"La fuente es irreprochablemente imperialista. Un verdadero ""bocatto di cardinale"

LA ISLA DE ASCENSIÓN

Elizabeth Mistry ( The Sunday Herald )

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Como ya hacía notar el gran revolucionario africano Nkwame Nkrumah hace medio siglo, Ascensión es en todo caso una isla africana.

Gentileza de Néstor Miguel Gorojovsky nestorgoro@fibertel.com.ar

"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo". Aparicio Saravia

Gentileza de la A-List a-list@lists.econ.utah.edu

 

LA ISLA DE ASCENSIÓN

 

Amigas y Compañeros

 

No traduzco por completo. Pero vale la pena el dato para ver a qué se reduce la "Democracia" en manos de las potencias imperialistas, y porque quizás el relativo endurecimiento de nuestra Cancillería en el tema Malvinas haya tenido que ver, aunque más no sea un poquito, con la decisión de Londres (y no solo la presión estadounidense, presentada como causa única por la nota periodística que sigue a continuación.

 

La verdad es que no se puede dar democracia a lo que, en esencia, es una avanzadilla oceánica del poder naval y militar de la burguesía imperial. Así de simple es la ley de la "mano invisible del mercado" y el "puño oculto detrás de la mano".

 

La verdadera naturaleza de lo que el canciller argentino de Malvinas, Nicanor Costa Méndez, denominó memorablemente el "Sistema Oligárquico Mundial" (tras haber despreciado como un vulgar racista a los No Alineados), queda patente en la contradicción entre interés nacional imperialista y deseos "democráticos" de aquellos súbditos que el cuartel general destina a cuidarle las espaldas, ocupando territorio ajeno y agrediendo, con su mera presencia, a todos los que deberían ser sus vecinos más dilectos e inmediatos: sudamericanos y africanos, en este caso.

 

La fuente es irreprochablemente imperialista. Un verdadero "bocatto di cardinale".

 

Un detalle: la pretensión de la periodista de que Ascensión es "suelo británico", por supuesto, no es más válida que la que se arrogan en las Malvinas. Como ya hacía notar el gran revolucionario africano Nkwame Nkrumah hace medio siglo, Ascensión es en todo caso una isla africana y Áftrica debe unirse para reconquistar el control de los océanos que la circundan.

 

Versión completa, en inglés, al pie.

 

LA ISLA DONDE GRAN BRETAÑA SE NIEGA A PERMITIR LA DEMOCRACIA

Los habitantes de un sitio minúsculo que sirvió de base crucial a las

fuerzas británicas durante la guerra de las Malvinas denuncian que el

gobierno británico les prometió un nuevo régimen pero cambió de idea

después del 11 de setiembre. ¿Habrá sido la presión estadounidense la

que provocó la vuelta de campana?

 

Una investigación de Elizabeth Mistry

The Sunday Herald,

Abril 22, 2007

 

Hay soldados británicos muriendo para llevar la democracia a las

conflictivas Afganistán e Iraq, lo cual podría hacer sorprendente la

noticia de que existen aún ciudadanos británicos, sobre suelo

británico, gobernados por un representante que actúa en nombre de la

reina, y que jamás supieron lo que es ser realmente libre.

 

Esta tierra se encuentra a 4000 millas del Reino Unido y apenas si cubre la cima de un volcán submarino dormido desde hace mucho, pero esto no debería quitar legitimidad a la lucha de los habitantes de la isla de

Ascensión, uno de los más remotos territorios de ultramar del Reino.

 

Se encuentran con que a pocos años de que se les haya prometido como

una zanahoria la posibilidad cierta de tener un desarrollo sustentable  de largo plazo sus esperanzas liquidados por sectores del gobierno que tras haber enviado mensajes "deshonestos y contradictorios" ahora se niegan a dar una explicación completa sobre los motivos que subyacen al misterioso cambio de opinión que ha devastado a los 1200 isleños.

 

Además de las tortugas verdes (en riesgo) ni las extrañas aves marinas de la isla, bautizada por un portugués que desembarcó allí el día de la Ascensión de 1503, los primeros habitantes del lugar fueon soldados británicos enviados desde Londres durante el siglo XIX para impedir el rescate (por parte de los franceses) de un tal Napoleón Bonaparte, encerrado en Santa Elena unas 700 millas más al Sur.

 

Desde entonces, Ascensión ha sido gobernada por más de cien años como

el feudo privado de unas pocas empresas, como la Cable and Wireless, y de entidades vinculadas al gobierno británico como la RAF y la GCHQ. La isla tiene, además, una estación clave del sistema de rastreo de satéltes y la estación retransmisora de la BBC en el Atlántico.

