes jurisconsultos que integran la Corte Suprema no se hayan percatado de semejante injusticia?

 

Es sencillo, los jueces se manejan a partir del statu quo establecido, y no toman como su función el modificarlo.

 

En general, los tribunales de justicia de todo el mundo son órganos de aplicación de las leyes cuya tarea implícita es consolidar el statu quo vigente.

 

Como a su vez “la ley es la obra de arte de la política” según define Aristóteles en el Protréptico, los jueces pueden mirar o derivar las quejas, sin conciencia de culpa para otro lado,: el congreso o parlamento de la Nación.

 

Así pues para romper este círculo hermenéutico hay que salir por afuera de las instituciones del Estado.

 

La protesta y el disenso se hace necesarios para cambiar la fuerza de las cosas.

 

Más allá de estas consideraciones de tipo teórico, o mejor aún, de acceso teórico a la crisis de representatividad, existe el hecho bruto que pone de manifiesto dicha crisis como ruptura.

 

Esto es lo que se ve en esta protesta testimonial que los dirigentes y las instituciones, en este caso la Justicia, al no poder dar respuesta adecuada, plausible y eficaz, a las demandas de la realidad socio-económico-político-cultural,  con dicha falencia anulan y clausuran su representatividad que, inmediatamente, pasa a la revuelta, la movilización y la protesta pública.

 

Naturaleza de la ruptura en la representación

 

Hace ya varios años que venimos sosteniendo que nosotros no estamos en crisis sino en decadencia(1), porque las crisis siempre son pasajeras (crisis de la adolescencia, de la andropausia, etc.) en cambio la decadencia indica una declinación constante y permanente de la que difícilmente se pueda salir desandando el camino.

 

Es necesario pasarla por arriba.

 

La mejor definición que encontramos es la que nos brinda el periodísta y pensador Gilbert Comte cuando la define como le refus du sacrifice, el rechazo del sacrificio “La décadence débute quand chacun refuse de prendre des risque pour les autres (2).                    

 

Ahora bien, la noción de decadencia encierra un enigma poco común, y es que siempre se puede ser un poco más decadente.

 

Su concepto significa tanto naufragio, hundimiento, ruina, caída u ocaso.

 

Encierra la idea de declinación necesaria de la que no se puede salir recorriendo el camino hacia atrás.

 

Es necesario comenzar de nuevo como lo hace el sol luego del ocaso o el comerciante después de la ruina.

 

Así, pues, de la decadencia sobre todo de la social, política, económica y cultural que es la que nos afecta hoy , aquí y ahora, en Argentina solo se puede salir por dos vías:

 

O la restauración o la revolución.

 

Ejemplos históricos tenemos de ambos caminos.

 

Así Augusto, luego de las desastrosas guerras civiles que sumieron en decadencia a la República  comienza la restauración de las costumbres antiguas que habían hecho grande a Roma.

 

De idéntica manera, mutatis mutandi, en nuestro país Rosas luego de la desastrosa anarquía de la década de 1820/29 que lo sumió en decadencia, se alzó como el Restaurador de la leyes.

 

Ejemplo de la vía revolucionaria lo ofrece Fidel Castro con la revolución cubana, con todos los reparos que pueden hacérsele, que vino a cambiar el orden constituido de prostitución, corrupción y decadencia que el régimen de Fulgencio Batista había sumido a Cuba.

 

Del estado de decadencia no se puede salir remontando la decadencia, sino que se tiene que salir por afuera de la misma, sea por restauración si hubo un régimen donde se vivió mejor o por revolución si no hay una experiencia histórica donde referenciarse.

 

De la decadencia como del laberinto, no se sale desde el interior sino por arriba como Dédalo y su hijo Icaro lo hicieran del laberinto cretense.

 

 

Nuestros representantes rechazan sacrificarse por sus representados, no toman ningún riesgo a favor de los otros, sus representados.

 

El pueblo en su conjunto es simplemente un convalidador de representaciones que sus dirigentes, los representantes, no se ven obligados a cumplir.

 

La única obligación que tienen es cumplir con el procedimiento jurídico formal de acceso a los cargos, a las representaciones.

 

Una vez en posesión de las mismas su responsabilidad se diluye en un discurso político que dice y no dice: que promete sin comprometerse, ni moral ni existencialmente.

 

En una palabra, promete pero no se obliga.

 

Esta ruptura de la representatividad que se da en todos los niveles y dominios de la actividad ha hecho que el pueblo llano busque la solución de sus problemas, a sus demandas, a través de las movilizaciones, las tomas de edificios, los piquetes en las rutas y calles, la ocupación de los espacios públicos, la interferencia en los servicios, hoy esta carpa de los trabajadores judiciales con su ayuno y las mil medidas y revueltas hechas ad hoc.

 

El pueblo tiene que tomar la representación en sus manos porque sus representantes, políticos y sociales, no lo han representado, no han estado a la altura de sus necesidades.

 

¿Para qué sirve el parlamento si con sus leyes no soluciona los problemas del pueblo que lo votó?.

 

¿Para qué sirven los jueces que ignoran la noción de equidad, limitándose al procedimiento?.

 

¿Para qué sirven los dirigentes locales y barriales si en lugar de ocuparse del vecino se ocupan del ciudadano o peor, de la humanidad?

 

Cuando un dirigente enaltezca el sacrifico personal (este ayuno) como su método en el ejercicio de la representatividad podrá, entonces, el pueblo confiarle su representación, en el mientras tanto, está la exigencia de construir en la lucha, que es donde se muestran los talentos, nuevos dirigentes que tengan como apotegma tomar riesgos personales a favor de sus representados.

 

Sólo así se podrán reemplazar a los antiguos, de lo contrario se reciclarán automáticamente como lo vienen haciendo desde hace décadas.

 

Así como lo hicieron ostensiblemente luego de la débacle del 2001, interpretando el grito popular: “que se vayan todos” no yéndose ninguno.

 

Es que cuando la representatividad se anula o es anulada por aquellos que la ostentan surge la revuelta, surge la protesta como sucede en este caso donde los trabajadores judiciales en la figura de sus dirigentes ayunan para lograr que “los meritorios” tengan justicia, en una palabra que: haya justicia en la justicia.

 

 

1.- Buela, Alberto: Metapolítica y filosofía, Bs.As., Theoría, 2002, p. 59.-

2.- Comte, Gilbert: Notes sur un temps rompu, Paris, Le Labyrínthe, 2003.- redactor de Le Monde 1969 a1982.-


 

(*) Filósofo- CeeS (Centro de estudios estratégicos suramericanos- CGT)

N&P: El Correo-e del autor es Alberto Buela <alberto.buela@gmail.com>