EL CASO BRANDAZZA

Mauro A. Camillato

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Angel Enrique Brandazza nació el 22 de mayo de 1949 en Blacquier, Pcia de Bs As, ciudad que dejaría de niño para radicarse con su familia en Venado Tuerto, al sur de Santa Fe.

 

EL CASO BRANDAZZA

 

Por Mauro A. Camillato

 

El 28 de noviembre se cumplen 35 años de la desaparición de Angel Enrique "Tacuarita" Brandazza.

 

Tacuarita, fue según el informe de la CONADEP, el primer desaparecido.

 

Por otra parte, se convirtió en el caso paradigmático, que después se repetiría por miles en la triste historia argentina de los años siguientes.

 

"Una persona consecuente que vivía como pensaba", según su amigo y compañero de militancia Juan "Piti" Martínez; " era alegre, cuestionador, pero sobre todo solidario" para su hermano Rubén Horacio; " un excelente alumno, muy tímido y muy buen chico" a juzgar por una de sus docentes en su paso por el colegio secundario.

 

Estas son algunas de las definiciones que describen a Angel Enrique "Tacuarita" Brandazza, en palabras de quienes más lo conocían

 

Brandazza, es el primer desaparecido que figura en el informe de la CONADEP.

 

Angel desapareció en Rosario el 28 de noviembre de 1972, tenia 23 años. Su caso fue el modelo que luego se repetirá por miles en los nefastos setenta en la Argentina.

 

Fue apresado, torturado hasta la muerte y su cuerpo desaparecido por integrantes del ex comando SAR ( sub-area Rosario) organismo dependiente del II Cuerpo del Ejército e integrado por militares, policías y gendarmes.

 

Su domicilio fue incautado y le robaron pertenencias. Lo acusaron de haber asesinado al gral. Juan Carlos Sánchez y de pertenecer al ERP.

 

Es decir, el sadismo, la mentira y la infamia de un grupo de asesinos e inescrupulosos que se creían dueños del país y del destino de sus habitantes, en complicidad con ciertos sectores de la justicia y de la iglesia.

 

Todas características que anticiparon lo que iba a suceder durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional a partir del 24 de marzo de 1976.

 

" Al impulsar y promover la investigación del secuestro y posterior desaparición de nuestro hijo, solo nos mueve el deseo de que en el futuro otros padres no vean enlutados sus hogares por hechos similares del que hoy enluta el nuestro" declaran Angel Emilio Brandazza y Lorenza Cancela de Brandazza, padres de Tacuarita, en un comunicado publicado el 27 de julio de 1973 en el diario La Capital de Rosario.

 

Ambos no se imaginaron en ese momento que sus deseos no se iban a cumplir y que miles de padres de todo el país vivirían historias parecidas, tiempo después.

 

LA HISTORIA.

 

Angel Enrique Brandazza nació el 22 de mayo de 1949 en Blacquier, Provincia de Buenos Aires, ciudad que dejaría en los primeros años de su vida para radicarse con su familia en Venado Tuerto, al sur de Santa Fe.

 

Era tímido e introvertido pero muy alegre y solidario.

 

Le decían Tacuarita por su menuda contextura física, la cual manejaba como un verdadero artista de circo "Caminaba con las manos casi como con los pies" nos recordó su hermano Rubén.

 

Además era muy hábil y creativo con sus manos (esto le permitió abrir el baúl del auto cuando lo secuestraron, al respecto ver más adelante), uno de sus hobbies era realizar muñequitos con alambre y madera que luego regalaba.

 

Hijo de una típica familia clase media y tradicionalmente católica, no faltaba ningún domingo a misa.

 

Por supuesto, como proveniente de toda familia fuertemente católica y de clase media venadense en las décadas del 50 y 60, curso toda su escolaridad en el colegio, religioso y solo para varones, Sagrado Corazón.

 

Allí conoció al sacerdote Angel Presello, quién como capellán de dicho establecimiento religioso le dio la primera comunión a él y a su hermano.