 

Estos cuerpos, conocidos como los "usuarios", recién entregaron la

gestión cotidiana de la isla a un administrador hace pocos años.

 

Nadie puede permanecer en ella sin una autorización por escrito del

administrador, y en la práctica esto significa que casi todos los que

viven en Ascensión o trabajan para los usuarios, o para la

administración isleña, o dependen de alguien que trabaja para ellos.

 

Nadie puede quedarse allí una vez que se extingue el contrato que lo

llevó.

 

Lawson Henry nació en Santa Elena, pero llegó a Ascensión como un

trabajador migrante adolescente en la década del  70 y, salvo por un

período de entrenamiento en las escuelas policiales del Reino Unido,

vivió allí casi toda su vida. Tiene tres hijos. Uno vive en Yorkshire, pero como todo joven nacido en la isla, solo podría quedarse en Ascensión después de los 18 años -si ese fuera el deseo de sus familiares- si consigue empleo seguro.

 

El estricto cumplimiento de esta regla ha provocado la ruptura forzosa de muchas familias, y es por ello que el derecho de residencia ("right of abode") es una reivindicación profundamente sentida de los isleños.

 

Inicialmente, tomaba semanas llegar a Ascensión. Aún hoy, para llegar

allí desde el Reino Unido hay que tomar un caro pasaje en un vuelo de

la RAF británica que llega, una vez por semana, a la base de Ascensión. En 1982, esta base cumplió un papel vital de reaprovisionamiento de los cazas británicos que fueron a las Malvinas durante la guerra.También se puede llegar tomando un largo -e igualmente caro- viaje por mar en el Buque Correo Real Santa Elena, que es, notoriamente, poco confiable.

 

La superficie terrestre de Ascensión cubre apenas 35 millas cuadradas

(menos de 100 km cuadrados, N. del T.) pero su posición la hace

invalorable como puerta de acceso a los yacimientos de petróleo de

África occidental. Con la inestabilidad reinante en el Medio Oriente,

las reservas africanas podrían aumentar aún más su importancia como

fuente de petróleo y muchos desearían tener un acceso sencillo y sin

complicaciones al mismo.

 

En 1999, en una consulta al pueblo de Ascensión, el gobierno del Reino Unido propuso algunos planes que llevaran a una forma más incluyente de gobierno afirmando que "la población de los territorios de ultramar debe ejercer el máximo control posible de su propia vida."

 

En esas propuestas, el gobierno parecía interesado en modificar el anticuado status de Ascensión, y los isleños (muchos de los cuales están mal pagos según lo habitual en el Reino Unido), carentes de representación en el Parlamento, aceptaron la implantación del impuesto a las ganancias y la elección de un consejo asesor del Administrador.

 

Los isleños hicieron un esfuerzo, que comprometió a toda la comunidad, de construir una respuesta viable a la apertura de Londres. Aceptaron que la concesión de un derecho de residencia cambiaría la naturaleza de la isla, y, como dice Caroline Yon, la nativa de Lancashire que adminstra la estación de rastreo de cohetes que monitorea los lanzamientos de EEUU y América del Sur, este derecho conlleva responsabilidades.

 

Sigue el relato pormenorizado de cómo, tras haber implantado el impuesto y haber entregado a los isleños interesados los pequeños comercios locales, Londres dio marcha atrás debido a "riesgos contingentes" que no habían sido previstos inicialmente, para finalmente, a fines de 2005, tuvieron la pésima noticia de que la Oficina de Asuntos Externos y Commonwealth había cambiado de opinión sin aclarar nada más.

 

Los isleños, que han visto cómo se derramaban millones de libras en otros territorios de ultramar, como las Falklands y la isla Pitcairn (menos de 100 habitantes) se sintieron traicionados

 

[…]

 

Hoy, la Isla de Ascensión, alguna vez descripta por el gobierno como

un "faro de la democracia" carece de toda reprsentación y su pueblo

nunca más volverá a confiar en el gobierno británico.

 

[…]

 

Para Celia Whittaker, secretaria del "grupo de apoyo a Chagos" que

opera en el Reino Unido a favor del pueblo de Chagos expulsado por la

fuerza de su archipiélago en 1967 para destinar la isla de Diego

García a la condición de base militar, la situación es en extremo

preocupante (…). "Mucho me temo", dijo la semana pasada, "que los

estadounidenses estén detrás de esta decisión" (como en Diego García,

N. del T.)

 

[…]

 

Otros creen […] que también es posible que EEUU prefiera mantener

el statu quo en Ascensión, que, según un académico, "está festoneada

por una falda escocesa -y desprotegida- de unidades de recolección de

inteligencia".

