EL PAPA Y EL DERECHO DE LOS CRISTIANOS Y CRISTIANAS.

Adolfo Pérez Esquivel

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La represión eclesiástica daña los derechos de los miembros de la iglesia, coarta su libertad y los someten a la uniformidad vaticana alejada de la realidad y vida de fe de los pueblos

EL PAPA Y EL DERECHO DE LOS CRISTIANOS Y CRISTIANAS

Por Adolfo Pérez Esquivel

 

El Santo Oficio, nunca tuvo nada de santo, pero sí mucho de oficio. A través de la historia la Iglesia marcó tiempos oscuros contrarios al Evangelio. En nombre de Dios decían defender la ortodoxia y valores de la fe, y aplicaron torturas, discriminaron, mataron, impusieron la “Santa Inquisición” con todo tipo de atrocidades; transformándose ésa en una época de oscurantismo.

 

En nuestra época, marcada por grandes avances tecnológicos y científicos, también algunas cosas han cambiado dentro del Vaticano y las Iglesias locales, muchas veces para bien y otras para mal. Depende de quien habite el sillón de Pedro, y otras veces de la Iglesias locales.

 

En el tiempo la Inquisición se transformó en la Congregación de la Doctrina de la Fe, aparentemente menos conflictiva que buscaba lavar su triste historia, pero sin perder su función vigilante y ejerciendo su tarea inquisidora, cambió el habito, pero no la forma de someter los “desvíos” de aquellos que el Vaticano considera “rebeldes” y que es necesario disciplinar para que no se transformen en “ovejas descarriadas”.

 

El entonces Cardenal Ratzinger, actual sucesor en el trono Papal como Benedetto XVI fue el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, quien ejercía el oficio de inquisidor frente a los teólogos de la Liberación, a quienes acusaba y acusa de profundizar más en la condición humana de Jesús, que en su divinidad y por otro lado señala que los teólogos utilizan el análisis marxista para hacer la lectura de la realidad.

 

Hoy, como Papa no puede dejar de continuar su obra y tomar medidas que generan situaciones preocupantes y un fuerte retroceso en la Iglesia. Volver a las misas en latín, al canto Gregoriano, (hermoso y edificante, pero no único), a minimizar el ecumenismo y el diálogo interreligioso, por posibles desviaciones porque “Dios es Vaticano”.

 

Es la actitud de reforzar nuevamente la imposición del celibato sacerdotal, dejando fuera a más de 150 mil sacerdotes casados que optaron en libertad de conciencia ser coherentes con el Evangelio y sus vidas. La expulsión que sufren dentro de la iglesia va contra sus derechos.

 

El Papa olvida que Pedro, su antecesor, era un hombre casado y con familia. Jesús nunca lo marginó.

 

La obediencia en que se basa la Iglesia es semejante a la estructura piramidal de las fuerzas armadas; marcada e impuesta como regla del autoritarismo, “la obediencia ciega”, niega la conciencia de sus integrantes y los somete a comportamientos corporativos que terminan provocando fuertes crisis de identidad y alteración de los valores.

 

Jesús nos enseña el profundo sentido de asumir, la “obediencia en libertad” que nace en conciencia y valores espirituales, ejerciéndola plenamente en el Amor.

 

Son muchas las preocupaciones e interrogantes de los cristianos y cristianas que buscan vivir la fe y el compromiso evangélico junto a sus pueblos, reconocer el rostro de nuestro Señor en los niños, los ancianos, los jóvenes, en los pobres hombres y mujeres en nuestras comunidades religiosas y en el mundo.

 

Nos preocupa cómo la política vaticana continúa su obra de sancionar y silenciar a teólogos como lo hizo con Leonardo Boff, que lamentablemente tuvo que apartarse de la estructura eclesial para poder ser fiel al Evangelio; la persecución y silenciamiento a Gustavo Gutiérrez, Anthony de Mello, Ronaldo Muñoz, al teólogo Hans Kung y ahora el Padre Jesuita Jon Sobrino., a quien se le sanciona para someterlo al silencio y prohibirle enseñar la Palabra de Dios en universidades, seminarios y grupos.

 

La represión eclesiástica daña los derechos de los miembros de la iglesia, coarta su libertad y los someten a la uniformidad vaticana que muchas veces esta alejada de la realidad y vida de fe de los pueblos.

 

Muchos de los teólogos sancionados son fruto de la renovación de la iglesia que han asumido el compromiso y la vida del pueblo de Dios en los caminos de liberación.

 

¿ A que le tiene miedo el Vaticano?, ¿a los teólogos latinoamericanos y a otros que buscan nuevos caminos de vivir el Evangelio junto a sus pueblos?

 

No sé si Benedetto XVI en su vida sacerdotal tuvo la oportunidad y coraje de caminar junto a los pueblos, de comprender el dolor y la esperanza viva de la fe de hombres y mujeres que tratan de hacerlo en diversas partes del mundo.