 

Tiempo después Presello formo parte del Movimiento de los Sacerdotes Renunciantes en 1969 en Rosario y fue integrante del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Presello y Tacuarita se reencontrarán cuando este último, luego de finalizar el secundario, se fue a estudiar a Rosario Ciencias Económicas, residiendo en los primeros años en la pensión del colegio León XII que dependía del Arzobispado y era dirigido por dicho sacerdote.

 

En su ciudad de adopción integraba grupos católicos sin mayor compromiso político, pasando en Rosario a militar en la Unión de Estudiantes del Litoral, agrupación universitaria peronista que integraba la Unión Nacional de Estudiantes.

 

Angel pasaba sus días en Rosario estudiando, trabajando en un estudio contable y militando.

 

Esa militancia consistía en trabajar en barrios marginales de la ciudad; "nosotros pretendíamos insertarnos en la realidad, no quedarnos entre las paredes de la facultad, nos sentíamos bien siendo solidarios", describió Rubén.

 

Además algunas noches salían en grupo a pintar consignas en las paredes y a realizar las clásicas pegatinas; " no conociamos lo que era un arma" nos aclara su hermano y, también, compañero de militancia.

 

Eran los primeros años de la década del 70 en la cual el gral. Alejandro Agustín Lanusse era el presidente de facto y Juan D. Perón vivía su exilio en Madrid.

 

En tanto gran parte de la juventud argentina luchaba por la vuelta del mítico general prohibido que se hallaba guarnecido en Puerta de Hierro. Brandazza era uno de ellos.

 

LOS HECHOS.

 

Mediodía del 28 de noviembre de 1972. Tres meses después de la masacre de Trelew, nueve días posteriores al primer regreso de Perón, eran los últimos meses del gobierno de Lanusse que enfrentaba una crisis económica- política en aumento.

 

Tacuarita fue secuestrado por un comando del SAR mientras esperaba el colectivo en la esquina rosarina de Saavedra y San Nicolás, salía de atender un cliente del estudio contable: la fundición Monterrey S.R.L y se dirigía al departamento de pasillo que compartía con su hermano y con Abel Boullosa (estudiante de medicina) en Pueyrredón 1213.

 

Luego fue llevado, según testimonios, a un campo de la localidad de Casilda donde fue torturado.

 

De regreso a Rosario logró abrir el baúl del Chevrolet 400 celeste en el cual lo trasladaban y cuando el auto se detuvo en el semáforo de Av. Oroño y Córdoba escapó gritando su nombre, siendo atrapado rápidamente por quienes viajaban en un Falcón detrás del anterior.

 

Este episodio ocurrió a las 15 del mismo día y fue presenciado por el playero de la estación de servicio Shell y por varios empleados de Gas del Estado y relatado en un pequeño recuadro el diario La Capital del día posterior con él titulo: "episodio poco claro" y cerraba diciendo: "en esferas policiales, tanto provincial como federal se manifestó desconocer el episodio".

 

Una hora mas tarde cinco funcionarios militares y policiales, sin ninguna orden judicial allanaron el domicilio en el cual vivía Tacuarita, deteniendo a su hermano Rubén y a su novia María Cristina Medina, a su amigo Abel Boullosa y a su madre Lorenza de Brandazza, que se hallaba de visita en el lugar.

 

En dicho allanamiento se apropiaron de una suma de dinero que se hallaba dentro de una Biblia y de otras pertenencias, además, de supuestas evidencias subversivas.

 

En la jefatura de la Unidad Regional II sita en Moreno y Santa Fe fueron interrogados por policías que simularon estar buscando a Angel.

 

Al día siguiente los dejan en libertad, pero antes de salir del lugar alguien le confiesa a Rubén que ya tenían a su hermano y que " había cantado todo"

 

El 31 de noviembre los nombrados abogados de la víctima doctores: Mario Ducler y Roberto Columba brindan una conferencia de prensa anunciando que habían presentado un recurso de hábeas corpus ante el juez interviniente.