 

[…]

 

Mientras tanto, los isleños están a la espera de que el gobierno salga del actual atolladero, recordando que las islas están ahora en la desafortunada situación de pagar impuestos sin tener representación parlamentaria, mientras muchos jóvenes nativos de Ascensión sirven en las Fuerzas Armadas británicas.

 

Pueden luchar por un país que queda a casi 4000 millas y hasta morir por él, pero el gobierno británico les prohibe decir que su isla natal es su hogar.

 

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Gentileza de  Michael Keaney <michael011@fastmail.fm>

 

THE ISLAND WHERE BRITAIN HAS REFUSED TO ALLOW DEMOCRACY

 

Inhabitants of a tiny place which served as a crucial base for British

forces during the Falklands conflict say the UK government promised

them a new regime, but changed its mind after 9/11. Could pressure

from the United States have prompted the U-turn? Elizabeth Mistry

investigates The Sunday Herald, 22 April 2007

 

WITH BRITISH soldiers dying in Afghanistan and Iraq to bring Democracy to those troubled lands, it might come as a surprise to learn that

there are still British citizens – who live on British soil and are governed by a representative who rules in the Queen's name – who have never known what it is to be truly free.

 

The fact that the soil is almost 4000 miles from the UK and barely covers the tip of a long-dormant underwater volcano should make no difference to the plight that the inhabitants of Ascension Island,  one of the UK's most remote overseas territories, now find themselves in.

 

In just a few years they have seen the real possibility of long-term,

sustainable development dangled before them, only to have their hopes

dashed by government departments who sent out "dishonest and

contradictory" messages and then failed to fully explain the rationale

behind the mysterious change of heart which has left the 1200

islanders devastated.

 

Other than the endangered green turtles and rare seabirds, the first

inhabitants of the island, named by a Portuguese settler who went

ashore on Ascension day 1503, were British soldiers, sent from London

in the 19th-century to prevent the French from attempting to rescue a

certain Napoleon Bonaparte who was imprisoned on St Helena, 700 miles

to the south.

 

Since then, Ascension had been run for more than 100 years as a virtual fiefdom belonging to a small number of businesses, such as Cable and Wireless, and British government-related entities including the RAF and GCHQ. The BBC has its Atlantic relay station on the  island which is also a key satellite tracking station.

 

These bodies were known as the "Users" and they only handed over day-

to-day control of the island to an administrator a few years ago.

 

No-one is allowed to stay on the island without the written permission

of the administrator and in practice that means almost all those on the island either work for the Users or the Ascension Island administration – or are the dependents of someone who does.

 

No-one has "right of abode" – the right to stay on the island after the end of their contract.

 

Lawson Henry who was born on St Helena but who went to Ascension as a

teenage migrant worker in the 1970s and who – apart from a spell at police training college in the UK – has lived most of his life on the island. Of his three children, one now lives in Yorkshire but, like all other young people born on the island, if her siblings want to stay on Ascension they could only do so after the age of 18 if they can secure employment.

 

This rule, strictly adhered to, has resulted in several families being forced apart and it is why the right of abode is so keenly sought by islanders.

 

In the early years it took weeks to reach Ascension and even today the

island can only be reached from the UK by hitching an expensive lift

in a British Royal Air Force plane which makes a weekly sortie to

Ascension's airbase. In 1982 this base served as a vital refuelling stop for British fighter jets on their way to the Falklands during the war. There is also the possibility of a long – and equally expensive –

 

sea voyage on the Royal Mail Ship St Helena which is notoriously

unreliable.

 

Ascension's land surface covers barely 35 square miles yet its position makes it invaluable as a gateway to the west African oil fields. While the situation in the Middle East remains uncertain, the African reserves could become an even more important source of petroleum and there are many who would like easy, unfettered access to it.

 

In a consultation document sent to the people of Ascension in 1999,

the UK government outlined plans to move towards a more inclusive

form of government saying: "The people of the overseas territories must

exercise the greatest possible control over their own lives."

 

Under the 1999 proposals, the government seemed willing to address

The antiquated status of Ascension and the islanders, many of whom are

Low paid by British standards and who have no representation in Parliament, agreed to introduce income tax and elect a council to advise the Administrator.

 

The efforts of the islanders to construct a viable response to London's overtures was a community-wide effort. They accepted that the granting of a right of abode would change the nature of the island and, says Caroline Yon, the Lancashire-born manager of the rocket tracking station that monitors launches from the US and South America, this right brings responsibilities.