 

Debemos recordar que muchos de ellos han dado su vida en sacrifico para que otros puedan tener vida; son aquellos que asumieron la cruz en el Amor, Monseñor Oscar Romero, Monseñor Enrique Angelelli, entre otros hermanos y hermanas en la fe.

 

El martirologio en América Latina se ha transformado en semilla de vida. Si el Papa se acercara con humildad y comprensión a las realidades de vida de los cristianos en el mundo, su visión y entendimiento cambiaría y reconocería el rostro de Cristo en nuestros hermanos y hermanas.

 

El retroceso que estamos viviendo es grande, estamos involucionado, el Papa se está olvidando de los aportes de la Iglesia en su caminar como Pueblo de Dios, de la vivencias y espiritualidad nacidas desde la fe en las Comunidades de Base, en la fidelidad en la fe de religiosos y religiosas, el esfuerzo de los cristianos para lograr el diálogo ecuménico e interreligioso entre las iglesias en Cristo, buscando re-ligar, unirnos en la fe y que hoy el Papa cuestiona y pone en riesgo. Aleja de la iglesia a muchos creyentes en el mundo que no se encuentran identificados y contenidos en sus estructuras y buscan otros caminos en la fe.

 

Juan XXIII quería abrir las puertas y ventanas y sacudir el polvo de siglos en la Iglesia a fin de que entre la Luz y la Esperanza, renovar y vitalizar una iglesia decadente y anquilosada, satisfecha de si misma y alejada del mensaje del Evangelio. Esa fuerza e impulso creador del Espíritu se manifiesta en el Concilio Vaticano II, que marcó con fuerza la necesidad de volver a las fuentes y que se fortalece en Medellín y Puebla, que marcan con fuerza la opción preferencial junto a los pobres.

 

Fue una etapa vital de la Iglesia, de esperanza y renovación. Juan XXIII fue el gran impulsor de saber escuchar al pueblo de Dios en su caminar; la renovación en la oración y el compromiso frente a los desafíos que lleva a vivir la Palabra junto a los más pobres y necesitados.

 

Desde ese lugar Jon Sobrino viene conjugando los valores en defensa de los derechos de los más pobres y excluidos. Ahí es dónde está preferentemente nuestro Señor. Actitud que reafirma la divinidad de Cristo en su humanidad, en su sentido trascendente y vital.

 

La actitud del Papa Benedetto XVI no es nueva, no sólo desde su posición en la Congregación de la Fe, sino mucho antes tratando de silenciar voces proféticas que optaron por asumir su compromiso como sacerdotes y miembros de la iglesia, junto a los pobres.

 

Como un Padre amoroso que busca reunir a sus hijos es necesario que el Papa encuentre los caminos de diálogo y fraternidad, abrir la mente y el corazón para escuchar otras realidades, la comprensión de la unidad en la fe y la diversidad de las culturas, entendimiento y obras que hacen a la construcción del Reino de Dios y la vida de los pueblos.

 

La carta que Jon Sobrino envía a su superior el Padre Peter-Hans Kolvenbach es aleccionadora y prudente. Busca entrar en el análisis y comprensión de su debate con el entonces Cardenal Ratzinger y marca con precisión el recorrido de sus escritos teológicos.

 

Pero más allá del razonamiento intelectual entre teólogos está la vivencia y necesidad de compartir la vida desde la fe con nuestros pueblos.

 

Lamentablemente por esa incomprensión y persecución vaticana algunos teólogos debieron salir de la estructura de la Iglesia para poder seguir siendo coherentes y fieles con el Evangelio.

 

¿Qué es la Verdad? Así, el Obispo Emérito de Sao Felix de Araguaya, Don Pedro Casaldaliga, hermano querido en la fe y el compromiso, le escribe a Jon Sobrino: “…recordándole que somos millones los que lo acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien lo acompaña. Le recordaba a Jon aquella décima que escribí a raíz del martirio de sus compañeros de la UCA:” Ya soís la verdad en cruz/ la ciencia en profesía,/y en total compañía,/compañeros de Jesús” Por tu santa culpa, le decía a Jon, muchos estamos oyendo, traspasada de actualidad, la pregunta decisiva de Jesús: “ Y vosotros ¿quién decís que soy?” Porque es al verdadero Jesús a quien queremos seguir”.

 

Sólo me resta decir, que me faltan palabras para expresar sentimientos y preocupaciones y busco en la oración la luz que me falta y creo que debemos hacer como dicen los hermanos indígenas del Cauca, “Hay que hacer caminar la palabra.La palabra sin acción es el vacío. La palabra y la acción por fuera de la comunidad y la espiritualidad es la muerte”.

 

Tenemos que optar el camino a seguir.

 

Paz y Bien.

 

APE/

 

Buenos Aires, 18 de abril del 2007