 

A pesar que tanto en los ámbitos policiales como militares niegan toda participación en el hecho, los abogados remarcan lo contrario.

 

"Por esos días -sostiene Rubén – yo ya tenía indicios de que estaba muerto, no certezas por que certezas no tenés nunca"

 

En tanto, los padres tenían la esperanza que su hijo estuviera vivo en alguna parte "mi viejo hasta el día de su muerte (Angel Emilio falleció a mediados del 97) soñaba con la posibilidad de que le iba a golpear la puerta de su casa en cualquier momento" agrega el hermano de Tacuarita.

 

Hasta un amigo de Angel Emilio creyó haberlo visto en Francia.

 

Todas estas, consecuencias de la metodología perversa de hacer desaparecer los cadáveres de las víctimas.

 

ESTRATEGIAS PERVERSAS Y MENTIRAS

 

Recién el 12 de diciembre de 1972 en un comunicado difundido en todos los medios rosarinos y firmado por el jefe general de brigada Elbio Leandro Anaya, el Comando del II Cuerpo del Ejército niega haber detenido a Brandazza, aunque afirman que: "el desaparecido es requerido por diversos hechos subversivos, entre ellos el asesinato del gral. Sánchez y de la Sra. Cucco de Araya, y cumple la función de jefe militar en la regional Rosario del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP)".

 

A esta falsedad le agregan una ironía en el cierre del comunicado, " llama la atención que esta presunta desaparición se haya producido ante la inminente detención del causante (…)"; denunciando, además, una supuesta campaña de difamación "contra las autoridades encargadas del orden".

 

A esto le agregaron el envío de un telegrama a la casa de los Brandazza en Venado Tuerto firmado por Angel Enrique que decía: "estoy bien regreso en cualquier momento".

 

"Fui al correo y comprobé que no existía un registro de emisión del telegrama" afirma su hermano.

 

La nefasta y deplorable estrategia de simulación no culmina ahí, también le agregaron, diez días después de la desaparición, la visita al domicilio de los padres, de integrantes de la Policía Federal, quienes les realizaron preguntas sobre la vida y la actividad política de su hijo mayor.

 

Por otra parte, una similar visita habría ocurrido días antes del 28 de noviembre, lo que tendría vinculación con los hechos acaecidos.

 

Esto último podría dar por tierra con la idea de la confusión de Tacuarita con el dirigente del ERP (ver más adelante).

 

RECLAMOS E HIPOCRESIA.

 

El diario La Capital el 12 de diciembre de 1972, informa que el Colegio de Abogados, la Asociación Medica, el Centro de Estudiante de Derecho, la Unión de Estudiantes del Litoral y la Unión de Estudiantes Nacional, reclamaron en una marcha por las calles rosarinas por la desaparición de Brandazza.

 

Mientras tanto en Venado Tuerto se realizó una noche heroica en la plaza San Martín, donde se concentraron cerca de 30 personas que tuvieron que soportar los insultos de algunos conciudadanos que pasaban por el lugar.

 

"En nuestra ciudad, además, – nos cuenta Rubén – muchos amigos le dejaron de hablar a mis viejos".

 

No solo estos fueron quienes le dieron la espalda al reclamo de la familia, el obispo Fortunato Antonio Rossi a cargo de la diócesis de Venado Tuerto y el arzobispo de Rosario Guillermo Bolatti, nunca contestaron a los pedidos que les realizaron para que intercedieran en pos del esclarecimiento del hecho.

 

En tanto Lorenza fue la primer madre en ir casi todos los días a golpear las puertas de los cuarteles, lo mismo que tiempo después harían "esas locas de la Plaza de Mayo".

 

Por otra parte, el 28 de diciembre los abogados: Dres: Hector Gómez Machado, Juan Bernardo Iturraspe, Roberto Columba y Mario Ducler, le elevan una nota al Comandante del II Cuerpo del Ejercito gral. Anaya reclamando para que este cumpla con las diligencias correspondientes para el esclarecimiento del caso.