 

Yon has lived on Ascension for 16 years and serves as a part-time

Justice of the Peace. She married a Saint – as anyone originally from

St Helena is known – and their young daughter was born on the island.

 

"It is a very different way of life which is hard to understand if  you

haven't been here. We are a quiet place. There are beautiful beaches

and hardly any crime – we like it. But we need to develop and, when

the government sold the few small businesses, people who wanted a

stake in the future invested.

 

"The council worked tremendously hard, but just when we thought we

were moving towards right of abode we began to receive messages from

London that they were having serious thoughts about things we all

believed had been agreed.

 

"They talked about contingent liabilities' that could make the plan

too expensive for the UK to accept. But they never fully explained

this and would not enter into discussion about it."

 

Eventually, late in 2005, after a delegation from the Foreign Office

arrived on the island for what a meeting to explore ways to move

forward, the Foreign and Commonwealth Office (FCO) dropped the

bombshell.

 

"They told us that the contingent liabilities – which they only ever

suggested would be costs associated with healthcare and other

provisions for islanders who remained on Ascension – made the plan

unviable."

 

No breakdown of these costs was ever made available. The islanders

Who have seen millions of pounds spent on other overseas territories such

as the Falklands and Pitcairn Island, which has population of fewer

than 100, felt betrayed.

 

"It came out of the blue," says Lawson Henry. He had met Lord

Triesman, the Foreign Office minister responsible for overseas

territories the previous month in London. At that meeting, in the

presence of witnesses, he says, Triesman who has acknowledged the

Americans' strategic interests in the island, assured him there would

be no U-turn.

 

Today his softly spoken manner barely conceals his anger and

disappointment at the way the government has treated the islanders.

 

Last month, after more than a year of waiting for a satisfactory

explanation from Whitehall as to the reasons for the government's

decision, six of the seven elected members of the Ascension Island

council resigned in protest.

 

It is an unprecedented situation and a huge embarrassment for the

Foreign Office, the UK Department For International Development

(Dfid) and the government which only a few years ago had commended the

islanders "moves towards democracy."

 

But if the UK government had hoped to keep this latest humiliation

under wraps by suggesting blame lies with the islanders themselves

who were "confused" over the nature of the proposals, it has failed. The

final straw occurred last week when nominations for candidates for a

new council closed.

 

The election was due to take place on May 1st but only two people put

their names forward, a situation that the present administrator,

Ayrshire-born Michael Hill, told the Sunday Herald he very much

regretted.

 

"The people have spoken", says Lawson Henry, "the government can't

say that it is just a problem with the island council now."

 

The current situation means that Ascension Island, once described by

the government as "a beacon of democracy" is once more without

representation and its people will never, ever trust the British

government again.

 

Many are too afraid to speak up, concerned that they will lose their

jobs and be ejected from the island. But there are others who have

bravely put their careers and futures on the line.

 

Many questions remain unanswered. Why did the government change its

mind so abruptly? The issue of contingent liabilities would surely have been considered before a white paper proposing right of abode was ever released. In any event, adds Yon, the government knows it would be a small number of people who would stay and the plans drawn up by the island and presented to the FCO had already taken this into account.

 

In addition, no such liabilities appear to be mentioned in any relevant government accounts for the years when a possible payment of that nature should have been identified. Failure to do so would be a breach of the government's own accounting standards.

 

For Celia Whittaker, secretary of the UK-based Chagos Support group

which campaigns for the Chagossian people forcibly evicted from their

Indian Ocean archipelago in 1967 to allow the US to use Diego Garcia

as a military base, the situation is extremely worrying.

 

"We've been watching this closely and see Ascension going the same

way as Diego Garcia. I am extremely worried that the Americans are behind this decision," she said last week.

 

Others, including many on the island – but not Lawson Henry – also believe it is possible that the US would prefer to maintain the status quo on Ascension which, according to one academic "is festooned with

intelligence gathering kit which is not protected as everyone on the

island has been checked out".

 

Lord Triesman was not available for comment when the Sunday Herald

requested an interview earlier last week but a foreign office spokesman insisted "the government has fully answered all the questions that have been put to it on Ascension Island. We've provided explanations to members of parliament".

 

But this is disputed by MP Vincent Cable, who has raised the matter

several times in London: "I've always suspected there was another

motive."

 

While the islanders wait to see how the government will seek to find

A solution to the current impasse, bearing in mind that the islands are

now in the unfortunate position of taxation with no representation,

several young men, born on Ascension are serving with British forces.

 

They can fight on behalf of a country almost 4000 miles away and

possibly die for it. But the British government won't let them call

the island of their birth home.