 

LOS PRIMEROS TESTIGOS.

 

El caso se comenzó a develar con el advenimiento de la democracia. El 11 de marzo de 1973, Hector Campora fue elegido presidente de los argentinos y Carlos Silvestre Begnis gobernador de Santa Fe. Y va a ser el flamante Secretario General de este ultimo, el Dr. Enrique Rojo, quien el 26 de julio del mismo año, anunció el traslado del caso al legislativo provincial.

 

Al día siguiente se crea la Comisión Bicameral Investigadora de Apremios Ilegales y Tortura de la Provincia de Santa Fe, presidida por el diputado Juan Luis Lucero y el secretario Rubén Martínez e integrada por siete diputados y tres senadores, quienes estarán encargados de investigar el caso.

 

El 27 de julio los padres de Tacuarita publican un comunicado en el cual relatan los hechos detalladamente y hablan por primera vez de un testigo que estuvo implicado en los hechos.

 

"Según informaciones que recibimos de distintas vías, el gendarme Vicente Gamboa, que era cocinero en la Seccional Quinta de la Policía de Rosario, fue testigo presencial de las torturas que se le infligieron a nuestro hijo".

 

La esposa de Gamboa, que trabajaba como empleada doméstica, le había contado esto a sus patrones, quienes lo trasmiten a los abogados de Brandazza.

 

Estos últimos le solicitan al juez de instrucción de la IV Nominación, Hugo Castagnino, que cite a declarar, detenga e incomunique a la esposa de Gamboa.

 

El juez no realiza esto amparándose en que la ley procesal de la provincia prohibe recibir testimonios a un cónyuge en perjuicio del otro.

 

Así fue como cuando el juez, después de muchas presiones, se decide a tomar declaraciones a los Gamboa, estos habían desaparecido misteriosamente.

 

Por otra parte, los Brandazza en el comunicado hacen alusión a declaraciones de otro testigo: el ex oficial Jorge Colombo.

 

Este había sido secuestrado el 17 de julio por un comando del ERP, "al efecto de interrogarlo sobre los crímenes, secuestros, torturas y represión al pueblo por parte de la dictadura y las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias".

 

A la noche posterior se encuentra en el baño de un bar céntrico de Rosario una nota firmada por el ex policía en la cual denuncia que: "Brandazza fue secuestrado por un comando policial a las ordenes del II Cuerpo del Ejercito".

 

Dos días después el ERP difundió otra carta de Colombo en la cual acusaba, como participes en el hecho, a los integrantes del SAR y miembros de la Policía Provincial: cabo Rubén San Juan, oficial ayudante Ovidio Olazagoitía y al inspector Alberto Grandi.

 

Colombo, luego de ser liberado, declara ante el juez Castagnino, quien luego cita a Grandi, Olazaigotía y a San Juan, dejándolos a todos en libertad por considerar que las acusaciones que pesaban sobre ellos "eran sumamente endebles, por no decir inexistentes".

 

EL RELOJ QUE DIO LA HORA DE LA VERDAD

 

El 25 de noviembre de 1973 aparece una testigo clave: Ana del Carmen Atencio (23 años), esposa del agente de la Policía Provincial Angel Jesús Farías.

 

Ana se presenta en el departamento en el cual vivían los hermanos Brandazza, contándole a Rubén que su marido integraba el SAR y que había participado en la detención de Tacuarita.

 

Agregando, además, que su marido le entregó una lista de quienes componían el SAR y que los que mandaban eran el coronel Villanova, el comandante Agustín Feced y el gral. Anaya.

 

"La mujer de Farías estaba muy mal porque su marido se había ido con su hermana, y buscó su forma de venganza contándonos lo que sabía. Como sucedió en otros casos los milicos se terminan vendiendo por cuestiones sentimentales" nos relato Rubén.

 

La testigo agregó otro dato que fue fundamental, su marido le había usurpado el reloj a la víctima vendiéndoselo a su cuñado Carlos Atencio que vivía en Villa Gesell. Integrantes de la Bicameral viajarían luego hacia la ciudad balnearia recuperando dicho reloj.

 

A todo esto Farías enterado de lo ocurrido, con protección de la jefatura de la Unidad Regional II, trata de esconderse, siendo localizado por integrantes de la Bicameral en Villa Constitución, en un ómnibus que venía de Villa Gesell, donde el agente había ido tratando de recuperar el reloj.

 

El 28 de noviembre Farías es llamado a declarar junto al ordenanza de la policía Gregorio Prieto, también nombrado por Ana como participe del hecho.

 

En dicha declaración ambos reconocieron haber sido integrantes del SAR y haber participado en el secuestro y en la custodia de Brandazza mientras este estuvo en la Seccional Quinta de la Policía de Rosario. Farías, dijo que: "la detención las hicieron ellos, Jopito (cabo Peregrino Luis Gallardo) y Bellet (Hugo José, agente)" todos pertenecientes a la Policía Federal.

 

Que al llegar a Bv. Oroño y Córdoba Brandazza se escapó de la camioneta Chevrolet y fue introducido en el Ford azul celeste en el que viajaban él y Prieto.

 

El agente agregó que al calabozo entraban " el mayor Gigena, el coronel Villanova, el gral. Anaya, el gral. Carranza Zavalía y un militar llamado Sarmiento".

 

De este último remarcó: " era muy bueno para aplicar la picana, era un mago que usaba un aparato igual al que se ve en la película Estado de sitio".

 

Pero no solo Sarmiento utilizaba este macabro aparato, según Farias, también Grandi y Olazagoitía "aplicaban la picana eléctrica".

 

Además contó que a Tacuarita " le daban agua con una cucharita en la boca por que no se podía mover, ya que estaba desecho; algunos policías practicaban poniéndole inyecciones".

 

Prieto relató que su tarea era impedir que alguna persona pasara por el calabozo y viera al detenido y que a cargo de Brandazza estaba el mayor Bonifacio, el capitán Fernández y el coronel Villanova.

 

Seguidamente se produjo la detención del agente San Juan y del oficial ayudante Olazaigotía; a la vez se allano el domicilio del sargento del Ejército Letto, quien casualmente no estaba en su hogar y no regresaría en mucho tiempo.

 

PRESIONES, ATENTADOS Y EXCUSAS.

 

Pero mientras la Bicameral avanzaba en la investigación, mayor era la inquietud desde los ámbitos militares y policiales, que aumentaban las presiones buscando la paralización del caso. Así los legisladores lo denunciaron en una conferencia de prensa el 4 de diciembre de 1973.

 

" Personal militar intimaron a los diferentes policías que se hallaban de consigna en la casa del sargento Letto"; "el jefe de la Policía Federal de Santa Fe no hizo efectiva la presentación del agente Peregrino Gallardo reclamado por la Comisión"; además " cierto personal de Robos y Hurtos presionó arma en mano a miembros de la Bicameral, cuando llevaban al juzgado federal a dos detenidos, rompiendo la incomunicación de los mismos"; finalmente agregaron que fueron agredidos con ráfagas de ametralladoras que fueron disparadas contra la ventana del lugar donde se hallaba tomando declaración a los detenidos.

 

A partir de aquí los atentados contra los integrantes de la Bicameral fueron moneda corriente.

 

El 6 de julio en la intersección de las calles Santa Fe y Oroño le dispararon al coche en el cual viajaba el diputado Juan Luis Lucero.

 

Ese mismo día estalló una bomba en el mismo automóvil que se hallaba estacionado en Balcarce al 1500. En tanto el 13 de diciembre un artefacto explosivo detonó en el patio de la casa ubicada en Lavaise 1140 de la ciudad de Santa Fe, perteneciente al diputado Domingo Pochettino, también miembro de la Comisión.

 

Por otra parte, el 5 de diciembre fue levantada la incomunicación dispuesta a los policías San Juan y Olazagoitía.

 

Además, se insistió ante la delegación de Santa Fe de la Policía Federal el pedido para la presentación ante la Bicameral en calidad de detenido e incomunicado del agente Peregrino Gallardo.

 

Esta vez la excusa para la no-presentación del agente fue que estaba internado en un hospital de la Capital Federal con diagnóstico de síndrome en la fosa ilíaca derecha.

 

También se solicitó al comandante gral. del Ejercito Jorge Carcagno la comparecencia de los generales: Anaya y Carranza Zavalía; de los coroneles: Sarmiento y Vilanova; de los mayores Bonifacio y Gigena y del sargento Fernández.

 

Días después Carcagno contesta que a los integrantes de las Fuerzas Armadas le corresponde que lo juzgue la justicia castrense.

 

Al mismo tiempo, en una reunión llevada a cabo en el palacio de la legislatura provincial con la participación de los miembros de la Comisión, el dirigente de la Juventud Peronista Regional II Jorge Obeid, el ministro de gobierno Roberto Rosúa y los jefes de bloques de ambas cámaras; Lucero declaró: " estamos a un paso de establecer donde se encuentra el cadáver del compañero Brandazza".

 

CARO, PERO EL PEOR.

 

Sin embargo la investigación se vió otra vez entorpecida cuando el gral. Jorge Carcagno envió una propuesta al Ejecutivo Nacional para que se designe a un juez militar, aduciendo que la justicia ordinaria no tenía atribuciones para juzgar a los militares.

 

Así fue como el 7 de diciembre, Perón designó al gral. de división retirado Carlos Augusto Caro como el juez de instrucción en el caso Brandazza.

 

De aquí en más las trabas interpuestas a la investigación se acrecientan, así la Bicameral denunció el 12 de diciembre de 1973 que el personal del ejército, de la gendarmería y de la policía vinculado al hecho, de pronto fue trasladado a distintos lugares del país y del extranjero, no lográndose la comparecencia de ninguno de ellos a pesar de los innumerables pedidos al respecto.

 

Ocurriendo episodios kafkianos como cuando la Comisión se presenta en la delegación de la Policía Federal de Santa Fe para solicitar que el cabo Gallardo se presente a declarar, quien de repente es internado en un hospital de la Capital Federal.

 

No conformándose con esto miembros de la Bicameral viajan a dicha ciudad y se presentan en la guardia del hospital el 7 de diciembre a las 17,10; dos horas mas tarde se les permite el acceso a la sala donde se encontraba Gallardo, quien estaba dormido por efecto de la anestesia ya que acababa de ser operado de apendicitis crónica.

 

" Es decir Gallardo se internó el mismo día en que se lo citó y se operó en el mismo momento que se lo fue a ver al hospital" declaró Lucero.

 

A su vez, los integrantes de la Policía Federal subinspector Jorge Ibarra, cabo Atilio Gerla y el agente Hugo Bellet se encontraban en comisión reservada fuera del país.

 

También, casualmente, el agente Rubén Fernández estaba con licencia sin goce de sueldo con autorización para ausentarse en Venezuela.

 

A todo esto el juez federal Dr. Hector Freytes deja en libertad al agente Prieto y al cabo San Juan; dictando auto de prisión preventiva a Farías, Olazagoitía y Grandi.

 

Con posterioridad les concede la excarcelación a estos últimos, ya que el magistrado encuadra los delitos que habían cometido en: "apremio ilegal" (Grandi y Olazagoitía) y de hurto y encubrimiento ( Farías).

 

De esta manera, llegando a fines del 73 el caso se fue evaporando, con un juez militar que hizo lo posible por no investigar nada; con una justicia federal que acusó a algunos de los vinculados al caso de apremio ilegal, hurto y encubrimiento, dejando de lado la tortura seguida de asesinato; con un gobierno nacional cada vez más virado hacia la derecha y con cada vez mayor influencia de José López Rega y su fatídica Triple A.

 

El 23 de enero de 1974 expiró el mandato conferido por la legislatura santafecina a la Comisión Bicameral, no obstante aprobó una prorroga de 150 días.

 

Sin embargo, el asesinato del cabo San Juan, que aparentemente fue realizado por montoneros, puso fin al apoyo de senadores y diputados a la Comisión.

 

TRISTE Y SOLITARIO FINAL

 

Angel Emilio Brandazza falleció producto de las interminables sesiones de torturas sufridas en la delegación del Comando del II Cuerpo del Ejercito, sito en Dorrego al 900 de Rosario, el 29 de noviembre de 1972, el día después de su secuestro según lo informo el médico Miguel Angel Hadad el 12 de noviembre de 1973.

 

Farías en su declaración a la Bicameral relató que: " al día siguiente cuando regresé al Comando estaba la orden de no pasar al calabozo y habían puesto un elástico de una cama entre el guardia de turno y el extremo del pasillo"; y aclaró el posible destino del cadáver, recordando: " en aquellos días se compraron 40 Kilogramos de cal y se comento que habían utilizado una lancha del oficial principal de la Policía Federal Fernández para tirarlo al río".

 

El agente también agregó que a Brandazza lo secuestraron por "una información mal hecha", ya que creían que era Julio Roque (dirigente del ERP).

 

Esto último tendría que ver con que el 24 de noviembre de 1972 el ERP tomo la fundición Monterrey con fines propagandísticos; el mismo lugar que era cliente del estudio contable donde trabajaba Tacuarita y de donde salía el día de su secuestro.

 

Sin embargo existen datos para sospechar de equivocada "la teoría de la confusión", como la visita de la Policía Federal al domicilio de los padres de Angel en Venado Tuerto diez días antes del secuestro, lo que evidenciaría que ya lo tenían "marcado".

 

"Además, concluye su amigo y compañero de militancia Juan "Piti" Martínez, decir que lo confundieron con otra persona es como creer que era un 'perejil' y no era así, por que Tacuarita, si bien no era un cuadro principal, si era un tipo que se destacaba por su trabajo, era un líder laburando y con las ideas y los principios bien puestos".

 

Historias Paralelas

 

Tres nombres que estuvieron vinculados a la lucha por el esclarecimiento del caso Brandazza formaron parte del Gobierno de la Provincia de Santa Fe. El ex gobernador Jorge Obeid era una de los principales dirigentes de la JP Regional (montoneros) y participó en una conferencia de prensa junto con los integrantes de la Bicameral peticionando por la suerte de Tacuarita.

 

Roberto Rosúa, el ex ministro de Gobierno de la primera gestión Obeid, realizo distintas peticiones como presidente del Colegio de Abogados de Rosario en primera instancia y luego también como Ministro de Gobierno de Silvestre Begnis.

 

En tanto Hugo "Chacra" Garnero, ministro de Hacienda y Finanzas de la misma gestión de Obeid era compañero de militancia de Brandazza en la Unión de Estudiantes del Litoral.

 

Son los mismos que 25 años después le entregaron el Banco de la Provincia de Santa Fe a un grupo empresario que tiene entre sus directores a José Alfredo Martínez de Hoz y Adalbert Krieger Vasena.

 

Historias paralelas II

 

El general Juan de Dios Carranza Zavalía, uno de los " que mandaban todo" según palabras de Farías, tiempo después fue presidente del Banco Provincial de Santa Fe. Agustin Feced, otro que formaba parte de " los que mandaban" fue jefe de la policía rosarina a partir de 1976, donde se detuvieron a más de 1880 personas en dos años, de las que 151 siguen desaparecidas.

 

El diputado Juan Lucero, quien fuera presidente de la Bicameral, fue detenido en 1976 y luego se exilió en Dinamarca